Venezuela
Venezuela: la contrarreforma ignaciana del siglo XXI y otras cuestiones

Urkullu no ha dudado en pedir “elecciones libres y democráticas” en Venezuela. Mientras jugaban al mus o a palas y tocaban el txistu en sus Euskal Etxeas, ese mundo privilegiado miraba hacia otro lado cuando los desheredados del rentismo petrolero se hacinaban en zonas como Petare. Entonces, al parecer, no era necesaria la emergencia humanitaria.


PNV Anasagasti Venezuela
Anasagasti en una concentración de protesta contra el Gobierno de Maduro. Foto: PNV
Miguel A. Jiménez
12 feb 2019 12:10

Iñigo Urkullu expresaba en 2009, off the record, sus diferencias con el que era el lehendakari de aquellos tiempos: “Tengo que hacer actos de fe para seguir unido a Ibarretxe”. Aquel lehendakari al que un presidente tan poco recomendable como José María Aznar mintió, un 11 de marzo de 2004, asegurándole que la autoría del peor atentado que haya sufrido Madrid correspondía a ETA, fue el mismo que intentó a través de la política, una posible salida de tipo confederal y pactada, para resolver el problema secular del “encaje de lo vasco en el estado”.

Ningún representante del gobierno vasco fue nunca tan vilipendiado y tan calumniado mediáticamente. El tratamiento verbal que recibió en el Congreso al defender su proyecto de Nuevo Estatuto, dejaba entrever, al margen de las malas artes y la poca educación, la entraña escasamente democrática de los representantes del bipartidismo monárquico. A pesar de todo, durante la defensa de este proyecto reformista y no rupturista, a Iñigo Urkullu se le debilitó la fe en Ibarretxe, porque, por si no se han dado cuenta, el actual lehendakari es un hombre de fe, y no flaquea cuando la encuentra.

Así ha parecido ocurrirle, cuando se trataba de apoyar a Juan Guaidó como presidente de Venezuela. Un halo de fe ignaciana lo ha iluminado, y no ha dudado en pedir “elecciones libres y democráticas” para el país caribeño. Su partido además, seguramente también imbuido de misticismo contrarreformista, ha instado a Maduro a “abandonar el poder de manera inmediata y pacífica”. La nota de priapismo político la ponía Anasagasti, megáfono en mano: “Tenemos nuevo lehendakari en Venezuela”; prácticamente las mismas palabras que Napoleón Bravo, periodista implicado en el golpe de abril de 2002, utilizó para abrir, con una sonrisa de oreja a oreja, el informativo matinal 24horas de Televen: “Buenos días, tenemos nuevo presidente”.

La nota de priapismo político la ponía Anasagasti: “Tenemos nuevo lehendakari en Venezuela”; casi lo mismo que Napoleón Bravo, periodista implicado en el golpe de 2002, usó para abrir el informativo de Televen: “Buenos días, tenemos nuevo presidente”

¿Quién ha dicho que el PNV no es rupturista? Si la ocasión lo merece, y el petróleo venezolano es una razón de peso, demostrarán que están dispuestos a ir a Rolex y no a setas. ¡Si lo sabrá Josu Jon Imaz! . Además, ¿qué es eso de que gente demasiado morena y demasiado pobre se empeñe, elección tras elección, en elegir gestores políticos poco recomendables para el capital?

Como todo el mundo sabe, los jelkides son unos gestores formidables, forjadores del oasis vasco, del ecosistema “euskaldinavo”, en el que los jauntxos viven en sus baserri-disney, fomentando el turismo y la gastronomía, o diseñando quintos centenarios de circunnavegaciones, para demostrar al mundo que sin la genialidad del alma vasca, la globalización no hubiese sido posible. ¿Quién ha dicho que destilar ideología colonialista es cosa del pasado?

Es una lástima que en este paraíso del euskal-bienestar, algún que otro apartado, como el de la siniestralidad laboral, arroje datos un tanto escalofriantes.

Recuerdo en estos momentos, los días en que conocimos en Caracas a Miren Egiguren, premio “Ignacio Ellacuría” de cooperación 2004. Persona intuitiva, valiente y generosa, Miren fue capaz de organizar en Petare, la zona marginal más poblada de América Latina, toda una red de coberturas sociales y solidaridad mediante un arduo trabajo comunitario en el que la presencia de mujeres era fundamental. Todo se hizo contra viento y marea, en aquellos años que tanto añora Iñaki Anasagasti. Mientras jugaban al mus o a palas y tocaban el txistu en sus Euskal Etxeas, ese mundo privilegiado miraba hacia otro lado cuando los desheredados del rentismo petrolero se hacinaban en zonas como Petare, sufriendo todos los males del subdesarrollo: enfermedad, hambre y violencia. Entonces, al parecer, no era necesaria la emergencia humanitaria.

