Memoria histórica
Una crónica de cuando las mujeres estrenaron el voto el 23 de abril de 1933

Josefina Carabias la escribió para la revista "Estampa" antes de que se celebraran unas elecciones municipales parciales en más de 2.600 localidades del país.

Portada de la revista "Estampa"
Portada de la revista "Estampa"

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27 may 2019 10:49

No fue en las elecciones del 18 de noviembre de 1933, tal como habitualmente se sostiene, cuando las mujeres votaron por primera vez en España, sino unos meses antes, en las elecciones municipales parciales que se celebraron el 23 de abril. Lo hicieron como consecuencia de la aprobación en las Cortes Constituyentes de la Constitución republicana de 1931, en cuyo artículo 36 se consagra el sufragio universal, según el cual los ciudadanos de uno y otro sexo mayores de 23 años tendrán los mismos derechos electorales. En contra de las falacias propaladas por Pablo Casado no hace mucho en Gijón, en esa votación -según consta en el Diario de Sesiones del Congreso correspondiente a la histórica jornada del 1 de octubre de 1931- votaron a favor del sufragio femenino 83 de los 115 diputados socialistas, por lo que sólo 32 lo hicieron en contra o se abstuvieron. El resultado fue favorable por 161 votos frente a 131.

En el libro Mujeres en los gobiernos locales, de la historiadora Gloria Nielfa Cristóbal, citado en un artículo de mi estimada amiga Remedios Palomo publicado en Infolibre, encontramos una referencia periodística del diario Ahora y las razones, cifras y porcentajes electorales de esos olvidado comicios del 23 de abril: "La convocatoria de estas elecciones se debió a que en las anteriores, las municipales del 12 de abril de 1931 celebradas bajo mandato de la ley electoral Maura, hubo municipios donde por ser el número de candidatos igual al de puestos a cubrir, los concejales se nombraron automáticamente y, en consecuencia, tales municipios quedaron gobernados por candidatos designados y no elegidos. Para eliminar el déficit democrático, “el ambiente monárquico y caciquil que obstaculizaba la obra de la República”, como reflejó el diario Ahora, el Gobierno dispuso en una ley de 1 de diciembre de 1932, el cese de esos concejales y la creación de Comisiones Gestoras, compuestas por un funcionario, un contribuyente y un obrero, uno de ellos el alcalde, que asumieron sus cargos a partir de enero de 1933. Conviene destacar a este respecto que, puesto que en muchos de estos municipios el único “funcionario” era la maestra, un gran número de mujeres, probablemente varios cientos, accedieron a los Gobiernos municipales en virtud de esta ley. En la misma ley se daba un plazo de tres meses para la convocatoria de nuevas elecciones, que finalmente se celebraron el 23 de abril de 1933, en 2653 municipios para elegir a algo más de 19.000 concejales, y aunque afectaban a la cuarta parte de los municipios, representaban solamente el 10% del censo electoral".

En una de las páginas de Ahora, del 24 de abril de 1933, podemos observar una serie de fotografías realizadas con ocasión de esas elecciones municipales. El titular lo enuncia a las claras: Las mujeres votan por primera vez en España. No falta entre las fotografías de esa página la apostura en actitud vigilante de un sacerdote, en la última de las imágenes, que casi podría venir a juego con lo tantas veces dicho de que el voto de las mujeres en las elecciones generales del 19 de noviembre de 1933 estuvo mediatizado por las prédicas de confesionario y por eso ganó la derecha.

En un extenso reportaje escrito ante las perspectiva de esos comicios parciales por la entonces joven periodista Josefina Carabias para la revista Estampa, bajo el titular ¡Mujeres, a votar!, se puede leer en la entradilla: "Esta es la invitación que hace la República a todas las españolas para que acudan a las urnas e intervengan con su voto en la administración y en la política del país". Y en letras mayúsculas se decía lo que ahora se aplica al 19 de noviembre de ese año, fecha en que todas las mujeres del país votaron por primera vez, ciertamente, pero no las que lo hicieron con anterioridad el 23 de abril: "Mañana acudirán por primera vez a las urnas las mujeres españolas". La revista ilustró profusamente aquella primera votación femenina. Le dedicó la portada de su número 276 y el largo reportaje firmado por Carabias a lo largo de ocho páginas.

ahora 1933
Página del diario 'Ahora', 1933.

