#MeToo en Bruselas: destapando las vergüenzas de las instituciones europeas

Las trabajadoras del Parlamento Europeo hemos decidido organizamos para denunciar las violencias machistas que vivimos ante la falta de garantías y protección de los protocolos de actuación.

#MeToo en el Parlamento Europeo
Cartel de la campaña #MeToo en el Parlamento Europeo

Asesora de Podemos en el Parlamento Europeo


publicado
2018-11-23 13:05:00

El #MeToo en el Parlamento Europeo, o #WeToo, como me gusta llamarlo, tiene como objetivo fundamental la visibilización de las violencias machistas con la creación de espacios seguros, donde la sororidad sea un elemento central de cuidado y empoderamiento. Queremos romper con la cultura del silencio que atraviesa las vidas de las mujeres y personas que se encuentran fuera de los privilegios del heteropatriarcado y abordar el miedo, la vergüenza, el asco, la culpa… esos sentimientos que conocemos todas las que hemos sufrido algún tipo de violencia, acoso, abuso o agresión machista.

El movimiento MeToo, nacido en Hollywood hace ahora algo más de un año, tuvo algunas críticas desde ciertas organizaciones feministas al considerarlo como un movimiento excluyente, con ausencia total de perspectiva de clase al ser visibilizado en gran parte por una élite social y económica muy determinada. Y el MeToo en Bruselas no está exento de ese componente de clase. Cuando me preguntan si el Parlamento Europeo es un lugar seguro para las mujeres, la respuesta es firme: pongamos las cosas en contexto. No podemos olvidar que somos un grupo de mujeres con un determinado estatus económico-social, mayoritariamente blancas y que trabajamos en la burbuja europea, con unos ingresos muy por encima de la media (incluso aquellas que tenemos un límite salarial interpuesto por el compromiso ético de Podemos).

El 50% de las mujeres que trabajan en política han recibido amenazas violentas de muerte, violación o físicas

Sin embargo, y siendo conscientes de la posición en la que nos encontramos, siempre he creído que hay que intervenir en los espacios en los que estamos. En este caso sacando las vergüenzas y planteando una agenda feminista en el monstruo burocrático de la Unión Europea (UE). Los datos son llamativos, un estudio reciente realizado por el Consejo de Europa revela que el 50% de las mujeres que trabajan en política - parlamentarias, asesoras, equipos técnicos - han recibido amenazas violentas de muerte, violación o físicas. El 60% de las entrevistadas han recibido ataques sexistas. Un 25% ha sufrido violencia sexual y casi el 15% violencia física. Y sin embargo, el porcentaje de denuncia sigue siendo bajísimo, 24% de las representantes y sólo un 6% de las trabajadoras de los parlamentos. Este último dato también nos revela un componente de clase y jerárquico, innato a las estructuras de poder institucionales, que dejan a las trabajadoras con mayor nivel de desprotección.

Porque las estructuras y roles de poder se reproducen en las instituciones de la misma manera que en cualquier otro espacio de la vida. Por ello el cuestionamiento debe ser radical y estructural. Las feministas no nos cansamos de señalar que las agresiones machistas y misóginas, como acosos, abusos, violaciones y asesinatos, son producto de un sistema patriarcal que no tiene fronteras de edad, clase, cultura o raza. Por eso movimientos de auto-organización y empoderamiento como este son imprescindibles para poder cambiar las condiciones materiales en las que las mujeres trabajamos. Se trata de transformar desde la práctica cotidiana y diaria un espacio de trabajo que tiene unos mecanismos de denuncia hipertrofiados, hiperburocratizado, con una ausencia total de perspectiva de género y sin medidas disuasorias para acabar con la impunidad de los agresores, sin formaciones de género, etc que se traducen en una ausencia de protección para las víctimas de acoso y agresiones dentro del parlamento.

Porque las estructuras y roles de poder se reproducen en las instituciones de la misma manera que en cualquier otro espacio de la vida

Sin olvidar los límites de la propia institución. Esta lucha y los avances que se puedan conseguir dentro del Parlamento Europeo no serían posibles sin un movimiento feminista que ha atravesado a toda la sociedad. Del mismo modo, que cualquier lucha feminista debe tratar de desbordar y superar lo institucional, tejer lazos interinstitucionales e interparlamentarios, crear plataformas amplias, construir redes de sororidad y apoyo mutuo con los movimientos de mujeres de la sociedad civil organizada. Porque son muchas las dificultades que nos encontramos por el camino, pero nosotras somos más. Y sabemos bien que nadie pierde sus privilegios por las buenas, así que seguiremos luchando desde dentro y sobre todo desde fuera de las instituciones para desmontar estructuras de poder y privilegios.

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