Hacia la huelga feminista

Desde la Fundación de los Comunes lanzamos una serie de artículos para preguntarnos colectivamente por las líneas que definen el momento presente. Pensar desde los movimientos, sin cortapisas, desde dentro de los procesos es para nosotrxs, la base imprescindible de toda política.

Durante este mes de febrero y hasta el 8 de marzo, la discusión colectiva que hemos invitado a alimentar trata de responder a dos preguntas en torno a la huelga feminista internacional del 8M, ¿cuál es tu huelga? ¿Qué significa una huelga feminista?

Carteles de la huelga general feminista del 8 de marzo en Valladolid
Carteles de la huelga general feminista del 8 de marzo en Valladolid.

8M, ¿cuál es tu huelga?


Ana Fernández

Este 8 de Marzo seré una privilegiada porque este año tengo trabajo y tendré derecho a la huelga. Además, no tengo a ninguna persona a mi cargo, por lo que no tendré que enfrentarme a la dificultad de organizar los cuidados o al malestar por no cumplir con ellos. Nadie me reclamará por tanto, no tendrá ningún coste porque la huelga formará parte de mis derechos laborales y esto me hace replantearme el lugar privilegiado que estoy ocupando actualmente.

En la huelga general de 2010 salimos a la calle un grupo de mujeres a reclamar que ese formato dejaba a muchas personas fuera, no solo a nosotras, jóvenes trabajadoras precarias, sino también a muchas otras

Casualmente, será la primera vez que una huelga general me sorprende en situación laboral normalizada. Hasta ahora, sin trabajo estable por cuenta ajena, la huelga laboral nunca me ha interpelado especialmente. Esta es una característica que comparto generacionalmente con muchas personas: becarias, autónomas, precarias, con contratos temporales, medias jornadas, etc.: la mala relación con el trabajo remunerado y, por tanto, con la huelga era algo que compartíamos.

El sesgo en la parte productiva de la vida y la exigencia por unos derechos laborales que nunca hemos tenido, no tenían mucha potencia movilizadora ni en primera persona, ni colectivamente. Ya en la huelga general de 2010 salimos a la calle un grupo de mujeres a reclamar que ese formato dejaba a muchas personas fuera, no solo a nosotras, jóvenes trabajadoras precarias, sino también a muchas otras ausentes, porque lo suyo no contaba como trabajo: domésticas, abuelas, amas de casa… Justamente aquellas que se encargan de sostener los aspectos más invisibilizados y denostados de la vida materialmente.

Por otra parte, el 8 de Marzo, era para mí, un día potente, muy potente. Incluso en los años en que, en Madrid, la manifestación recorría tímidamente el “itinerario de las manis pequeñas”, la Calle Atocha desde Jacinto Benavente hacia la glorieta de Carlos V y se disgregaba casi antes de llegar abajo en grupos de mujeres que ritualmente nos íbamos de cañas. Algo muy potente de confabulación, de ocupar la calle juntas, escuchar esas voces agudas coreando proclamas provocadoras y confluir con mujeres de otras generaciones me atravesaba. Como cualquier mujer educada en el patriarcado me cuesta ocupar un lugar central, gritar, decir brutalidades o hacer pintadas en escaparates. El 8 de Marzo era mi momento de atreverme con otras, de atrevernos, a hacerlo. En estos últimos años se ocupa el “tinerario de las manis grandes” y yo ya no soy de las pequeñas pero sigo identificándome con esa proclama abierta y con esa sujeta diversa que acude a la llamada, al encuentro. También hemos aprendido teóricamente mucho en el camino, ahora sabemos que no es la igualdad, la igualdad de las privilegiadas, lo que queremos, sino subvertir el orden del sistema en su conjunto para que quepamos más personas diversas, en género, clase, origen, capacidades, muchas de ellas que todavía no pueden tener derecho a huelga, ni a salir a la calle un 8 de Marzo. Por eso ahora, más que nunca, estando yo en una situación privilegiada, remarco la necesidad de que no debería ser un privilegio el poder realizar la huelga.


Nerea Fillat

Para enfrentarme a esta pregunta me planto delante de las tres vertientes que tendrá el 8 de marzo, al hilo de lo discutido en las asambleas a las que he ido: huelga laboral o estudiantil, huelga de cuidados y huelga de consumo. Me sitúo delante de ellas y pienso en cómo cruzar sus caminos.

¿Cómo paro en casa? Será su padre quien pase el 8 de marzo con ellos pero ¿realmente tiene algún sentido no ponerles el vaso de leche del desayuno, no atender a una caricia ni cambiar un pañal?

La huelga laboral la veo más bien clara, no trabajaré, aunque eso no garantice ni la detención de los flujos de producción capitalista ni la paralización del sistema. Simplemente, el 9 de marzo haré lo que no haga el 8. Sí creo que tiene consecuencias en mi lugar de trabajo, Katakrak (espacio social, librería, cafetería, restaurante, editorial) que si cierra sus puertas mostrará un posicionamiento claro respecto a un conflicto enunciado desde los espacios feministas y, también, desde los sindicatos.

