Cuando la interseccionalidad se hace plaza

La Women’s March de Nueva York, celebrada el 19 de enero, resultó un hito para la diversidad y la lucha feminista de la Gran Manzana.

La Marcha de Mujeres en Nueva York
La Marcha de Mujeres se celebró el 19 de enero en Nueva York. Clàudia Prat

publicado
2019-01-21 09:30:00

Fue en Foley Square, en la misma plaza en el sur de Manhattan donde años atrás hubo el segundo Occupy Wall Street, donde en 2014 se gritaron consignas en contra del asesinato del afroamericano Eric Garner a manos de la policía y donde en 2016 se protestó contra la construcción del oleoducto en el norte de Dakota.

El llamado “Unity Rally” (Concentración para la Unidad) organizado por la Women’s March de Nueva York quería celebrar la diversidad y la unidad de la lucha feminista y demostrar que más allá de una protesta, va a ser un movimiento establecido en la ciudad.

En un momento en que las luchas internas de la cúpula de la Women’s March y las controversias podrían haber envenenado el movimiento, la interseccionalidad tomó fuerza y agudizó el movimiento.

Hace tres años, después de la elección de Donald Trump, una marcha convocada por internet llevó a centenares de miles de mujeres a manifestarse en Washington con gorros rosas. La protesta era una respuesta directa contra la misoginia del recién elegido presidente, pero las Marchas de Mujeres inspiraron protestas de mujeres en muchos países.

En Estados Unidos se escucharon también las voces críticas. El movimiento era demasiado blanco y heterosexual, demasiado cisgénero. Y personas indígenas, afros, latinas, queer, LGTBQ, no se sentían incluidas ni representadas. Entendiendo que el sistema patriarcal y las opresiones afectaban a todos y cada uno de forma distinta, el movimiento siguió avanzando.

Muchos han sido los logros del movimiento feminista después de las Marchas de Mujeres, desde el movimiento #metoo, que recibió las mismas críticas que la Marcha, pero del que también se celebró el hecho de llevar a la esfera pública los abusos y acosos sexuales, a propulsar un récord histórico de representación de mujeres en el Congreso norteamericano. Por primera vez, además, centenares de candidatas con una gran variedad de edades, razas, religiones, orientaciones sexuales, antecedentes y culturas organizaban mítines y salían en los medios.

Pero así como algunas de las tensiones que tenido el movimiento sirvieron para hacerlo más revolucionaro y transformar, otras acabaron haciendo mella, y hace unos meses surgió una escisión. Mujeres que formaban parte del comité organizativo de la Women6s March acusaron a la cúpula directiva de la Marcha de ser antisemitas y poco inclusivas, y crearon su propia organización: la Women’s March Alliance, que está litigando para obtener el nombre oficial de la marca “Women March”, y que este fin de semana convocó la autoproclamada marcha “oficial” que se celebró cerca de Central Park, la misma localización que la marcha de gorros rosas de los dos años anteriores.

Mientras los medios de comunicación empujaban a las mujeres a “elegir” su manifestación y apuntaban a la división del movimiento, también obviaron que otra de las diferencias entre la Women’s March Alliance y la Women6s March es que las primeras tienen más conexiones con Wall Street y menos con grupos de base.

Sin caer en polémicas, las organizadoras de la Women’s March llamaban a todas las mujeres a manifestarse fuera de la forma que fuera, mientras la Women’s March Alliance alertaba del spam de otras marchas.

Así fue como el Unity Rally, que no tenía permiso para marchar sino solo para concentrarse en Foley Square, acabó siendo una celebración de interseccionalidad y del liderazgo afroamericano e inmigrante.

En la plaza, y a pocos grados bajo cero, personas judías, árabes, blancas, afros, latinas, LGTBQ, reían y se tomaban fotos mutuamente. Entre ellas estaba la organización progresista Voces Judías Para la Paz: “Miro a mi alrededor y lo que veo es un espectro gigante de coaliciones y organizaciones que rechazan ser divididas por falsas acusaciones de antisemitismo”, explicaba Maya Edery mientras esperaba que empezaran los parlamentos en el escenario: “Hay antisemitas de verdad en la Casa Blanca, hay supremacistas blancos manejando nuestro país y hay un auge global del fascismo. ¿Por qué estamos poniendo energía en atacar a mujeres de color que sabemos nos apoyan y que se preocupan por nuestro movimiento?”.

No muy lejos del grupo Voces Judías para la Paz había un grupo manifestantes sosteniendo carteles con la foto impresa de Razan al-Najar, la enfermera palestina asesinada a tiros en Gaza, y un chico blanco aguantaba un cartel con la frase: “Las vidas de la mujeres negras importan”.

Cuando la plaza ya estaba casi llena, Agunda Okeyo, la escritora keniana-americana que dirige la Women’s March de Nueva York, subió al escenario: “Nuestro objetivo es movernos más allá de la marcha y construir acción política”, dijo ante los aplausos de los manifestantes. “Y estamos orgullosas de celebrar esta protesta con el apoyo de más de 50 organizaciones locales [...] Estamos comprometidas a que la gente entienda que la ciudad de Nueva York es un sitio diverso, inclusivo, amoroso, apasionado y... ¡tremendo!”.

Y así por el pedestal de Foley Square fueron pasando mujeres queer, panafricanas, pansexuales, inmigrantes, latinas, judías que representaban a distintos grupos de la ciudad. También hubo chicas jóvenes recitando sus propias poemas y un coro. Las trabajadoras sexuales subieron al escenario a pedir a la gente de la plaza que respetara su trabajo, y las encargadas de preparar comida precocinada para los aviones compartieron sus precarias condiciones laborales.

Alexandria Ocasio Cortez, una de las caras más conocidos del activismo en el congreso norteamericano, remarcaba: “No es casualidad que la Marcha de Mujeres coincida con el fin de semana antes del Día de Martin Luther King, Jr. Creo que estamos en el resurgimiento del movimiento por los derechos civiles y vamos a llevar la antorcha adelante”.

Y la reconocida escritora y líder feminista de los años 70 Gloria Steinem dijo sentirse agradecida del trabajo que estaba haciendo Agunda Okeyo, y de un movimiento feminista que contaba con el apoyo de tantas organizaciones locales en la ciudad: “Este es el sitio en el que hay que estar”, afirmó sonriente.

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