Gordofobia
Cuerpos en la playa, el bikini como forma de resistencia

Tener un cuerpo no normativo se castiga en el probador del Calzedonia, en el chiringuito de playa y en la piscina municipal. La producción cultural se ha encargado de dictar a las personas cómo deben ser sus cuerpos: en este dictado, el cuerpo gordo es un cuerpo incorrecto. Exponerlo, un desafío.


publicado
2019-07-21 06:00

Minuto cuatro de un vídeo publicado en YouTube el 7 de julio de 2017. “Es la primera vez en mi vida que me pruebo un bikini, estaba supernerviosa pero hay que superar paranoias”, dice una chica en el vídeo mientras enseña un bikini estampado rojo y azul con flecos. Habla Miren Jaurne o, más bien su alter ego youtuber, Mimi XXL. Su canal tiene 174.000 suscriptores y ella está gorda, dos datos relevantes para entender el desafío que supone el gesto de hacer un lookbook de verano en su canal. Efectivamente, explica a El Salto, la primera vez que Jaurne se puso un bikini fue en ese vídeo de YouTube, hace dos temporadas. Tenía 34 años y una mochila pesada a sus espaldas.

Foca. Hipopótamo. Vaca. Ballena. Mamut. Obélix. El río de meses de insultos en el colegio, que nadie contuvo, desembocó en unos soportales a la salida del colegio donde un grupo de alumnos la esperaba para darle una paliza en su último curso. “Nadie tomó medidas; afortunadamente cuando pasó esto solo quedaba un mes para que terminara el colegio y ya cambiaba porque me iba al instituto porque ya tocaba”, recuerda Jaurne.

Esta historia de acoso escolar que sufrió en primaria, cuando aprendió que “gorda” era un insulto, forma parte de La Venus que rompió el espejo (Planeta, 2019), el libro que acaba de publicar. Youtubers como ella, escritoras, activistas, actrices y modelos han contribuido a un boom de producción cultural “gorda” que está dando la vuelta a la representación de los cuerpos y poniendo en primer plano los cuerpos gordos, escribiendo con nombres propios una historia que empezó en el mundo anglosajón.

LO CURVY, ¿NUEVA NORMA?

Liderando las instagramers que se han decidido a escribir otras historias sobre cuerpos gordos está la norteamericana Tess Holliday, que Miren Jaurne señala como pionera de un movimiento “brutal”. La portada en Cosmopolitan de agosto de 2018 en la que lanza un beso a la cámara vestida con un bañador verde envió un mensaje importante que se resume en el titular que acompañaba esta imagen: “Tess Holliday wants the haters to kiss her ass” (“Tess Holliday quiere que los haters le besen el culo”). Holliday explicaba entonces que le habría cambiado la vista haber visto a chicas como ella en portadas de revista cuando era joven. Chicas como ella para quienes el mercado ha inventado rápidamente una etiqueta: modelos plus size. Hay otros términos pujando por nombrar el fenómeno: body positive, gordibuena, curvy.

“Estoy muy peleada con los términos curvy o body positive”, dice Magdalena Piñeyro. Piñeyro está en estas líneas por dos motivos. El primero, la reciente publicación de 10 gritos contra la gordofobia (Ramdom House, 2019), donde “grita porque no puedes más” tras treinta años de gordofobia. El segundo, ser cofundadora de Stop Gordofobia, la página de Facebook que se ha convertido en referencia del activismo gordofeminista. “Hacer frente al discurso del odio con un discurso de amor como el del body positive me parece importante, pero creo que es un elemento entre muchos de los que necesitamos para luchar contra la gordobofia”, razona, antes de añadir que no ve posible volver a quererse en con solo decirlo frente a un espejo “cuando hay todo un sistema de odio” al que enfrentarse.

Sobre lo curvy, explica que su pelea con este concepto es que pasa por ofrecer un modelo alternativo a la delgadez “que no deja de ser restrictivo y tener un montón de límites”. “Yo no abogo porque haya una nueva norma gorda de la que quedemos excluidas un montón de gordas sino que la idea es soñar con un mundo en el que quepan todos los mundos”. Sirva de ejemplo para entender de qué habla Piñeyro otra modelo que se ha convertido en referencia de lo curvy, Ashley Graham, con siete millones de seguidores en Instagram, o una búsqueda de bañadores de “tallas grandes” en El Corte Inglés.

Panorama Cuerpos Opinión donut vertical

En su libro, Piñeyro describe esta escena: “Estaba de vacaciones con mi familia en un complejo de piscinas. Hacía un calor infernal, pero decidí no meterme al agua ni quitarme la ropa. No quería quedarme en bañador. No comprendí hasta unos veinte años después que mi decisión escondía mi reciente de descubrimiento de que yo era gorda”. Cuando vuelve a esa escena, en la que debía de tener siete u ocho años, recuerda cómo “lo único en lo que podía pensar es en que iba a ser la fea del lugar y que todo el mundo me iba a mirar, me sentía un monstruo y no quería que nadie me mirara semidesnuda, en bañador”, explica.

