Los Nirvana latinos que nunca existieron

El Paso es una ciudad texana en la frontera que separa Estados Unidos y México. ELPASO pudo ser también un grupo de punk chicano que creció y perdió a finales de los años 80 en esa ciudad bisagra. ELPASO. A punk story, de Benja Villegas, es un libro que cuenta una historia que no es real pero sí es verdad.

Imagen promocional del grupo ELPASO
Imagen promocional del grupo ELPASO.

publicado
2018-11-09 06:00:00

Tras unas semanas de intensa rotación en la entonces todopoderosa cadena MTV, el vídeo de presentación del primer disco del grupo ELPASO publicado bajo el sello de una discográfica multinacional hizo que el lp desbancase a Dangerous de Michael Jackson como el más vendido. El joven grupo de rock salvaje pronto se convirtió en objeto de deseo de los medios de comunicación que previamente habían ignorado por completo propuestas como la suya. La imagen desaliñada y las ropas de mercadillo que lucían se transformaron en modelos estéticos para la juventud de medio mundo. El cantante, situado a su pesar como icono generacional, protagonizó entrevistas y portadas de las revistas musicales más influyentes en las que mostraba su absoluto desprecio por la prensa convencional y declaraba su amor por los fanzines, publicaciones sin ánimo de lucro realizadas artesanalmente de modo amateur.

Todo esto les podría haber ocurrido a ELPASO. Pero no fue así. En primer lugar, porque la lotería que permitía —nótese el pasado— a un grupo de rock pasar de secreto a dominio público, y con suerte salir de la pobreza, ya les tocó a Nirvana, que sí vivieron esas situaciones. Y eso solo sucede una vez. Pero, sobre todo, porque ELPASO nunca llegaron a grabar un disco. De hecho, tampoco ensayaron ni afinaron las guitarras. El grupo es el protagonista de ELPASO. A punk story (Bandaàparte, 2018), un libro firmado por Benja Villegas (Ripollet, 1982) que reconstruye las andanzas —primeras canciones, conciertos, alegrías y dramas— de una banda punk formada por chavales latinos en El Paso (Texas, Estados Unidos) a finales de los años 80. El contexto, el momento y algunas similitudes explican el paralelismo entre el grupo inventado por Villegas y el trío encabezado por Kurt Cobain. Lo que les diferencia es que Nirvana alcanzaron el éxito, ELPASO ni lo olieron.

El autor confirma a El Salto esa comparación, recordando lo que le llevó a iniciar el proyecto: “Cuando ideé el libro quería crear un grupo totalmente coetáneo a Nirvana y escribir una antibiografía, una biografía que fuese la antítesis de una historia de éxito: la historia de una banda a la que le sale todo al revés, unos perdedores natos”.

Villegas considera que lo que les sucede a ELPASO en la novela es la historia “real” del rock y, al igual que en el libro, entremezcla sus razones con lo vivido en primera persona. El interés por narrar un relato en el que no hay ningún triunfo le viene dado “también por mi último fracaso en una banda. He tocado en tres bandas y las tres han fracasado. Siendo muy generoso, diría que el 99% de las bandas de rock creadas desde los años 50 han fracasado, ya fueran de Abu Dabi, Barcelona o China. Fracaso en términos de mercado, ojo, porque seguramente en lo personal sí han tenido éxito. Yo mismo considero que he tenido éxito en la música porque me ha llevado a sitios y a conocer gente. Solo el 1% de las bandas tienen éxito real en términos de industria pero son las que copan el 100% de las biografías y de los documentales, algo casi ridículo”.

Huele como a espíritu adolescente

Al igual que Nirvana, ELPASO integrarían la segunda ola —el recambio, la descendencia— de un movimiento musical juvenil que había creado una tupida red en los Estados Unidos de Ronald Reagan. Por todo el país, centenares de adolescentes expresaron su malestar en canciones rabiosas, al margen de emisoras y semanarios. Formaron grupos que tocaban en casas, sótanos, garajes y centros comunitarios; montaron pequeñas discográficas para dar salida, en tiradas muy reducidas, al material que grababan; y generaron un ecosistema musical autónomo en el que no había injerencias externas y en el que se comunicaban mediante sus propias publicaciones: fanzines de periodicidad irregular en los que se podía leer acerca de bandas que no existían fuera de esas páginas. Lo comido por lo servido era la lógica de unas relaciones en las que el beneficio no tenía cabida, pero que tampoco escapaban a contradicciones. La identificación entre quien cantaba y quien escuchaba era total. “Nuestro grupo podría ser tu vida”, recitaban Minutemen desde San Pedro, California.

