Derechos Humanos
Amal Hussein: “La mutilación genital no es un problema de formación, sino de cultura”

A pesar de su prohibición en muchos países africanos y de los esfuerzos de mujeres y organizaciones contra su práctica, la mutilación genital femenina sigue afectando a millones de niñas, no solo en el continente africano. La activista Amal Hussein aborda los avances hacia su erradicación y las resistencias que aún se enfrentan

publicado
2019-02-06 15:00:00

Amal Hussein, activista contra la Mutilación Genital Femenina (MGF), nació en Somalia en 1996. Llegó a Madrid siendo una niña junto a su familia, en condición de refugiadas políticas. Hussein forma parte de Save a Girl, Save a Generation, una organización que lucha contra la práctica tanto en el Estado español, como en Somalia y Kenia, país donde la familia residió durante años.

Cada vez se habla más de mutilación genital femenina, pero cuando usamos este concepto, ¿sabemos de qué se trata? ¿Qué tipos hay? ¿En qué países se practica?
La MGF es una práctica que se viene realizando tradicionalmente en varios países del mundo. Actualmente se sabe que se practica en 30 países de lo que viene a ser el cinturón de África, los países comprendidos entre Somalia al Este y Sierra Leona al Oeste. Hay otros países que van más allá del continente africano donde también se ejerce la práctica. Consiste en la extirpación parcial o total de los genitales femeninos. Se realiza por diferentes motivos y hay diferentes tipos. Se sabe que existen hasta cuatro: hay algunos que vienen a ser un ligero corte, y hay otros que son más radicales e implican la extirpación de los labios menores, los mayores, así como coserlos para que no haya ningún tipo de agujero y básicamente se pueda solo orinar con mucho esfuerzo.

¿Y qué funciones cumple en las distintas sociedades?
Viene a ser, básicamente, una forma de control del cuerpo de la mujer, que se hace para responder a los mitos que giran en torno a la sexualidad de las mujeres: hazlo para proteger a tu hija, para que mañana se pueda casar, para que no sufra rechazo social, para que nos sea categorizada como puta, básicamente. No hay ninguna razón reconocida desde el punto de vista médico o justificada bajo ninguna religión para realizarla. 

Sabemos que la mutilación genital femenina se ha practicado en Europa, sabemos que también se practica en Colombia, en Asia y en muchos lugares de África: no se trata de una cuestión de formación, sino de cultura

Se asocia a la MGF con la pobreza, con la falta de cultura, con grupos alejados a la modernidad que mantienen costumbres ancestrales. ¿Es esta mirada real?
Sabemos que la MGF se practica en muchísimos lugares, se ha practicado en Europa, se está practicando en la actualidad, sabemos que también se practica en Colombia, en Asia, en muchos lugares de África: no se trata de una cuestión de formación o de clase, si no de cultura y tradición. Sociedades en las que hay profesionales, médicos, abogadas, gente que ha estudiado, que se ha formado y que aún así la practica. Sabemos que en Kenya, por ejemplo, se está haciendo en instituciones privadas, aunque esté prohibida. En Europa también se hace en instituciones privadas con gente formada, madres y padres formados que aún así lo siguen practicando, no toman conciencia de las consecuencias de esto en la vida de sus hijas. Aún falta mucho trabajo en ese sentido. Así que no es tanto una cuestión de conocimiento como de sensibilización.

Más allá de la tradición ¿hay fenómenos modernos asociadas a la identidad?
Hay muchos hijos de la diáspora que vuelven a practicarla como una forma de reconexión con los orígenes, con la identidad y la cultura. Pero también por las presiones, para no perder la conexión con la familia y las raíces.

Muchas veces tendemos a ver a las africanas como víctimas, sin embargo la lucha contra la MGF la protagonizan miles de mujeres africanas 
Sí, en el caso de la lucha contra la MGF hay muchas voces, muchas mujeres que día a día trabajan para erradicar esta práctica. Es el caso de mi tía, Asha Ismail, presidenta de nuestra organización, que desde que nació su hija, decidió acabar con la MGF. Hay muchas mujeres que desde su propia comunidad, la comunidad Massai, por ejemplo, están haciendo un trabajo de concienciación desde dentro. El trabajo que hacen estas mujeres es enorme y se enfrentan, como las mujeres de mi familia, a situaciones donde se las considera que quieren ir contra la tradición, atentar contra la cultura, por ello se les intenta acallar.

Mi madre tuvo que dejar el país, nos tuvimos que ir de nuestra casa básicamente, porque consideraban que lo que estaban haciendo era lavarnos la mente a mis hermanos y a mí con esas ideas que consideraban peligrosas porque hacían que niñas, amigas, primas, estuvieran dispuestas a cuestionárselo, y una vez se lo cuestionan, no quisieran practicarla con sus hijas.

