Menú infantil en tiempos de coronavirus: pizza, nuggets y refresco - 12
Estos tiempos de confinamiento y de escuela infantil en casa son buenos momentos para explorar nuevas y viejas propuestas de música para los niños y las niñas. Jesús Hellín

Música
Canciones infantiles: hay vida más allá de los CantaJuego

Buenas noticias: bandas e intérpretes, históricos y presentes, llevan décadas haciendo canciones y música infantil con una lógica diametralmente opuesta a la industria de canciones para niños.

Pensaba que iba a ser más fácil. Que iba a ser buscar “canciones infantiles” en Google, YouTube o Spotify y podría tachar sin más la línea “buscar música para Max” de la interminable suma de tareas previas al parto. Día 1 de búsqueda de canciones infantiles: fracaso. 

¿Cómo era eso que cantan tanto los padres y madres a sus peques? Busco aquello de “el cocodrilo y el orangután, la pícara serpiente y el águila real”. Sorpresa. La canción empieza a hablar de un “señor que está enfadado” y que “nos salvará”. ¿De qué señor hablará? ¿No será de ESE señor? Madre mía… Día 2 de búsqueda de canciones infantiles: fracaso absoluto.Sigo dándole al YouTube y todas las indagaciones terminan en la misma casilla: los CantaJuego, un grupo que a primera vista parece tener el monopolio de las canciones infantiles en España. Sus vídeos suman, sin exagerar, cientos de millones de visualizaciones. Canciones pegadizas, acompañamientos instrumentales de serie, como salidos de un órgano Casio, y letras tan resultonas como insulsas… una fórmula mágica que sin duda funciona. Escucho dos canciones más de este grupo, me imagino insomne por la noche, sin poder sacarme de la cabeza esas canciones y tomo una decisión: por encima de mi cadáver.

Mar Álvarez forma parte de Petit Pop, una banda de músicos que vienen de diversos grupos de la escena pop: Pauline en la Playa, Nosoträsh, Undershakers, Penélope Trip o Edwin Moses. Desde 2010, hacen lo que denominan “pop familiar”, un estilo “que habla de las cosas que nos pasan a unos y otros —hijos, padres, abuelos, profes— en el entorno de la familia”, cuenta Mar a La Pirata, el blog de crianza de El Salto.

“Los CantaJuego tienen una fórmula mágica, eso es innegable, pero sus melodías repetitivas y sus producciones hacen que no sea una música que te apetezca seguir escuchando cuando tus hijos salen del coche”, cuenta Mar, actual guitarrista de Pauline en la Playa. 

Música
“El público infantil es el más sincero que hay; si no les gustas, se van”

Con letras que mezclan pedagogías libertarias, demandas y enseñanzas infantiles, la Banda del Cante Pirata demuestra que hay otras formas de hacer música para peques. 

No hay forma de escapar. La música que pongas a tus peques la escucharas una media de 125 veces, según una estimación absolutamente inventada, por lo que es una cuestión de vida o muerte que esa música también te guste a ti. 

Miguel Brieva es dibujante y viñetista, guitarrista de las Buenas Noches y padre. No hace música infantil ni cree que sea especialmente necesaria. Considera que es más bien, según cuenta a La Pirata, “un producto exclusivo de una sociedad capitalista que busca la mayor especialización de los productos para extender el consumo hasta nichos sociales insospechados”. 

El dibujante Miguel Brieva contrapone a la música-fórmula, que tiene en los CantaJuego su máximo escaparate, la música “hecha desde el cariño”, siempre bienvenida: “Cuando hay un poco de alma detrás, todo está bien”

La música de los CantaJuego representa, para el autor de Dinero, El Otro Mundo, La Gran Aventura Humana, Al final o la reciente Odisea ilustrada, “la oportunidad de comercializar algo que antes era ajeno al mercado, un legado de canciones populares que han ido transmitiéndose de generación en generación de manera oral, y que incluso a día de hoy —completamente acechados por pantallas, dispositivos y sustitutos de pésimo gusto como los CantaJuego— todavía sigue dándose”.