La periodista recorrió algunas provincias castellanas y los pueblos del norte. A lo largo de esas páginas podemos observar el aspecto de un mitin celebrado en el teatro Calderón de Valladolid o la imagen de la propia reportera en compañía de la señora viuda de Santelices, tesorera de Unión Republicana Femenina de Valladolid, federada con la que en Madrid preside Clara Campoamor, la gran activista del voto femenino. La señora dice sentirse molesta porque se mezcle la religión con la política: "Yo soy profundamente religiosa y a la gente le extraña que esto sea compatible con la devoción que lo mismo mis hijos que yo sentimos por la República. En casa somos republicanos y los hemos sido siempre, sin que estas ideas hayan perturbado lo más mínimo nuestros sentimientos religiosos".

El viaje de Josefina Carabias continúa por la provincia de Ávila, con una fotografía de la señora de Azaña en compañía de "damas republicanas" durante una visita de la esposa de don Manuel a la ciudad castellana. En un pueblo de esa provincia, cuyo nombre no cita la reportera, en diálogo con una de las lugareñas, ésta le dice a Carabias que antes de la República no leían "el papel" [periódico] ni cinco personas, mientras que ahora hasta los niños saben cómo se llaman los "deputados". Carabias visita las Casas del Pueblo de varias localidades y pulsa el interés que sienten las mujeres por los asuntos políticos, según recoge de las conversaciones que dice captar por distintos paseos: El Espolón de Burgos, El Salón de Segovia, El Rastro de Ávila, El Miradero de Toledo o Campo Grande de Valladolid.

A continuación, la reportera glosa el ambiente que se respira en los distintos partidos ante aquella inédita expectativa electoral para el sexo femenino, empezando por la derecha. El partido de Acción Popular es conservador, no se preocupa mucho de la forma de gobierno, anota: "Nosotras comprendemos que la restauración sería una calamidad", le dice una señora. "No nos sentimos republicanas de esta república, claro que no, pero si se respetase la religión, el clero, la propiedad privada y el orden tal y como nosotras lo entendemos, nos daría igual que fuese rey o presidente de la República el que habitase en Palacio".

Escribe Carabias, generalizando, que de todas las regiones españolas acaso sea la vasca donde las mujeres toman una parte más activa en las contiendas políticas. En Bilbao es donde las mujeres se han lanzado a la lucha política de modo más decidido y belicoso, afirma. La periodista visita en Somorrostro a una vecina de Pasionaria, que ese día se encuentra en Madrid, y que adora a Dolores Ibárruri, a juzgar por sus palabras: "Ella y su marido son muy buena gente, honrada y trabajadora. Ella nos ha convencido a todos con sus discursos, a hombres y mujeres. Sabe mucho Dolores y también lee mucho. Ella va a ser la Lenina de España".

Muchas mujeres llevan en el País Vasco enseñas en la solapa de sus prendas. La verde, roja y negra significa que su propietaria es emakume, miembro de las Emakume Abertzale Batza o Institución de Mujeres Patriotas, el partido de Sabino Arana, que niega para los vascos toda nacionalidad que no sea la suya, cree en la soberanía de la Iglesia para cumplir su elevada misión y aspira a la plena soberanía de Euskadi, teniendo como régimen político una república federal formada por Guipúzcoa, Vizcaya, Álava y Navarra como estados, además de la Basconia francesa. En el orden social se establecería una democracia cristiana. La periodista anota esta conversación en un comercio: una joven le dice a otra sobre su guapo acompañante masculino que si fuera de aquí y no extranjero de Madrid, quizá se casara con él, que no se puede casar con un maqueto, que sería como casarse con un negro. No es lo mismo, interviene Carabias. "No es que yo compare a los maquetos con los negros -aduce la joven-, pero soy vasca de los pies a la cabeza y no puedo casarme con un hombre que no tenga por lo menos cuatro apellidos de los de aquí". Es que aquí si uno no se llama Larrinagarrigoitia, Pagazaurtundúa u otra cosa por el estilo no está bien mirado por los nacionalistas, anota la periodista. Claro que se podía arreglar añadiendo el “Goitia” a su apellido. Todas las que piensa así están unidas a Emakume".

También hay señoritas -siguiendo lo que describe la reportera- que llevan en el pecho la margarita de los tradicionalistas, en recuerdo de Margarita de Borbón, esposa de don Carlos. Se trata, en palabras de Carabias, de las monárquicas de verdad, militantes del partido tradicionalista. Aseguran ser muchísimas mujeres en Vizcaya y pronto se constituirán muchos más grupos en todo el país. En principio se trataba de una organización benéfica, incorporada después a ese partido. "Nuestro rey es don Alfonso Carlos, que ha heredado de don Jaime el derecho a la corona de España".

