Elvira Santamaría, cuando el tiempo no es disociable de la presencia

En la obra de Elvira Santamaría, el azar se intensifica y se hace dueño de todo el espacio. La artista se transforma y deviene todo aquello que hace, desestabilizando cualquier tipo de sistema simbólico.

Procesos de agua, una de las parábolas de la artista Elvira Santamaría
Procesos de agua, una de las parábolas de la artista Elvira Santamaría.

publicado
2017-10-04 17:10:00

Elvira Santamaría (Ciudad de México, 1967) es una de las artistas de performance más interesantes del panorama actual de arte acción. Integrante del grupo Black Market International, entre otros, reside actualmente en Europa donde desarrolla la mayoría de sus obras a partir de unos ejes temáticos que define ella misma: Vida y muerte, Procesando el ser, Colaborar para conspirar, Políticas de la psique, Hedonismo conceptual, Koan en acción y Temporalidades subversivas.

Dentro de este marco, su última acción, Cartografías de la sal, explora las fronteras, el adentro y el afuera. También en su obra reciente podemos reseñar Parábolas del desalojo y la regeneración, una exploración sobre “los procesos del duelo en el día a día en que se ven inmersos los seres humanos después de un evento traumático, especialmente cuando la vida de seres queridos, conciudadanos y congéneres ha sido perpetrada por la violencia humana y la falta de justicia. Las muertes violentas son un signo vacío y oscuro de la civilización y del sentido mismo de la existencia humana".

La artista dice amar el proceso de creación y la duración para conectar inmediatamente con su intimidad y con la del espectador. De esa manera se define como “liberadora de actos” desde rituales que utiliza para, como ella ha reconocido, superar situaciones personales muy impactantes. Sin embargo, Elvira Santamaría cree que existe un pathos, una forma y una corporalidad en movimiento ligada a la tensión y la intriga: ¿qué va a suceder?, ¿qué está sucediendo?, ¿dónde ha empezado?, ¿cómo va a acabar todo eso?

En la obra de Elvira Santamaría, el azar se intensifica y se hace dueño de todo el espacio. La artista se transforma y deviene todo aquello que hace, desestabilizando cualquier tipo de sistema simbólico.

Así, Elvira Santamaría sigue afirmando que el performance es una forma amorfa de arte que toma como escenario principal el cuerpo y el tiempo, ya que en tanto seres finitos, no tenemos otra eternidad que el instante. Cuenta, además, que hay tres cosas desde las relaciones humanas y de poder que no han dejado de preocuparle: el tiempo, el espacio y la presencia desde un empoderamiento del espacio donde se ve la vida en su más completa desnudez y así, una pequeña acción se liga de inmediato con una práctica política.

La obra de Elvira Santamaría también –como el arte de performance en general- gira en torno al interrogante de Foucault: “Me llama la atención el hecho de que en nuestra sociedad el arte se haya convertido en algo que atañe a los objetos y no a la vida ni a los individuos. El arte es una especialidad que está reservada a los expertos, a los artistas. ¿Por qué un hombre cualquiera no puede hacer de su vida una obra de arte?, ¿por qué una determinada lámpara o una casa pueden ser obras de arte y no puede serlo mi vida?”.

Del performance me llama la atención el hecho de tener eso que Benjamin llamaba "aura", es decir, que es irreproducible aunque tengamos el documento gráfico –lo que ya no es la acción–. ¿Por qué te dedicas al arte acción o al performance y no a otro tipo de artes como la pintura, la fotografía o la escultura?
Hago performance porque vi en esta forma de arte una puerta sin puerta para existir en la vida, un principio de conciencia sobre el ser humano a partir de un concepto, de una idea. Ahora lo describo así, pero cuando vi la primera performance de mi vida, vi que el artista actuaba sobre su vida y la vida cotidiana como materia de creación y pensé que yo podía también convertirme en mi propia materia de creación.

Esta idea fue tan poderosa como para hacerme cambiar el rumbo de mi vida: abandonar la escuela de arte, irme de la casa familiar por segunda vez y embarcarme en algo, entonces para mí, incierto.

Me di cuenta de que el comportamiento humano es una construcción cultural en continua transformación; es el producto de factores tan intrincados entre sí, que van de la estructura económica, las formas de organización social, la ideología, hasta la voluntad y libertad actuante del individuo. Por esto último fue que también pensé que podía ser materia de creación para un artista. Estas ideas me llevaron a pensar en lo contestatario que podía ser esta forma de arte ante un sistema de producción de objetos, y eso, de alguna manera, tendría que afectar mi conciencia y la del público o vivientes de la obra. Con estas ideas que hervían en mi mente me embarqué en la performance. Era muy excitante.