Brieva contrapone a la música-fórmula, que tiene en los CantaJuego su máximo escaparate, la música “hecha desde el cariño”, que siempre será bienvenida. “Cuando hay un poco de alma detrás, todo está bien, pero cuando solo hay interés de lucro el resultado estético suele ser abominable e incluso tóxico”, fulmina Brieva.

Manú Rubio es cantante de Yo Soy Ratón, un grupo que defiende con ritmos que van del rock al punk, pasando por el folk e influencias orientales, “una mirada respetuosa a la infancia, una llamada de atención, un grito de los niños pidiendo que los adultos bajemos a su altura”.

Para Manu, el tipo de música infantil que representan los CantaJuego ofrece “un contenido fácil de asimilar, cargado de luz y color en sus vídeos y en sus directos”. El objetivo, define, “parece ser el tratamiento de “temáticas educativas, casi siempre basadas en aprendizajes curriculares: los números, los países”. 

Las letras de Yo Soy Ratón se convierten en auténticas piezas reivindicativas, en las que parecen que son los niños los que hablan y piden respeto para unos seres que tienen derechos y preocupaciones propias

Según el cantante de Yo Soy Ratón, la música infantil mainstream “transmite mensajes pensados por y para facilitar la vida del adulto, del tipo de ‘qué guay es el cole’ o ‘recoger es lo más’”. Frente a eso, las letras de Yo Soy Ratón se convierten en auténticas piezas reivindicativas, en las que parecen que son los niños los que hablan y piden respeto para unos seres que tienen derechos y preocupaciones propias. 

“Y no me digas que no cuando es que sí, / aunque pudiera yo nunca te lo haría a ti. / Y no me digas que sí cuando es que no, / que los pequeños también tenemos corazón”, canta Manu Rubio en “Canción Protesta”, uno de los himnos generacionales de Yo Soy Ratón, una canción dedicada “a todos los niños que tienen algo que protestar ante sus papás”. Pero si hablamos de himnos generacionales, quizá esta sea la canción que mejor conecta con las preocupaciones infantiles y, desde ya, la que más triunfa entre los pequeños:

¿Es necesaria la música infantil?

“Necesario para los niños es la alimentación, el sueño, los cuidados y el afecto”, contesta Manu Rubio. “Pero no estaría de más renovar esta música de vez en cuando: es que llevamos cantando 'Pimpón el Muñeco' desde los años 60”, dice. El cantante de Yo Soy Ratón defiende la razón de ser de una música pensada para los niños y niñas, aunque esto no quiere decir que los “padres pongamos únicamente música infantil a nuestros hijos”. 

“Si vemos al niño como un ser de acción y no solo de reacción, o sea, ávido de información pero capaz de integrarla por sus propios medios, tenderemos a crear y a ofrecerles canciones y dibujos que inviten a pensar, y, en consecuencia, a que saquen sus propias conclusiones”, dice Rubio. 

“Tengo la convicción de que los niños y las niñas que escuchen ahora buena música, no se conformarán con menos en el futuro. Por eso insisto en la variedad”, dice Manu Rubio, de Yo Soy Ratón

¿Hay una nueva ola de grupos que hacen canciones diferentes para niños? Manu responde forma de tajante: “Pues afortunadamente cada vez somos más. En mi lista de favoritos están Jimena Ruiz Echazú, Dr Sapo, La Chica Charcos, Chumi Chuma, Billy Boom Band, Vagavatú, La Fantástica Banda, Caracolino, Luigi Puk, Petit Pop, La Banda del Cante Pirata, y si tiras del hilo seguro que amplías la lista”. 