Con el tiempo, esas precarias estructuras se fueron estabilizando y alcanzaron carácter profesional en muchos casos. Guiados por el deseo de poder grabar y girar en mejores condiciones, y también con la expectativa de que sus canciones lograran mayor repercusión, algunos de los grupos criados en ese magma escucharon los cantos de sirena de las multinacionales y firmaron con ellas.

Es ahí donde llega “Smells like teen spirit” de Nirvana y origina un terremoto en la industria discográfica. Pero su triunfo fue la excepción que confirma la norma: gran parte de las bandas que pasaron por las oficinas de las megacorporaciones se sintieron utilizadas y maltratadas, con contratos abusivos y escaso respeto por sus decisiones artísticas. Y tampoco es que consiguieran mucha más audiencia, en la mayoría de los casos. Si no eran rentables en el corto plazo, y eso significaba muchos ceros en el balance, les daban la patada. Después de que Cobain apretase el gatillo, la tercera camada surgida de ese circuito y esos modos de hacer provocó algunas réplicas del fenómeno, con nombres como Green Day y Offspring volviendo a colocar las crestas y las guitarras distorsionadas en lo alto de las listas de ventas.

“No sé si ha quedado un residuo de aquello en lo actual —valora Villegas—, pero sí veo en YouTube o en Bandcamp o en redes sociales un funcionamiento parecido al de la autoedición y los fanzines. Esos chavales a principios de los años 80 deciden ir directamente a la fábrica de vinilos, saltarse a los intermediarios, pagar ellos la fabricación del disco, pegar con cola y cartón la funda del vinilo, y sacarlo a la venta ellos. No me parece algo tan distinto”.

Música
Piñata Protest, punk rock como el que hacía la abuela

Reflejar en arrebatos punk de dos minutos la multitud de culturas que conviven en Texas es una de las premisas que guían a Piñata Protest. Honrar el legado de quienes construyen Estados Unidos llegando desde fuera, otra. Y montar una buena fiesta, la tercera.

En ese mapa, Villegas sitúa a ELPASO en la comunidad punk de Texas, uno de los estados más conservadores del país, de la que surgieron los esputos de The Dicks contra la Policía, los sonidos excéntricos de Butthole Surfers o las fantásticas proclamas bailables de Big Boys. El hecho de ser un estado muy grande, un tanto aislado, y su situación de frontera otorgaron a los grupos punk de allí un carácter propio. “Si hay algo que defina a las bandas texanas de esa época es que no hay un patrón en ellas, lo único que les une es que están zumbados. Son gente muy peculiar”, considera el autor, que viajó en dos ocasiones a El Paso para realizar entrevistas y recabar documentación para el libro.

En la zona, de mayoría hispanohablante, Villegas encontró a protagonistas de la escena musical local de finales de los años 80 y también pudo identificar lo que late ahora. Que no es exactamente lo mismo: entonces un grupo como ELPASO hubiese resultado algo más anómalo, por el hecho de tocar punk y cantar en español. Hoy sería mucho más habitual. “Hay 30 años de diferencia entre la ficción del libro y la actualidad. Ahora hay una clase baja latina que puede comprar una guitarra, una batería y tocar. Y además ya tiene un bagaje cultural que le ha permitido asimilar el punk como algo propio. En los años 80 en El Paso, por ejemplo, había pocos latinos tocando punk, lo que escuchaban entonces era música mexicana”.

Música
Una nueva ola musical latina en la América de Trump
Una corriente de grupos latinos asentados en Estados Unidos planta cara al actual inquilino de la Casa Blanca con una música ecléctica y efervescente.

Lo que ha hecho Villegas no se agota en el libro: ha grabado lo que sería la maqueta de ELPASO y también el primer disco que el grupo iba a presentar a Sub Pop —la discográfica indie que publicó el debut de Nirvana— si no hubieran chocado con la desgracia. Porque, como en toda buena historia que se precie, en esta también hay tragedia.