Hay otras situaciones en las que las cosas se ponen más complicadas, por lo que implica distanciarte de tu familia, que te quita la voz, te aparta. Es difícil encontrar un trabajo en la propia comunidad, te tienes que desplazar del territorio, irte a otro país, hay mujeres que arriesgan su propia vida porque estas situaciones han llevado a que muchos hombres se vean con el derecho de acallarlas, con la excusa de defender la identidad y la cultura. Por eso también se han dado feminicidios.

Amal Hussein 2
Amal Hussein: “No se trata de culpabilizar a los padres sino de entender por qué realizan esta práctica” Kike Castro

Sin embargo, las legislaciones están cambiando, la misma Unión Africana prohibió la MGF hace dos años... 
Desde que la Unión Africana prohibió la mutilación femenina, hay muchos países que aceptaron y la prohibieron. En Kenya, por ejemplo, hemos visto que ha habido un descenso en la práctica. Y sí, se está viendo un resultado positivo. Sin embargo falta mucho más trabajo. Estamos viendo que falta concienciación, lo cual hace que se traslade esta práctica a la clandestinidad. En ese país, está habiendo muchas mujeres que pasan por la MGF en las propias casas, y cuando se complica, son incapaces de ver al médico por miedo a que haya consecuencias legales contra toda la familia. Esto nos está llevando a que la gente rica pueda permitirse llevar a sus hijas a hospitales y médicos privados y la gente pobre tenga que morir en sus casas porque no puede acudir a los médicos. Falta un trabajo que acompañe a la legislación que sea de concienciación y de sensibilización. 

Y las nuevas legislaciones, ¿comprenden esta necesidad? ¿Destinan presupuesto los gobiernos para que sea posible hacer esta labor?
Depende de los estados, hay muchas estados que están invirtiendo para que sean las mismas asociaciones y ONGs que trabajan en este ámbito las que se encarguen de este trabajo. En el caso también de Kenia, los masais cuentan con varias asociaciones que ya están luchando contra la MGF y están recibiendo apoyo del Estado, aunque no sea suficiente. Pero hay otros países donde no se recibe ningún apoyo por parte del estado, así que los mecanismos con los que cuentan las ONGs para realizar esta labor, para formar, acompañar y sensibilizar son escasos.

En Sierra Leona, la activista Rugiatu Turay propone por ejemplo plantear formas de iniciación alternativas no dañinas, con el fin de encontrar soluciones que no rompan totalmente con la tradición, pero respeten los derechos de las mujeres.
Muchas veces es una forma de iniciación pero muchas otras no es así. En el caso de Somalia la práctica se realiza desde el nacimiento a los 15 años, entonces no es de iniciación al ser muy lejana al momento de cambio a la edad adulta, pero en otros países sí sería un rito de paso. Eso lleva a distintos mecanismos para evitarlo, por ejemplo, en Somalia y Kenia, una forma ha sido ofrecer alternativas a las mujeres que la practican, alternativas económicas para que encuentren otro trabajo u otra forma de sustentar las propias familias.

¿Cómo se aborda la MGF en el Estado español?
Justo el año pasado se ha incluido la MGF como violencia de género, esto es algo interesante, pero tenemos que tener en cuenta que la población principal que pasa por la MGF, es la población migrante que vuelve a sus países de origen y la practica allí. En toda España solo hay dos comunidades autónomas, el País Vasco y Cataluña, que cuentan con mecanismos de prevención, en otras comunidades no se está trabajando. En Madrid ya se ha empezado con organizaciones como la nuestra a intentar llegar a las instituciones y a los agentes principales que van a tratar con la ciudadanía —como la Policía, los magistrados, los médicos— para darles una formación desde las ONG. Pero no hay un mecanismo institucional que ya se haya incluido en las distintas administraciones.

Las niñas que sufren MGF padecen una doble situación negativa: por un lado la práctica misma, que ya es un trauma, y por otro la pérdida de sus padres, que acaban en prisión

Como has dicho las niñas que podrían sufrir estas prácticas provienen de colectivos que tiene ya sus propias problemáticas y vulnerabilidades, como el migrante. ¿Cómo combatir la MGF sin revictimizarlas?
La legislación española en cuanto a la MGF es muy estricta, y en ese sentido, en cuanto se detecta que se ha practicado MGF a una menor, en ese momento se procede a las actuaciones con los padres, que viene a ser pena de prisión y pérdida de custodia de las menores. Pero en cuanto a la actuación previa, en este sentido, nosotras trabajamos desde la sensibilización, la formación y la concienciación. Porque muchas veces —lo hemos visto desde nuestra propia familia— no se trata de culpabilizar a los padres sino de entender por qué realizan la MGF y que comprendan las consecuencias negativas que conlleva para sus hijas.

Las niñas que sufren las MGF padecen una doble situación negativa, por llamarle de alguna manera, por un lado la práctica misma, que ya es un trauma, y por otro la pérdida de sus padres, que acaban en prisión, que también es un trauma. Así que por ese lado intentamos encontrar mecanismos para trabajar esto, para no convertir en doblemente víctimas a las niñas.