El triángulo con la bandera tricolor lo lleva la Unión Femenina Republicana y las socialistas y comunistas muestran insignias rojas, ante las que las viejas se santiguan, puntualiza la periodista. Indica Carabias que son Sestao y La Arboleda los pueblos más socialistas de toda Vizcaya. Un 60 por ciento de la agrupación socialista de Sestao son mujeres, puede que sea el único caso en toda España: "Hay más mujeres socialistas que hombres. Ahora lo verá usted. Aquí no se queda una mujer en casa esta tarde. Todas van al mitin. Hasta mi abuela, que tiene ochenta y tres años, que me ha dicho que vaya a buscarla". La anciana dice ser socialista de verdad y que tiene ponerse siempre en primera fila porque no oye bien: "Si esto del socialismo se hubiera inventado siendo yo más joven, ya echaría yo discurso como esos compañeros que vienen de Madrid y de Bilbao. Y menos mal que no me voy a morir sin votar a los de mi partido. Vieja y todo, yo iré el domingo con mi papeleta, más contenta que unas castañuelas".

Josefina Carabias dialoga, después del mitin en la Casa del Pueblo, con la "compañera" Aurora Arnaiz, una joven militante socialista de veinte años. Lo hace junto al Árbol de Guernica, sin que falte la correspondiente fotografía. Arnaiz es tan famosa en Vizcaya como Indalecio Prieto, escribe. Estudió la carrera de comercio y raro es el día que no da un fogoso mitin en alguna de las Casas del Pueblo de la provincia. Su afán es ganar adeptos para su causa y se muestra muy contenta por haber inscrito hoy nuevos nombres. Aurora le habla con entusiasmo de los nombres históricos del partido. De Pablo Iglesias asegura que hoy sería el presidente de la República.

La periodista visita más tarde el domicilio social de las republicanas bilbainas, presidido por una fotografía de Alcalá Zamora. La secretaria es Luisa de Fatrás: "Esto aumenta de día en día. Primero fuimos unas pocas; ni siquiera teníamos casa y nos reuníamos en la sociedad El Sitio. Al principio este local nos parecía grande y ahora es insuficiente. El día que vino Victoria Kent a hablar seríamos unas quinientas y ya pasamos de mil. Todo esto en el espacio de un mes. A este paso no sé adónde llegaremos." Según la secretaria, hay mujeres de distintas tendencias, desde radicales a socialistas, unidas todas por el amor a la República". La gente creía que en Bilbao no sería posible conseguir una organización de este tipo, sobre todo tratándose de mujeres de la clase media. Nuestros mismos amigos nos auguraban que tendríamos que desistir del empeño. Afortunadamente no ha sido así".

"En Madrid, la gente pensará que todas las mujeres vascas, a excepción de las obreras, somos ultraconservadoras y ultraclericales, ¿verdad? Pues ya puede usted decir que no es cierto. Claro que tenemos que luchar mucho y que tenemos muchos enemigos o, mejor dicho, enemigas; pero somos las suficientes para que los diputados se convenzan de que no hicieron ninguna tontería al darnos el voto. Entre nosotras y las socialistas, es seguro que doblamos los votos que puedan tener las de la acera de enfrente: -¿Usted cree? -Yo sí. Y faltan muy pocos días para que lo crea toda España".

En un momento dado de su largo reportaje, Josefina Carabias plantea el pensamiento que afectó a muchos diputados para no conceder el voto a la mujer en aquella histórica sesión parlamentaria: “Los que ganan con los votos de las mujeres son los de la extrema derecha y los de la extrema izquierda. La mujer no conoce el término medio. Los comunistas y los monárquicos van a tener un éxito enorme”. Esto lo viene oyendo todo el mundo desde aquel día en que casi inopinadamente las Cortes concedieron el voto femenino. "Lo hemos oído en los pasillos del Congreso y en los vagones del ferrocarril, y en los "círculos" de provincia, y en los casinos de pueblo. Lo repite todo el mundo con un convencimiento triste. ¿Es esto verdad?... Yo, rotunda y categóricamente, no puedo afirmar que no. Pero lo que afirmo, desde luego, es que durante mi viaje a través de España he visto mujeres de todos los matices republicanos, desde la extrema derecha a la extrema izquierda. He hablado con mujeres nacionalistas, socialistas, anarcosindicalistas, pero en honor a la verdad tengo que declarar que de lo que menos he visto han sido monárquicas y comunistas".

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