Caídas en los mercados: ¿ligero resfriado o enfermedad terminal?

Es pronto para valorar si este estallido va a sacar a relucir todas las debilidades del modelo de acumulación financiera de los últimos años, pero si no es este, será el siguiente.

Sao Paulo Bolsa
Isidro López

Es miembro del Instituto DM.


publicado
2018-02-06 14:52:00

Las caídas de la bolsa de Wall Street de anoche, que muy posiblemente se van a repetir hoy, seguidas de las réplicas en las bolsas de Asia y Europa, están haciendo pedazos lo que hasta ayer era un panorama de placidez autocomplaciente en el que los políticos y financieros de todo el mundo no han parado de congratularse de algo a lo que han decidido llamar "recuperación económica". No podemos sino estar de acuerdo en que llamarlo "intervención masiva y constante de los bancos centrales para evitar una nueva recesión" resultaba menos sexy. Pero mucho nos tememos que esto es lo que ha sucedido en realidad.

Aún es pronto para valorar si este estallido va a sacar a relucir todas las debilidades del modelo de acumulación financiera de los últimos años, pero desde luego hay motivos para pensar que si no es este estallido será el siguiente el que haga saltar las endebles costuras de nuestro actual modelo económico y social.

Durante los últimos cuatro años, los bancos centrales de todos los países capitalistas han acometido unas políticas de expansión monetaria —han abierto el grifo del dinero— para inundar de liquidez a los mercados financieros y generar un ciclo de rentabilidad que, sobre todo en el caso de Europa, alejase temporalmente a los agentes financieros de la presión sobre los bonos de deuda pública de los países del sur y los acercase a las operaciones con acciones y bonos privados.

Una política de tipos de interés cercanos a cero ha apuntalado esta riada de dinero hacia los mercados financieros. Pero los problemas han persistido en otro lugar: la producción. Toda esta arquitectura financiera para salvar a los mercados de sí mismos se ha encontrado con las mismas dificultades con las que se ha venido topando desde hace dos décadas, los ciclos productivos tienen gigantescos problemas de rentabilidad que no hacen sino agravarse con las políticas de contención y ataque a los salarios en prácticamente todo el mundo.

Salarios y consumo

"Sin salarios no hay consumo". Esta vieja máxima keynesiana sigue persiguiendo a los apóstoles del neoliberalismo de medio mundo, que siguen intentando oponerle esta otra: "Con salarios no hay rentabilidad".

El último intento serio de generar demanda de consumo sin recurrir a los salarios generó una burbuja inmobiliaria global basada en el crédito domestico masivo que terminó en la gigantesca crisis de 2007. Crisis cuyos efectos propiamente financieros siguen vivos hoy y que cierran también la posibilidad de recurrir a un nuevo ciclo de endeudamiento doméstico masivo para generar rentabilidad.

Que empresas neorrentistas que capitalizan la riqueza ya existente y no producen nueva riqueza, como Uber o Airbnb, hayan sido los buques insignia de este miniciclo reciente es bastante revelador. Por todo esto, el intento de reanimación monetaria que emprendieron los bancos centrales hace un lustro tenía fecha de caducidad.

El pistoletazo de salida, y ya veremos si también el tiro de gracia, lo ha dado Donald Trump, que llegó a la Casa Blanca bajo la promesa de reactivar el empleo en las industrias y la agricultura de exportación americanas, para conseguir fidelizar los votos extra que le dieron los estados obreros del rust belt americano, pero también para intentar un último movimiento de recuperación de la hegemonía económica americana que acompañe la delirante retórica nacionalista del Jesus Gil pelirrojo.

Pero resulta que la retórica de Trump es delirante precisamente porque la vuelta al tipo de hegemonía que pretende es imposible. Lo que queda de los EE UU "envidia del mundo" es la dominación del dólar sobre la economía mundial, dirigida desde los mercados financieros de Nueva York y Chicago, mientras el resto del país se convierte en una zona residencial soleada o en un gigantesco bantustán para pobres bajo vigilancia armada.

Fue tal la avalancha de dinero saliente del mercado de acciones privadas hacia el mercado de bonos públicos estadounidenses, que el valor de los bonos se ha desplomado también

La administración Trump ha pretendido solventar este problema siguiendo una receta que en realidad ya ensayó Obama. Este, a pesar de que le caían mejor los trajes y era capaz de tuitear sin insultar gravemente a alguien, no andaba muy lejos en estas cuestiones de Trump: bajar el dólar para beneficiar las exportaciones americanas y subir los precios del petróleo para que los mercados financieros estadounidenses recuperen por esta vía los daños que produce una bajada del dólar a las acciones y los bonos denominados en la moneda imperial.

A Obama le salió bien y trasladó por esta vía la crisis de 2007 desde Estados Unidos a Europa, que vio por un lado cómo se encarecían sus exportaciones, principalmente las alemanas, y por otro cómo crecía la inflación debido a los costes de un petróleo del que carece.

