El rap que siembra plantas en Colombia

Los vecinos de la Comuna 13 de Medellín cultivan y cantan en recuerdo de las víctimas de la Operación Orión.


publicado
2017-03-12 13:20:00

Miguel Gil se aparta de la carretera para que el bus no lo atropelle. Cuando el asfalto está vacío, sigue arreglando el huerto de la calle 96 de Medellín, la segunda ciudad más importante de Colombia. Aprende a sembrar en compañía de amigos con los que, más tarde, rapeará. La agricultura y la música del proyecto de AgroArte, en el maltratado sector de la Comuna 13, ayudan a reconstruir un tejido social roto por 11 operaciones militares en las últimas dos décadas.

Según la Corporación Jurídica Libertad, asociación de abogados especializada en la defensa de los derechos humanos, las actuaciones del ejército y de la policía dejaron un balance de 600 víctimas. En 2016 se cumplieron 14 años del ataque más conocido, la Operación Orión, en la que 1.500 efectivos dispararon con armamento militar y helicópteros durante cuatro días.

El premio Nobel de la Paz del presidente Juan Manuel Santos contrasta con las historias de dolor que los jóvenes de AgroArte narran en las canciones de hip-hop. En la Casa Morada, su local, hablan sobre desapariciones forzosas y uno de los asistentes, que no supera la adolescencia, explica que hace meses que no ve a su amigo de poco más de 10 años. No es un caso excepcional, el resto de compañeros han sufrido experiencias similares. La paz parece estar lejos del sector de Medellín más estigmatizado.

Los enfrentamientos entre fuerzas públicas, guerrillas, milicias y paramilitares han provocado más de 3.500 desplazados en el territorio desde los años 80, según datos del Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación.

En las macetas del cementerio de San Javier cuelgan nombres de familias de desaparecidos.

Casi la mitad de las movilizaciones se registraron en 2002, después de que el Ejército y la Policía entrasen una decena de veces a la comuna con el objetivo de detener a guerrilleros. En un año, la Corporación Jurídica Libertad contabilizó 75 civiles muertos y 100 desaparecidos en el marco de las políticas de Seguridad Democrática que el entonces presidente Álvaro Uribe definió como “pacificadoras”.

Los integrantes de AgroArte cultivan en las mismas calles donde catorce años atrás volaban las balas. Dicen hacerlo en memoria de las víctimas de la brutalidad policial y militar y, sobretodo, por las muertes y desapariciones que se produjeron después de los ataques, cuando el Bloque Paramilitar Cacique Nutibara consiguió el control de la comuna.

Las letras pintadas en las macetas colgadas en la pared del cementerio de San Javier son los nombres de las familias que perdieron a alguien durante la época en la que el grupo de ultraderecha persiguió a cualquier sospechoso de estar vinculado con las guerrillas y milicias. A través del arte y el cultivo, es la población civil la que recuerda a las personas que desde 2002 no han vuelto a aparecer, en un acto de reconciliación y reparación que la alcaldía y el Estado no han hecho.

Resistencia por los que no están 

Cuando en 2003 se desmovilizaron los paramilitares, el máximo responsable, Diego Murillo, alias Don Berna, admitió que hay más de 50 cadáveres enterrados en La Escombrera, el vertedero de residuos municipal al norte del sector. La asociación Mujeres Caminando por la Verdad, madres de las posibles víctimas, calcula que la cantidad de sepultados podría llegar a 300. La investigación está paralizada un año después de que se iniciaran las excavaciones. AKA, el rapero fundador de AgroArte, dice que ni el Gobierno local ni el nacional tienen interés en sacar los cuerpos de la basura, lo que define como una muestra más del abandono institucional de la Comuna 13. 

Para Flor Dinorat, activista del colectivo, el arte, el rap y la agricultura se han convertido en “formas de resistir sin correr riesgos”. El cultivo genera espacios de contacto en el que las víctimas de la violencia paramilitar, guerrillera y estatal comparten historias personales y comprueban que la tristeza por la pérdida no tiene nada que ver con la ideología. “Transformamos el dolor y lo convertimos en una manera de hacer memoria para no repetir los errores”, reflexiona Dinorat.

En el 2004, el gobierno de Álvaro Uribe implantó un proyecto de mejora de las infraestructuras de las zonas más peligrosas en las grandes ciudades, espacios construidos, en muchas ocasiones, sin planificación urbanística. Con el Programa Integral de Mejoramiento de Barrios, el Ministerio de Vivienda instaló unas escaleras mecánicas, el metrocable y la biblioteca pública en la Comuna 13, pero el cantante AKA recuerda que el sector está compuesto por 24 barrios y alrededor de 250.000 habitantes y que, por lo tanto, el impacto de las tres construcciones es mínimo. “Para unos, Medellín es la ciudad más innovadora”, dice el artista, “para nosotros, es la más aniquiladora”. El proyecto de AgroArte pretende cohesionar al vecindario y, a la vez, hacer presión a las instituciones para que reaccionen ante las necesidades de los pobladores.

La guerra en la ciudad

La Comuna 13 es el ejemplo de lo que el grupo de Memoria Histórica llama “la urbanización de la guerra”. En los 90, ya no eran tan solo los campesinos los que huían de los ataques. Con la creación de las milicias como los CAP, Comandos Armados del Pueblo, y la llegada de actores armados, los habitantes de la ciudad tuvieron que buscar refugio en otros barrios. Hasta el 2003 la Corte Constitucional colombiana no sentenció que los desplazados intraurbanos también debían ser considerados víctimas del conflicto y, por lo tanto, se les debía incluir en los programas de reparación para los afectados.

Un estudio del Observatorio de Políticas Públicas determina que la Comuna 13 es el territorio de Medellín con el índice de calidad de vida más bajo, y las encuestas lo sitúan como el sector con más desempleo, con un 15% de la población activa en paro. Las montañas en las que está situada conectan con el río a través del cual es posible transportar mercancías a otros departamentos.

La falta de planificación urbanística hace de las calles un laberinto en el que es complicado encontrar a alguien, y el control del oleoducto de Sebastopol-Medellín ha sido motivo de disputa entre los actores armados. Las difíciles condiciones de vida, sumadas a la localización estratégica de los barrios, han generado un caldo de cultivo perfecto para la presencia de grupos ilegales.

Ante un historial de violencia como el de la Comuna 13, la escasez de oportunidades para los habitantes, y el miedo a que los vecinos opten por unirse a una organización criminal, los componentes de AgroArte se reúnen todos los sábados en la Casa Morada y, a través del rap, las charlas y la agricultura, intentan hacer la labor de reconciliación y reparación en el territorio que los gobiernos de Uribe y Santos aún no pusieron en marcha.

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