Hamza Yalçin: "La Interpol y la Audiencia Nacional han trabajado para Erdogan"

Conversamos con Hamza Yalçin, el escritor turco-sueco que ha permanecido dos meses encarcelado en España por una demanda de extradición emitida por Turquía. 

Hamza Yalçin
Hamza Yalçin con el auto que decreta el archivo de la causa de extradición. Álvaro Minguito

publicado
2017-10-05 11:58:00

Hamza Yalçin, el escritor turco-sueco que ha permanecido encarcelado en España durante dos meses por orden de la Audiencia Nacional tras una petición de extradición por parte de Turquía, regresa hoy a Suecia, el país en el que reside desde hace décadas.

En la tarde de ayer, Yalçin nos recibió, sonriente y pausado, en un banco del parque del Retiro, sosteniendo en sus manos el auto recién emitido por el tribunal español, que establece el archivo de la causa después de que el Consejo de Ministros del 29 de septiembre aprobara no seguir adelante con el expediente de extradición. Tras dos meses en la cárcel, ¿no es demasiado tarde? "Lo es", dice Yalçin, que explica cómo en los últimos meses ha viajado a Suiza, Alemania, Francia, Grecia, Austria, Italia o Reino Unido, sin que en ninguno de esos países se haya procedido a su detención.

El pasado 3 de agosto, el escritor fue arrestado cuando se disponía a tomar un avión en El Prat siguiendo una orden de detención de la Interpol, que respondía a las peticiones de Turquía, que acusa al escritor de insultar al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y de “pertenencia a grupo terrorista”. Lo acusan de pertenecer a una organización inexistente, el DHKP, dice Yalçin. “Está el DHKP-C, que existió en 1972. Era una organización pacífica, no terrorista, y tenía un líder que respeto, que fue asesinado, y la organización desapareció, pero nunca fui miembro”, aclara.

“Para decir que soy terrorista debes mostrarme una acción, una violación. Aquí no hay acción, sólo mis artículos y mis libros”, explica el editor jefe de la revista turca Odak Dergisi, que pertenece también a la Asociación de Escritores de Suecia. Yalçin se queja de que Turquía “ha alargado sus manos hacia Europa, reclamando a través de Interpol a la gente que critica a Erdogan, y la Interpol cumple con la orden sin cuestionarla, igual que la Audiencia Nacional. Han trabajado para Erdogan”. En la actualidad, unos 60.000 exiliados turcos desde los años 80 son reclamados por Turquía, según denunció recientemente Dogan Akhanli, otro escritor turco-alemán detenido en España a petición de Turquía poco antes que Yalçin.

Ahora estoy libre, pero mis actividades y mi personalidad y mi entorno están ya marcados y estigmatizados 

Aunque vuelve en libertad a Suecia, Yalçin cree que con su detención Erdogan “ha logrado su objetivo”. “Es peligroso –dice–, porque ahora estoy libre, pero mis actividades y mi personalidad y mi entorno están ya marcados como terroristas y estigmatizados, y esto nos aísla de los turcos tanto en Turquía como en Suecia”.

Sin embargo, cree que su caso y el de Akhanli pueden ayudar a otras personas en el futuro. Decenas de organizaciones de derechos humanos se movilizaron rápidamente por su liberación, y también los ministerios de Exteriores alemán y sueco se opusieron a la extradición y apoyaron a ambos escritores cuando se encontraban entre rejas en España. “Es necesario que los países europeos cooperen porque Turquía emite muchas órdenes de detención con carácter político”, afirma.

Yalçin apunta cuál es el motivo real de la petición de extradición de Turquía: “Porque estoy contra Erdogan, y porque estoy trabajando por una unión de la oposición en Turquía, especialmente entre kemalistas, kurdos patriotas y socialistas, y también por una unión dentro de la izquierda turca, y eso al Gobierno no le gusta”. Y esa unión se puede construir, dice, “eliminando la competición, necesitamos solidaridad en vez de competición”. Su trabajo es en el movimiento de educación y solidaridad, marxistas con influencias de la pedagogía del oprimido de Paulo Freire, que promueve nuevas relaciones entre las personas basadas en la no competición, algo muy alejado de las acusaciones de terrorismo de los tribunales turcos. Si hubiera sido extraditado, “en el mejor de los casos habría ido a prisión de por vida”, pues en 1998 fue condenado a cadena perpetua por un tribunal.

En Turquía el presidente lo decide todo, es una dictadura de un solo hombre, es una dictadura religiosa y una dictadura neoliberal


“No hay un sistema judicial independiente en Turquía. El presidente lo decide todo, es una dictadura de un solo hombre, es una dictadura religiosa también, y una dictadura neoliberal”, añade. En los últimos meses, sobre todo después del intento de golpe de Estado de julio de 2016, la represión se ha recrudecido en el país: 160 medios han sido cerrados, casi 300 periodistas han sido detenidos, y cerca de 3.000 jueces y varios miles de funcionarios han sido destituidos.

Además, más de 10.000 kurdos están en la cárcel, “pero siguen adelante porque están muy bien organizados, son la principal fuerza política en el Kurdistán”. Según Yalçin, aunque el Gobierno turco no los quiere, “no puede pararlos, es imposible. Mataron a 7.000 personas y destruyeron varias ciudades en dos meses, pero ellos votaron no en el referéndum”.

Un referéndum para dar plenos poderes al presidente que se celebró en medio de un estado de excepción y con toda la propaganda mediática a favor de Erdogan, y con el que, aun así, solo obtuvo una pírrica victoria: el 51,4% de los votos. “La oposición no podía hablar, la televisión trabajaba para el presidente, el Estado trabajaba para el presidente, usó la religión, el nacionalismo, detuvo a los opositores, dijo que los líderes del HDP son terroristas y los encarceló, y cuando se celebró el referéndum se dio cuenta de que había perdido, y aun así se declaró ganador”, explica Yalçin, que añade que “los partidos de oposición no fueron capaces de defender los votos por miedo a una guerra civil y a ser asesinados”.

“El clima político es muy peligroso”, dice Yalçin. Erdogan “puede usar sus relaciones con Rusia, China o Irán para no perder el poder, luchará en Turquía para no perder el poder, y amenaza a la gente con una guerra civil. Es posible, pero hay que aceptar ese riesgo”. Para Yalçin, es cierto que “una guerra civil puede destruir Turquía, pero también tenemos la oportunidad de construir una nueva Turquía. Socialistas, nacionalistas turcos, el movimiento kurdo y los alevíes podemos unirnos, ser mayoría y construir una Turquía libre y democrática”.

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