Política
Izquierda, Semana Santa y cultura popular

Los ritos locales generan espacios fundamentales para la articulación de consensos comunitarios y de hegemonía cultural, y por eso mismo no pueden ser ajenos a la izquierda.

Plaza Mayor Cáceres Semana Santa
La Plaza Mayor de Cáceres durante la Semana Santa.

publicado
2019-05-02 08:45

Durante casi un lustro viví en Pamplona. Mi abanico de amigos y conocidos representaba a todo el espectro ideológico, desde nostálgicos nacionalcatólicos del Opus Dei hasta abertzales que limaban con la violencia de ETA. Cuando se acercaba la primavera y las procesiones y romerías ocupaban cierto espacio informativo, coincidían en destacar la barbarie de los rituales festivos y religiosos del Sur, aquel espacio imaginado en clave de alteridad por el que no había pasado la acción regeneradora de la razón y donde la civilización se confundía con la barbarie. Ese Sur vivía al margen de la Ilustración, como demostraban las imágenes de las turbas en el Rocío o de la religiosidad barroca de la Semana Santa. En cambio, ninguno veía salvajismo alguno en soltar toros por unas calles repletas de turistas bebidos.

Cada cual identifica la barbarie en aquello a lo que no está acostumbrado. De hecho, salvo contadas excepciones, el conflicto ideológico se reducía a si el canto previo de los mozos dedicado a San Fermín se hacía en castellano o también en euskera. Siempre tuve la sensación de que los autóctonos explicaban los encierros como un grupo de hombres racionales que rezaban ilustradamente a un santo y corrían con sensatez y cordura delante de unos toros. Las identidades se proyectan siempre en contraste con un otro estereotipado y vilipendiando y por eso el modelo de alteridad norte-sur responde a patrones de supremacismo cultural y de superioridad moral, que también lo es económica, urbana y burguesa.

Religión
La Extremadura beata, a la cola de la laicidad

El fervor religioso de las instituciones extremeñas, su entregada devoción a los asuntos de la Iglesia, se corresponde, en justa proporción, con lo reflejado en el Informe Ferrer i Guàrdia 2018 sobre el aumento y la consideración de la laicidad en el Estado español. En Extremadura sus gobernantes se desviven por poner las instituciones al servicio de la Iglesia.

Cada primavera, la twitter-intelectualidad, aquella que su mano derecha no conoce el Gramsci que lleva su izquierda, se da un festín a costa de videos de los rituales sureños. Este año se ha hecho viral el de unos jóvenes con ademanes emocionados y enloquecidos por contemplar la Virgen de su barrio en procesión. Las críticas en nombre de dioses como la Razón, el laicismo o la Patria se cuentan por miles y muchos ya han ejercido en las redes su derecho a repartir carnets ideológicos y a delimitar las fronteras inquebrantables del raciocinio, que no suelen coincidir con los contornos meridionales. Estos guardianes de la ortodoxia moderna siempre encuentran contradicciones y atraso en la otra orilla, en los demás, como si fueran narradores omniscientes.

La izquierda fue expulsada de la cultura popular en 1936 –vía represión o exilio- y perdió su espacio en rituales fundamentales para la generación de imaginarios y de hegemonía cultural, y más en sociedades líquidas sedientas de certezas y arraigo

La izquierda fue expulsada de la cultura popular en 1936 –vía represión o exilio- y perdió su espacio en rituales fundamentales para la generación de imaginarios y de hegemonía cultural, y más en sociedades líquidas sedientas de certezas y arraigo. La cultura y la religiosidad popular, lejos de sus interpretaciones esencialistas, nacionalistas y tradicionalistas –que en muchos casos se han asumido-, es también un campo de subversión y de lucha entre diferentes culturas políticas. Ha despertado el interés de las élites por domesticarla y orientarla por su condición poliédrica y espontánea, sin obtener resultados concluyentes debido al perfil contestatario de la fiesta. Hay que reconocer la dificultad para abordar el concepto polisémico de popular y la confusión, propia de la modernidad, entre contenidos y continente, lo que explicaría su mixtificación orientalista y su apropiación en los horizontes políticos conservadores.

