Feminismos
María Bastarós, feminista poliédrica

La activista, historiadora y escritora maña María Bastarós está presente en las librerías por partida doble. Acaba de publicar su primera novela, Historia de España contada a las niñas, y firma junto a Nacho M. Segarra Herstory, un manual ilustrado que recorre la historia de las mujeres desde la prehistoria hasta el movimiento #MeToo.

María Bastarós
La escritora María Bastarós. Eva Máñez

publicado
2019-01-23 06:00:00

María Bastarós (Zaragoza, 1987) acomete su activismo feminista desde todos los frentes: el ensayo, la gestión cultural y la ficción narrativa. Tras sus primeras incursiones en la poesía, ha dado el salto a la novela con una obra poco convencional tanto en fondo como en forma. Historia de España contada a las niñas (ganadora del Premio Puchi Award 2018 que concede La Casa Encendida) no es un manual de historia ni mucho menos está dirigido a menores; es más bien un cubo de Rubik donde se mezclan géneros, voces narrativas, realidad y ficción, tiempos pasados y presentes, hasta lograr una síntesis original, alocada y brillantemente escrita de lo que ha significado ser mujer en este país a lo largo del siglo XX.

La salida al mercado de esta novela ha coincidido con la publicación en Lumen de Herstory. Una historia ilustrada de las mujeres, escrita por Bastarós y Nacho M. Segarra. Un excelente trabajo de documentación, abarrotado de personajes fascinantes, que arranca con el papel de las féminas en la prehistoria y llega hasta el movimiento #MeToo. La parte gráfica de este volumen ha corrido a cargo de Cristina Daura, dibujante que trabaja habitualmente para publicaciones como The New York Times, The New Yorker o The Wire. Los 7.000 ejemplares de la primera edición se agotaron diez días después de llegar a las librerías. En Latinoamérica ya se han distribuido otras 40.000 copias, y las traducciones a otros idiomas están a la vuelta de la esquina. Herstory apunta a clásico instantáneo.

Hablamos de una historia transfeminista, que no solo se centra en Occidente y que está significada ideológicamente de forma deliberada y explícita. En ella tienen cabida todas las formas de feminismo radical, revolucionario y anticapitalista; tienen espacio todas sus representantes, tanto si proceden de Nueva York y se llaman Emma Goldman como si son activistas indígenas que responden al nombre de Lakota Cheryl Angel. Eso sí, no busques a Margaret Tatcher ni a Angela Merkel.

“Hemos huido del concepto de historiador objetivo y nos hemos permitido abordar temas delicados, sobre todo cuando nos acercamos al periodo actual. Como cuando hablamos del movimiento ciberactivista Black Lives Matter o cuando incluimos precedentes históricos con identidades de género no hegemónicas, como las muxes, las Fa’afafine de Polinesia o las Hijras de la India”, explica la coautora.

Como muchas otras mujeres de su generación, María Bastarós entró en contacto con el activismo feminista a través de la música; concretamente el movimiento Riot Grrrl de los años 90. Ya en la universidad, donde se licenció en Historia del Arte, conoció a historiadoras feministas como Patricia Mayayo y Linda Nochlin. La ausencia de referentes femeninos en el programa académico se hacía cada vez más flagrante. “No recuerdo haber estudiado a mujeres en el colegio. Y en la universidad las escritoras solo se impartían en una asignatura optativa. Lo cual es atroz, porque eso significa que, si no tienes un interés personal, puedes salir de la universidad deduciendo que apenas han existido mujeres con talento”.

No cabe esperar grandes disensiones en el relato de los hechos y los protagonistas de las primeras olas del feminismo. Es decir, la que lleva del sufragismo a la lucha por la igualdad en el mundo laboral y de ahí a la transformadora idea de que lo personal es político. Poco a poco se va asentando también la crítica a la construcción social de la identidad sexual y la asunción de que esta lucha no es cosa de mujeres blancas heterosexuales de clase media. Es al llegar al presente donde el debate se torna especialmente espinoso.

El ciberactivismo del siglo XXI ha conseguido milagros en términos de movilización social y atención mediática. Pero esa conquista ha tenido un precio ¿Cómo debemos interpretar que el empoderamiento femenino sea tendencia en las camisetas de Bershka? “Supone un conflicto. La tendencia del capitalismo a fagocitar cualquier movimiento social solo sirve para desactivarlo y para lucrarse con ello. Que se vendan camisetas fabricadas por mujeres precarizadas en otra parte del mundo frivoliza nuestra lucha”.

El feminismo no es un jarrón chino

Uno de los signos inequívocos de nuestro tiempo es la polarización extrema de las opiniones y el encorsetamiento de aquello que se puede o no se puede decir sobre ciertos asuntos. Uno de esos campos de minas dialécticos es el feminismo. Lo sabe bien María Bastarós, que en su incipiente trayectoria como poeta ya ha tenido que enfrentarse a su primera polémica viral en las redes sociales. El casus belli fue un breve poema titulado #Amigas1. Dice así: “A veces sueño/con la amiga feminista definitiva/La conoceré en una rave/se me acercará/sigilosa/con oscilantes pasos de Doctor Martens/y un trozo de pastilla en la mano/y me dirá:/Toma tía/un cuartito pa ti sola/como la Virginia Woolf”. “Hubo mujeres feministas que me recriminaban que estuviera burlándome de Virgina Woolf, lo que es absolutamente ridículo. No era más que un juego de palabras con sentido del humor”.

¿Es el feminismo una especie de jarrón chino? “Exacto. No poder acercarte al feminismo con espíritu crítico es una manera de desprestigiarlo, porque presupone que es algo frágil que puede desmontarse a la primera de cambio. Y lo siento, pero no es así. No se debe poner en el altar ningún concepto ni movimiento, todos deben hacer autocrítica y estar en permanente revisión”.

Y ¿cuáles son las principales tareas pendientes? ¿Ganar a los hombres para la causa? “Eso siempre es una tarea pendiente, pero que no le corresponde a las mujeres ni al movimiento, sino a los hombres. Son ellos los que tienen que atreverse a mirar la historia de otra manera, ceder espacios y soltar privilegios. La frase que más me cabrea del mundo es esa de que las mujeres son las más machistas. No soporto esa necesidad de que toda la responsabilidad recaiga siempre en nosotras”.

Historia de España contada a las niñas es una novela trepidante en muchos sentidos, cuya trama no conviene destripar. Digamos que es una historia de violencia en la que encontramos huidas, violaciones, asesinatos, sexo e incluso una comuna sin penes. Pero también hay espacio para llevar al primer plano la camaradería entre mujeres, cuestión que contradice precisamente esa idea de que las mujeres tienden a ser mezquinas entre sí. “Creo que ahí hay dos conflictos. Las mujeres de manera innata no nos sentimos inseguras ante otras mujeres por cuestiones como el físico, ni las envidiamos si tienen un novio. Pero de manera social sí que se dan esas situaciones, porque se nos ha educado para competir entre nosotras. Creo que es un tema sobre el que hay que trabajar mucho todavía. Hay que entender de donde vienen esos complejos, aunque nos dé vergüenza reconocerlos”.

Uno de los personajes más potentes del libro es una mujer de 60 años. Valiente, independiente, culta… “Me interesaba desarrollar un personaje de mujer mayor, pero que tuviera deseo sexual y fuese atractivo intelectualmente. Y creo que es el que mejor construido está y el que surgió de manera más natural. De alguna manera, el personaje de Lucy responde a mi propio miedo a hacerme mayor”.

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