En aquel tiempo era estudiante de Pintura y había abandonado la carrera de Filosofía en la UNAM. Deseaba mucho ser pintora, pero cuando me encontré con la performance sentí un fuerte arrebato por ella. Me metí a vivir en ella. Todavía sigue siendo mi puerta sin puerta a la aventura de vivir y una antropología personal que hace a la vida, como lo diría Robert Filliou, “más interesante que el arte”.

Sin pensarlo me radicalicé conmigo misma: decidí no pintar nunca más, yo que amaba y amo tanto la pintura, desde la prehistórica rupestre hasta la de nuestros días, aunque de esta última ya muy poco.

Solo me permití pintar ilustrando mis sueños y dibujar visualizaciones de performances, aunque escribo más para ello. Nunca dudé ni me sentí mal por esta decisión. Ahora sé que hice bien. Mi búsqueda era auténtica, aunque alguna vez dudé, porque a veces ha sido difícil mantenerme como artista frente a otras exigencias de la vida. Ahora pinto de vez en cuando para mí misma. Mi pintura es algo muy privado. El arte de la acción sigue siendo mi principal medio de investigación, encuentro, contacto, expresión y comunicación, y sobre todo, mi puerta sin puerta.

Me llama mucho la atención de tu obra el tiempo. En una sociedad contemporánea movida por la rapidez, la inmediatez, lo pasajero, la impaciencia... Tus acciones rezuman constantes contrarias al capitalismo: lentitud, paciencia, observación del proceso. ¿Por qué te gusta trabajar en el durante?
Porque me permite alterar el tiempo, mi tiempo, mi percepción ordinaria de este. Me permite observar y, en lo posible, cambiar algo sin meramente reaccionar. Las demandas de este mundo se vuelven cada vez más exigentes y más elusivas a la conciencia, y mucho de esto tiene que ver con el tiempo.

La rapidez, la inmediatez y la idiotez en relación a la producción y el consumo, al extendenderse a otros aspectos de la vida, son la divisa de nuestros días, y en esto los seres humanos caemos redonditos.

Hablas de capitalismo, y creo que estos tres aspectos de la vida actual son, en sí mismos, grandes comandos imperativos de la sociedad de mercado. La hiper-conectividad, que parece dejar a todos atrás, causa gran ansiedad.

La máxima ideológica actual es vivir ahora, en el presente, lo que la mayoría asume como sin pensar, sin pasado, sin futuro, sin legados, sin planes. Y tenemos los ideales ya obligatorios de ser felices y estar satisfechos, y tanto nos bombardean con esto que crean más ansiedad e insatisfacción, y, por lo tanto, consumo. Yo freno mis caballos y los dirijo por otros caminos a otro paso o en otras carreras. Es decir, me entreno yo misma.

No ha sido fácil, pero ha sido una aventura que tiene que ver mucho con mi libertad de decidir y responder a este mundo. Cambiar de ritmo y explorar otros tiempos contrarios al que vivimos aporta conocimiento de una misma, y es lo que menos nos gusta y suele no ser fácil. Observar es un proceso en sí mismo, que me ha llevado mucho tiempo entender cómo funciona, sobre todo en mí. Además lo disfruto porque hay siempre cosas nuevas pasando para la conciencia que observa.

El tiempo es creación. Yo declaro que soy tiempo, que me mantengo creando mi tiempo, por lo que me interesa el proceso del hacer. La lentitud es un tiempo relativo a algo, que bien puede ser un tiempo contestatario al ritmo de vida capitalista, el cual, en términos de tiempo cronometrado, es esencialmente tiempo de producción y de consumo.

Mientras crear tiempo, sobre todo improductivo, como experiencia de lentitud, puede ser un ejercicio de entrenamiento contra la ansiedad y eso es ya ganar una batalla, aunque hay que saber hacerlo o te vuelves más ansiosa y obsesiva. Y lo ideal es que este trabajo se articule a la vida de una misma y de alguien más. Se trata de un tiempo activo por más lento y pasivo que parezca.