Racismo
Capirotes blancos

La Hermandad de los Negritos de Sevilla fue la primera institución en toda Europa dirigida y sostenida por las propias víctimas de la esclavitud africana. También fue víctima de la apropiación cultural por parte del Ku Klux Klan, que basó su vestimenta blanca en el uniforme de la hermandad.

Pese a las banderas y los discursos autonomistas, España sigue siendo el mismo país centralista de siempre, propio de la corte. En apenas un puñado de calles de la capital se deciden –y comercializan- los gustos y modas, lo sensato y lo racional. Los altos precios de las viviendas compensan por el poder de decidir cada temporada entre pantalones pitillos o de campana y establecer las fronteras con la barbarie. Una de las derivas es la intransigente. Quien no se identifica con las procesiones propone llevarlas a las afueras de las ciudades, así como la derechita salvaje y homófoba plantea trasladar el orgullo gay a la Casa de Campo. Sin embargo, el laicismo no consiste en alejar de la ciudad a aquellas religiones teístas, ideológicas o patrióticas que compiten por el control de nuestros imaginarios, sino en hacer posible la convivencia en el espacio público, que afortunadamente aún no pertenece a ninguna.

La prensa tampoco contribuye a complejizar el asunto y se lanza en cada primavera a la búsqueda del diputado o concejal de izquierdas que participa en la Semana Santa. Kichi lidera los índices de contradicción, aunque este año se ha sumado la número dos de Podemos por Murcia, Clara Martínez, que cantó una extraordinaria saeta carcelera a la Procesión del Silencio. Pablo Iglesias la felicitó con unas palabras que asumían intrínsecamente los postulados culturales de la derecha y de la Iglesia: “no soy religioso pero me emociona…” Que el adalid de los “pueblos de España” desconozca las múltiples dimensiones de la Semana Santa y vea en una saeta algo inicialmente religioso, evidencia el largo camino que aún queda por transitar para acercarnos a lo popular libres de etiquetas y cajones ideológicos estancos. Estos rituales pertenecen al horizonte de las emociones y darles una centralidad religiosa supone asumir las narrativas eclesiásticas, ensimismadas en purificarlos de paganismo, espectáculo y diversión.

No tiene sentido establecer rankings de racionalidad cuando abordamos la relación entre Semana Santa y política

No tiene sentido establecer rankings de racionalidad cuando abordamos la relación entre Semana Santa y política. A lo largo de la contemporaneidad, estos rituales festivos han propuesto modelos identitarios locales basados en una serie de memorias y tradiciones inventadas que, si bien mantienen formas y expresiones religiosas, sus niveles de significación las superan, conformando un calidoscopio difícil de digerir para una sociedad ciberfetichista que se siente más cómoda en los discursos maniqueos. La Semana Santa trasciende del control de la Iglesia y de la religión. No la niega, pero no es un requisito obligatorio para participar en ella. De hecho, los grupos católicos más exigentes se muestran reacios a estas manifestaciones, a las que consideran producto de la incultura y de escasa carga espiritual. Pero al mismo tiempo, la Iglesia aprovecha la capacidad de movilización de las procesiones para reclamar espacios políticos. Para ella, la religiosidad popular es una expresión propia de gente simple e inculta, a la que hay purificar y reconducir al templo.

Constitución
Aniversario de la Constitución, 40 años sin libertad de conciencia

El 9 de diciembre fue elegido hace unos años por diversas organizaciones, entre las que despunta Europa Laica, por coincidir con la promulgación, el mismo día y mes de 1905 en Francia, de la Ley de separación de la Iglesia y el Estado, y en España de la Constitución de la Segunda República en 1931.