Y el siguiente capítulo será un documental. Es un proyecto futuro en el que no se tratará tanto de ELPASO sino de cómo Villegas llegó a esta banda. “El documental intentará explicar la aventura que hicimos: ir a buscar a un grupo que no existe y acabar encontrándolo”, concluye.

ELPASO, punk chicano desde Texas
ELPASO, punk chicano desde Texas.

No fueron Nirvana pero sí existieron... y existen

Hablar de música ruidosa y orígenes latinos implica necesariamente recordar a Los Saicos. Este grupo peruano funciona desde 1964 y es considerado por muchas opiniones como el verdadero germen de lo que posteriormente se llamaría punk y explotaría en los países anglosajones. Su sencillo “Demolición”, grabado en 1965, ya lo decía todo.

También hay que mencionar a Alicia Armendariz, más conocida como Alice Bag, cantante de The Bags. De ascendencia mexicana, nació y creció en Los Ángeles, donde tuvo problemas de niña por no hablar inglés. Después formó el grupo, uno de los pioneros de la siempre fértil escena angelina, en la que compartían espacio con otras bandas integradas por latinos, como The Zeros o Nervous Gender.

Incluso cabe citar a Sepultura, el grupo brasileño de metal que se instaló en Estados Unidos a principios de los años 90. Allí gestaron su monumental disco Roots , salvaje oda a los orígenes y a la preservación de la diversidad cultural, construida desde la nostalgia y que no ha conocido igual.

ELPASO no existieron pero todos estos grupos sí. No fueron Nirvana porque no pudieron o no quisieron, pero su legado y memoria perviven.

at the drive-in
Vecinos de El Paso que no escondían sus orígenes latinos, el quinteto liderado por Omar Rodríguez López y Cedric Bixler-Zavala supuso la última explosión del mundillo rock subterráneo que logró alterar la corriente principal a principios del siglo XXI tras firmar por una multinacional, después de llevar varios años bregando en las catacumbas. Lo mismo, aunque a menor escala, que había sucedido con Nirvana un lustro antes.

Más vínculos de At the Drive-In con aquello que se llamó grunge: Dan Peters, el batería de Mudhoney, otra banda mítica del noroeste estadounidense, les vio tocar en un bar ante seis personas y le estalló la cabeza.



Una anécdota ilustra perfectamente las paradojas a las que se hubiera podido enfrentar un grupo de las coordenadas de ELPASO: el concierto con el que At the Drive-In iban a presentar en Madrid In/Casino/Out, su disco de 1998, no se celebró porque el organizador no esperaba vender ni 40 entradas con las que cubrir gastos. Después de fichar y publicar su siguiente disco en una major, que los medios se enterasen de su existencia y convertirse en el flavour of the month, llenaron en esa ciudad una sala de mediano aforo, apenas transcurrido un año del concierto frustrado. Y haciendo exactamente lo mismo: una aleación frenética de hardcore y rock duro que el dúo melenudo dejaría de lado en su siguiente proyecto, The Mars Volta, más orientado a la psicodelia y los viajes de altos vuelos.

 

fun people
Quizá la conexión más cercana del punk latino con Nirvana. Al igual que el grupo de Kurt Cobain, Fun People grabaron un disco con el afamado productor Steve Albini, The art(e) of romance. Para ello viajaron en 1999 hasta Chicago desde Buenos Aires, su base de operaciones.

Caleidoscopio de hardcore, rock’n’roll, surf y cualquier cosa que se les ocurriera meter en la coctelera, las aceleradas canciones de Fun People fueron un infalible antídoto contra la monotonía en el punk. Su cantante, Nekro, ha seguido derrochando energía en múltiples proyectos bajo el alias Boom Boom Kid.



Fun People recogieron el testigo de pioneros del punk argentino como Patricia Pietrafesa, quienes a mediados de los años 80 iniciaron un movimiento de fanzines, discos y conciertos en un país que acababa de dejar atrás la dictadura militar. Pietrafesa, por cierto, es hoy bajista de las populares Kumbia Queers, que en su disco Canta y no llores incluyeron una versión de la canción “Si pudiera”, de Fun People.