“Tengo la convicción de que los niños y las niñas que escuchen ahora buena música, no se conformarán con menos en el futuro. Por eso insisto en la variedad”, dice a La Pirata.Para Brieva, pese a defender la necesidad de que los niños escuchen de todo, sostiene que hay proyectos, como Un cuento propio, que “no sólo logran hacer buena música, respetuosa con la sensibilidad e inteligencia de los niños, sino que además aportan historias interesantes y valores muy necesarios”.Este dibujante y músico hace una “defensa de lo popular, de aquello que se va cociendo y seleccionando al fuego lento del tiempo y la convivencia, del prueba y error compartido”. En en ese sentido destaca el trabajo de folcloristas como Joaquín Díaz, que ha recopilando cientos de tonadas que, “al no ser música concebida por ejecutivos de la industria cultural, se adentran en las intrigantes aguas de los temas de adultos”. “Yo recuerdo quedarme fascinado por el enigmático sentido de muchas de ellas, basculando entre el surrealismo y el atisbo de cosas que ya entendería más tarde”, dice.

La compositora e intérprete Maite Arroitajauregi lidera Mursego, un proyecto entre música clásica y electrónica, de “experimentación y cacharreo”. También lleva años enseñando música a niños de entre tres y seis años. “En mis clases, apenas utilizo canciones infantiles, enfocadas al público infantil, como en casa. Intento ponerles de todo, de todo lo que a mí me parece que tiene calidad, desde música tradicional, rap, música clásica”, explica a La Pirata.

Música
Murse-Gloria

Maite Arroitajauregi (Eibar, 1977) es Mursego. Su tercer disco, Hiru, publicado hace cuatro años, es un tesoro oculto en el que refulgen atrevimiento, localismo universal y muescas variadas de músicas populares de ahora y siempre.

Arroitajauregi coincide con Brieva: lo que escuchan de pequeños “aunque creamos que no van a entender la letra, se quedará en algún lugar de su memoria”. Para esta compositora e intérprete, la memoria musical es “superpotente” y hace que el mensaje perdure. “Tenemos que darles alimento, en algún momento eso les resonará”, resume.

“Aunque creamos que no van a entender la letra, se quedará en algún lugar de su memoria”, dice Maite Arroitajauregi (Mursego): “Tenemos que darles alimento, en algún momento eso les resonará”

Sin embargo, reconoce que cuando “son muy pequeños, cuando quieres que canten contigo, trabajar el lenguaje por ejemplo, es mejor empezar con canciones fáciles, simples, pocos acordes, poco salto de alturas”. Todo depende, aclara, de la “finalidad” de elegir una canción u otra: “Yo tengo niños que todavía no hablan bien, no les voy a cantar canciones con ocho estrofas”.

Puestos a mencionar algunos de sus grupos de música infantil favoritos, Maite señala a 2 Princeses Barbudes: “Musicalmente me parece una preciosidad y el hecho de que los discos sean conceptuales me gusta mucho, y los directos; Petit Pop: “No se si nos hace más ilusión a las madres y padres porque les escuchábamos de jóvenes en otros formatos”; y, por supuesto, Imanol Urbieta, uno de los precursores de la música infantil en euskera, fallecido en 2016. Otro proyecto que destaca Maite son los recopilatorios temáticos en varias lenguas del Estado de Minimúsica. Le gusta especialmente la canción “Aeiou”, de Joan Colomo, que abre el cuarto volumen, publicado en 2014, dedicado a la educación: “Sin saberlo, mi hijo reivindica la escuela pública”. Otros músicos que participan de estos recopilatorios son Christina Rosenvinge, Refree, Candela y los Supremos, Papá Topo, María Rodes, Marlango, Za! o Doble Pletina.

Los referentes, los clásicos

Tres compositores y cantantes argentinos son mencionados como referentes por varias de las fuentes consultadas para este artículo: María Elena Walsh, Judith Akoschky y Luis Pescetti.