Por el contrario, según las pocas estadísticas que conocemos, una parte relevante de los participantes y de los espectadores no se identifican con las prácticas católicas ni con horizontes políticos conservadores. De hecho, Chaves Nogales escribió en 1935 que los principales enemigos de la Semana Santa eran el obispo y el gobernador y documentó cómo los puestos del mercado de la Encarnación de Sevilla contaban con fotografías de Lenin y de la Macarena, mano a mano, pues no era incompatible la ideología política con la imagen referente de la identidad local. Esto mismo constataba un año antes Antonio Núñez de Herrera cuando contó cómo los nazarenos envolvían sus sandalias en ejemplares de El Socialista. Durante la II República las izquierdas pugnaron por resignificar lo popular frente a la patrimonialización conservadora. En 1932, las derechas y el arzobispado de Sevilla organizaron un boicot contra la Semana Santa para atacar el régimen republicano. Sin embargo, una hermandad del arrabal obrero y gitano de Triana, la Estrella, rompió el boicot porque como cofradía del pueblo, “al pueblo se debe, que es tanto como decir que se debe al régimen constituido.”

La izquierda lleva un siglo luchando por ocupar espacios en la cultura y la religiosidad popular, tanto tiempo que sorprende el alboroto. Eugenio Noel exaltó el potencial laico de la fiesta. Lorca fue hermano y procesionó con la Virgen de la Alhambra y le dedicó a la saeta el Poema del cante jondo. Alberti llamó a la Macarena “camarada, la más clamorosa alhaja de la sola cofradía de la gente que trabaja”, “jamás de Queipo de Llano”. La Semana Santa de Sevilla tuvo en Helios Gómez a su mejor cartelista. Morente le cantaba a la Virgen de la Amargura del Realejo granadino cada Lunes Santo. Ocaña se travestía y organizaba performance procesionales que revolucionaron la España de alcanfor, reapropiación que compartía con Nazario. Isidoro Moreno, represaliado del franquismo y activista pro derechos humanos, revolucionó la interpretación de la Semana Santa desde la óptica de la antropología social al señalar sus usos y apropiaciones conservadoras. Salvador Távora incluyó cornetas y tambores en su particular interpretación de Carmen. Saramago coleccionaba crucifijos del mundo en su retiro de Lanzarote.

En esta nueva época victoriana y biempensante que retratara tan bien Pasolini, obispos y progres, Asenjo y Muñoz Molina, van de la mano con el mantra del racionalismo y la domesticación

Sergio Pascual, diputado de Podemos y su anterior secretario de organización, ha sido el primer costalero en entrar en el Congreso de los diputados. Gracias a la heterodoxa valentía del humorista Manu Sánchez, ser cofrade y ateo ya no es un oxímoron. Pájaro hace rock de una marcha de palio con una bandera republicana que se asoma desafiante sobre un piano. O Manuel Alcaraz, Conseller de Transparencia de la Generalitat valenciana, acaba de publicar Semanas Santas, un libro donde explica por qué no tiene nada de contradictorio ser de izquierdas e interesarse por esta celebración. 

La Semana Santa o las romerías no están relacionadas con el escaso nivel de estudios, cultura o racionalidad de sus perpetuadores, sino que tienen que ver con modelos modernos de identificación, con la sociedad de masas volcada al ocio, al turismo y al espectáculo y con la búsqueda de arraigos y tradiciones que combatan las incertidumbres y ralenticen el paso vertiginoso del tiempo. Pero en esta nueva época victoriana y biempensante que retratara tan bien Pasolini, obispos y progres, Asenjo y Muñoz Molina, van de la mano con el mantra del racionalismo y la domesticación.

Esta ignorancia o confusión ha dejado el paso expedito para la producción y control de significados por parte de las derechas, que sacan músculo en cada primavera cuando la izquierda abandona un espacio público fundamental en la generación de consensos y legitimidades. Este año, sin ir más lejos, Aznar ha visitado la Semana Santa de Sevilla invitado por Zoido y han escogido para ver la cofradía del Baratillo, cuya Virgen portaba para vergüenza de muchos un fajín de Franco con una saya donada por el nostálgico del régimen Morante de la Puebla.

Los ritos locales generan espacios fundamentales para la articulación de consensos comunitarios y de hegemonía cultural, y por eso mismo no pueden ser ajenos a la izquierda.

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28 Comentarios
#34083 22:09 10/5/2019

El mundo de los tontos que autoproclaman de izquierdas y capillitas es infinito. Este es uno más.