Las escenas de pánico al bañador se repetían de adulta. “Intentaba no ir a la playa, sobre todo no ir con mis amigas porque sentía que iba a afear la foto”, explica. En la estampa que Piñeyra se imaginaba, sus amigas estaban “delgadas y buenísimas”, y ella era la nota discordante que emborronaría una imagen perfecta de chicas en la playa.

“Creo que esto nos pasa un poco a todas las personas gordas: no queremos salir en la foto, intentamos salir escondidas, al fondo”. En el imaginario que han creado a base de castigos sociales sobre ellas a lo largo de su vida, la gorda debe llevar ropa ancha. ¿Vivir gorda es vivir escondida? Sí, contesta.

NUEVAS REPRESENTACIONES

Plum, la protagonista de la novela de Sarai Walker Bienvenidos a dietland (publicada en España por Carmot Press en 2018), y de la serie Dietland, es la máxima expresión de ese vivir escondida. Trabaja en una revista para adolescentes y contesta a las cartas de las lectoras. Un trabajo invisible que ella hace desde una cafetería, nunca en la oficina. Su personaje supone una ruptura del guion cuando deja de ser protagonista por ser gorda y pasa a serlo por convertirse en activista de una célula violenta feminista. Entre sus referencias, Piñeyro cita My mad fat diary (2013-2015), una serie que “supuso un antes y un después” y con la que “sentí por primera vez que alguien hablaba de mí, que su voz era la mía”.

El documental Fat underground (1979), de Marge Dean, sobre el grupo de activistas lesbianas, gordas y feministas radicales de Los Angeles que iniciaron y sentaron las bases del activismo gordo y queer en los años 70, solo puso una de las primeras piedras de un movimiento que ha cristalizado en los últimos años. Nuevas historias y nuevas representaciones han surgido en los últimos cinco años como respuesta al odio a lo gordo.

Arte Mapache (que ilustra la portada de 10 gritos contra la gordofobia) o La chica imperdible son otros ejemplos de cómo otra representación de cuerpos en la ilustración es posible. Otros hitos y referentes para Piñeyro son el corto Gordofobia, de Sara Monedero, el fanzine Gorda!zine de Laura Contrera, la canción “Cerda Punk” de Negra Liya, las poesías de Kai Guerrero y Gabriela Contreras o el corto Cerdita, dirigido por Carla Pereda.

En verano de 2017, Pereda llamó a Laura Galán para tomar un café y charlar sobre un proyecto. Así llega a sus manos un guion en el que le proponen un reto interesante: pasarse quince minutos corriendo en bikini. Galán es la protagonista de Cerdita, premiado con un Goya este año. “Correr en bikini me daba igual, la historia me parecía muy potente, y me apetecía”.

¿Quién es Cerdita? Cerdita es varias cosas, enumera la actriz. Cerdita es Sara, una adolescente gorda que vive en un pueblo pequeñito donde unas chicas le hacen bullying. Cerdita es un cuentito de terror, y una denuncia de la gordofobia.

Sobre los papeles a los que opta cuenta que siente que su cuerpo le ha limitado las opciones en televisión y cine, algo que no le ha pasado en el teatro. “Soy consciente de que mi cuerpo es mi herramienta: soy una actriz gorda y que me llamen las veces que haga falta una actriz gorda”, explica. Pero añade que sería maravilloso que le ofrecieran un papel donde el conflicto no fuera su cuerpo. “Sé que nunca voy a ser la chica guapa de la serie o la chica de la que el protagonista de enamora”, dice.

“Para mí, que presto mi cuerpo para ese personaje, el peso no es un problema. Yo estoy sana como una manzana y hay que decirlo porque mucha gente se toma el derecho de decirte que tienes que adelgazar por salud. Yo sana estoy. Invéntate otra cosa como que no soportas que la gente tenga cuerpos diferentes”, explica a El Salto. “A la gente le conflictúa que me guste mi cuerpo, eso es impensable para un montón de personas: mido 1’50, estoy gorda y encima en mi trabajo eso me ayuda. Tengo una característica muy peculiar y soy actriz. Me siento guapa y sexy y la gente se vuelve loca”, dice Galán.

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“Nos convencen de que nuestros cuerpos nunca están bien como están, por lo que habitamos un cuerpo en permanente tránsito en la medida en que no es la mejor versión de nosotras”, dice Magda Piñeyro, que en su libro reflexiona sobre el concepto de cuerpo-tránsito. Un cuerpo que “debe ser corregido a base de dietas o cualquier otro método aunque arriesgues tu salud y tu vida”.
Con ese razonamiento, los gordos “vivimos continuamente la posibilidad de ser otras personas o habitar otros cuerpos”. Piñeyra cuenta cómo eso, en su caso, se traduce en pensamientos como: “Cuando esté flaca, me raparé la cabeza”. “Yo quería raparme la cabeza, o no depilarme, pero pensaba, ¿cómo no me voy a depilar siendo gorda? El tránsito es pausar la vida esperando la siguiente parada, que es la delgadez, que es el éxito”.