Miren, sin embargo, desarrollaba otra manera de reivindicar la identidad euskaldun, una manera que pasaba por la rebeldía y la organización comunitaria para generar equidad y desarrollo. Por todo ello, desde mucho antes de las elecciones de 1998, siempre tuvo claro que su referente político en Venezuela era el chavismo y la persona que lo encarnaba, quizás porque ella también sabía lo duro que es ser una alfarera y crear algún tipo de felicidad con el barro del subdesarrollo.

En estos días aciagos que vive Venezuela, y viendo el posicionamiento de los Urkullu, de los Pedro Sánchez o de la mayoría de los representantes políticos europeos, me viene a la memoria la extraordinaria película de Arthur Penn, La jauría humana. Todos dispuestos, desde su hipocresía y su mediocridad, a hacer correr la sangre ajena en nombre de la “democracia” y de la “ayuda humanitaria”. No importa la realidad, no importan las claves de lo que acontece en ese país, los Jesús Torquemada, o los Jordi Evole de turno, omitiendo datos fundamentales (desglose ideológico de los fallecidos en la violencia urbana, ocultación planificada de alimentos básicos y medicinas, boicot exterior e interior a la economía, declaraciones de los portavoces de la Casa Blanca o informes del Pentágono), nos confeccionarán una narrativa adecuada para que extensos segmentos de población, con acceso a soportes digitales, pero con poco cariño por la lectura, acepte una intervención militar estadounidense como si de una película de aventuras se tratara: llegaron y se hizo justicia.

Miren Egiguren, premio “Ignacio Ellacuría” de cooperación 2004, fue capaz de organizar en Petare toda una red de coberturas sociales y solidaridad mediante un arduo trabajo comunitario. Todo se hizo contra viento y marea, en aquellos años que tanto añora Anasagasti

La labor mediática consigue así uno de sus principales objetivos: el control del relato, de manera que los ciudadanos de cualquier lugar, interioricen que intentar cambios sociales y económicos en profundidad, conduce inexorablemente al fracaso y al castigo de la escasez, como si fuese un designio divino por apartarse de la ley natural del mercado.

Lo que ocurre en Venezuela, como lo ocurrido en el Chile de la Unidad Popular, es en términos ideológicos, una contrarreforma violenta y depravada disfrazada de restauración democrática, que sólo ha sido posible tras una gigantesca operación mediática coordinada y sistemática para difundir mentiras y manipulaciones.

En Venezuela, en lo que llevamos de siglo XXI, la oligarquía y las diferentes administraciones norteamericanas, han incendiado el Reichstag en numerosas ocasiones. La ciudadanía europea parece que ha comprado mayoritariamente el relato confeccionado. Ahora todo es más sofisticado, ahora todo es más inquietante. El fascismo de rostro humano ya está aquí.

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4 Comentarios
#30438 17:11 12/2/2019

Buena articulo, aunque tiene una errata importante: A Ibarretxe nadie le convenció sobre la autoría de aquel atentado. Siempre quedará en su debe, haberse apresurado otorgar la autoría a ETA con aquello de que "eran alimañas y que no eran vascos". Otegi sobre aquella ocasión: "Llamé a Ibarretxe para preguntarle qué datos tenia para decir que había sido ETA. Me respondió que ninguno. Hay que acostumbrarse a no cambiar los datos de las biografías de quienes queremos ensalzar, aprovechando que ha transcurrido un tiempo y así con la bruma lo colamos de tapadillo.

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Alí caté 13:54 12/2/2019

Magnífico texto. No lo vamos a permitir, organizaremos brigadas internacionalestas y lucharemos contra el imperialismo fascista de rostro inhumano. El PNV lo pagará muy caro.

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#30439 17:17 12/2/2019

Lo dudo. La realidad es, que llevan haciendo verdaderas tropelías, pactos vergonzantes, politicas neoliberales, chanchullos descarados, clientelismo impune,...pero su existencia es razón de Estado. Todos los medios en la CAV y los supuestamente de izquierdas en el Estado les hacen la ola. No lo pagarán, seguirán recogiendo votos de incultos políticos,o de estómagos agradecidos, pero no mermaran.

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