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Esther 22:29 4/5/2019

Un artículo bien interesante!! Se debería hablar mas de ello y huir de simplificaciones que no aportan nada.. Gracias

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Churretín 17:45 3/5/2019

Muy buen artículo. La estupidez de aquellos que buscan construir una mayoría social para el cambio mientras insultan y menosprecian la cultura de aquellos a los que dicen representar es algo digno de estudio. Parecía que con Podemos habíamos aprendido la lección, pero ahora que el Querido Líder ha acogido en su seno los restos de IU parece que estamos condenados a repetir las mejores derrotas de nuestra historia. Otra vez la República, el Rey y todas aquellas batallas que nos devolverán gloriosamente al purismo y la irrelevancia del "te lo dije". Para muestra un botón: tengo en mis manos un libro editado en Madrid que afirma estar publicado en el Estado Español. Me gustaría saber que pensaría el 99% de los madrileños al respecto. Pero claro, es más fácil asumir el discurso colonial de los 200.000 votantes de Bildu que articular un discurso político que pueda llegar a las clases populares españolas. El problema, como siempre, es que cualquier cosa que se asimile a la cultura española es algo eliminar, no vaya a ser que descubramos que España existe de verdad, o peor aún, que la mayoría de los habitantes de este "Estado" se sienten españoles. Así, darle hachazos a un tronco o levantar piedras de 100 kilos son muestras de riqueza cultural, una imagen de Berruguete un ejemplo de irracionalismo y subdesarrollo.

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#34018 13:41 8/5/2019

Estos comentarios me parece que caricaturizan al adversario para mejor golpear.

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Churretín 13:16 4/5/2019

No sé en que he fallado para que se malinterprete tanto lo que digo. A mi lo que haga el nacionalismo periférico me resulta indiferente. Entiendo que cuando se tienen una serie de privilegios como los que tienen el País Vasco y Cataluña, hay que defenderlos con uñas y dientes. Por algo llevan 80 años siendo los más ricos de España, el victimismo les ha dado un resultado excelente. Mi crítica iba hacia la izquierda española que es incapaz de articular un discurso coherente para España, más allá del asumirse como la anti-España en la que Franco nos puso. El discurso de la anti-España le puede venir bien a Bildu, a Esquerra, etc. y me parece perfecto, o más bien, me resulta indiferente que lo asuman. Pero lo que no se puede pretender es ganar unas elecciones municipales en Sevilla cagándote en la Macarena, en el flamenco y en la Giralda. O peor aún, situándolas en una inexistente cultura andaluza nacionalista en la que nadie se reconoce. Mientras sigamos siendo la anti-España, o peor, mientras sigamos intentando reproducir el nacionalismo periférico en sitios donde todo el mundo es español, como hacen Cañamemo, Gordillo y demás subvencionados, seguiremos cosechando los grandes éxitos de las últimas elecciones. Un partido que dice representar a los pobres saca un 9% de los votos en la región más pobre de España, y un 14% en la segunda más pobre, 2 puntos más de lo que sacó Izquierda Unida en 1993; mientras que en las dos más ricas saca un 18% de votos, triplicando lo que sacaba IU en los 90. O bien ese partido no representa a los pobres, o algo se está haciendo muy mal.

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#34019 13:47 8/5/2019

¿Y qué significa representar a los pobres, ensalzar las muchas irracionalidades en que se envuelven? A ver si, por criticar y caricaturizar a una supuesta izquierda nos vamos a ir al otro extremo, es decir, a adoptar los modos, maneras y costumbres de lo que llamáis "pueblo",,,, que, puede no tener razón, ¿no?

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#33842 13:39 4/5/2019

Ah, y si según usted, somos los más ricos de España desde hace 80 años, quizá tenga que ver que aquí el reparto de la tierra es más justo en general, gracias a Dios no tenemos sus terratenientes, la gente trabaja bastante en general, y la palabra dada va a misa. Quizá no tengamos su "grasia", sus chirigotas y otras cosas, pero acostumbramos a responsabilizarnos de nuestros actos, no a culpar a otros. Y dejo de generalizar porque se me va la memoria a anécdotas en Málaga años atrás .....

