Coronavirus
No esenciales: quiénes son y para qué sirven en mitad de una pandemia

El covid-19 nos obliga a preguntarnos qué es esencial, una pregunta-bomba porque permite impugnar el propio sistema. Diferentes trabajadoras y trabajadores y también la autora de este texto se preguntan para qué sirven. Y también qué pasa si no sirven para nada.

Periodista y escritora
11 may 2020 06:00

Hay días en los que me he levantado y me he preguntado para qué sirvo yo en esta casa. Me he quedado sin una parte importante de trabajos que implicaban presencialidad. Me miro al espejo, confinada desde hace más de cuarenta días, y a veces siento cómo se agarrotan mis palabras y mis manos. Ya no sé qué era y no tengo muy claro qué soy. Pero, sobre todo, me pregunto qué hago. Qué hago ahora. Qué haré luego. Incluso, si la prensa es esencial, ¿se supone que yo también lo soy solo por eso? ¿Debería dedicarme a otra cosa? ¿Acaso debo servir de algo?

Pregunto en Twitter para qué servimos y me contestan.

Para poco.

Para pensar.

Para echar el rato

Para definir por contraste a los esenciales, para aplaudir, para desarrollar la superestructura, para cuidar, para producir y luego consumir. Para hacer bulto, para mantener el capitalismo, para enriquecer a los no esenciales ricos.

Para hacer memes.


Elena —nombre ficticio— tiene 23 años y trabaja en una pequeña agencia comunicación y eventos, concretamente en el departamento de moda. “En mi ofi siempre hacemos coñas de que vendemos humo y que nuestro trabajo no existe, y ahora que nos han eliminado la parte más tangible y que la mayor parte de las marcas están con ERTEs, más que nunca siento que estoy dedicando esfuerzos a absolutamente nada”, me cuenta.

Por su parte, Rebeca —también nombre ficticio— tiene 35 años y trabaja en gestión de pedidos online. Desde que se levantó el confinamiento total el 13 de abril, ha vuelto a trabajar en la oficina. Su sensación, desde casa y ahora desde fuera, es parecida: “Cada día que teletrabajaba, me levantaba a las ocho de la mañana y encendía el mail y no sabía qué estaba haciendo o para qué”.

En su caso, no es por falta de trabajo, pues en realidad las ventas por internet se han disparado desde el inicio del confinamiento. El hastío que sentía era de una naturaleza distinta: la gente seguía comprando cremas dermoestéticas y exfoliantes y tratamientos de belleza. “Y yo no entendía nada, pero a la vez quería mantener mi trabajo”.

Gema, que tiene 25 años y trabaja en comercio online, me dice: “¿Para qué servimos los no esenciales? Para ir a trabajar igualmente”

Comparte en cierto modo algo de lo que comenta Gema, de 25 años y que también trabaja en un departamento de gestión de pedidos online. “La gente compra mucho por internet cosas que ahora mismo de verdad no son necesarias”, me dice. En su caso, es una empresa familiar de veinte personas que se dedican a la venta de joyas. Ella fue de las primeras que reclamó teletrabajo durante la crisis. “Mi jefe me llamó diciendo que si iba con mascarilla mejor me quedase en casa porque lo único que haría sería alarmar a mis compañeras, así que me quedé en casa, pero tenía miedo de que me echaran”, explica.

Desde que se levantó el confinamiento total, ha vuelto al trabajo algo preocupada porque su padre es población de riesgo y vive con él. Y me dice, rabiosa: “No creo que nadie necesite ahora mismo unos pendientes nuevos… ¿Para qué servimos los no esenciales? Para ir a trabajar igualmente”.

