Personas refugiadas
Trabajadores del Samur Social de Madrid duermen ante la sede para denunciar que se está dejando a familias con niños en la calle

Desde el viernes, tres familias con seis niños están durmiendo en la entrada del edificio. Los trabajadores denuncian que en solo una semana se ha negado alojamiento a 52 familias.

Protesta en la sede de Samur Social en Madrid
Fachada del edificio del Samur Social en Madrid esta mañana. Álvaro Minguito
1 jul 2019 09:00

Trabajadores del Samur Social llevan tres noches junto a tres familias solicitantes de asilo frente a la sede de esta institución para denunciar que se está dejando a familias, e incluso a niños, en la calle.

“Tenemos un listado con más de 200 personas que en la última semana han venido a pedir alojamiento y les hemos dicho que no”, explica a El Salto una de las trabajadoras del Samur Social que ha acudido a acampar junto a los solicitantes de asilo. Son personas que están a la espera de que las Oficinas de Asilo y Refugio, dependientes del Ministerio de Interior, les den cita para que puedan formalizar su solicitud de asilo y pasar así a recibir los recursos estipulados. Pero muchas de las citas las están dando para noviembre.

“Aquí hay una familia que tiene una cita mañana, y otras tantas a las que han dado cita en noviembre, y ¿qué hacemos entre tanto?”, se pregunta una de las trabajadoras. “El Samur Social no es el recurso que debe atender esto, pero como nadie lo atiende, recae en el Samur, que está para atender emergencias, cuando esto es algo estructural que han convertido en una emergencia”. “Tenemos capacidad de respuesta inmediata, pero ya se saturó la red hace tiempo porque es una red que nunca ha estado preparada para solicitantes de asilo, sino para emergencias de la ciudad de Madrid, que hay muchas”, añade otra trabajadora del Samur Social. “Lo que pedimos es que el Ministerio de Interior dé una respuesta respecto a medios físicos y personales”, concluye.

Desde el viernes 28 de junio, tres familias, con seis niños de muy corta edad, procedentes de Georgia llevan pasando día y noche en la entrada de este edificio. Las trabajadoras señalan que los mandos de Samur Social les han dicho oralmente que no les den agua ni comida, orden que han desobedecido, facilitándoles botellas de agua y sandwiches. La única manera que han tenido en los últimos días de comunicarse con ellos ha sido mediante Google Translator, ya que durante el fin de semana el Samur Social no cuenta con el servicio de traducción. Han llamado a la Policía para que les desalojen, pero estos también se han negado ya que esto les pondría en una situación de alto riesgo. “La policía no está viniendo, están haciendo caso omiso, porque ya tuvieron que venir antes y sacar de aqui a niños en octubre”, señala. En esa ocasión, fueron una treintena las personas que ocuparon la recepción de la sede del Samur Social. Las desalojaron porque la situación era ya, según confirma la trabajadora, peligrosa ya que era muy difícil salir y entrar del edificio. “Al final se tuvo que desalojar por razones de seguridad, pero no se articuló nada y toda esa gente se quedó en la calle. Luego se articularon cosas, cuando salió en la prensa”, continúa.

Otras familias —en total llevan contabilizadas 52 a las que se les ha negado el alojamiento en la última semana, incluídos casos de mujeres embarazadas y niños enfermos— se “han tenido que buscar la vida”, señalan las trabajadoras de Samur Social, yéndose a parques u otros espacios. “No hay derivación, no hay plazas y todos los espacios están saturados”, explica esta trabajadora en referencia a Cruz Roja y la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), pero también a espacios no formales como la parroquia San Carlos Borromeo, en Vallecas, que también acoge desde hace tiempo cientos de personas que se quedan fuera de la ayuda institucional.

Esta situación no es nueva. “Empezó hace más de un año”, recuerdan las trabajadoras de Samur Social. Pero, según señalan, fue una situación temporal. “Cuando salió en prensa se abrieron recursos que ahora han vuelto a cerrar: un centro para hombres llamado El Vivero, centros para familias”, apunta otra de las trabajadoras. “Progresivamente, según se ha ido olvidando el tema, se han ido cerrando y ahora tenemos esta situación”.

También recuerdan que el Samur Social funciona fundamentalmente a través de una subcontrata y no ha aumentado plantilla, de la que cifran en solo un 10% los trabajadores que son funcionarios, a pesar de que en los últimos años se ha triplicado el número de casos atendidos. Desde hace cuatro años, el servicio recae en Grupo 5, dependiente del fondo de capital riesgo Corpfin Capital, fundado por Felipe Oriol, consuegro de Esperanza Aguirre.

“Hay gente de baja por ansiedad y depresión por esta situación, no nos hemos metido en este trabajo para esto”, señala una trabajadora que lleva 15 años en Samur Social. “Va en contra de los derechos humanos, de nuestro código deontológico”, añade otra trabajadora.

