Música
Portishead, la herida azul

Third no es solo el disco más rebosante de ideas que se haya grabado en pleno siglo XXI, sino la razón por la cual se les perdona a Portishead que aún no hayan vuelto a encarar el futuro como lo hicieron en ese álbum y en su estreno, Dummy, gestado hace un cuarto de siglo.

Portishead Third
Portishead, banda británica de trip hop formada en Brístol en 1991.

publicado
2019-03-15 06:00:00

Un cuarto de siglo después de que Portishead debutaran con Dummy (1994), el recuerdo de sus líneas de bajo borrosas sigue tan latente como el primer día. Tres años más tarde llegaría su álbum homónimo, una profusa experiencia hip hop de tonos noir que no ha dejado de crecer con los años. Sin embargo, no fue hasta la publicación de Third (2008) cuando consiguieron desembarazarse de la sombra vampírica de su primer álbum.

Once años después, y con la excusa del aniversario de su retoño más querido, comparamos ambos trabajos. Los dos extremos de una trayectoria guadianesca pero de influencia vital dentro de los meandros electrónicos y adyacentes.

Para ponernos en situación, no hay más que recordar la bonanza creativa vivida por la música dance británica durante la primera mitad de los años 90, con figuras como Aphex Twin, Goldie y Wagon Christ. Fue en aquella época, cuando emergió la cantera Bristol, de donde Massive Attack se hicieron abanderados a través de Blue Lines (1991).

El primer, y más sembrado, trabajo de Massive Attack despoja el término cool de toda superficialidad intrínseca a dicho sello. Su originalidad: hacer música de baile para zombis vestidos de etiqueta. La reválida de Blue Lines tardó tres años, pero Protection (1994) trocó exquisitez creativa por ejercicio de estilo.

Dummy llegó en el momento justo para aplacar esta decepción y, de paso, enfatizar la parte cool del trip hop a través de un misterioso tratado de crackología: el efecto que reproduce el crepitar de una aguja en los surcos de un vinilo.

Bajo su intrigante portada de exagerado azul, laten once cortes que invitan a bailar en estático. Algo que trasciende a una música que parece ahogar en tonos tristes la química del baile endogámico de “Heart and Soul” de Joy Division, pero en clave hip hop. A cámara lenta.

La afectación en la voz de Beth Gibbons es la melancolía hecha carne, a lomos de una tracción instrumental que parece invitarnos a creer que lo mejor que nos puede pasar en la vida es vivir dentro de una burbuja en forma de lágrima.


Desde el primer envite, “Mysterons”, la fisicidad de las pistas evitan notas, centrándose en ruidos blancos y el efecto de unas uñas que rascan con suavidad la cordillera instrumental. A partir de estos patrones, “It Could Be Sweet” alcanza el éxtasis por medio de una solución dub sin eco.

A lo largo de la escucha, queda confirmado que, durante el proceso creativo, Geoff Barrow se empapó de su devoción por Ennio Morricone y las bandas sonoras de cine negro americano de los años 70. De hecho, cortes como “Pedestal” evocan la fijación en construir pequeñas bandas sonoras imaginarias, entroncando con “UFO”, la piedra roseta del grupo neoyorquino ESG, que a principios de los años 80 abrigaron una fórmula donde el groove nacía de imaginar cómo sonaría una banda sonora de suspense de Curtis Mayfield a modo postpunk minimalista.

Dummy fue creciendo a través de las fantasías de Barrow y la voz herida de Gibbons. La geografía musical de las bases está trufada con samples de visionarios del sonido en tres dimensiones como Isaac Hayes, Weather Report o Lalo Schifrin.


Quien proveía de samples a Barrow era Andy Smith, un dj que, junto al batería Clive Deamer, se convirtió en miembro satélite del trío formado por Barrow, Gibbons y Adrian Utley.

Así lo recordaba Andy Smith para Medium en el veinte aniversario de Dummy: “En verdad, el sonido de Dummy era el bebé de Geoff. Geoff tenía una dirección de adonde quería que fuera, y simplemente lo ayudé a encontrar samples y, tal vez, a mostrarle música que él realmente no conocía. No era el tipo de persona que se pasaba todo el día excavando en una tienda de discos con un tocadiscos portátil. Así que le traje eso a la mesa. Pero siempre fue su intención usar el sonido del hip hop y llevarlo a otra parte. Él también estaba metido en la melancolía de Jimi Hendrix y el rock, así que quería aunarlo todo”.

Uno de los secretos para que fraguase la fórmula, en tonos rara vez atisbados, se basó en la naturalidad con la que samples e instrumentos reales bailaban a pies juntillas.

Del toque jazzy de Adrian con la guitarra a las bases talladas en la memoria colectiva de “Wandering Star”, Portishead armaron un artefacto que trascendió en las listas de ventas, alcanzando los dos millones de copias en Europa, además de alzarse con el premio Mercury Prize, que otorga la industria musical británica.

Lo brillante de Dummy es que, un cuarto de siglo después, aún no ha sido superado. Nadie ha sido capaz de coger el testigo de un grupo que, por otro lado, hizo escuela en bandas definidas bajo la patente de electrónica azul, definida por ellos mismo, tipo Darkstar o James Blake; este último, sin duda, su alumno más aventajado.

Tuvieron que pasar once años para que Portishead aceptaran, verdaderamente, el envite de superar Dummy, y lo hicieron por medio de Third.


A diferencia del tapizado, aparentemente monocromo de Dummy, su último álbum es un crisol de ideas mascadas hasta el punto de borrar su procedencia de origen. Del krautrock a la música industrial, pasando por el afrofuturismo de los años 60 y 70, Third es un what if? hecho realidad de cómo sonaría Portishead tras verse en reflejados en un espejo de circo hecho añicos.

Third no ha tenido la influencia brutal de Dummy porque no persigue un concepto y sentimiento concreto. No es un monolito, sino un disco oscuro con el que se arriman más que nunca a las formas más cubistas del rock.

Aunque el poso impresionista de Dummy persistía en el sonido, Portishead mutaron de su etapa azul a una suerte de formas más contundentes, como en el subyugante dark industrial de “Machine Gun”. Cortes como este certifican que el trip hop no solo había sido extirpado casi totalmente de su receta, sino que, como Geoff llegó a reconocer: “También es nuestro disco más electrónico. De alguna manera, creo que es más oscuro de lo que hemos hecho antes porque está menos contenido dentro de una estructura sonora o una forma concreta de escribir. En nuestro anterior álbum, las cosas estaban muy basadas en el sample y solo había una pista en vivo, ‘Half Day Closing’. Pero, a pesar de que ahora todo es más austero, el registro es bastante amplio, y creo que esa es la razón por la que parece más oscuro. Te llega desde diferentes lugares, pero siempre conserva su rareza u oscuridad. ¿Oscuridad? Tal vez la frustración más que la oscuridad”.

Third no es solo el disco más rebosante de ideas que se haya grabado en pleno siglo XXI, sino la razón por la cual le perdonamos a Geoff, Beth y Adrian que aún no hayan vuelto a encarar el futuro como lo hicieron en Dummy y su último álbum. Dos sombras que intimidarían al más valiente, y que, al mismo tiempo, han servido de inspiración a toda clase de razas musicales que siguen hipnotizados por la mutabilidad de su fórmula.

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2 Comentarios
ALLAN 10:06 16/3/2019

Fabuloso reportaje... PH de mis bandas favoritas

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#31705 23:49 15/3/2019

cuando habrá nuevo disco??

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