La huelga de cuidados, sin embargo, me es más complicado resolverla. El niño y la niña de los que soy madre no irán ese día a sus centro educativos, para que las mujeres que son responsables de ellos allí también hagan posible su derecho a la huelga. Pero me paralizo al pensar la dimensión de la vida privada que ocurre en el hogar: ¿cómo paro en casa? ¿cómo dejo la labor de atención? Será su padre quien pase el 8 de marzo con ellos pero ¿realmente tiene algún sentido no ponerles el vaso de leche del desayuno, no atender a una caricia ni cambiar un pañal?
Me veo ante un límite considerable, conmigo misma y de eficacia política, a la hora de pensar y plantear cómo estaré ese día en casa, ya que los cuidados y la atención no tienen un principio y un fin, sino que están y forman parte del continuo vital cuando estás con personas que no son autónomas. Veo que la interpelación a los hombres es el único resultado directo que tendremos en la huelga de cuidados en los hogares y me gustaría pensar y construir un camino que vaya más allá del 8 de marzo.

Por último, resulta fundamental la consolidación de la huelga de consumo durante ese día. Es uno de los pilares de la producción de valor y el no consumo puede ser una de las pocas acciones que tengan consecuencias masivas, concretas y mensurables.


Susana Albarrán

Si me hubieran hecho esta pregunta hace unos pocos, muy pocos meses, contestaría que ya estaba en huelga feminista e indefinida. Entonces era una parada de larga duración, 5 años, pero con mucho trabajo: en mi centro social, en la radio del barrio, con colectivos de mujeres, feministas y municipalistas, haciendo trabajillos sueltos, pero con una precariedad máxima. Mi salud no empeoró pero mis dientes sanos no lucían igual, pequeñas averías en casa resultaban molestias un día sí y el otro también pero había que salir del paso. Contaba los viajes que me quedan en el bonobús antes de ir a equis reunión que había en el centro de la ciudad. Noches en duermevela o con el sueño inquieto por esa vocecita que te dice que no has hecho hoy lo suficiente para conseguir trabajo. De casi nada valen ahora los 30 años cotizando, más de la mitad en mi país de origen, con el que el estado español no tiene convenio, por lo tanto, no veré ni un duro aunque llegue a la edad de jubilación, ni aquí ni allá.

Y así muchas cosas, pero yo no era la única. Muchas amigas cercanas, con las que en este tiempo (tenía bastante más tiempo "libre", sí) afiancé relaciones en lo político y personal, estaban en las mismas. La mayoría de ellas con personas a cargo, es decir que de ninguna manera podían hacer ni huelga de brazos caídos porque entonces sí que se les caía el alma.

Mi huelga política estará con mis compañeras y muchas amigas empleadas de hogar. Colgaré uno y dos delantales en la fachada de casa en nombre de aquellas que son migrantes como yo pero que no pueden parar

Hoy tengo un trabajo —tal vez el último con contrato por cuenta ajena por el resto de mi vida laboral activa— y voy a hacer huelga. Pero mi huelga política estará con mis compañeras y muchas amigas empleadas de hogar. Colgaré uno y dos delantales en la fachada de casa en nombre de aquellas que son migrantes como yo pero que no pueden parar, aunque en su alma estarán con la huelga feminista. Luego, con aquellas que puedan, nos encontraremos en la mani, seguro también con delantales, como todos los 8M que hay oportunidad de salir y visibilizar el trabajo doméstico.

Y llevaré en la solapa, una de esas chapas que hizo Yun y que tenía ya preparadas un día antes de la mani del año pasado, a la que no pudimos ir. Murió un día antes. Murió precaria. Yunhuen, mexicana de 45 años con un máster de género en España que nunca pudo ejercer. Trabajaba mucho también en lo que podía o la dejaban, cuidaba de sus sobrinas. Este año, estaría encantada de ver la que se va a liar.


¿Qué significados contiene para ti el significante “huelga feminista”?


Susana Albarrán

No sería justo decir que lo estamos inventando todo este año. Existe ya una genealogía de huelgas feministas que nos han permitido llegar hasta aquí. Eso sí, como no lo hemos conseguido todo, seguimos avanzando en hacerla cada vez más visible inventando nuestras propias herramientas que nos permitan si acaso "medirla". Pero ¿medir el trabajo que hacemos las mujeres? ¿Cómo se hace eso?

Cada huelga feminista seguirá siendo un desborde de posibilidades de aprendizaje que nos llevarán hasta otro punto, pero no uno que dé la vuelta a la tuerca 180 grados. Uno en que cambiemos el engranaje y en el que los cuidados sean parte del modelo productivo

Siempre ninguneadas e invisibles en las estadísticas e identificadas como población "no activa". Casi siempre al margen de las huelgas "productivas" pero sin embargo prácticamente sosteniendo este sistema con su trabajo de cuidados que no cuentan ni el PIB pero que somos el pilar sobre el que se sostiene el mundo productivo. Al menos en el proceso actual hacia la huelga otras muchas de esas pequeñas luchas que libran las mujeres todos los días empiezan a tener cabida real. Medir la huelga que se avecina en todo caso, ya ha ganado en herramientas. Algunas se reflejan en el desborde en el proceso, en cada asamblea territorial regional y de barrio, puntos de encuentro intergeneracionales de diferentes experiencias de participación política feministas y donde todas valen. Si alguien quiere medir la huelga que vaya a una de estas asambleas.