Señalan que, durante este último año que se ha agravado la situación, desde el comité de empresa y sindicatos se han movilizado. La protesta de ayer, sin embargo, surgió de forma más espontánea. “Yo ahora estoy aquí como ciudadana, fuera del horario laboral, y va a venir mi familia también. Ese es el espíritu de esta convocatoria”, explica la trabajadora. “Y repetiremos hasta que tengamos visibilidad y se haga algo, porque ya hemos visto que, hasta que no sale en prensa, no se hace nada”, afirma. “Hace un año nos dicen a cualquiera de nosotros que un niño iba a dormir en la calle y decimos que ni de coña, jamás un niño había dormido en la calle, y ahora estamos dejando nosotras, como profesionales, a menores en la calle. Yo me niego”, concluye otra de las trabajadoras.

Relacionadas

Rojava
Nanas de Shehba

Casi cada noche la noche se oyen estallidos en algún lugar. Una noche es en un pueblo, otra es en otro, a veces es en varios puntos a la vez. Cerca de los campos de refugiados se oye casi a diario. Se aprende rápido a no darles mucho espacio mental, a no mover ni una ceja, a calcular lo lejos o cerca que están, a saber si es un dron o si son morteros.

Coronavirus
Cuéntame un cuento para acompañarme en el confinamiento
30 narradoras y narradores orales escenifican relatos de manera virtual para más de 80 personas en situación vulnerable.
3 Comentarios
#37065 9:49 11/7/2019

El Samur social ayuda aquien ellos les conviene y están cometiendo injusticias están alojando a puros vagos que no quieren trabajar y dejan niños inocentes en la calle

Responder
0
0
#36576 6:48 4/7/2019

y por ella, no les paga un alquiler y se deja de chorradas, y otra cosa, si duerme en la calle luego ¿como trabaja? o quizas cobra sin trabajar como muchos funcionarios y asociaciones que cobran de los fondos publicos, como se esta descubriendo en andalucia

Responder
0
0
#36504 10:25 1/7/2019

Estos crímenes han de acabar.

Responder
0
1

Destacadas

Crisis económica
España recibiría 77.000 millones a fondo perdido del plan de recuperación que ultima la Unión Europea

El Gobierno de Pedro Sánchez tendrá acceso a 77.000 millones para paliar el descuadre en las cuentas públicas provocado por las medidas del covid-19, según ha adelantado Bloomberg. Es aproximadamente un 6% del PIB.

Coronavirus
Segunda querella contra Ayuso por la “nefasta” gestión de las residencias
Familiares de residencias de Leganés y Alcorcón acuden a los juzgados en una segunda tanda de demandas contra la presidenta de la Comunidad de Madrid.
Universidad
El alumnado universitario becado demuestra mejores resultados académicos

El anuncio de la eliminación del criterio académico para las becas universitarias ha generado rechazo entre los defensores de la “cultura del esfuerzo”, pero la actualización de cifras del sistema universitario demuestra lo que los expertos ya advertían: los estudiantes becados son los que más rinden, y las ayudas han de buscar paliar la desigualdad social en el acceso a la educación superior. 

Cuidados
CC OO propone una batería de ayudas económicas para la conciliación

El sindicato plantea que se respalden económicamente las únicas medidas de conciliación que se han tomado como consecuencia de la crisis del covid-19 y que posibilitan la adaptación o la reducción de la jornada, con la pérdida salarial que esto implica. 

Migración
El movimiento #RegularizaciónYa se internacionaliza

Tras la publicación el día 25 de un manifiesto internacional por la regularización de las personas migrantes que ya cuenta con casi 200 adhesiones, esta tarde a las 19h, se lanzará la campaña internacional #PapersForAll en las redes sociales.

Extrema derecha
A los monstruos no mirar

La mejor manera de contraatacar es construyendo alternativa, porque ya hemos visto que, haciéndoles caso, aunque sea con buenas intenciones, el monstruo sólo crece y se enfurece.

Vivienda
Absuelven por falta de pruebas a uno de los cinco de Usera, condenados por frenar un desahucio

Después de seis años de lucha judicial, la justicia madrileña ha aceptado el recurso de la defensa y absuelve al activista Jorge Aranda, condenado por “resistencia a la autoridad” en una acción de 2014 para impedir el desahucio de una familia con tres hijos.

Últimas

Coronavirus
La autogestión de los cuidados en un Chile en resistencia

Numerosas iniciativas en Valparaíso permiten crear estructuras de salud paralelas a las oficiales, ante el olvido de los más vulnerables por parte del Estado

Memoria histórica
Carabanchel pide a Marlaska recuperar la memoria de la cárcel convertida en CIE
Una plataforma ciudadana de Carabanchel solicita a Interior la apertura de un centro de memoria para recuperar la historia de la cárcel del barrio madrileño construida por presos franquistas, que estaba siendo usada como CIE.
Humor
Las terrazas en ‘Madrid’, por Mauro Entrialgo

Nueva entrega del cuaderno de bitácora de una pandemia que Mauro Entrialgo está realizando para El Salto.

Migración
Migrar o invertir la propia vida como peaje

A los detractores de la inmigración todo indica que les mueve un egoísmo desbordante fruto de un privilegio inmerecido. La mera casualidad de haber nacido en un lugar concreto les otorga un derecho de movilidad ilimitado que, a su vez, les habilita a desembarcar en los países de aquellos que quieren ver sólo como atracción exótica.