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#33840 13:29 4/5/2019

Mire usted, hace 500 años los castellanos invadieron mi tierra y nos jodieron. De aquel entonces vienen la unión por cojones a la corona de Castilla y los fueros de Navarra. Estos no son ningún privilegio, simplemente son un arreglo que viene de lejos. Tanto como la pérdida de independencia. Si algunas personas creen que se debe revisar esto, yo también creo que se debería hacer lo mismo con la obligatoriedad de pertenecer a este estado fallido como es el español. Un saludo.

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kalikrates 16:49 10/5/2019

no te vayas tan lejos, las desamortizaciones del XIX te lo explican todo

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#33837 12:56 4/5/2019

no la insultan la cuestionan
y desde lue3go santa la semana es para cada evz menos gente
pero esta claro qe lo catoloco en este pais no s epuede ni cuestionar
sin embargo el concordato e slo unico privatizable ya qe entra en el ambito personal qe es la fe
y aded+ pqe pagamos lujo a curas pederastas y suus encubridores abispos y su tele en vez de a caritas pqe no les dan
-
el neoliberalismo capitalista es la anulacion de ls derechos
sustituidos por el dinero qe solo pocos tienen y pueden tener en gran catidad suficiente
para poder permitirse pagar lo caro qe esta todo ya gracias al capitalismo
= PP C$ Vx
La moral catoloca ns enseña a conformarnos cn ls limosnas
si acaso cn permiso d exigirlas
y a esto le llaman socialdemocracia ejPPañola

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Fernando Llorente 8:40 4/5/2019

Lo que nos faltaba es más vicitimismo españolista, una especie de colonialismo perverso y lloriqueante de un nacionalismo que ante el trauma de no haber consolidado su revolución y unificación burguesa y democrática siempre ha pretendido imponer con la cruz y la espada una idea de España feudal y nostálgica del imperio.

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#33828 7:15 4/5/2019

Joder, no tengo la paciencia y didáctica necesaria para responderle. Así las cosas, lo resumiré brevemente: Por mi parte, ustedes, el pueblo andaluz, pueden hacer con sus costumbres idólatras , con sus terratenientes, con su impecable clase política, con sus narcotraficantes, con la esquilmación de los acuíferos, con las cofradías que excarcelan presos arbitrariamente, con los ignorantes que se quejan sólo de la gente del Norte, con sus 400.000 votantes de vox, con las temporeras marroquíes de la fresa, con los opiáceos dinerarios, como son las peonadas, y con cualesquier costumbre, circunstancia particular, etc. etc., lo que les parezca.

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#33811 18:37 3/5/2019

Qué cojones tendrá que ver Bildu ni nadie del norte con las muestras folclóricas del sur!!

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#33800 17:01 3/5/2019

Si el fervor, folclórico por otro lado, que el pueblo andaluz vierte en aquella Semana Santa, o la energía con la que protestaba cuando, por ejemplo, el Sevilla FC bajó décadas atrás a segunda división, fueran dirigidos también para luchar contra el secular y feudal reparto de la tierra, para votar contra los partidos que llevan décadas manteniendo ese atraso económico y político que lastra su futuro .....
Si la gente que coreaba "a por ellos" para jalear a los muertos de hambre que alimentan a su familia repartiendo hostias a los demás, o a esa misma tropa de ignorantes cuando le toca a ella ....
Pobre y hermosa Andalucía.... Tierra rica y espíritu conformista
Y no hablaré de las últimas elecciones autonómicas....

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BPM 11:50 3/5/2019

Gracias por el artículo. Me gusta el debate que abre. A mi me genera conflicto interno, me incomoda, me hace dudar y abrirme a la reflexión y a la escucha. Hay una parte de mi que huye de estas celebraciones con motivos religiosos, pero no puedo negar que hay otra parte que se siente atraída, por la música, los sentires, por las diferentes comunidades y apoyo mutuo que se genera. No creo que ese poder popular deba ser capitalizado por los poderes públicos, sino por el PÚBLICO, en mayúsculas. Se están abriendo nuevos caminos para vivir la fiesta, la espiritualidad, la cultura, de otras maneras, no nos encasillemos en dicotomías espiritual-racional, norte-sur, moderno-carca. Ocupemos los espacios y soñemos imaginemos, creemos.

