Ciudadana tú, la batalla por la ciudad

8M, una oportunidad para debatir y experimentar sobre los espacios que debemos empezar a des-ocupar para avanzar sobre aquellos que debemos ocupar.

Ilustracion ecofeminismo
Ilustración: Emezetaeme

Políticas Públicas de Igualdad

Arquitecta urbanista


publicado
2018-03-02 13:49:00

Hoy, la fuerza mujer es fundamental para el cambio de la estructura que sustenta el “actual estado de las cosas”: fundamental para romper la división sexual del trabajo y las raíces del conflicto capital-vida. Porque, tal vez, solo nosotras podamos romper la organización dicotómica (público/privado, naturaleza/cultura, sentimiento/razón) que divide la vida urbana en parcelas: residir, trabajar (productivo), recreo, equipamientos y consumo.

La ciudad moderna, en la que vivimos gran parte de la población mundial, es la encarnación contemporánea de la división entre las funciones (roles) y formas (espacios) al servicio de esa “cosa escandalosa” de la que hablaba Amaia Pérez Orozco al describir la alianza entre capital y patriarcado.

Esta idea que se revela por la alianza entre capital y patriarcado, establecida por la división entre roles y espacios, podría parecer un tanto ajena para un contexto de huelga, pero lo cierto es que para muchas de nosotras es una cuestión vital en el desarrollo de la lucha feminista y, por lo tanto, de gran centralidad para configurar las actuaciones de cara a diseñar las nuevas formas [arquitecturas] de resistencia en un escenario de huelga feminista.

Este 8 de marzo, es fundamental que las mujeres des-ocupemos ciertos espacios para des-ocuparnos de lo ordinario, para ser y estar en lo extraordinario

Dado que somos las ciudadanas el sujeto capaz de resistir y dar forma a una nueva vida urbana, que referencia la complejidad y las tensiones del vivir y el convivir; como ciudadanía activa y protagonista de su tiempo, en este 8 de marzo, en el ejercicio enmarcado en el eje de cuidados, es fundamental que las mujeres des-ocupemos ciertos espacios; necesitamos des-ocuparnos de lo ordinario, para ser y estar en lo extraordinario. Necesitamos des-ocupar nuestros espacios para hacer de aquellos que ahora son extraordinarios para nosotras parte de lo común, algo ordinario para todas. Lo extraordinario no debe ser ajeno nosotras. Esto va a implicar desocupar espacios de cuidado donde la vida tiene que seguir sosteniéndose, y es aquí donde los varones, nuestros compañeros, deben estar, des-ocupándose de sus ordinarios privilegios.

Leer más: Detienen a tres mujeres en Valladolid por pegar carteles de la huelga feminista

Este 8 de marzo debemos manifestarnos para situar el conflicto de la explotación de las mujeres en los espacios que habitualmente se consideran “no productivos”. Actualmente hay en torno a 700.000 empleadas de hogar en el Estado español. Señalemos esta explotación desde las plazas centrales, los mercados, los barrios residenciales y de oficinas. Sitiemos los lugares para nuestra resistencia. Debemos considerar fundamental romper, fracturar, oponiendo resistencia, la falsa dicotomía público-privada; no encontramos una manera mejor que sacar a la calle el trabajo reproductivo, sacar la precariedad de los cuerpos más vulnerables, hacer un acto político con ello. Cuidemos a las personas dependientes de la actividad del cuidado, acompañando a las personas que ejercen la carga principal a las plazas, a los parques, para ocupar los espacios de resistencia.

Esta huelga es una gran oportunidad para debatir y experimentar sobre los espacios que debemos empezar a des-ocupar para avanzar, en definitiva, sobre aquellos que debemos ocupar. Como bien señalaba Hannah Arendt, “la ciudad es la memoria organizada”. Nuestras acciones este 8 de marzo dejarán una huella en las ciudades, y por ello es importante que pensemos donde, cómo y qué queremos señalar.

Es hora de que las mujeres seamos sujetos, no como escena, sino como proyecto social

Es hora de que las mujeres seamos sujetos activos en la construcción de la ciudad, no como escena, sino como proyecto social. La huelga general señala principalmente un lugar donde ocurren las cosas, los actos, concentraciones, actividades y/o manifestaciones: la ciudad. Esto convierte a la generalidad de una huelga en una particularidad urbana, una reivindicación por una “vida que merezca la alegría de ser vivida”.

Estas ideas de ocupación y des-ocupación nos conecta al trabajo del escultor Jorge Oteiza cuando explicaba su trabajo de des-ocupación de la esfera; Oteiza crea/forma una esfera enmarcando su vacío. Nosotras este 8 de Marzo, tenemos el reto de crear nuevas formas de resistencia para evidenciar la forma de nuestros escenarios de subordinación en las mentes de otras/otros; a través de la generación de vacíos y de ocupación de entornos que enuncien lo que ocurre en las casas, en las calles, en el empleo, en los juzgados, en los bares: En la ciudad.