¿Crees que el arte es político?
Creo que el arte puede devenir político. Estoy en contra de declarar que cualquier cosa en arte es política. Lo auténticamente político moviliza al diálogo, al debate o provoca una reacción contra la indiferencia o la prepotencia del poder, bien identificado en cualquier aspecto de la vida, no sólo como solemos identificarlo, es decir, ideológicamente.

El arte, en sí mismo, no es político, por más que se le declare y por más que se representen aspectos políticos en él. Una obra que complace la posición política de alguien tampoco es político. El arte político provoca encuentros, convierte cualquier tema, idea, realidad en Ágora. Si yo hablara ahora del aspecto comunitario del cristianismo, te aseguro que armo un debate político más que religioso, como ninguna de mis obras lo ha hecho. No deberíamos estandarizar el arte verdaderamante político con la moda del arte político en declaraciones, textos curatoriales de relleno y de más. Dejemos que la obra viva y genere su política.

Cuando salgo a la calle a hacer obra, a veces se forman grupos que discuten y debaten algo que mi obra les ha generado como tema de diálogo y que, por supuesto, tiene que ver con el aspecto público, social o comunitario de esa gente. Esa es la vida política de mi obra, cuando sucede. De hecho, la obra es tomada, se expande o desaparece para que el encuentro político y humano emerjan.

El arte, en sí mismo, no es político, por más que se le declare y por más que se representen aspectos políticos en él

Performance de Elvira Santamaría
Elvira Santamaría en el mercado de abastos de Villa de Zaachila, Oaxaca. Daniel Méndez

El arte acción es muy topográfico. Los lugares donde realizas tus acciones no están escogidos al azar. ¿Podrías contarnos algo de la geografía de tu obra?
Los lugares donde hago mis acciones varían mucho unos de otros, pero mis predilectos son los espacios públicos, sobre todo la calle. Estos lugares están fuertemente codificados y son muy duros a veces, pero siempre hay fisuras en su realidad cotidiana, las cuales tienen que ver con la realidad personal y pública. Esta dicotomía conceptual no me interesa tanto como la del sujeto y la comunidad o la de individuo y la sociedad (son diferentes). Son formas de pensar la relación entre una persona o como artista y el Otro o el corpus que forman los otros.

El espacio público es un campo magnético con sus propias dinámicas. Tiene personalidad y en estos tiempos pueden ser volátiles, pero también vulnerables. A mí me interesa aproximarme al transeúnte, a ese que transita, que va en un estado de transe. Sé que es vulnerable, pero no quiero aprovecharme de esa condición, porque ya nos hacemos tanto daño los unos a los otros en este sistema de cosas y también porque puede ser peligroso. Yo, intencionalmente, no salgo a perturbar a la gente.

Paradójicamente, el arte acción en espacios públicos irrumpe en alguien o algo en alguien, y puede ser violento por más florecitas que le pongas al asunto. Ese es un riesgo que tomo y del que me hago responsable, porque sé que en muchos casos la acción es una realidad para alguien, no una obra de arte.

Cada vez que hago una acción en espacios públicos, ya sea en mi país o en el extranjero, tengo un poco de miedo, la extranjería es ya un signo en contra de una misma cuando una se hace notar en dichos espacios. La otredad se puede revelar en todo su aspecto de desconocido y extraño en el extranjero y, en el espacio público, haciendo lo que hago, puede resultar en una afrenta para alguien, pero creo que es necesario hacerlo. Estas irrupciones podrían ser signos de libertad, de tolerancia, de alegría, o de empatía y gozo compartido.

El arte de acción no se expresa solamente en protestas, como la mayoría piensa, incluyendo los propios artistas. Tenemos que romper con la pesada y nefasta ilusión del Otro como alguien inmoral, dañino o peligroso antes de conocerle. Hacer una acción en espacios públicos es ensanchar los estrechos espacios que se le deja al encuentro libre o crearlos.

Fuera de mi país encuentro al ser humano como en una Mátrix diferente: en una realidad más allá del mero contexto, donde mi percepción y mis interrogantes, así como mi acción son parte de esa Mátrix. Entonces la otredad te afecta familiarmente y al mismo tiempo es extraña, desafiante, pero sabes que tú eres quien se metió ahí, es decir, te anclas en tu responsabilidad y por lo tanto en la realidad que creas.

En las rutas y vías globales como las del turismo o los viajes cortos de trabajo, quizás esa otredad no se revele siempre auténtica, no porque no lo sea, sino porque nosotros vamos en cierto modo de viaje, pero cuando hago una acción en el espacio público, encuentro a seres humanos en el mismo transe que en cualquier país, sólo en una Mátrix diferente.