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#33775 9:16 3/5/2019

Otras fuentes indican que en 1932 las cofradías no salieron a procesionar precisamente por el miedo a atentados de los partidarios de la república.

Señalan que un militante de la CNT, Emiliano González Sánchez llegó a disparar en dos ocasiones contra la figura de la virgen.

¿Es esta información verídica o es un lavado de imagen del régimen que se ha engranado en nuestro imaginario colectivo?

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Paulino 2:32 3/5/2019

Uy, el artículo me ha tocado por todos lados. Lo primero como andaluz. A día de hoy, todavía esa idea del sur salvaje e incivico, sigue pululando el norte peninsular. Muchas deas manifestaciones populares asociadas a la religión tienen orígenes muy humildes. Crecí en un pueblo to de Huelva cuya romería tiene más de 500 años. Esa virgen es todavía seña de identidad de la gente humilde y propicia, no sólo los espectáculos propios de la romería, sino un sinfín de formas comunitarias de paliar el dolor, la desgracia o la alegría colectiva. Posiblemente de un forma mucho más racional de lo que podría gustarle a la asamblea del colectivo más radical. Además de lo dicho, soy marica, marica del sur (andaluz para más ver) y de pueblo. Esos muchachos que veis aplaudiendo euforicamente en ese video también lo son, casi con total seguridad. Y esa es otra curiosidad, la semana santa andaluza y su barroquismo, permitió incluso en épocas de mucha represión la figura del "mariquita" que vestía a la virgen o al santo, dando cabida a la alteridad sexual y de género (solían ser hombres muy afeminados). Ocaña no se hace marica en Barcelona, ya lo venía siendo desde su pueblo natal. Ya quisieran los nortes y las castillas, haber tenido esa apertura para sí mismos.
Para remate, soy antropólogo, alumno del citado Isidoro. Él nos enseñó a ver la fortaleza cultural, y diría que anti hegemónica que tienen estas manifestaciones. Por recordar, que los grupos humanos detrás de estas fiestas son hermandades o cofradías, muchas de ellas de origen obrero. O los Carnavales de Cadiz, sin ir más lejos, que son todo un ejemplo de resistencia y arte en un mismo combo.

Muy buena reflexión y muy buen artículo.

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#33833 12:36 4/5/2019

El hecho de ser marica, como dice, o antropólogo, ni quita ni da razón. El hecho de que infinidad de creencias o supersticiones tengan 500 años, pues me lleva a pensar, con el debido respeto, que en algunos sentidos no se avanza demasiado. Además, como dicen por aquí en algunos comentarios, mayormente las muestras de beatitud o fé, son puritita idolatría. Dicho esto desde un estricto criterio cristiano. En cualquier caso, y sin acritud, todo ese folclorismo me parece respetable, pero me apena que en muchos pueblos del mundo, con economías precarias, se dedica más energía a festejos religiosos que a pelearse por tener mejores condiciones de vida.

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#33777 10:14 3/5/2019

Totalmente de acuerdo, a veces, quizás demasiadas veces, desde la izquierda solemos juzgar las costumbres y creencias populares de manera muy simplista y elitista

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#33763 22:00 2/5/2019

Sin entrar en otras consideraciones, morales, supremacistas, etc. desde una posición de aquel que siendo agnóstico y, en general, respetuoso con los asuntos de los demás, siempre que no jodan la marrana a otros, diré que, incluso desde un punto de vista auténticamente cristiano, las celebraciones de Semana Santa en españa son jodida idolatría. Más aún, en general, las del sur que las del norte por aquello de la pomposidad, barroquismo y tal. Incluso hay un detalle muy a tener en cuenta por anacrónico e injusto, a partir del cuál me cuesta evitar no hacer valoraciones morales y alejarme estratosféricamente de ese sur "atrasado", y no es otro que el poder que la Administración de (in)justicia otorga cada año por esas fechas a diversas cofradías andaluzas para excarcelar a aquellos presos que éstas consideren conveniente. Osea, el mito de Barrabás en pleno siglo XXI.