La primera, poeta, escritora, compositora y cantante es para varias generaciones de argentinos —y también de españoles a través de las versiones de Rosa León— la banda sonora de su infancia. “El reino del revés”, “El brujito de Gulubú” o “Manuelita la Tortuga” mezclan letras inteligentes, surrealistas, cuando no de una sutil y a veces no tan sutil crítica social: “Me dijeron que en el Reino del Revés nadie baila con los pies, / que un ladrón es vigilante y el otro es juez / Y que dos y dos son tres”. Perseguida por la Triple A y censurada por la dictadura militar (1978-1983), muchas de las canciones de María Elena Walsh se convirtieron también en himnos por la libertad y la democracia. Es el caso de “Canción de cuna para un Gobernante”, “En el país de no me acuerdo” o “Como la cigarra”. Esta última, popularizada por Mercedes Sosa, ha revivido recientemente transformada en símbolo de la resistencia y la solidaridad en tiempos de confinamiento en la lucha contra el coronavirus.

Para Maite Arroitajauregi, otra de las grandes referentes de la música infantil es la argentina Judith Akoschky, profesora y especialista en didáctica musical, cuyos discos se colaron en todas las casas de una generación en Argentina y otros países limítrofes. Los cuatro volúmenes de Ruidos y ruiditos, el primeros de ellos grabado en 1976, son un despliegue de inteligencia y experimentación musical, que dan un aire inolvidable a todo un repertorio de canciones populares de ambos lados del océano. En la lista de clásicos argentinos no podía faltar, guitarra en mano, el escritor, compositor, intérprete y humorista Luis Pescetti, “un gran referente que lleva décadas comprometido y creando contenido infantil de calidad”, según nos cuenta Manu Rubio. Al igual que Yo Soy Ratón, Pescetti habla de las cosas que les preocupan y divierten a los niños, sin concesiones a sus padres y madres ni a los tabús de lo que deben escuchar los más pequeños según las normas de lo políticamente correcto. Las canciones de Pescetti, “un auténtico genio”, según Mar de Petit Pop, no hacen ascos a hablar de pedos, caca, “sangre coagulada revuelta en ensalada”, calzoncillos amarillos y vampiros chupasangre. Su tema “Tenemos hambre” es todo un himno a las cosas asquerosas. Entre los referentes españoles, la cantante de Petit Pop menciona a los Payasos de la Tele y Parchís, del que fue “fan de póster”, uno de los grupos que junto a Enrique y Ana abrieron el mercado de la música infantil en España a finales de los 70. “Enrique y Ana tienen tres o cuatro canciones muy muy punks como ‘Caca, culo, pedo, pis’, ‘Haz ruido’ o el Súper Disco Chino... Son temazos ochenteros a tope”.Dentro de los clásicos no podía faltar las grandes canciones de la Bola de Cristal, llenas de crítica y muchos de los mejores músicos de una generación: Alaska, Loquillo, Kiko Veneno, Santiago Auserón, Burning o Hombres G.Tampoco podían faltar en esta selección de clásicos cantautores políticamente comprometidos, que grabaron desde el exilio —interior o exterior— algunas de las canciones más emblemáticas de la lucha antifranquista. Algunas de ellas se convirtieron —interpretadas por abuelas, padres y madres— en canciones de cuna cantadas en todo el mundo hispanohablante. 

En 1964, Chicho Sánchez Ferlosio grabó con una magnetófono casero una serie de canciones que llegaron clandestinamente a Suecia, donde se publicó un disco llamado Canciones de la resistencia española. El nombre del autor fue omitido por cuestiones de seguridad. De ahí que muchos temas convertidos en símbolos contra el régimen, como “Gallo rojo, gallo negro”, fueran considerados temas populares de la Guerra Civil.

También de 1964 data la primera grabación de Paco Ibáñez, con letras de Góngora y García Lorca, en abierto desafío a la dictadura. Sus canciones le valieron el destierro y el exilio desde 1971 hasta la muerte del dictador. “El Lobito bueno” o “Palabras para Julia”, ambas con letra de José Agustín Goytisolo, se han ganado un puesto entre los clásicos de la música infantil, especialmente en las casas progres y rojas.

