Opinión
No desistir

Hay tantas y tantos a punto de bajar la guardia... ¿Rendirse? Eso sería demasiado poético.

Belén Gopegui

escritora


publicado
2019-03-20 06:35

Desde hace un tiempo les parece que su día se formula en negativo. Aunque nadie puede saberlo, si van a la frutería no solo compran tres naranjas: al salir de casa, al dar los pasos, al regresar, lo que también hacen es no desistir. Recuerdan momentos en los que parecía que vivir era lo lógico, y cuando dicen vivir no se refieren a levantarse, desayunar, salir o quedarse, dormir otra vez. Se refieren a tratar de estar dentro de la historia, a no hacerse a un lado, a no dejar de contar y a no dejar que no les cuenten.

Ahora hay tantas y tantos a punto de bajar la guardia. ¿Rendirse? Bueno, rendirse, piensan: eso sería demasiado poético. Rendirse hace evocar asedios y murallas, carros, flechas, ciudades enemigas. Pero si están a punto de ceder y desistir es, también, porque no encuentran el código, ni al enemigo honorable.

Se equivocan un poco quienes dicen que todo eso les pasa por el cansancio y la precariedad, y por trabajos que dejan sus cuerpos exhaustos, y por la falta de trabajos, que les agota todavía más. Aciertan, sí, un poco, pero se equivocan porque no es la única razón.

Vivir, habían supuesto, no era cualquier cosa. Y no se referían, desde luego, a los buenos modales, esas maneras exigidas por quienes se lo podían permitir. Se referían a maneras que nadie era capaz de imponer, pues se elegían por gratitud, por admiración o por emulación. O por rencor, o por sentido de la justicia, o por lo que suele llamarse integridad. A veces no dependían, siquiera, de la voluntad, sino de una especie de necesidad de parecerse a un yo no personal, un yo lejano, común, que existía, precisamente, porque vivir no era cualquier cosa. Pero ahora están a punto de olvidarlo.

Desistir no es como romper cosas, como aullar de desolación, como prender fuego a las yemas de los dedos de pura desesperanza. Todo eso daba cuenta aún de un conflicto y de una convicción. Y las convicciones no tratan de lo cierto: “Abrió la venta y dijo con convicción: ‘Llueve’”, no. Las convicciones tratan de lo inseguro que, además, te importa: “‘Aunque pretendan aplastar las vidas sin más razón que un poder y un patrimonio robado durante siglos, no lo permitiremos’, dijo con convicción”. Desistir es dejar de pensar que avanzar es preciso; es apartar la convicción de que los argumentos no pueden embadurnarse porque entonces dejan de ser argumentos. Al parecer sí se embadurnan, y desistir es callar que, aunque se haga, no se debe.

Antes quizá fuera distinto, pero desde hace un tiempo su día se formula en negativo; ya no usan nunca la palabra continuar, sino, todo el tiempo, dos palabras juntas: no ceder, no dejarlo, no desistir. Y así, cada acción viene acompañada de un esfuerzo que nadie ve y nadie tiene por qué ver, que no les enorgullece y detrae cantidades imposibles de energía. A menudo piensan en lo que vendrá después, cuando no quede nada. Y, sin embargo, ¡ah!, sin embargo, algunas pocas veces se sorprenden imaginando qué pasará si logran dirigir su voluntad otra vez hacia una convicción, desesperada quizá, pero estimable.

Relacionadas

Desigualdad
Cuanto más dinero tienes, más libre eres

La derecha utiliza mundialmente la palabra libertad en un sentido clasista y queriendo dar la vuelta al concepto. Lo que quieren decir en realidad es que eres más libre cuanto más dinero tienes. 

Opinión
El hambre ilustrada

La última vez que vi a Emilio él salía de hacer la compra. Sintió envidia de la fila de cajeros, con sus contratos fijos, con sus chalequitos iguales, con su salario minúsculo y estable. Deseaba ser cajero.

1 Comentario
#31926 21:59 20/3/2019

Rendirse: todo un lujo para quien corre el riesgo de convertirse en el estiercol que abona los jardines versallescos.

Responder
1
0

Destacadas

Educación
Casi 100.000 firmas para que niños de Melilla que han nacido y viven allí puedan ir al colegio

La falta de empadronamiento, un requisito que no se exige en ningún otro lugar salvo Ceuta, impide a unos 200 niños que viven en Melilla ir al colegio. La Asociación Pro Derechos de la Infancia ha recogido casi 100.000 firmas que piden poner fin a esta discriminación.

Industria farmacéutica
Más de 500 medicamentos con problemas de suministro en España

El desabastecimiento de medicamentos en España ya supone más que una alerta farmacéutica. Son cientos de historias de pacientes sin su tratamiento.

Masculinidades
Terrorismo y masculinidad

M. sale de casa, todo está listo, la adrenalina bulle, no hay marcha atrás. Las armas cargadas, el plan bien meditado: llegó el momento. 

Economía
Impuestos a la carne y al plástico: los impuestos Pigouvianos

Debido a la crisis climática, muchos países ya se plantean poner impuestos a la carne o a los plásticos. Estos impuestos, cuyo coste recae directamente en el consumidor, se llaman impuestos Pigouvianos.

Aporofobia
El doble filo para esconder el racismo

El rechazo a las personas migrantes rescatadas en el mar tiene un componente aporófobo desde nuestra mentalidad capitalista porque se considera que estas personas no van a poder aportar algo útil a la sociedad, pero este rechazo no deja de ser también racista, xenófobo, islamófobo y machista.