“Si hay deseo y atrevimiento, podemos poner en dificultad a las élites neoliberales”

Hablamos con las investigadoras y activistas Veronica Marchio y Simona de Simoni.

Veronica Marchio y Simona de Simoni
Veronica Marchio y Simona de Simoni, durante la entrevista. Álvaro Minguito

publicado
2017-06-02 16:48:00

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía celebró en mayo La política contra la historia, un seminario internacional en torno al pensamiento del principal referente teórico del operaísmo italiano de los años 60 y 70, Mario Tronti. Para este encuentro, Veronica Marchio y Simona de Simoni fueron dos de las invitadas para participar en el taller Clase obrera e inteligencia política. Estas dos investigadoras y activistas italianas hablaron para El Salto sobre clase obrera, feminismo y pensamiento trontiano.

En el taller en el que han participado han hablado sobre clase media empobrecida y precariedad ¿Cómo pueden definir la frontera que las separa?
Simona de Simoni: La relación entre los dos es ambigua en términos de posibilidades de composición. Los precarios de hoy son los hijos de esta clase media empobrecida, que utilizan sus ahorros para hacer frente a la desocupación de sus hijos o a la vejez de sus padres, que ya no son cuidados por el Estado del bienestar. Utilizan la riqueza acumulada para hacer frente al neoliberalismo.

Veronica Marchio: En mi caso, la familia ha invertido en mi hipotético futuro universitario, pero como en todos los casos, no se va a producir las expectativas que tenían las generaciones anteriores porque, por ejemplo, gastar dinero en los estudios ya no abre las posibilidades que abría antes.

¿Cómo impacta esta situación en este contexto político?
De Simoni: La clase media empobrecida lucha para volver a ser clase media. En general, el perfil del empobrecido es el de un viejo proletario blanco que no entiende la precariedad, que todavía tiene algo que defender y que, en muchos casos, está creando un bloqueo reaccionario y conservador con el quiere mantener sus ventajas. Ante esto, la derecha de cualquier país europeo está sacando partido y estamos viendo su capacidad en dar salida a estos sentimientos a través de la xenofobia y movilizando a través de contradicciones, como hacen cuando hablan del bienestar como un gasto para el Estado.

Marchio: Además, teóricamente se abre una posibilidad pero el problema es cómo se recompone la precariedad, la pobreza y el empobrecimiento en las primeras y segundas generaciones.

¿Podría ser una de las respuestas al por qué el Frente Nacional francés presume de más capacidad de convocatoria que la izquierda?
Marchio: Sí. Por un lado es por la extensión de la anti-política hacia la izquierda porque ésta ha faltado a lo que prometió en sus programas electorales y, en muchos casos, ha provocado parte de las crisis que en parte es la que ha causado el empobrecimiento.

De Simoni: La izquierda institucional se está burocratizando y no ha tenido ninguna voluntad o capacidad de generar el mínimo conflicto frente a esta Europa de la austeridad. En cambio, la derecha ha construido la ficción de ser alternativa con su léxico capaz de hablar a los “estómagos”. Además, esta izquierda institucional se ha vuelto snob y los otros no tienen miedo a marcharse las manos con la ambigüedad.

Relacionando lo que estamos conversando con en el seminario en el que han participado, han salido a relucir los conceptos trontianos sobre la fuerza de la mayoría, la organización y la autonomía de la clase trabajadora de los años 60 y 70 italianos. Desde el escenario actual que están describiendo ¿ cómo se puede defender el pensamiento de Tronti ?
De Simoni: Desde mi punto de vista, no hay una tradición directa de la teoría de Tronti pero sí que existe un elemento central en su obra que constituye una gran herramienta en la actualidad: el conflicto. Este concepto puede ser de gran ayuda en el panorama europeo, que por no romper el consenso, está teniendo una actitud muy débil en sus diferentes manifestaciones: sus reivindicaciones son de mínimos. La tarea es cómo idear el camino para llegar hasta ese punto, pero si hay deseo y atrevimiento, se consigue que la posición se radicalice frente a los poderes fuertes y a las élites neoliberales poniéndolas en dificultad.

Marchio: Además, de las cuestiones que comenta Simona, durante estas jornadas se ha mencionado lo que Tronti considera el “reverso”, o sea cómo la lucha de la clase obrera provoca el movimiento y no al revés. Por eso, él coloca el conflicto como protagonista de las luchas y lo convierte en el elemento que pone problemas al enemigo. Esa visión sigue siendo perfectamente aplicable.

Pero ¿el activismo conoce el pensamiento de Tronti para poder llevarlo a la práctica?
De Simoni: Tronti es conocido entre los activistas formados en la lucha de los obreros italianos, pero sí que es cierto que su pensamiento no es de masas y de ahí que sea necesario traducir estas teorías al ámbito actual y actualizar el lenguaje para las personas que no vengan de esta tradición. No sólo ocurre con la obra de Tronti, sino con obras de fuera de Europa. Adaptarlas podría dar dar un marco teórico más potente.