Cada huelga feminista es y seguirá siendo un desborde de posibilidades de aprendizaje que nos llevarán hasta otro punto, pero no uno que dé la vuelta a la tuerca 180 grados. Uno en que cambiemos el engranaje y en el que los cuidados sean parte del modelo productivo. La población envejece y va a haber mucho trabajo que requiera más cuidados. No lo podremos, ni lo queremos sostener, no más, el 50% de la población.


Nerea Fillat

Una huelga en la que las principales interpeladas son las mujeres y en la que el objeto de la huelga haya sido enunciado en los espacios de organización feministas. Es porque estos dos componentes han sido fundamentales durante los últimos meses, por los que se han puesto los cuidados en su vertiente más materialista en el centro del debate. Es por esas dos razones que, por primera vez, en este 8 de marzo de 2018 va a concretarse lo que lleva mucho tiempo discutiéndose en los espacios feministas: qué pasa cuando no cuidamos, qué pasa cuando hacemos una huelga de cuidados.

Mediante la enunciación de la huelga feminista hemos conseguido colocar los cuidados en el centro de las discusiones

Es precisamente porque esta convocatoria de huelga incorpora el componente de cuidados por lo que será diferente y por lo que, espero, se extienda la crítica y se visibilice la división sexual del trabajo de manera evidente. En este sentido, ya está siendo más eficaz que otras convocatorias.

Quedan muchos interrogantes por despejar y cada lugar de trabajo, cada asamblea, cada hogar tendrá que resolver las preguntas que la huelga feminista ha puesto encima de la mesa. Éste es el segundo logro de la huelga: el desborde del debate fuera de los lugares habituales y la interpelación directa, tanto a las mujeres como a los hombres, sobre el lugar que ocuparán ese día. Más allá de las convocatorias sindicales, de los paros o de las manifestaciones.

Mediante la enunciación de la huelga feminista hemos conseguido colocar los cuidados en el centro de las discusiones. No podemos perder la ocasión de aprovechar lo que ya se está produciendo y de implicar, azuzar e instigar a los hombres para que pongan en común cómo afrontan esa interpelación desde la huelga de cuidados. Sólo entonces los pasos para terminar con la división sexual del trabajo y, en consecuencia, con el patriarcado, serán firmes.


Ana Fernández

En el camino para resignificar la huelga y el 8 de Marzo era necesario hacerlos confluir, en una proclama más integral, más sistémica que esas dos partes interesadamente divididas entre lo laboral-productivo y lo reproductivo, porque al final ambas nos remiten al sostenimiento material de las vidas y del acceso discriminatorio a los recursos, los tiempos, los derechos, las capacidades e, incluso, los deseos. En el fondo, de esto es de lo que hablamos todo el rato, porque, el cuerpo en el que naces, los recursos a los que tienes acceso, el horizonte de posibilidades que se te marca por ello, es de lo que hay que ir liberándose, que una mujer negra ama de casa pueda sentarse en el Parlamento de la nación a “limpiar” de corruptos el gobierno, sin que esto suene increíble.

Alzar la voz para poder pasar hacia la cooperación y el reconocimiento de la diversidad, y pelear porque haya cada vez más hueco para cuerpos diversos, excluidos de los lugares de privilegio

Pero en estas fechas en que, de repente, todas las mujeres somos muy feministas, me vienen las palabras de Bell Hooks , cuando dice que para luchar contra el sexismo del sistema primero tenemos que ser conscientes del sexismo interiorizado y de los privilegios de los que disfrutamos por ocupar el sitio en el que estamos. Esta reflexión, que Hooks realiza en los años 70 en relación a muchas feministas académicas blancas, es perfectamente extrapolable al momento actual. Tenemos un importante abanico de mujeres que, disfrutando de los triunfos del feminismo del pasado, aprovechan sus tribunas políticas, culturales y mediáticas para cuestionar la necesidad de una mayor amplitud del discurso feminista y de las diferentes opresiones además de las de género.

Aquí tenemos aún una asignatura pendiente: hacer una huelga contra el orden político patriarcal, cargado de testosterona y de aptitudes intransigentes; ser capaces de trascender las dinámicas de privilegio y competitividad, de alzar la voz por encima de razonar, para poder pasar hacia la cooperación y el reconocimiento de la diversidad, y pelear porque haya cada vez más hueco para cuerpos diversos, excluidos de los lugares de privilegio. Más allá del pacto entre los pater para controlar la economía, la política y la ciudad apoyarnos para dar espacio a las que no lo han tenido nunca y escuchar todas las voces que han estado silenciadas.

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Palabras en movimiento es el espacio en el que, desde la Fundación de los Comunes, queremos poner en común y, sobre todo, en discusión, análisis críticos con respecto a la realidad que nos rodea.
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