Alemania
Una creciente red antirracista se enfrenta al auge de las políticas de extrema derecha en Alemania

Los organizadores antirracistas Laura Frey y Vincent Babaoutilabo explican cómo están trabajando los activistas alemanes para imponer la voluntad de una mayoría antirracista.

Chemnitz 4
Manifestación de neonazis en Chemnitz durante los hechos de 2018. Foto de De Havilland

Escritora, profesora y formadora en educación política antirracista.

30 oct 2019 07:00

Desde su fundación en 2013, el partido parlamentario de extrema derecha de Alemania, Alternativa para Alemania, o AfD (por sus siglas en alemán), ha determinado profundamente las políticas contra los refugiados. Los titulares internacionales se centran en las polémicas aún pendientes sobre la conexión de los políticos de AfD con movimientos nazis callejeros de Alemania y toda Europa. Que AfD consiguiera recientemente 37 escaños en el Estado de Sajonia es tremendo. Sin embargo, lo que demasiado a menudo se pierde de vista en estos relatos sobre el racismo en Alemania es la creciente red de organizaciones que trabajan para imponer la voluntad de una mayoría antirracista.

Esta red está haciendo intervenciones críticas sobre las formas concretas en las que el racismo funciona en Alemania. Para empezar, señalan sistemáticamente cómo el racismo forma parte del gobierno y la seguridad nacional. Al mismo tiempo, también trabajan para conectar los movimientos antirracistas y antifascistas con artistas y estudiantes. Laura Frey y Vincent Bababoutilabo son dos activistas de esta importante red. Los conocí en 2018, durante los meses finales del juicio a la NSU [siglas en alemán de Clandestinidad Nacionalsocialista], mientras seguían trabajando en el Tribunal —un tribunal popular que se puso en marcha para protestar contra la exclusión sistemática de familias cuyos seres queridos fueron asesinados por la NSU, una red terrorista organizada que atacó comunidades migrantes con asesinatos en serie y atentados con bombas de 2000 a 2007—.

Laura y Vincent trabajaron sobre la NSU como parte de sus esfuerzos de educación política. Mientras que Laura había trabajado previamente en colegios con estudiantes sobre racismo, antisemitismo, sexismo e ideología neonazi, Vincent tenía experiencia en la organización de afroalemanes. Esto le llevó a la Iniciativa para Personas Negras en Alemania, conocida como ISD, que es donde trabaja.
Con el gobierno de extrema derecha recorriendo Europa, Estados Unidos, Filipinas, India y Brasil, hablé con Laura y Vincent para saber más sobre los aspectos clave que animan el movimiento antirracista en Alemania.

¿Cuáles son algunas de las estrategias antirracistas que véis en Alemania?
A nivel de base, mucho trabajo antirracista es la organización del apoyo en favor y junto a refugiados que están cruzando las fronteras de la UE a través de Turquía, Grecia, norte de África, así como España e Italia. Lo que allí está ocurriendo es asesinato en las fronteras de la Unión Europea. Mucha gente está cruzando con barcos y mucha gente está muriendo.

La educación antirracista es un punto de intervención común en Alemania. La organización de la que provengo —Red por la Democracia y la Valentía— empezó en Sajonia, históricamente un área de Alemania donde viven neonazis. La organización se fundó porque el racismo, el antisemitismo, el sexismo y el neonazismo solo se enseñan como temas históricos y no como problemas contemporáneos. La idea es enseñar a los niños cómo reconocer e intervenir contra estas ideas y la gente que las promueve.

Vincent Bababoutilabo: Alemania firmó la Convención Internacional de Naciones Unidas sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial. Y la ONU tiene una comisión, un grupo de personas que van a Alemania y hablan con activistas e iniciativas, y escriben un informe. Cada vez que informan sobre Alemania, Alemania siempre se lleva calificaciones muy bajas porque ve el problema como “extranjeros” —xenofobia— y no el racismo. Así que estos delegados de la ONU vienen a Alemania y dicen que el racismo está sucediendo realmente. Están presionando al Gobierno alemán para que reconozca que es un problema y que desarrolle estrategias y leyes antirracistas mejores y más comprometidas.