Animales para el examen

Si algo sorprende de las canciones infantiles al uso, de los libros para peques —especialmente los sonoros— y de la educación por parte de padres y Escuelas Infantiles es la obsesión por grabar a sangre en las cabezas de los más pequeños el nombre de animales y sus correspondientes sonidos. Unos animales que la enorme mayoría de niños y niñas nunca podrán ver fuera de un zoo —una experiencia que desaconseja tajantemente Petit Pop en una canción— y que en el caso de los animales de granja —salvo aquellos que sean veganos o vegetarianos— terminarán ingiriendo entre mentiras y eufemismos de sus padres.

— Papa, ¿qué es esto?
— Ehhh… Un filete.
— ¿Un filete de qué?
— Ehhh… De ternera.
— ¿Y qué es la ternera?
— Ehh… Es la hij… [carraspeo]. Es un familiar de la vaca.
— ¿La vaca que dice muuuuh? 

¿Veis? Pero si aún así no se quiere privar a los niños y niñas de convertirse en maestros en la materia, ahí van unas canciones que, por lo menos, hablan de animales de una forma original.

Una de la cantante y compositora Mariana Baggio, discípula de Judith Akoschky: “Los exploradores”. Una de Yo Soy Ratón, donde explora ritmos orientales y habla de la diversidad, utilizando los animales como excusa: “Diferente”.Y para los educadores exigentes y para aquellos niños que ya se sepan los animales de granja y los de la selva africana, incluimos en esta selección por fuerza incompleta un tema de los Canticuénticos —nada que ver con los CantaJuego—, donde cuentan a ritmo de chamamé las aventuras de un mamboretá —una mantis religiosa—, y otros tantos animales de nombres desconocidos que viven en la selva que comparten Argentina, Paraguay y Brasil. Este grupo argentino es uno de los mejores ejemplos de cómo se puede mezclar la música infantil con los ritmos populares, en este caso de todo el continente americano.Y por último, un clásico de Petit Pop: “Por eso no, que no, queremos ir al zoo, / porque la selva mola mogollón”. Manu Rubio considera normal que las canciones infantiles terminen hablando de animales: “Es un hecho que ocupan un lugar importante en el imaginario de los niños. Juegan incansablemente a ser animales y les encanta verlos y tocarlos. Son felices en una granja”. Sin embargo, continúa, limitarlos a que escuchen lo que se entiende por música infantil “no les ayuda a desarrollar su capacidad de tener criterio”. Para el cantante de Yo Soy Ratón “lo acertado sería que los padres les permitamos escuchar ‘de todo’  y que sean ellos quienes apliquen su propio filtro”.

Canciones que dan miedo (y risa)

Además de todo lo relacionado con la escatología y otros asuntos asquerosos, un tema que suele gustar a los niños y no necesariamente a sus padres son las cosas que dan miedo. Al fin y al cabo, son cuestiones que les preocupan y divierten. Diversos músicos han abordado los miedos desde el humor y el absurdo. Entre ellos, brilla Luis Pescetti, con temas míticos como “El vampiro negro” o “El niño canibal”: “Yo soy un niño caníbal / y nadie me quiere a mí, / no me quedan amiguitos / porque ya me los comí”.Con una instrumentación especialmente cuidada y sonidos latinos, los Canticuénticos le cantan a otro de los clásicos miedos infantiles, los monstruos, con sonidos que van de la cumbia a la murga en las distintas versiones del ya mítico “El monstruo de la laguna”.

Come, duerme, espabila

“Sabes que la comida es mucho más / que llenarme la tripa sin razón. / Una cosa es cuidar el percentil y otra llenar mi corazón. / No quiero que me obliguen nunca más, / si no como es por alguna razón, / por cosas que aún no puedo explicar, / con la comida te las digo yo”.