Y, aunque la gordofobia no entiende de géneros, coinciden las tres entrevistadas, el activismo gordo es en gran parte activismo feminista. No es casualidad que Roxane Gay, autora de un libro de referencia del activismo gordo, Hambre, memorias de mi cuerpo, lo sea también de un título de referencia del feminismo, La mala feminista. “Creo que, en parte, tiene que ver con que a ellos no se les permite mostrar que son vulnerables y contar su historia, que es lo que hacemos en Stop Gordofobia, mientras que en el caso de las pibas y otras identidades estamos abriendo camino en parte gracias al momento que vive el feminismo”, dice Piñeyro.

ACTIVISMO CORPORAL

Piñeyro no sabe si estamos ante un boom pero sí “mucho activismo de la diversidad corporal en un amplio sentido”. “Es innegable que están siendo tiempos duros para la diversidad pero creo que estamos respondiendo”, dice. “Tengo la sensación de que las gordas sí estamos en un buen momento y aunque el mundo está cada vez más gordófobo las gordas nos estamos organizando y haciendo discurso”.

Miren Jaurne valora de manera positiva los comentarios a sus vídeos en bikini de YouTube. “Cuando lo has pasado mal siempre te queda algo ahí y esperas que haya una respuesta muy negativa o que venga gente a trolear; sin embargo lo que recibo es un feedback de empoderamiento, de mujeres que te dicen que las has animado a ponerse un pantalón corto después de diez años, mujeres que no se compraban un bañador y ahora lo hacen. Es un mensaje de empoderamiento brutal”. A los trols, dice, los bloquea.

“No sé si llamarlo ‘final feliz’, porque todos los días hay que luchar contra el odio y la gordofobia pero sí son batallas ganadas cada vez que voy a la playa, o me atrevo a comer en público, o nos reunimos un montón de gordas a comer sin complejos ni tapujos; estas cosas son maravillosas y son pequeños finales felices”. 

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7 Comentarios
Marta R. 2:33 23/7/2019

No le encuentro ningún sentido ni ninguna gracia a este artículo ensalzando a las obesas, "gordis", "curvies", focas, elefantes marinos, cachalotes, etcétera. No se es más ni mejor mujer, ni tampoco más ni mejor feminista por ensalzar la obesidad, la grasa, la exhibición de las lorzas . No es solamente una cuestión de estética, es una cuestión de salud. No creo que sea bueno presumir de un cuerpo o de unos hábitos poco saludables. Lo decimos de las excesivamente delgadas, ¡cómo no lo vamos a decir de las vaca - focas!

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Lala 25:46 24/7/2019

No has entendido nada.

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#37535 15:26 22/7/2019

Estoy muy de acuerdo en el respeto a todas las personas y aceptarnos todas tal y como somos. Sin embargo, en el tema del sobrepeso, creo que más que una estereotipo estético, tener un peso adecuado (y no con esto me refiero a un cuerpo de revista) forma parte de un concepto básico de salud, por el que deberíamos preocuparnos (ya que el sobrepeso, nos traerá muchos disgustos para los que después necesitaremos una gran ayuda sanitaria. Es decir, cuidarnos, en el término de salud, creo que debería ser la prioridad. El cuerpo, es solo secundario.

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#37598 17:18 24/7/2019

Totalmente de acuerdo. Entre la alabanza a lo sano del exceso de grasa, y el comentario irrespetuoso de arriba de "Marta R." están los hechos: exceso de grasa equivale a problemas de salud. Me parece genial que, como en el caso de la autora, aumente sus posibilidades laborales, pero convendría distinguir: en lo personal, preocuparte por tu salud; en lo social, no preocuparse por lo que piense la gente, reivindicación de derechos de la gente gorda, visibilización, etc.

Iba a decir también que: solo cada une es dueñe de su propio cuerpo, así que cada une con su derecho a no preocuparse de su salud. Pero al escribirlo he acabado pensando que debería haber responsabilidades sociales en esto: por todos los factores que nos impulsan a una mala alimentación, estrés, etc. Obviamente en toda esta consideración excluyo casos de enfermedades como el hipotiroidismo que aumentan las probabilidades de padecer problemas de exceso de peso.

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#37492 15:20 21/7/2019

Bea Talegón
"uno de los mejores periodistas que tenemos. Alguien que está plantando cara a las cloacas: Enrique Bayo. Y el otro, Esa izquierda cobarde que sabe lo que tiene que decir para que le sigan llevando a los medios que controla la derecha disfrazada. Esa izquierda del régimen...."

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#37510 18:03 21/7/2019

Encima nos vienes con Bea Talegón. Vaya referente...

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#37509 18:03 21/7/2019

¿Y esto a qué hostias viene?

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