Laura Frey: Para los grupos antirracistas, una parte del trabajo es intentar darle la vuelta al discurso. Hasta hace diez años, no podías hablar de racismo porque el racismo no existía según la sociedad. Solíamos hablar de xenofobia, pero eso no cubriría lo que realmente está ocurriendo. Había mucho racismo, no solo contra gente que no tenía pasaporte alemán, sino contra gente que tiene pasaporte alemán pero no “parecen” blancos. Esta tendencia —hablar sobre xenofobia y no sobre racismo— ponía las conversaciones más en un discurso de Estado-nación y ciudadanía, pero realmente era racismo lo que se estaba dando. Aun así, la gente está luchando para asegurar que se reconoce el racismo y se ve como un problema en Alemania. Llamarlo xenofobia es desplazar el problema a las fronteras, convertirlo en un tema de fronteras. Estamos luchando mucho para nombrar cosas como ataques contra casas donde viven refugiados o antiguos Gastarbeiter [inmigrantes con permiso de trabajo temporal]. Todavía estamos intentando ampliar los límites, intentando hablar sobre racismo en estos términos.

¿Cómo ha modelado la historia de Alemania las luchas antirracistas de hoy?
V.B: Hoy en Alemania, estamos luchando por una sociedad que crea que la migración siempre ha ocurrido. ¡Estamos en el puto medio de Europa! A lo largo de la historia siempre hubo una persona polaca que dijo “Hey, quiero ir a Francia” y se detuvo en Alemania por el camino. La nación alemana no es tan vieja. Pero ahora mismo, la nación y no la migración es el punto de referencia. Así que estamos tratando de tomar la migración como un punto de partida para toda organización antirracista. Aquí se pone interesante, porque muchas luchas negras antirracistas y anticolonialistas intentaron usar el nacionalismo como una herramienta para la liberación. No salió muy bien en mi opinión.

También tenemos una relación complicada con la influencia estadounidense en nuestra política. Para mucha gente negra en Alemania, Estados Unidos es una referencia porque la historia está interrelacionada. Muchos grupos fundadores de mi grupo, la ISD, eran descendientes de soldados negros estadounidenses. La orientación hacia el discurso de EEUU parecía natural. También, Audre Lorde vino a Alemania en los ’80 y organizó a mujeres negras. Algunas personas incluso la ven como una madre fundadora del joven movimiento negro en Alemania.

Pero aun así, la migración africana siempre fue y es el mayor factor. Este estado de pureza que los nacionalistas de derechas intentan imaginar, donde la gente correcta vivía en el sitio correcto, nunca fue una realidad.

El sentido de la negritud cambió mucho también. Mucha gente de color en el Reino Unido solía identificarse simplemente como negra. Y en Alemania, muchas personas radicales por la emancipación turcas y kurdas (profundamente influenciadas por los Panteras Negras) pensaron en llamarse a sí mismas negras. Es increíble lo influyente que fue la tradición radical negra de Estados Unidos para personas oprimidas de todo el mundo.

L. F: La influencia de las perspectivas estadounidenses sobre el racismo es importante, pero al mismo tiempo, hay muchas diferencias entre los dos países, particularmente la historia de la migración. Había muchos de los así llamados “Gastarbeiter” (literalmente trabajadores invitados) de Grecia, Italia, España, Portugal y Turquía que venían a Alemania durante los ’60. Sus hijos y nietos se están organizando de una forma diferente que la gente en Estados Unidos porque la idea de dividir la sociedad en blancos y negros no funciona para ellos. Sin embargo, hay muchas similitudes entre la experiencia de la gente negra en los Estados Unidos y los trabajadores invitados en Alemania, especialmente cuando se trata de la intersección de raza y clase.