Ha costado mucho tiempo histórico analizar los lugares que ocupamos. Todos ellos se ven atravesados por las diferentes estrategias de opresión: cuerpo, racialidad, religión, clase, violencia. Pero, ¿qué ocurre cuando, por un día, cambiamos?

Proponemos un paso previo al ejercicio común de denuncia, acciones que nos lleven a des-ocupar parte de nuestro ser social: madre, compañera, hija, arquitecta, limpiadora, vecina amable, ser que escucha, ser paciente, ser complaciente… No porque ello sea algo a evitar, sino porque entendemos que por un día tal vez podamos hacer huelga en nuestro rol de género más privado, por aquello de señalar desde el acto, que lo personal es político.

Leer: Apoyar la Huelga Feminista por salud

Podríamos probar incluso a hacer un ejercicio mental, anotando, sencillamente, lo que dejaríamos de hacer, que lugares abandonamos, qué dejamos al albur de que un “otro” reaccione. Esta opción es netamente distópica, ya que irse de los lugares que ocupamos en la mayoría de los casos es dejar los espacios de cuidado, atención, cura, alimentación, escucha de los sectores más vulnerables. Pero vamos a intentarlo, por un día, preguntándonos incluso quién lo haría, si debemos ser nosotras.

Por un día, saquemos el cuidado a las calles para hacer una muestra pública de la dimensión de este sistema de cuidados, de la necesidad de poner en el centro ya no solo la vida, si no su vulnerabilidad. Estaremos en la calle, estaremos con todo el cansancio, los llantos, la enfermedad, los miedos, con miles de cuerpos frágiles que demandan dignidad. No seremos madres, hijas, hermanas, abuelas: seremos miles de piquetes ruidosos y agitados, piquetes de enfermas, de dependientes, de lactantes, de discapacitadas, personas con diversidad funcional, de viejas, de bebés; piquetes que en su fragilidad, reivindican la fortaleza de tantas y tantas personas que sostienen la vida.

Por un día, los barrios residenciales, las grandes urbanizaciones, se convierten en escenarios de agitación. Esta no es una huelga al uso: hoy no solo hacemos piquetes en las cocheras, las puertas de las fábricas y los cortes de carreteras.

Llevar el conflicto donde no es enunciado: estamos seguras de que las agitadoras moverán megáfonos y ondearán proclamas en las calles acomodadas, en las avenidas sin ruido. Porque esos son también silenciosos escenarios de explotación cotidiana.

Por un día, los hombres deberán decidir ellos solos dónde están y qué espacios ocupan en este 8 de marzo

Por un día, la agenda de la violencia patriarcal no la narrará la tragedia de las que se marcharon, sino el coraje de las que han sobrevivido. Creando un mapa de testimonios escritos: carteles, pintadas, lonas, voz:

—En esta parada de autobús fue donde un hombre se acercó a tocarme.
—En la puerta de esa comisaría fue donde un agente me preguntó si había bebido.
—En esta notaría firmé el despido por enfrentarme a mi jefe.
—En este punto de encuentro mi ex marido no apareció para devolverme a mis hijas.
—En esta parada de metro me pidieron los papeles por ser negra.
—Fue en aquel bar donde me llamaron gorda.
—En esta clínica me preguntaron si estaba segura.
—Es en aquel callejón donde me golpearon por besar a mi chica.

Imaginemos una respuesta a esas violencias donde podamos desbordar de manera virtual los correos de los juzgados, las pantallas publicitarias y los accesos de las carreteras: yo te.

Por un día, los hombres deberán decidir ellos solos dónde están y qué espacios ocupan en este 8 de marzo.
Nosotras nos movemos; ellos son y serán soberanos de ocupar sus espacios ordinarios de privilegio [sea cual sea la dimensión de este] o moverse ellos también [de su privilegiado escenario fuera del cuidado]. No compartimos la reflexión de que los hombres sin moverse refuercen nuestro movimiento. Para un cambio real en nuestro modelo de organización social y económica, la parte hegemónica y privilegiada debe moverse.

Esta huelga es para cambiar todo lo que debe ser cambiado. Para señalar que este modelo de ciudad/organización social nos acerca a la muerte de la vida urbana, donde cada vez hay más comunicación y menos relación. Y sin relación no hay emancipación posible. Debemos relacionarlo todo, y debemos retar a los elementos/sujetos de opresión, cercanos, y lejanos. Ordinarios y extraordinarios.

¡A por la huelga feminista! ¡A por la ciudad feminista! ¡Vamos, compañeras, a por la vida!



El título del artículo hace referencia al documental Citizen Jane, the battle for the city, que narra la lucha de Jane Jacobs contra el defensor del paradigma de la ciudad moderna de Robert Moses en el Nueva York de los 60

 

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