Laboral
Así castigan las empresas por reducirse la jornada laboral para cuidar

La reducción de jornada por guarda legal es un derecho, pero muchas empresas lo interpretan como un privilegio y penalizan a quienes se acogen a él, que suelen ser mujeres. Varias mujeres cuentan cómo pedir una reducción de su horario supuso un giro en su puesto de trabajo.

Mujeres y trabajo
Un total de 358.200 personas ocupadas trabajaron a tiempo parcial para disponer de más tiempo para cuidar en 2018. David F. Sabadell

publicado
2019-03-29 06:00

Varias trabajadoras de Zara en Almería fueron “castigadas” a trabajar más lejos de su domicilio por no aceptar las condiciones que quería imponer la empresa: la de poner fin a la reducción de jornada de la que disfrutaban para cuidar de sus hijos. Lo dice un juez en una sentencia de febrero que condena a Zara España a reponer a las trabajadoras en un centro más cercano y con las condiciones que tenían.

El juez cree que esta actuación empresarial vulnera el artículo 14 de la Constitución, el que dice que “los españoles son iguales ante la ley”. Pese a que este derecho constitucional establece que ninguna persona debe ser discriminada por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, quienes se ven en la situación de solicitar una reducción de jornada por guarda legal saben que puede ser el principio de un giro de guion en sus puestos de trabajo. Un guion protagonizado mayormente por mujeres.

La última Encuesta de Población Activa, publicada el 22 de marzo, es clara al respecto: en 2018, un total de 358.200 personas ocupadas trabajaron a tiempo parcial para disponer de más tiempo para cuidar a personas dependientes, lo que supuso un 28,8% más que en el año anterior. La mayoría de quienes trabajaron a tiempo parcial para poder a la vez ejercer la labor de cuidadores fueron mujeres: 344.800, frente a 13.400 hombres. Además, el 56,8% de ellas lo hicieron porque consideraron que no hay servicios adecuados para la atención a personas dependientes o que no pueden costearlos. 

Elena Blasco, secretaria confederal de Mujeres e Igualdad de CC OO, recuerda que las consecuencias de acogerse a una jornada reducida tienen múltiples aristas: “La reducción de jornada tiene consecuencias salariales, lo que perjudica especialmente a las mujeres que, recordemos, en términos generales suelen ser quienes reciben los salarios más bajos, además de disminuir las posibilidades de formación o promoción profesional, que aunque no debiera ser así, es lo que sucede en la mayoría de los casos”.

Para Neus, la jornada reducida supuso el comienzo de una historia de mobbing laboral que acabó en un despido. Pero, sin llegar a una situación así, las empresas tienen múltiples formas de ejercer presión sobre una persona que solicita la jornada reducida. M., que estuvo seis meses de jornada reducida en su puesto de trabajo en el sector de la enseñanza privada, explica que volvió a la jornada completa porque se lo “desaconsejaron” a través de comentarios de compañeros. Laura, que tiene un cargo de responsabilidad media en una fábrica, recibía comentarios negativos en su entorno laboral y cree que tuvo que volver a ganarse la confianza de sus jefes tras reducir sus horas de trabajo. Estas son las historias de algunas mujeres que pidieron una jornada reducida para cuidar y fueron castigadas. 

DE ALMERÍA A ROQUETAS POR CUIDAR

Varias trabajadoras de Zara en Almería fueron “castigadas” a trabajar a 25 kilómetros de su domicilio por no aceptar las condiciones que quería imponer la empresa: la de poner fin a la reducción de jornada de la que disfrutaban para cuidar de sus hijos. No lo dicen sus amigas, ni sus compañeras de trabajo: lo dice un juez en una sentencia de febrero de este año que condena a Zara España a reponer a las trabajadoras en un centro más cercano y con las condiciones que tenían.

Los hechos son estos: en la tienda de Zara del Centro Comercial Mediterráneo de Almería trabajaban 43 personas, 16 de ellas acogidas a una reducción de jornada por guarda legal. En octubre de 2018, Zara España decide cerrar esta tienda y abrir otra en el Centro Comercial Torrecardenas, en la misma ciudad y a menos de dos kilómetros del centro en el que trabajaban. Entonces, la empresa da dos opciones a las 16 empleadas que tenían jornada reducida: trasladarse a la nueva tienda a jornada completa o mantener su jornada trabajando en una tienda de Roquetas de Mar, a 25 kilómetros. Había una tercera vía: el despido. Ocho de ellas aceptaron ampliar su jornada. Las otras ocho fueron trasladadas a otros centros.