Estos trabajadores invitados, de forma similar a otros trabajadores migrantes en Alemania, experimentaron una pérdida de estatus cuando empezaron a trabajar y vivir aquí. Sin embargo, a ellos —junto a sus descendientes— a menudo se les percibe como blancos, que es por lo que, como dijo Vincent, algunos grupos turcos y kurdos debatieron autodenominarse negros.

Tuvimos una intensa historia de colonialismo alemán de 1884 a 1914. En un tiempo realmente corto, Alemania se convirtió en el cuarto mayor imperio colonial del mundo. Hasta hace diez años, la gente en Alemania no pensaba que fuera importante hablar sobre esta época, ya que se percibía como una parte pequeña y poco importante de la historia alemana. Sin embargo, modeló al Estado alemán de diferentes formas. La inmigración y la emigración modelaron a Alemania de forma distinta –yendo desde la emigración en masa a las Américas a mediados del siglo XIX, la migración obrera a Prusia en la Alemania Imperial, los estudiantes extranjeros que estudiaban en la República de Weimar, hasta la migración masiva en diferentes direcciones conectada con la I Guerra Mundial y la II Guerra Mundial, y el régimen de trabajadores invitados en los ’60 y ’70.

¿Cuáles son algunos de los retos que encontráis hoy en el trabajo antirracista?
V. B: Constantemente estamos tratando de reformular el racismo de forma diferente a como hablan los medios de comunicación y los políticos. Ellos se centran en los neonazis diciendo que son los únicos racistas. La gente cree que los neonazis están en los márgenes de la sociedad. En plan: “Son de lugares pobres de Alemania del Este. Son pobres y están enfadados, así que recurren al racismo”. Hay una cosa extraña en Alemania que se la llamamos a la gente pobre: “Bildungsferne Schichten”, o “gente lejos de la educación”. Al decir que “los neonazis son gente pobre y desesperada, los perdedores de la reunificación de Alemania, esto esto es por lo que son nazis y por lo que son racistas”, básicamente están diciendo que sólo la gente pobre y tonta puede ser racista.

Pero lo que vemos ahora es que el enorme auge del populismo de derechas aquí es un proyecto muy, muy burgués. Hay gente pobre en las organizaciones de derechas nacionalistas y racistas, pero también gente muy formada. Es algo extraño que en Alemania la gente crea que el racismo tiene algo que ver con tu nivel de educación —como si cuando vas al colegio y consigues el nivel de educación correcto, no puedas ser racista—. Es ridículo.

¿Qué oportunidades está utilizando la gente para movilizarse?
V. B: El Tribunal de NSU fue un gran ejemplo, donde los grupos antirracistas y antifascistas pusieron a un lado las luchas internas y en el centro estaba la perspectiva de las familias de las víctimas. Lloramos juntos por las personas asesinadas por racistas. Juntos condenamos al sistema y a las personas responsables y juntos defendimos una nueva sociedad.

L. F: El caso NSU unió todos los diferentes aspectos del antirracismo —iba sobre el apoyo del Estado a los neonazis, los neonazis asesinando gente, y los medios y la policía con sus ideas racistas sobre personas turcas apoyando a los neonazis (que les mataban)—. Cada grupo pudo encontrar su tema dentro del complejo NSU. Tristemente, mostró realmente bien cómo se conectan todas estas luchas. Y no hemos parado, la investigación y el trabajo siguen. Por ejemplo, el tercer Tribunal NSU tendrá lugar en Chemnitz en noviembre de 2019.

¿Qué tipo de colaboraciones os gustaría crear o cultivar entre los organizadores antirracistas en los Estados Unidos y Alemania?
L. F: Pienso que sería muy fructífero tener un intercambio sobre las estrategias utilizadas por los organizadores de las luchas contra el racismo en los Estados Unidos. Nos ayudaría a tener una perspectiva diferente sobre las estrategias que estamos utilizando en Alemania y podría darnos ideas sobre cómo reformular nuestras luchas y desarrollar nuevas ideas para seguir la lucha. También la derecha se está organizando de forma transnacional, así que tenemos que intentar encontrar respuestas comunes a la reacción populista de derechas que estamos experimentando globalmente.

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