El Manifiesto de las intelectuales francesas: ¿una herramienta para el feminismo?

El manifiesto de –algunas– intelectuales francesas recoge una visión feminista que intentamos aprovechar y al mismo tiempo superar.

Concentración, Madrid contra la violencia machista 17 de noviembre
Concentración en Madrid contra la violencia machista el 17 de noviembre. Lito Lizana
Profesor y prodesora de secundaria

publicado
2017-01-23 08:00:00

El ya más que conocido Manifiesto firmado por algunas intelectuales francesas en contra del movimiento #Metoo está siendo motivo de grandes revuelos y críticas en las redes sociales. Dicho manifiesto apela a un supuesto puritanismo dentro del feminismo que convierte a la mujer en eterna víctima, en sujeto que se enfrenta al mundo desde una perspectiva de dolor y sufrimiento. Se habla de un puritanismo cuya consecuencia es, según estas intelectuales, una oleada de moral victoriana que restringe la libertad sexual (entendida como parte de la libertad individual), que nos aboca a una sociedad totalitaria en donde los hombres deben fiscalizarse y en donde se llega incluso a la censura de obras de arte por ser la más pura representación del machismo.

Podría interpretarse, y entendemos que es la voluntad del manifiesto, que el tipo de actuación motivada por el movimiento #MeToo es equivocada y va en contra de un empoderamiento feminista en el sentido en que convierte a las mujeres en sujetos victimistas: “los incidentes con el cuerpo de la mujer no tienen que comprometer su dignidad y convertirlas en una víctima perpetua”. Sin embargo, consideramos que este argumento se abstrae de un contexto histórico en el que el hombre aprovecha su posición de poder sobre la mujer en los distintos ámbitos para ejercer un tipo de violencia sexual que no se trata en ningún momento de algo puntual, sino que pertenece a toda una red sistémica que le permite llevarla a cabo, a la par que dificulta la denuncia por parte de la mujer de dicha violencia. No existe, pues, un victimismo entendido como elemento entorpecedor -puesto que la mujer ya es de facto víctima- sino como elemento de visibilización de la violencia sistémica.

El hombre aprovecha su posición de poder sobre la mujer para ejercer una violencia sexual que no es algo puntual, sino que pertenece a toda una red sistémica
Igualmente desacertado nos parece presentar a los hombres como víctimas del #Metoo. Aunque pueda existir algún riesgo puntual de injusticia en una posible denuncia, este argumento no puede elevarse a la altura de la lucha por la igualdad de la mujer. Primero porque un hecho así se trataría de una excepción que incumbe a un sujeto, y no a todo un movimiento. De la misma manera que no podemos aceptar el argumento de las denuncias falsas por violencia machista para presentar al hombre (en tanto que género) como víctima. Y segundo porque esto pone en el debate social dos problemas, no sólo desproporcionadamente de distinta envergadura sino, lo que es más grave, de distinta naturaleza.

Nos servimos aquí de la distinción que hace Zizek entre violencia objetiva y violencia subjetiva. Ésta última comprende toda violencia que es perceptible directamente por un agente identificable. La violencia objetiva, en cambio, no se percibe concretamente pero, al mismo tiempo, no deja de ejercerse en todo momento. Esta violencia se extiende al lenguaje como medio a partir del cual configuramos nuestro mundo y por todo el sistema (económico-político). A partir de aquí, podríamos decir que, en un contexto económico y político dominado por el heteropatriarcado, una violencia como la que se denuncia por parte de las firmantes del manifiesto sólo puede quedarse al nivel de una violencia subjetiva en tanto en cuanto sería puntual, identificable, y que no aprovecharía esta red que es el sistema. Sin embargo, los casos denunciados por #MeToo, a parte de mostrar una violencia subjetiva en tanto que identificable, denuncian una violencia objetiva que evidencia una estructura política y económica en la que hay una dominación de unos agentes (hombres) sobre otros agentes (mujeres), que en el extremo acaba con una agresión sexual sumada a la incapacidad de que ésta se haga pública por parte de las agredidas.

En una sociedad basada, entretejida, construida y fundamentada sobre y en el heteropatriarcado, un acto efectivamente feminista debería ser revolucionario
Por otra parte se advierte que “esta fiebre por enviar a los ‘cerdos’ al matadero, sirve a los intereses de los enemigos de la libertad sexual”, retrocediendo a una sociedad en donde vuelva a reinar una “moral victoriana”. Sería criticable que esto ocurriese y ciertamente puede haber un intento por parte de algunas ideologías de aprovechar este contexto. Pero en todo caso esto se trataría de una amenaza completamente externa a la lucha feminista y a los propósitos de un movimiento como el #MeToo. Acusar a éste de movimiento puritano vendría a ser lo mismo que acusar al manifiesto publicado de machista, y no creemos que éste sea el elemento que lo define, aunque consideremos que le pueda hacer un flaco favor a la lucha feminista.

Tomando y transformando la palabra del filósofo Ruwen Ogien, en el manifiesto se reivindica la “libertad de importunar”, entendiendo que quien puede ejercer tal libertad es el hombre que coquetea torpemente o invade con galantería el espacio de la mujer. No obstante, las firmantes del manifiesto no hablan, en ningún momento, de la libertad de ofender -en este caso sí, la liberté d’offense de la que hablaba Ogien- que necesita tener la lucha feminista para provocar un cambio en las conductas y estructuras sociales machistas.

A pesar de todo, nos preguntamos en qué medida el manifiesto puede suponer un avance en la lucha feminista. Puede que en la medida en que evidencia la lucha feminista como lucha de feminismos -¡ojo! de feminismos y no entre feminismos- que está en constante crítica (entendida en su significado etimológico, discernir). El manifiesto pone de nuevo sobre el tablero de juego la necesidad de determinar qué es un acto feminista y qué lo define como tal. En una sociedad basada, entretejida, construida y fundamentada sobre y en el heteropatriarcado, un acto efectivamente feminista debería ser revolucionario, es decir, provocar un cambio, una ruptura, una transformación (la revolución se da gracias a la libertad de ofender; el cambio no es posible sin la ofensa a lo establecido, a lo normativo, a la norma), por lo que, aunque sea efectivamente desafortunado, nos sirve para mejorar en el campo de batalla.

Sobre este blog
La filosofía se sitúa en un contexto en el que el poder ha buscado imponerse incluso en los elementos más básicos de nuestro pensamiento, de nuestras subjetividades, expulsando así de nuestro campo de visión propuestas teóricas y prácticas diversas que no son peores ni menos interesantes sino ajenas o directamente contrarias a los intereses del sistema dominante.

En este blog trataremos de entender los acontecimientos del presente surcando –en ocasiones a contracorriente– la historia de la filosofía, con el objetivo de poner al descubierto los mecanismos que utiliza el poder para evitar cualquier tipo de cambio o de alternativa en la sociedad. Pero también de producir lo que Deleuze llamó líneas de fuga, movimientos concretos tanto del presente como del pasado que, escapando del espacio de influencia del poder, trazan caminos hacia otros mundos posibles.
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