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#33759 17:48 2/5/2019

Estoy de acuerdo que hay tradiciones populares que trascienden a lo religioso y al control del poder

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#33758 15:42 2/5/2019

Como es habitual, los artículos de cesar rina no dejan indiferente a nadie. Lúcido análisis

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#33756 15:19 2/5/2019

Una comparación muy manida la de que las izquierdas (yo soy partidario de ello) queremos sacar de lo público tanto capirote estilo Kukusklan al igual q la derecha fascista lo quiere hacer con la fiesta LGTBI de las calles. Q yo sepa una tiene q ver con el alma y el espíritu la otra con la condición sexual (por eso lo de los fascistas) y si no es así, iluminame, El día q consigamos q los amantes de los capirotes, las figuras de madera, la flagelación y el amor por lo oscuro, paguen entranda (como hacemos muchos, con lo q nos apasiona) en el Wink center pa emocionarse con lo suyo. Ese día España será de verdad laica y aconfesional. A veces dolido, pero siempre convencido, aprendendetelo amigo

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El aceo 15:07 2/5/2019

En nada de acuerdo con el artículo

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es.pinedo
es.pinedo 11:09 2/5/2019

Lo que acontece en el espacio público es político. Así que parece normal que todos los poderes (institucionales o eclesiásticos) se interesen y traten de apropiarse estos eventos. Y lo consiguen. seguramente todas estas celebraciones y expresiones artísticas tengan un origen popular y espontáneo, pero cuando se someten a la lógica de la institución, la regulación o la religión, dejan de ser algo popular y se convierten más bien en refuerzos de una cierta estructura elitista y piramidal de la sociedad. Entiendo que haya sectores tanto a la izquierda como a la derecha que se encuentren cómodos en ese tipo de estructuras. Pero también entiendo que, para ciertos sectores más libertarios, pueda parecer aberrante que los diferentes poderes se apropien de actos que podrían emanar directamente del pueblo sin la mediación de ninguna autoridad (religiosa o civil). Quizá el debate no debiera ser tanto entre lo racional vs lo mitológico, sino el motivo por el que este tipo de expresiones artísticas irracionales son potenciadas y apropiadas por los poderes públicos y los imaginarios que buscan construir o derrocar.

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Chema Álvarez Rodríguez 10:13 2/5/2019