UNA BOMBA

“Yo creo que lo que está ocurriendo en estos momentos tiene que ver con el hecho de preguntarse qué es esencial; esto es una bomba, esto no ha ocurrido nunca”, explica el filósofo Santiago Alba Rico, quien cree que esta cuestión, lo que es y no esencial, es en sí misma “subversiva”. Para el capitalismo, explica, “todo es esencial, nada le sobra, ni siquiera los que sobran, hasta el remanente es necesario”, afirma. Alba Rico explica que incluso la economía más ortodoxa asegura que el capitalismo no puede permitirse menos de un 3% o 4% de paro. “El concepto de lujo no existe para el capitalismo porque no hay nada que sea un lujo; hace falta, en efecto, una excepción como esta para ver el capitalismo en escala humana y, en una escala humana, es obvio que un Ferrari no es necesario. Ahora descubrimos cuántas cosas que creíamos que tenían un valor y no la tienen”.


Decido extender la pregunta de para qué servimos a Instagram y responde Vega, quien trabaja de directora creativa y dice que nunca antes en su vida se había sentido tan “superficial”. Desde que todo esto empezó, le parece “absurdo” su trabajo y se ha planteado hasta cambiar de profesión: “Van pasando los días y va perdiendo sentido, cuando ya tienes todos tus archivos organizados, tu espacio de trabajo perfecto… empiezas a pensar qué sentido tiene y qué aportas como individuo, para qué te has levantado a las siete de la mañana”.

Desde que empezó la pandemia, con rodajes parados y marcas con presupuestos cada vez más raquíticos, ha perdido mucho trabajo. Comparte conmigo un pensamiento recurrente: “Me imagino una crisis extrema donde hubiera problemas para conseguir alimentos y absolutamente nada de lo que he estudiado o de la experiencia que he ganado trabajando en estos años no me vale para nada, no hay facultades transferibles que sirvan de ayuda. Nada. Es una zona muy gris de mi autoestima”. 

Alba Rico sugiere ampliar los términos de la pregunta: sería muy bueno, dice, que cuando nos preguntamos si somos irrelevantes nos cuestionáramos también “para quién y qué es lo que yo hago que no necesita el mundo”. “Esa reflexión ya te lleva a una más profunda que tiene que ver con la autosatisfacción, la realización personal”, explica.

En el marco de una sociedad capitalista, el trabajo es una forma de socialización y prestigio, dota al individuo de un sentido. Por eso es tan frecuente que en una fiesta o en una reunión con desconocidos una de esas preguntas típicas para romper el hielo sea, de forma casi segura, el clásico “¿de qué trabajas?” o “¿qué has estudiado?”, como si esa información pudiera avisarnos sobre si nos lo pasaremos bien bailando con esa persona, o si podremos tener una charla agradable.

Incluso, el desempleado carga con el estigma de que algo habrá hecho mal para estar en esa situación. El capitalismo neoliberal Mr. Wonderful está en todos los lados: en las tazas de café, pero también en el último tweet de Rosalía: “Si eres real, las cosas vienen hacia a ti”. En última instancia, esta propaganda es efectiva, nos bombardea con la idea de que el individuo es responsable si no logra emplearse en una sociedad llena de eslóganes y oportunidades. Será que no se habrá esforzado bien. Será que no es lo suficientemente proactivo. En versión cuarentena: “Saca lo mejor de ti mismo; debilidad versus oportunidad en tiempo de crisis”. 

“Pero, claro, lo que es esencial es la gente que sobra, que se sienta inútil. Esa es una necesidad para el capitalismo: que haya gente que esté en paro o que viva en condiciones muy malas. En términos de reproducción ideológica es una lógica muy beneficiosa porque tiene que ver con el hecho de que uno se atribuye a sí mismo la culpa, la responsabilidad. Desde el primer momento en el que tú identificas la decisión del capitalismo de declararte inesencial como algo que te pertenece de manera inalienable, tú estás aceptando ser una función del capitalismo, aunque sea una función muy triste”, apunta Alba Rico. 

Otra cuestión es si consiguiéramos atribuirnos un valor con independencia de si se me pagan un salario o no, o si el capitalismo me requiere o no me requiere. “A partir de esa autovalorización podríamos impugnar el capitalismo. No es nada fácil, pero eso es lo importante”.

Casi ninguna de las fuentes anteriores quiere revelar su nombre porque la sola idea de exponerse como trabajadores desmotivados supondría un riesgo para el empleo aunque realicen sus tareas de forma eficaz