Confines del suroeste
Éramos

Ni inteligente, ni siquiera bueno; había que ser un valiente explorador (colonial) en la necesaria selva del capital, el ecosistema complejo definitivo, el orden natural.   

Vecinos extremeños a la fresca
Vecinos a la fresca. Foto: Rafael Fernández.
7 abr 2020 17:35

Éramos la vanguardia de un mundo completo, superior a todo lo conocido. En ese cuerno de la abundancia —nos decían— si eras audaz, triunfabas. Ni inteligente, ni siquiera bueno; había que ser un valiente explorador (colonial) en la necesaria selva del capital, el ecosistema complejo definitivo, el orden natural. Por abajo, gozábamos el autoengaño de esa eterna promesa de la redención en el trabajo y el mercado, el ensueño donde aún existía la clase media, la fascinación tecnológica, la satisfacción inmediata en discursos circulares dedicados a nuestra tribu. Cada uno, cada una, a la suya. Los flagelos materiales más descarnados siempre eran de puertas afuera y podíamos asistir a su desarrollo con ignorancia, con compasión o predicando. Volábamos a todas partes, sobre todas las cabezas y pensamientos.

Cuando llegó el virus no éramos capaces de fabricar vulgares mascarillas, guantes de látex, ropa que no se infectara, herramientas para que nuestros ancianos y enfermos pudieran respirar los minutos últimos de agonía. Eran otras manos lejanas, manos frágiles y empobrecidas, las que elaboraban la mercancía. La distancia, de pronto, recobró su verdad. Nos tuvimos que encerrar para protegernos, convertirnos en una colmena inmóvil, de proporciones desconocidas. Ya han aparecido las primeras abejas en alguna flor temprana de mi patio. La primera murió de frío, al lado de una pequeñísima libélula. He aprovechado para limpiar telarañas y descubrí una, inmensa, casi invisible, construida rápidamente, como si el ser que la tejió pensara que yo no fuera a volver jamás.

Los migrantes y los parados jóvenes vuelven a ser valiosos y trabajarán en el campo, cuenta el Gobierno, compatibilizando el cobro del subsidio de desempleo con el sueldo

China no se llama China, China se llama Zhongguo: La Nación del Centro. No sé cómo llamaremos, dentro de un tiempo, a estos días, a esta larga cuarentena, a la vez temporal y rompeolas de tantas cosas que aún ni hemos visto llegar, bamboleantes en el oleaje, casi deshechas, a las rocas que las esperan. Intercambio mensajes de afecto sincero con buenos amigos. Tres veces, inesperadamente, en el mismo día, me dijeron, como quien entrega un regalo cuidadosamente guardado: te quiero mucho, te quiero. Los migrantes y los parados jóvenes vuelven a ser valiosos y trabajarán en el campo, cuenta el Gobierno, compatibilizando el cobro del subsidio de desempleo con el sueldo; se investigan los abusos de funerarias, bancos y fabricantes de productos de protección sanitaria. Siguen los bulos, el odio y los odiadores, echando gasolina al fuego, intoxicando la conciencia colectiva. El fascismo insiste en catalizar su política sobre la necesidad de señalar lo irrelevante, identificar culpas solo por él determinadas y expiarlas en cabeza ajena. Esa culpa siempre necesaria y siempre del otro, la culpa que todo lo explica, hasta la propia impotencia, la contradicción, la ignorancia, la maldad cada vez menos banal.

Europa es solamente, ahora, uno de los cinco continentes, Alemania necesita fruta, las fronteras están cerradas, Boris Johnson acaba de ingresar en la UCI, todo el mundo comparte consoladoras fotografías de animales llenando nuestras ausencias, como si les confiáramos la custodia de un espacio que es, cada día que pasa, más recuerdo. Pelean las narrativas del apocalipsis y de la epifanía. Quizás alguien, encerrado con sus camaradas, gozando en un feliz escondite todas las virtudes del encuentro que la plaga nos niega, esté escribiendo el Decamerón de nuestra Peste, de nuestro Miedo.

Muere gente que quise, me duermo pensando en la supervivencia de mis próximos, en el futuro inmediato, anónimo espectador de un acontecimiento totalizante para el que no tengo otras herramientas que la paciencia, la observación atenta, la esperanza, el afecto.

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3 Comentarios
#55841 21:27 7/4/2020

Lo desmantelaron todo, ni para vestirnos, ni para protegernos de la enfermedad dejaron recursos. Deslocalización y dependencia, es lo que tenemos.

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#55813 19:25 7/4/2020

Hola nesecito saber si puedo tengo derecho a una prestación no tengo ningún ingreso i tengo dos niños i no trabajo desde enero

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#55908 9:02 8/4/2020

Como mínimo tienes derecho a la renta básica en el caso de Extremadura

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