El autor de este artículo se queda en lo anecdótico y no acude al meollo de la cuestión, que es el de la presencia del laicismo en las instituciones democráticas, al que se identifica en este texto, además y de un modo erróneo, como patrimonio exclusivo de la izquierda. En 1936 la izquierda no fue excluida de los espacios culturales religiosos. La izquierda o liberalismo político venía reclamando desde más de un siglo atrás que lo religioso y la institución que lo representaba, la Iglesia, debía remitir su dominio a lo particular, y no a lo público. Las órdenes religiosas no estaban por perder su influencia en todas las esferas de la sociedad (enseñanza, celebraciones culturales, poder político, etc.) y ello les llevó a alentar, participar y consagrar el ciclo de guerras civiles del XIX y del XX (guerras carlistas y fascismo). Durante el primer tercio del siglo XX se dio una explosión laicista en la sociedad española, con numerosas experiencias, tales como la creación de las escuelas racionalistas. La dictadura franquista, fundamentada en el nacionalcatolicismo, cercenó todo intento de laicismo público y recuperó o instauró muchas celebraciones religiosas que habían desaparecido o que, simplemente, no habían existido nunca. Tras la muerte de Franco y sin consenso ninguno, en medio del mayor secretismo, se firmaron los acuerdos del concordato que aún sufrimos y otorga una serie de privilegios anticonstitucionales a dicha institución, colocando en lugar aventajado a una determinada creencia religiosa frente a las demás o frente a la de quienes no la tienen o dudan de ella.
En el artículo también revolotea la idea de que quienes defendemos el laicismo consideramos incultos, ignorantes y atrasados a quienes tienen una fe y la viven en celebraciones al uso. Nada más lejos de la realidad. Precisamente la reivindicación laicista que exige reducir al ámbito de la privacidad la profesión de la fe, busca también proteger esa misma profesión, ampararla como derecho fundamental de la persona, sin cuestionar si las convicciones de la persona son o no las acertadas y adecuadas o a qué se deben. Otra cosa es cuando surgen debates públicos entre ciencia y religión, laicismo y confesionalidad, o los poderes públicos se arrogan de los mismos como seña de identidad. Ahí, por supuesto, sí está el laicismo o quienes lo reivindican. La secularización progresiva de la sociedad, y no su religiosidad, es la que ha permitido el avance en el respeto y consecución de los derechos civiles, tales como el divorcio, la libre decisión de la maternidad por parte de las mujeres, el uso de anticonceptivos, el matrimonio homosexual, la libertad de enseñanza, etc. Todo ello con clara oposición de la Iglesia católica y movilización de su feligresía, la mayoría de las veces utilizando y usurpando los espacios públicos y manifestaciones culturales.
El laicismo no niega ni quiere impedir que se siga celebrando la Semana Santa u otras celebraciones religiosas. Este discurso, que parece desprenderse del artículo, es un discurso interesado por una institución que, de ser verdugo de una sociedad a la que ha sometido a lo largo de la historia mediante métodos criminales, pasa a presentarse como víctima de una persecución que, según ella, pretende además acabar con los valores culturales. El laicismo y los reglamentos laicistas presentados a las instituciones públicas, tales como los ayuntamientos, lo que reivindican es que a la institución religiosa se le dé el mismo trato que a otras asociaciones en el uso de los espacios públicos, cosa que hasta el momento no sucede, y que se siga el mismo modo de operar con esta institución que el aplicado a otros grupos culturales o sociales (formalización de solicitudes, licencias, firma de convenios, etc.). No hacerlo así supone privilegiar a una determinada agrupación con la excusa equivocada, pero interesada, de que eso tiene que ver con la cultura del pueblo.
Gracias por el artículo porque, aunque a mi entender equivoca el argumento, plantea un debate necesario en nuestra sociedad.

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Anónimo 23:26 3/5/2019

Es curioso, como esta respuesta tan virulenta contra la iglesia católica no se reproduce entre la población laica de países protestantes. Aunque ellos no crean, no se ve ni un mísero ataque a los fundamentos de esas religiones, pese a que tendrían mil argumentos para atacar a esas religiones. Por lo pronto, si aquí nos quejamos de "nacional catolicismo" en Inglaterra actualmente hay "NacionalAnglicismo" pues la reina de Inglaterra es el Papa de si iglesia. En los territorios protestantes pasaba lo mismo hasta hace 2 telediarios (mirad sino al rey de Noruega o de Suecia , papas de su iglesia hasta hace nada). Muchos laicos de allí participan activamente en tradiciones religiosas, decoran sus casas cada fecha señalada, aunque no crean no vayan a la iglesia protestante.

No quiero decir que no haya que modificar cosas, pero habría que reflexionar porque en el mundo "tradicionalmente católico" se produce este ataque, mientras que en esos territorios no. Para reflexionar.

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#33899 22:22 5/5/2019

¡Ui! Me parece que andas muy desinformado/a. En el resto de Europa tienen muy clara la división entre Estado e Iglesia, de tal modo que cuando existe intromisión de esta última en los asuntos públicos se salvaguarda muy bien los derechos de los laicos. Las monarquías cumplen a rajatabla su papel de popes y no se salen del mismo. Francia se declara como laica y republicana, y tiene por deber colocar en cada aula educativa una declaración de laicismo. En England tienen al bulldog de Darwin ( el nuevo, después de Huxley) en la figura de Dawkins. Allí comenzó el movimiento laicista " Probablemente Dios no existe. Relájate y disfruta", tan vistoso como lema en los buses de las capitales europeas. Nos llevan años de ventaja en este asunto, y aparte la Iglesia tiene claro también que más le vale no sacar los pies del tiesto. Hay que viajar más.

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