‘Live coding’: desnudando a las máquinas a golpe de música

Muchos ingredientes necesarios para impulsar el cambio social a través de la música aparecen en la fórmula que rodea al live coding, una disciplina que mezcla el arte con la programación informática.

Renick Bell en el festival In-Sonora en Medialab Prado en marzo de 2018
Renick Bell en el festival In-Sonora en Medialab Prado en marzo de 2018.

publicado
2018-04-08 06:00:00

Hace no mucho, la escritora Virginie Despentes aseguraba a El Salto que “los movimientos musicales fueron los movimientos más interesantes y alternativos de gente experimentando una manera de vivir juntos y de hacer las cosas de otra manera”.

Muchos de los ingredientes necesarios para impulsar ese cambio social a través de la música aparecen en la fórmula que rodea al live coding, una disciplina que mezcla el arte con la programación.

Lina Bautista, una de las representantes del live coding en la escena de Barcelona, lo define como una forma de “hacer música entre tú y el ordenador. Como si estuvieras dirigiendo a un músico, le vas pidiendo que haga ciertas cosas: quiero una melodía más o menos así, ahora cambias el ritmo,...”.

Ella provenía del mundo de la música y se lanzó a esta práctica sin saber programar. Jesús Jara, integrante del grupo Live Code Mad que se reúne en Madrid en Medialab Prado y en la Ingobernable, insiste en que no hay que saber programar para iniciarse en el live coding, “en nuestro grupo la mayoría de la gente no sabía programar cuando llegó y aprendieron mientras hacían música”.

¿Por qué aprender a programar a través de la música?

“La informática ya nos rodea por doquier y creemos que hay que darle herramientas a la gente para que aprenda a utilizarla, bien para su defensa o para sus inquietudes y trabajos. Nuestros teléfonos móviles encapsulan funciones en una interfaz que es opaca, tú no sabes cómo funciona y es sencillo que introduzcan elementos en ese código de falta de privacidad, robo de datos o compartir cosas que no quieres”, analiza Jara.

Bautista hace una apuesta más radical, “en el futuro todos sabremos programar a cierto nivel, va a ser impensable no saber algo de programación, por eso vi muy interesante la propuesta de abordarlo de forma creativa”. Citando a Sam Aaron, establece el paralelismo con el momento en que toda una población accede a la alfabetización frente al uso de la escritura solo por parte de unas élites reducidas.

No se puede datar con exactitud el inicio del live coding, el desarrollo de la informática siempre ha ido aparejado al uso de los sistemas para hacer música. Alrededor del año 2000, algunas personas empiezan a editar código en directo mientras hacen música, en lugar de usar programas cerrados como se hace en la música electrónica.

En 2004 surge el grupo TOPLAP, primer grupo de live coding en el mundo. Se dan a sí mismos el nombre de live coders y se proponen extender esta práctica en torno a un manifiesto. La frase que mejor sintetiza el contenido es show us your screens, muéstranos tus pantallas. Se trata de mostrar el proceso de creación, el código, los errores y las dudas que te surgen. A partir de este momento comienzan a multiplicarse grupos autónomos de live coders en ciudades a lo largo de todo el mundo.

“Trabajamos compartiendo y creando comunidad”, señala Bautista, “así es como haces que las cosas crezcan. Estamos en un momento en que se están poniendo barreras en informática, nosotros aprendemos a hacer las cosas en comunidad y abiertas”.

En Barcelona se está creando un grupo reuniendo a la gente que ha participado en talleres o que aprendieron por su cuenta. Cualquier persona puede iniciarse por sí sola en live coding gracias a los videos, tutoriales y herramientas gratuitas que se encuentran en internet. El software libre y la filosofía del DIY, el házlo tu mismo, atraviesan este fenómeno desde sus inicios.

El mundo de la música electrónica está plagado de artistas que aprendieron a producir y a pinchar por sí mismos. Sin embargo, para mucha gente y en muchos lugares del mundo es muy difícil conseguir equipo o las licencias de los programas. Desde el live coding se buscan alternativas al desarrollo que considera al software como un producto comercial y no como algo que cada cual pueda conocer, modificar y editar en su entorno.

Jara adscribe su grupo a estos principios: “Nos parece que ese desarrollo está llevando a una situación en la que solo unos privilegiados tienen el conocimiento de la programación frente a una grandísima masa de gente que no puede acceder a ello. Si tú sabes programar, tal y como sabes leer y escribir, es más fácil que la gente genere pequeñas herramientas que les ayuden en problemas concretos, sin depender de empresas que ofrezcan el software como un producto”.

Algorave e ICLC, espacios de creación experimental y reflexión

La idea de hacer música programando en directo surge en un ámbito académico, muchos de los pioneros provienen del mundo de la programación y realizan en investigaciones científicas o artísticas a través de su trabajo. Sin embargo, desde los inicios del movimiento existía la idea de llevar el live coding a los espacios de música y fiesta convencionales, así surgen las algoraves.

Tanto Bautista como Jara coinciden en que gente totalmente ajena al mundo de la programación puede disfrutar de estos eventos. “La gente se queda pegada a la pantalla que proyecta lo que teclea el algoraver, ven las reacciones casi inmediatas que se suceden entre cambio de código y cambio de sonido. Estas fiestas siguen la tradición de algunas corrientes de la música electrónica, que no vienen del lugar de la profesionalización, las productoras discográficas o las empresas organizadoras de eventos.

El 24 de marzo en Madrid tuvo lugar una algorave donde una pareja holandesa, CodeKlavier, sustituyó el teclado por un piano, de forma que cada vez que tocaban una tecla, además del sonido que esta producía, enviaba un comando al ordenador para que este produjese música, de forma que mientras tocaban el piano, el ordenador emitía su propia música según las órdenes que le llegaban.

Existe toda una corriente dentro del live coding que apoya la idea de que la algoritmia forma parte de nuestra transmisión cultural desde siempre, que tiene que ver con la naturaleza y con lo humano, no solo con ordenadores. Pero esta no es una idea nueva, ya a principios del siglo XX Lévi-Strauss aplicó los principios del estructuralismo lingüístico para estudiar los patrones culturales y definirlos algorítmicamente. Chomsky trató de hacer lo mismo con el lenguaje humano mediante su gramática generativa.

La pata más académica se cristaliza en los congresos internacionales de live coding, ICLC, que reúnen a personas expertas e interesadas de todo el mundo para poner en común conocimiento y experimentar.

Jara cuenta que entre el 15 y el 20 de enero de 2019 tendrá lugar el próximo ICLC en Madrid. “El último fue en México y pudimos ver cosas como un live coder que programó una IA que le respondía. El tipo escribía código que generaba música. La IA escuchaba la música y, en base a lo que oía, ella misma producía un nuevo código en forma de respuesta musical a lo que había escuchado”, una forma de diálogo entre la persona y la máquina que recuerda al tradicional sistema de llamada y respuesta de las canciones de blues.

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