En la canción “Comida”, como en tantas otras de Yo Soy Ratón, Manu Rubio se pone en el lugar de los más pequeños y se dirige directamente a sus padres pidiéndole respeto y comprensión, en una especie de manifiesto que firmarían millones de niños. En “Yo solo quiero en jugar” la letra reivindica en nombre de los niños y niñas el derecho al juego y, de paso, a remolonear en la cama y a la siesta.También Petit Pop explora en muchas de sus canciones las relaciones familiares, muchas veces conflictivas. Aunque se pone claramente de parte de los peques, las letras evidencian un contrapunto con los problemas y sentires de los padres y madres. En “Quiero un poni” este grupo de pop escenifica un ‘pimpinela’ heavy entre las necesidades/caprichos de una niña y la realidad de sus padres: “Yo lo quiero todo instantáneamente”, dice la niña. “Está claro, la paciencia no es tu fuerte”, le responde alguien que bien podría ser su madre. En “Espabila”, también de Petit Pop, se repite el esquema: los padres le dicen a coro que espabile mientras la niña cuenta la historia de su casa, donde “de tanto espabilar casi no da tiempo a disfrutar”: “Es que en mi familia nos pasamos el día corriendo, / a toda leche como si nos fuera persiguiendo”.

Coches, bicicletas y monopatines 

Otro tema reincidente entre los intereses infantiles —¿o será una obsesión de los padres?— son los medios de transporte. La fascinación de algunos niños por los trenes y los coches tendrá que ser abordada en algún momento por la ciencia. Mientras tanto, ahí van algunas canciones que hablan de medios de locomoción de forma divertida y “hechas desde el cariño”, como diría Miguel Brieva.

 El grupo de música infantil y clown argentino Vuelta Canela hace un repaso en “Enrodados” a las distintas formas viajar sobre ruedas y tracción humana —bicicleta, monopatín, triciclo, patinete— en una canción con una letra virtuosa de rima consonante y estribillo pegadizo. Pero si tenemos que quedarnos con una canción dedicada a las bicicletas, ninguna como “Vámonos en bici”, de Petit Pop: “Ruedas, sillín, chasis, manillar / son imprescindibles para pedalear. / Bielas, luces, frenos y zapatas, / lleva uno de urgencia por si pinchas o derrapas”. Y como este artículo no va de adoctrinar —al menos no demasiado—, para los niños y niñas obsesionados con los coches, va otro tema de Vuelta Canela con ritmo tropical: “Yo tengo un auto”. La lista es abrumadora y necesariamente incompleta. Hay mucha vida más allá de los CantaJuego, muchísima. Sin embargo, como afirmaba Luis Pescetti en en una entrevista, la función más importante de los grupos destinados al público infantil es proporcionar canciones fáciles de aprender para que los mayores puedan cantárselas a sus peques. Porque “si se les da a elegir“, decía Luis Pescetti, ”un niño siempre va a elegir la voz de los padres”. 

Pero si ya os habéis cansado de cantar y queréis descansar un rato, ahí va una lista de reproducción. Y si queréis añadir canciones a esta selección coja, solo hay que agregarlas al final de la lista de Spotify, que es abierta y colectiva, o en forma de comentario en este artículo.

'Tecno' de los 60 para “calmar y educar” bebés
Por Jose Durán Rodríguez, coordinador de Radical, la revista de culturas, pensamiento y acción de El Salto

Se puede decir que Raymond Scott fue un auténtico visionario, aunque hoy esto haya perdido buena parte de su significado. Músico, ingeniero de sonido, inventor de instrumentos y sonidos que solo existían en su cabeza, Scott —seudónimo de Harry Warnow— empezó su carrera a finales de los años 30 con un sexteto que le daba al swing y al jazz. Tras trabajar varios años como director musical en programas de televisión y películas, abrió un estudio —Manhattan Research— para diseñar y fabricar música creada por máquinas aún sin inventar.