En espacios públicos a través de la acción nunca se encuentra a un público, sino a singularidades encapsuladas y a veces surgen encuentros con algunas de ellas. Encuentro es revelación, suena místico, pero es lo que todos buscan cuando la vida es difícil, rutinaria y opresiva. Entonces se abren vías. Me he dedicado a investigar esto.

El país más difícil donde he trabajado es en el que vivo: Irlanda del Norte. Cuando hablamos de las dimensiones del espacio privado y el público hay tanta confusión que la gente ya no sabe dónde pisar. La gente está más inconscientemente oprimida por la ideología post-conflicto que desconfiar en el otro es la divisa a través de la excesiva regulación oficial en todas las áreas de la vida, lo cual genera economía y control.

La irrupción fuerte del capital después del conflicto ha relajado el ambiente, pero más que nada en pro del consumismo, el entretenimiento, la comodidad y el control. Lo que sucede en el espacio público suele considerarse entretenimiento, y si es extraño no faltan “buenos ciudadanos” que avisan inmediatamente a la policía. A pesar de todo, sigo trabajando con otros artistas en espacio públicos.

Has dicho que tu trabajo es "una investigación antropológica del gesto humano" en diferentes marcos de acción, ¿podrías explicarlo más detalladamente?
He dicho varias veces que el arte acción, para mí, es como una investigación o trabajo antropológico enfocado en los actos, las acciones, el comportamiento y los gestos humanos. Quiero decir que el arte acción puede convertirse para cualquiera en un marco conceptual a través del cual podemos fijar nuestra atención, interrogar e interrogarnos sobre la humanidad que somos y actuar, en cierta medida, en consecuencia.

Es como una flecha que arde y me señala aspectos de esa humanidad que se revelan en el hacer o en una performance aunque yo u otro, como artista, no haya tenido la intención. Es un campo muy basto y los artistas nos concentramos en crear a partir de nuestros propios recursos corporales, mentales e intelectuales, no obstante, estamos conociéndonos y conociendo algo sobre la humanidad. ¿Que cuáles son los paramentos que nos ponemos para conocer? Cada artista se los pone consciente o inconscientemente.

El cuerpo es el último bastión de resistencia práctico contra ese orden sofisticadamente brutal y bárbaro que es el capitalismo neoliberal

"Nadie sabe lo que puede un cuerpo", decía Spinoza, ¿qué es para ti el cuerpo en el performance? 

Es el principio y el soporte de todo, pero no lo es todo. El cuerpo es el soporte material, físico y complejo de la existencia humana. Forma una correspondencia vital con la psique, ese aparato intangible, que es creador de nuestra realidad y es parte de ella. Cuando hablamos del cuerpo creamos inmediatamente una dualidad conceptual con la mente. Aunque el cuerpo no lo representa todo, sus límites son correlacionales a los límites de la psique; están intrínsecamente unidos.

De la psique sabemos, en general, poco, por más data científica que se tenga, valiosa, de cualquier forma. La psique es más compleja; es multidimensional, liminal y mutante. Un deseo, una idea, una emoción pueden conducirnos a hazañas corporales, a curarnos, o, del lado contrario, a la enfermedad, la violencia y alienación. Toda cultura genera una narrativa del cuerpo para bien y para mal de alguien. En toda la historia de la humanidad encontraremos que el cuerpo es un problema constante.

Spinoza era un místico de la ética y como buen místico no podía ignorar el cuerpo y sabía observar.

En la actualidad, para la mayoría de los seres de este planeta, en el orden económico, social y político en que vivimos, el cuerpo es el último bastión de resistencia práctico contra ese orden sofisticadamente brutal y bárbaro que es el capitalismo neoliberal, como lo han sido en toda la historia los sistemas económicos.

Quiero decir que en cada aspecto material que afecta al cuerpo podemos hacer una acto, un gesto, una acción o reeditar nuestro comportamiento en desobediencia y rechazo al sistema en que nos ha tocado vivir, así como ir creando una cultura comunitaria diferente.

Acción de Elvira Santamaría en Oaxaca
Acción de Elvira Santamaría en su parábola I, Central de contrastes, en el basurero colonia Renacimiento, Villa de Zaachila, Oaxaca, en 2014. Daniel Méndez

Sabemos que también has trabajado en otros grupos de arte acción de los que formas parte como el Black Market International. ¿Qué relación mantienes con la otredad?
La Otredad debe ser escrito con mayúsculas; es muy importante. Cuando te hablaba del cuerpo era imposible dejar de mencionar la psique, pero me faltó hablar de la Otredad, de la que depende la psique y, por lo tanto, el cuerpo. Creo que esta es una triada a la que no se le puede dividir. Si se quiere saber de cada una de ellas, hay que recurrir a la otras dos.