Este trabajo es la parte importante: ofrecer mecanismos previos es fundamental, como por ejemplo, que ya se ha implantado en algunas comunidades, dar a las familias una carta para que, cuando estos padres viajan a sus países de origen puedan enfrentarse a sus propios familiares y la comunidad cuando les presionen, diciéndoles, si nuestras hijas vuelven tras un una MGF a España, nos las van a quitar, y no solo eso, acabaremos en prisión. Este es un mecanismo para confrontar las presiones, y para que puedan viajar a sus países —pues tienen derecho a volver a sus países.

Y por otro lado, concienciar, cuando consigues que los padres accedan a entender por qué la MGF es tan dañina también ellos podrán sensibilizar y convertirse en agentes activos. Todos los mecanismos de prevención son básicamente la principal herramienta. Lo segundo es pensar, una vez que se ha dado, cómo actuar, cómo conseguir que las hijas no pasen por una doble situación de victimización

¿Cuál es vuestra postura ante la encarcelación de los padres y madres de las niñas?
Nosotras centramos nuestro trabajo en la prevención, y una vez que ocurre —que ya hemos tenido casos, sobre todo hemos trabajado con mujeres adultas, mayores de edad que han pasado por la MGF— lo que hemos notado es que ninguna de ellas culpabiliza a sus madres y padres, muchas de ellas, o entienden las razones por las que se lo han hecho, o incluso defienden la MGF. En el primer caso entendemos que es totalmente lógico, pues es una práctica que se entiende como protección de las hijas. De ahí esa conexión de comprender por qué se les ha realizado la MGF, y ahí hay algo positivo, pues es trabajar con hijas y padres para que no se sientan como que les han traicionado o que lo han hecho para perjudicarlas.

En segundo lugar, que se pueda entender que aunque sus padres pensaban que lo que hacían era por su bien, lo que han hecho les ha perjudicado, por lo que ellas no deben continuar con la práctica con sus futuras hijas, y ahí también es donde trabajamos con ellas. Hace poco vino una chica a nuestra organización con una niña de un año. Lo que nos decía era que nada más tenerla en sus brazos, solo pensar que iba a pasar por la MGF le hizo darse cuenta de que jamás lo iba a permitir. Y es algo positivo, no culpabilizaba a sus padres pero entendía que eso jamás debía volver a ocurrir, que tenía que cortar de raíz con esa práctica y esa tradición. Eso es básicamente donde queremos llegar. A acabar con ello.

¿Y cuáles son vuestros planes en Kenia?
La presidenta de nuestra ONG ha viajado a Kenia para poner en marcha un proyecto que es el sueño de mi familia, de nuestra organización: abrir una casa refugio. Ahora estamos iniciando el proyecto, y esperamos poder empezar a funcionar a finales de año. Se trata de abrir una casa refugio para aproximadamente veinte niñas y ofrecerles un hogar, niñas que puedan estar en riesgo de pasar por la MGF o cualquier otra violencia contra ellas. Aquí trabajamos con sensibilización, formación y concienciación dirigida a los agentes principales relacionados con la administración pública, pero también intentamos dar el salto, y llegar también allí, y hacer un doble trabajo, con las niñas pero también con sus padres y madres, su entorno, la sociedad, para darles esa formación.

Desde aquí, por un lado se habla más de la MGF, pero por otro lado se percibe como algo lejano.
En el caso de España, muchas mujeres perciben la MGF como algo ajeno, pues no es propio de la cultura española. Pero esto me hace pensar en un caso de que nos llegó: el de una matrona que fue a atender a una paciente embarazada que estaba de parto. Cuando revisó a la paciente, se dio cuenta de que había pasado por la MGF. En ese momento no supo actuar, tuvo que consultar, llamar a otros médicos.

Esto, por un lado, asustó muchísimo a la futura madre, no sabía qué estaba pasando, la matrona tuvo que salir de la sala, hubo un ir y venir de médicos que hizo que el niño tuviera que nacer por cesárea. Vino a contárnoslo: “Yo es que nunca me había preparado para esta situación, no sabía ni qué era”.

Con la globalización y las migraciones, nos vamos a encontrar con estas situaciones. En mi clase, siendo la única chica somalí, es posible que yo misma hubiese pasado por la MGF o que estuviera en riesgo. Es importante que mis compañeros sepan que es la MGF y entiendan que no solamente tiene lugar en África, sino que puede pasar en Europa, que podría pasarle a una compañera. Por eso es importante saber cómo actuar ante estas situaciones. Además, desde el feminismo, cuando recordamos que una violencia ejercida a una mujer es una violencia ejercida contra todas las mujeres, es importante comprender cómo la MGF que afecta a un grupo de mujeres que viven también aquí, o que pueden ser también españolas, es algo que afecta a toda la sociedad y que debemos actuar en conjunto.

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