 

los crudos
Electrical Audio, el estudio de grabación de Steve Albini, se encuentra en la misma ciudad en la que operan Los Crudos desde comienzos de la década de los 90. Su ataque hardcore a favor de los desposeídos aún resuena con fuerza y su actividad ha sido un motor para numerosas bandas que, desde entonces, les han tomado como modelo. Creadores de himnos furibundos de apenas minuto y medio, toda su carrera —desarrollada siempre al margen— parece querer responder a una acusación, la de ser ilegal. Y qué.


 

spitboy
Uno de los lanzamientos de Los Crudos fue un disco compartido con Spitboy, una banda de San Francisco que se convirtió en referente del hardcore contestatario y enfrentado al machismo. En su trayectoria, finiquitada en 1995, Spitboy se relacionaron con uno de los nombres imprescindibles en el punk más comprometido políticamente en Estados Unidos: la discográfica Ebullition Records, que entre sus cientos de referencias publicó el recopilatorio Give me back, una muestra perfecta de lo que el hardcore debería ser. Spitboy contribuyeron con su mejor canción, “Seriously”.



En 2016, la batería del grupo, Michelle Cruz Gonzales, publicó The Spitboy Rule: Tales of a Xicana in a Female Punk Band, las memorias de sus experiencias como mujer, punk y latina en el mundo de la música en Estados Unidos.

 

generación suicida
Volvamos al siglo XXI. Porque el punk no ha muerto y porque buena parte del que actualmente se escucha en Estados Unidos, especialmente al sur del país, es en español. Generación Suicida, de Los Ángeles, es uno de los mejores ejemplos. Formado en 2010, este cuarteto oriundo de Watts, la barriada angelina famosa por las revueltas de 1965 y 1992 —tras la paliza policial a Rodney King—, presenta canciones llenas de rabia y desesperación que recuerdan a las grabadas treinta años antes por Eskorbuto.


 

downtown boys
Sub Pop fue la casa que acogió los primeros pasos editoriales de Nirvana. Y en 2017 publicó Cost of living, el tercer disco largo de Downtown Boys. Si el punk sigue teniendo sentido hoy es por lo que hacen grupos como este: vencer prejuicios, incitar al jaleo, elegir bando y grabar impetuosas canciones con las que escribir una nueva historia, desde abajo y contra las verdades impuestas.


 



1 Comentario
Hugo 8:33 9/11/2018

Pinche que bueno! Aún así recordar que el punk es más un tema de actitud que de ruido y los latinos de EE.UU. ya son un grano en el culo blanco gringo desde La Tania!

Responder
4
0

Destacadas

Racismo
El antirracismo político y las alianzas contra el fascismo

Los colectivos racializados interpelan a la sociedad y el Estado, a la izquierda y al feminismo, sobre racismo y colonialidad. 

Historia
Juan Gutiérrez, el mediador por la paz que se hizo amigo de un espía del Cesid

Roberto Flórez, un agente del Centro Superior de Información de la Defensa, entró en contacto con el mediador por la paz Juan Gutiérrez para conocer las entretelas del conflicto vasco. Forjaron una amistad. Mudar la piel, el documental de Cristóbal Fernández y Ana Schulz, indaga en esa relación.

Atenas
45 años después, la llama de la Politécnica sigue viva

Como cada 17 de noviembre, Grecia ha vivido este sábado una jornada de movilizaciones en recuerdo y reivindicación de la revuelta de la Universidad Politécnica de Atenas en 1973, hecho que aceleró la caída de la dictadura militar un año después.

Fronteras
Con el Baobab de Roma se abre una nueva temporada de desalojos

Policía étnica. Furgones blindados y excavadoras en el campamento donde dormían 130 migrantes, ahora abandonados a su suerte en las calles de Roma. Salvini: “Hay que acabar con las zonas francas”.

Música
Música de librería: melodías anónimas en busca de sustento y esparcimiento

La música de librería, una biblioteca sonora al servicio de la industria audiovisual mayoritariamente, en la que se pueden rastrear el genio, la aventura o el simple goce de unos autores y ejecutantes sepultados por el tiempo.