Allí grabó en 1963 los tres volúmenes de Soothing sounds for baby, destinados a educar y calmar con su escucha a bebés hasta los 18 meses de edad. Música repetitiva, fantástica, imaginativa y sin comparación posible, que hipnotiza tanto a los más pequeños como a sus progenitores y que, sin embargo, en su momento pasó completamente desapercibida. Casi medio siglo después, las exitosas listas de reproducción de YouTube o Spotify dedicadas a los más pequeños parecen darle la razón a este creador.
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13 Comentarios
#57477 11:45 18/4/2020

Hay una clamorosa ausencia que se llama LA FANTÁSTICA BANDA, de Madrid. Este año es su décimo aniversario. Visitad su web y veréis que no me equivoco www.lafantasticabanda.com

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#57292 6:07 17/4/2020

Hola somos una banda de Chile, por el momento tenemos dos singles en Spotify y Youtube, los invitamos a escucharlos.
El último single se llama La Familia Corona y habla de la familia del coronavirus de una forma lúdica https://youtu.be/JrJ9T-9WgFQ

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#55700 10:24 7/4/2020

Enhorabuena por el artículo.
La lista en Spotify no la encuentro, entre las playlist publicas tuyas (martincudero) no está la de la canciones infantiles.
Gracias por las recomendaciones.

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#55673 24:26 6/4/2020

Buena la referencia a los argentinos canticuenticos y su clasico el monstruo de la laguna... floklore bueno
Peeero, te olvidas del mejor grupazo chileno TIKITIKLIP... sus videos son increibles, musicazos y todo temazos. El disco precolombino es tremendo.

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#55573 15:10 6/4/2020

Maravilloso artículo. No olvidar a los increíbles Pinkertones.

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#55569 14:19 6/4/2020

De Mariana Baggio me encanta la canción Luna Lanar, es hermosísima.

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#55567 14:02 6/4/2020

Buenísimo artículo, muchas gracias! Añadiría a Marta Gómez, con sus Canciones de Sol y Canciones de Luna, entre otros. También, si hablamos de clásicos de la música infantil latinoamericana, están los uruguayos Canciones para no dormir la siesta, con auténticos himnos infantiles contra la dictadura. O los venezolanos Serenata Guayanesa, con letras menos rompedoras, pero muy trabajados musicalmente. Y para mí tampoco puede faltar un disco de hace varios años, en el que participó gente como Labordeta o Ismael Serrano: Son de Niños

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#55557 13:23 6/4/2020

Enhorabuena y gracias!

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#55480 23:15 5/4/2020

Menuda pasada de reportaje 👏 Me guardo un montón de referencias para irlas usando 👏👏.

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#55430 16:28 5/4/2020

Muchas canciones infantiles populares archiconocidas tienen significados ocultos que a veces ni de adulto se sospechan. La muñeca vestida de azul, por ejemplo, se cantaba en la Francia ocupada. La muñeca era Francia (simbolizada con el color azul) y "que le dé jarabe con un tenedor" refleja el trabajo en vano que sería recuperarla porque ya está muerta, y así varias. Pero es mejor cuando las canta uno que las escuchó de niño y se las sabe que ponerlas en videos mal hechos con colorinches vomitivos. Las canciones de toda la vida tienen su onda si las canta uno. Pero igual muy buen aporte y una buena ampliación de abanico este artículo, sobre todo cuando se trata de conscienciar a los niños sobre sus derechos y sobre que ellos (nosotros) no tienen que aguantar ser silenciados, ¿o es que la gente no recuerda cuando eran niños? Yo nunca lo permití y siempre fui consciente de todo lo que mencionan aún sin enseñanza, me parece que no se acuerdan porque los niños no son estúpidos, pero se los hace serlo muchas veces

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#55394 12:19 5/4/2020

Gracias Martin, vamos a sacarle chispas al artìculo. Hemos olvidado a Ella Jenkins, me daría pena no mencionarla.
https://www.youtube.com/watch?v=_rOQSmwFzZY

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#55467 21:07 5/4/2020

Recomiendo mucho un grupo catalan The Penguins Reagge Per Xics, hacen versiones en reagge de canciones populares catalans. Gusta a grandes y pequeñas :-)

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#55448 18:20 5/4/2020

He incorporado dos en la lista de Spotify

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