La manada como icono

La representación que han hecho las televisiones de La Manada ha contribuido a una mitificación de los personajes. Utilizar selfies en los que salen bailando, bebiendo, viajando en bicicleta, mirando el horizonte, confraternizando, refuerza el discurso que se pretende denunciar.

La Manada en La Sexta 1
Imagen de varios miembros de La Manada de juerga en un debate sobre el caso en La Sexta.

publicado
2018-07-13 09:00:00

La industria audiovisual es una factoría de producción permanente de símbolos, un trabajo nada inocente y atravesado por su materia prima fundamental: una violencia simbólica y psicológica que se convierte en material, en la medida en que se graba en el cuerpo, en lo que vivimos y en lo que sentimos, tal y como señala Nerea Barjola en Microfísica sexista del poder. Esa producción de violencia —en forma de sexismo, racismo, clasismo… desde la publicidad a los propios informativos— se desenvuelve con notable facilidad en la contradicción. Por ejemplo, en ciertos medios fácilmente puede hacerse una interpretación filofeminista de la violencia de género —incluso como línea editorial— a la vez que se mantiene una programación plagada de representaciones que sostienen y reproducen los valores que hacen posible la violencia contra las mujeres.

En el caso de La Manada, merece una atención especial un aspecto concreto del tratamiento tanto de los informativos como de los espacios de tertulia. Concretamente la profusión de fotos y vídeos de los violadores a la hora de ilustrar —que es muy diferente a contextualizar— tanto las noticias como los debates relacionados con la agresión de Sanfermines. Hemos conocido a La Manada bailando, bebiendo, viajando en bicicleta, mirando el horizonte, confraternizando... en una narración visual que, por sí misma, estaba construyendo un relato sobre el grupo. En parte, ese uso diario de imágenes contaba con cierta complicidad social, por una necesidad compartida de quebrar la impunidad que ofrece el anonimato.

Mientras se criticaba el voto particular de Ricardo Javier González, se ofrecían imágenes de La Manada en “ambiente de jolgorio y regocijo”, tal y como describió el juez la escena de la violación

Pero cabe preguntarse qué explican del contexto de la violación y de su gravedad unos vídeos y fotografías que, a la larga, se han convertido en un publireportaje en sesión continua. ¿Entendemos algo más, estamos más informados, conocemos mejor lo que ampara esta violación o el resto de violaciones y agresiones, con la imagen de los hombres de La Manada contoneándose, bailando, bebiendo y sonriendo a la cámara? Uno a veces tiene la sensación de que, mientras se relataba la gravedad de los hechos, los violadores aparecen como una burla permanente a las palabras de indignación. Cualquier entrevistada compartía pantalla con una secuencia en cadena de imágenes de juerga que pretendidamente querían explicar los hechos, pero la juerga no explica ni la motivación ni lo que ampara una violación, por más que en este caso sea un espacio —como podría ser cualquier otro— donde ellos despliegan una estrategia. Mientras se criticaba el voto particular de Ricardo Javier González, se ofrecían imágenes de La Manada en “ambiente de jolgorio y regocijo”, tal y como describió el juez la escena de la violación.

La Manada en La Sexta 2
Los 'selfies' de La Manada son un recurso que han utilizado en las televisiones para hablar del caso.

Dosificadas, como una noticia puntual o para explicar un aspecto determinado de los hechos, estas imágenes simplemente hubieran evidenciado que no estamos ante una banda de sociópatas sino, como afirma el feminismo, ante “hijos sanos del patriarcado” que en sus vidas normales ejercen la violencia sexual como algo normal. Pero, convertida en un fondo de pantalla permanente y utilizada hasta la saciedad, la representación de las hazañas fiesteras y las escenas rituales masculinas que contiene, conociendo los contextos masculinos reactivos frente al feminismo, ha contribuido a una mitificación de los personajes.

La cantidad importa, sobre todo cuando estamos hablando de información y de comunicación audiovisual. La práctica totalidad del espectro audiovisual maimstream ha decidido que los símbolos con los que tendremos que asociar la violación de manera reiterada deben ser las juergas de los violadores. Aunque, afortunadamente, en determinados momentos las movilizaciones feministas han conseguido ser la imagen de la noticia, el grueso de los recursos utilizados a lo largo del tiempo han sido la colección de selfies producida por ellos mismos. Por encima de todas las líneas informativas, esta estructura ha sido un común denominador de todas las televisiones, gracias al hambre permanente de imágenes exigida por la estructura televisiva, por lo general absolutamente alienada de la necesidad informativa real: el tiempo y la pantalla son un Dios al que hay que alimentar permanentemente.

La fuerza del movimiento feminista ha evitado que las principales cadenas se hayan lanzado a la competición por la primicia de La Manada, un amago que muestra cómo ya no se les trata solamente como violadores sino también como famosos

Los miembros de La Manada son hoy estrellas del prime time; las cámaras a las puertas de su casa, grabando la entrada y salida de las familias, convirtiendo en noticiable cuándo el prenda sale de su casa o entra en un coche, están desplazando la información de lo relevante al reality show. Ese momento en que las cámaras registraban las visitas de familiares y amigos, el audio de los gritos de alegría, las declaraciones de su abogado describiendo el reencuentro familiar, estaban también recogiendo un momento de apoyo social, que contiene un mensaje, que funciona como discurso.

Sabemos que, después de que salieran en libertad bajo fianza, únicamente la actual fuerza social del movimiento feminista ha evitado que las principales cadenas televisivas se hayan lanzado a la competición por la primicia de La Manada en vivo y en directo. Pero ese amago que estuvo a punto de llevarlos a los platós es una muestra, no solo de la pulsión sensacionalista de los medios, sino de cómo ya no se les trata solamente como violadores sino como famosos, y de hasta qué punto en la escena audiovisual una categoría puede acabar desplazando a la otra.

La narración visual —que, en última instancia, es lo que construye el discurso en este ámbito— ha edificado un relato sobre La Manada complaciente y afirmativo, casi ejemplar, si nos atenemos a los valores compartidos en las dinámicas de grupo masculinas. Mientras las palabras decían una cosa, el discurso visual, el relato de su vida en imágenes, me temo que ha acabado haciendo de La Manada un icono.

1 Comentario
#20365 0:56 14/7/2018

Qué buena y necesaria reflexión! Hace pensar no sólo en el problema del machismo estructural si no en lo alienados que estamos. Tremendo. Lo comparto.
Gracias.

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