El Otro es fundamental en lo que hacemos y en lo que somos. A muchos nos les gusta escuchar esto bajo la ideología tan individualista en la que vivimos, pero nadie, absolutamente nadie, puede hablar de sí mismo sin las influencias de los otros o de un Gran Otro.

La ideología actual te dice “Sé tú mismo”, y no sabemos qué quiere decir esto, ni cómo realizarlo, entonces nos metemos en un montón de problemas y confusiones emocionales. Yo prefiero la antigua máxima: “Conócete a ti mismo”. Entonces te das cuenta de que eres una creación cultural y que necesitas reclamar tu singularidad y esa singularidad es a través del saber y del actuar en consecuencia, hablando de Spinoza, al principio. Llegas a formular tus principios éticos a través del conocimiento de ti mismo y del entorno hecho de otros como tú. ¿Donde estás tú? Esa es la gran aventura: encontrarnos. Pero sin el Otro y los otros, no somos.

Black Market International ha sido un laboratorio anarco-artístico y tiene ese aspecto comunitario a través de la acción creativa. Todos somos artistas con carreras y/o trabajos individuales, pero nos prestamos a cohabitar el mismo terreno en términos creativos.

Varios factores crean una fluctuación de los valores que introducimos en este laboratorio con nuestra propia presencia –la persona, el cuerpo, nuestros, deseos, intereses– a la hora de ubicar lo que hacemos. Cada miembro de Black Market International tiene una idea o concepto particular sobre Black Market International, así como intereses o formas de trabajar diferentes. Todos estamos interesados en hacer un buen performance bajo nuestros criterios individuales; algunos buscan el encuentro en acción; otros, esperan a que los otros que hagan el show, y otros, se sumergen en un proceso creativo o en la situación. Aunque creo que todos pasamos por estos estados, intereses y expectativas en una sesión en Black Market International.

Puede haber agresión simbólica o susceptibilidad simbólica. Los gestos, las acciones, son equivalentes a palabras o frases que estimulan al Otro de forma única: nadie lo sabe sino hasta que algo interesante pasa entre dos, tres, cuatro, o todos los miembros, o se comenta en algún momento.

¿Cuáles son los temas que te preocupan y sobre qué trabajas actualmente?
Se tiende a reconocer a un artista por sus temas, su estilo o sus declaraciones. Yo trabajo sobre aspectos, eventos y situaciones que la vida me presenta o que simplemente me interesan en su actualidad; sobre algo que me intriga y que algunas veces destilo en un tema. Nunca me es del todo satisfactorio trabajar temáticas, porque para mí el trabajo se da primero como un proceso para indagar, probar o saber algo sobre cualquier cosa que me interesa.

De cualquier forma, puedo decir que el tema “muerte” está muy presente en mi obra y abarca muchos aspectos de los procesos de la vida que me interesa explorar. Referirme directamente a la muerte me sitúa en una búsqueda o investigación de la que no me he podido evadir: ¿por qué es tan difícil morir bien?

Desde diferentes perspectivas, realidades personales muy cercanas a mí ha sido una preocupación mayor. Y aunque me refiero a experiencias trágicas traumáticas pensar y trabajar en la muerte no siempre es algo oscuro, triste o trágico, también arroja luz y una comprensión de la vida. La muerte es muchas veces traumática o lleva un plus de dolor, sufrimiento, lo que no debería de ser.

En los últimos diez años me he negado a decir que algo debe o no ser, pero como un deber moral o ético, sin embargo, declaro que la muerte “debe ser sagrada como la vida”. Nadie debe morir violentamente a manos o a voluntad de otro. Quizás pido lo imposible, pero sé lo que pido y me pido.

En el encuentro con familiares dolientes de personas asesinadas en mi país y en otros me ha acercado a la realidad, y es donde estoy trabajando últimamente, donde la poesía en acción tiene su mayor impacto: se acerca a lo indecible y puede consolar o acompañar el duelo. Ese es mi espacio más privado aunque haya público o testigos. Solo el viviente de mi obra puede acceder a ese espacio privado sin saber mis historias personales.

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