Alemania, en el punto de mira

A Trump, que también tiene entre ceja y ceja atacar a Alemania y, en concreto, reducir su megasuperávit procedente de las exportaciones, está por ver cómo le ha salido. A tenor de lo sucedido ayer en Wall Street y hoy en medio mundo, no tiene pinta de que demasiado bien. Las sucesivas bajadas del dolar y la subidas del petróleo han reanimado el empleo en Estados Unidos. Y no solo eso, sino que han provocado un ligero alza de los salarios. Ligero para quienes los perciban pero claramente excesivo y letal a ojos de Wall Street, que inmediatamente ha alertado de nuevos riesgos de inflación debidos a la presión de los salarios sobre los beneficios y de una rápida subida de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal Americana.

Aquí hay que hacer una breve vuelta atrás y señalar que, dentro del orden neoliberal, a las subidas salariales no se les ataca per se sino por ser generadoras de inflación, algo que es herencia de la manera en que las finanzas se enfrentaron y ganaron en su día la batalla a las luchas obreras de los años 70 y su capacidad para forzar subidas salariales continuas.

El viejo continente era el principal candidato para que sucediera lo que sucedió ayer en Wall Street, y sigue siendo el principal candidato para vivir los efectos más profundos de una nueva crisis

De alguna manera, lo que se vivió ayer es una revuelta de los mercados contra las políticas económicas de Donald Trump. Igual que los mercados recibieron con alborozo la noticia de los mayores recortes de impuestos jamas vistos para los más ricos también de Trump, intentaron forzar ayer una subida de tipos de interés mas rápida de lo previsto y, de rebote, un abandono de la política de dólar bajo sobre la que se ha articulado la recuperación del empleo industrial en EE UU.

Pero algo imprevisto, pero no inusual, sucedió. Fue tal la avalancha de dinero saliente del mercado de acciones privadas hacia el mercado de bonos públicos estadounidenses, de los que se esperaba una mayor rentabilidad derivada de la subida de tipos de interés, que el valor de los bonos se ha desplomado también.

Esto significa que ahora mismo caen conjuntamente los valores privados y los bonos públicos. Es decir, el dinero no tiene dónde refugiarse y los sofisticadísimos programas informáticos diseñados para transferir automáticamente masas de dinero desde los activos de riesgo a los activos seguros han enloquecido.

Y en Europa...

¿Y qué sucede en Europa? El viejo continente era el principal candidato para que sucediera lo que sucedió ayer en Wall Street, y sigue siendo el principal candidato para vivir los efectos más duraderos y profundos de una nueva crisis financiera. Alemania lleva más de un año presionando al BCE para que retire las políticas de estimulo, lo que significaría que las primas de riesgo de los bonos de los países del sur volverían a crecer, con el fin de recuperar por la vía financiera lo que puedan perder sus industrias de exportación.

Alemania es el mayor prestamista europeo y una subida de tipos de interés haría que una mayor cantidad de dinero de todo el continente volviera a a sus manos. Si, además, suben las primas de riesgo de los países del sur, el Estado alemán se financiaría mas barato y podría contener la fuerza de partidos fuertemente reactivos como AfD, aunque sea a coste de volver a arruinar al flanco sur de la Eurozona. Flanco sur en el que se encuentra España.

Podemos anticipar que, si todo sucede como estamos diciendo, no vamos a tardar mucho en ver cómo desde el "milagrito" español y la ejemplaridad de las políticas económicas del Gobierno se pasa a ser en el discurso la "ciénaga de vagancia y despilfarro meridional" que suele acompañar a las subidas de la prima de riesgo.

Sabremos también que esta fase ha llegado porque cuando digamos que no tenemos ninguna culpa en esto y que solo pretendemos vivir se nos dirá que estamos generando inseguridad y miedo en los mercados.

En cualquier caso este periodo roñoso y de supervivencia al que el Gobierno ha llamado "recuperación" pasará a mejor vida y, posiblemente, también lo harán toda una serie de temas políticos patrios que son solo un subefecto de las políticas de estabilización del BCE.

Queda por ver si aún queda algún reflejo en esa cosa llamada "nueva política" para volver a afrontar temas de los que no se discute en los parlamentos, ni se resuelven apelando a la "mejor gestión" como el impago de la deuda ilegitima, la puesta en cuestión de la actual asignación de papeles económicos a escala europea o la redistribución de recursos en el interior de la zona euro.

2 Comentarios
yerbasmagicas
yerbasmagicas 17:58 7/2/2018

Fantástico artículo. Añadiría que enero de 2018 ha visto el inicio de la venta legal de Cannabis en California (el estado mas grande, rico y poblado de Yankilandia), y como se ha comprobado en otros estados esto generará millones de dólares en impuestos para las depauperadas arcas californianas, sobre todo tras la bajada de impuestos a los ricos del pato Donald. En Holanda también se venden maría y jachis con permiso de las autoridades, pero de toda Europa es la Península Ibérica el lugar idóneo para su cultivo. Y si fuera legal y regulado habría millones en impuestos para dedicarlos a la sanidad,educación y transporte públicos, hoy tan esquilmados por la mafia del PPSOE-I.U. (I.U. sirvió de muleta activa o pasiva del PSOE en Andalucía y del PP y POSE en Extremadura).

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Raúl Cordero 17:15 7/2/2018

Muy, muy interesante.

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