De hecho, durante mi estancia en Francia, participé en un seminario que se celebró en París sobre movimiento obrero. En él, había un buen número de jóvenes de institutos y demandaban esa necesidad de instrumentos teóricos para poder utilizarlas en las movilizaciones. Y este hecho es muy importante : estos chavales son los que están protagonizando las grandes movilizaciones contra la Ley del Trabajo.

Marchio: El discurso está basado en que es necesario pensar cómo afrontar estas ideas hoy y qué dificultades encierran. Y, efectivamente, una de las soluciones sería traducir esos discursos porque como profesora de política me encuentro con nuevas generaciones que, en muchos casos, han eliminado parte del imaginario revolucionario y con los que es difícil hablar de grandes autores, no sólo los revolucionarios del movimiento obrero.

Entonces, ¿esta “orfandad” teórica puede ser uno de los factores que haya mermado la movilización política y social?
De Simoni: Es muy difícil determinarlo en todo este contexto social lleno de sufrimiento, de depresión pero en el que hay una fuerte demanda de movilizaciones, pero la impresión es sí nos habla de la necesidad de cambio. ¿Cómo transformar esta necesidad en capacidad política y colectiva? Los que quieran dedicarse a la política activa tienen que traducir la realidad social actual y y se consigue a través de la investigación de la composición de clase y por la necesidad de volver a relacionarse con las experiencias del pasado.

Marchio: Otro tema es cómo analizar la organización, es decir, los movimientos organizados frente a los movimientos espontáneos. Por ejemplo, en Italia, hemos tenido organizaciones más radicales que en otros países, pero no hemos tenido la misma capacidad de acoger movimientos más espontáneos, menos organizados. Si se encontrara un punto medio entre ésas dos polarizaciones, ayudaría a la hora de generalizar las luchas. En la actualidad hay rabia social y el punto es llegar a entender hacia dónde dirigirla. Tronti en el “operaismo” ya hablaba del partido para formar individualidades que confrontaran en el partido o en el movimiento.

Otro de los temas que ha aparecido en sus intervenciones ha sido la lucha de Ni Una Menos. Para ustedes, sobre todo para Simona, es un ejemplo del nuevo marco entre las luchas feministas latinoamericanas y las europeas. ¿Cuál es la bisagra que las une?
De Simoni: Ni una Menos es la representación de cómo el territorio común de la experiencia une el movimiento argentino al más internacional. Ha sido inteligente mostrar, desde la violencia de género, la que también ejerce la sociedad neoliberal mediante la pobreza, la negación del derecho a la vivienda o a la salud. Eso también es violencia. Éstos han sido los temas desde los que se ha abierto la posibilidad de hablar de la agresión directa capitalista en la vida de las personas dentro de un realidad social muy diversa. Además, posibilita poder estar en marcos políticos diferentes y observar, desde las experiencias feministas personales, cómo se ha roto la idea de que el Estado es defensor frente a la violencia, que siempre es sistémica. El movimiento Ni Una Menos ha cogido este mandato y lo ha transformado en una autodefensa que nace de la reestructuración de las relaciones desde nosotras mismas abriendo así, una nueva posibilidad para el feminismo.

Marchio: Además, de lo que comenta Simona, el discurso de Ni Una Menos ha conectado con la idea de la huelga como respuesta a la violencia del sistema.

Entonces, en esta coyuntura sistémica, ¿creen que las luchas tienen que estar marcadas por cada territorio o es el marco internacionalista el que debe dar la pauta?
Marchio: En mi caso, y desde la experiencia de nuestro trabajo de investigación en la Universidad de Bolonia, hemos planteado el problema de ¿por dónde ir? Y a la vez que estudiamos cómo el capitalismo divide lo urbano y lo que está fuera de ello, descubrimos, por un lado, cómo cada territorio tiene su especificidad y, por otro, cómo construir un marco que capacite la relación entre las personas de los barrios en dónde se produce la precariedad o el desempleo y entre las que forman parte del ámbito universitario. Creo que hay que entender las correlaciones entre lugares para no sectorializar las individualidades y conectar allí donde el capitalismo quiere dividir.

Durante y después del 15-M muchos autores, entre ellos Toni Negri, consideraron que el laboratorio de ideas de acción política estaba en el Estado Español. En la actualidad ¿cómo debe ser y dónde debe estar?
Marchio: No sé dónde está ni dónde debe estar, lo que sí que creo es que debe ser con ideas del presente y no del pasado: ya no se va a regresar a ese punto.

De Simoni: Sí, el laboratorio tiene que partir del presente y debe ser una experiencia en aras de poner en común experiencias como prácticas colectivas. No creo que lo importante sea dónde, sino que sea para discutir, debatir y dialogar.

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