Dos de ellas decidieron demandar. En la sentencia del Juzgado de lo Social número 3 de Almería, el juez argumenta que existen indicios suficientes para presumir que la decisión “pudiera venir motivada única y exclusivamente por el hecho de tener reducida su jornada” y que “nos podríamos encontrar ante una represalia de la empresa por no haber aceptado las condiciones impuestas”. Esta actuación de Zara vulneraría, dice el juez, el artículo 14 de la Constitución y el artículo 24.

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“La demanda no es firme, pero los hechos son claros y va a ser difícil que el Tribunal Superior de Justicia lo pueda echar para atrás”, explica Juan Fernández, presidente de CSIF Almería, sindicato que ha llevado el caso a los juzgados, que califica la decisión como “pionera”.

“Las dos trabajadoras que han demandado están ya incorporadas en el centro, en las mismas condiciones y a la espera de la resolución del caso. Para ellas es una alegría, la reducción de jornada no es un capricho, es una necesidad”, dice Fernández, que reconoce que los sindicatos suelen encontrar reticencias por parte de los trabajadores para judicializar los casos por miedo a represalias. “La sentencia viene a dejar claro que el abuso que se suele cometer con este tipo de cuestiones cada vez es menos posible”.

Pero, aunque sea un derecho con abundante jurisprudencia de referencia, la reducción de jornada no gusta a las empresas, que tienen múltiples maneras de transmitir este hecho a sus plantillas.

Mobbing laboral y despido 

Neus trabajaba de 9 a 19.30h en temporada baja. En temporada, alta, su horario de oficina se alargaba hasta las 20.30h aunque, tras cerrar las puertas al público, algunos días trabajaba hasta las 22h. “Luego, el trabajo seguía en casa con el portátil”, dice. Su experiencia y formación se tradujeron en un ascenso a adjunta de la dirección regional de Catalunya y Baleares en la empresa de viajes en la que trabajaba.

Entonces se quedó embarazada y, al reincorporarse en su puesto, solicitó una reducción de ⅛ de su jornada. “Mi jefe de entonces no solo no me puso ningún problema sino que me apoyó, porque él sabía que yo le respondía, nunca sentí la presión porque yo respondía y acababa mis tareas”, cuenta. Pero pasaron dos cosas: cambió la dirección y ella se quedó embarazada otra vez. Y empezó el “calvario”. “Para empezar, me dijeron que cómo me atrevía; luego me cambiaron a funciones de menor responsabilidad, como era la de comercial”.

Decidió demandar para pedir una categoría laboral acorde a sus funciones, y ganó. Y empezó el mobbing. “Me mandan a trabajar a una especie de almacén, me dan las zonas que nadie quiere y no me facilitan información relevante sobre clientes”, recuerda. Además, le ocultan información sobre su rendimiento. Cansada y dañada, Neus denunció por mobbing y consiguió negociar con la empresa un despido con indemnización por improcedente.

“Sabía que podía tener consecuencias, pero prevalecía mi familia” explica. Los diez años en este puesto le han costado malestares y una depresión. Pero no cree que sea algo personal: “Es una forma de actuar dentro de esta empresa, me consta que otras personas que están trabajando ahí están presionadas por el mismo tema”. Hoy, sus hijos tienen más de 12 años y ella concilia como puede. “He dado carpetazo, pero esto no se olvida, te queda el miedo a pedir horas para ejercer tus deberes, obligaciones y derechos, llevar al médico a tus hijos, ir a una tutoría al colegio”.

La historia de Neus comparte final con la de Clara. Ella era directora de área en una empresa editorial. Al volver de la baja maternal tras dar a luz a segundo hijo, pidió una reducción de dos horas en su jornada. “La reacción del jefe fue de horror; me acusó de hacerle chantaje emocional, de traicionarle y de dejarle en bragas e intentó relegarme; tuve que recordarle que es ilegal cambiar el puesto y funciones de una persona con reducción y también le tuve que garantizar que todo el trabajo saldría igualmente sin problema”.

El jefe de Clara extendió la idea de que por su culpa habían despedido a un compañero, y desde entonces la presión ya no era solo desde arriba sino también de los lados

Durante más de ocho meses, cumplió esa promesa “que supuso para mí una paliza física y emocional tremenda”. No fue suficiente. Su jefe le dijo que “si era tan eficiente, entonces sobraba alguien del equipo”, y despidió a un compañero. “Y así estuvimos tres meses más con una persona menos en el equipo y lanzando el mensaje de que por mi cabezonería de cuidar habían despedido a un diseñador y que la forma de trabajar se había tenido que cambiar por mi culpa. Y eso caló hondo en los trabajadores. Hasta tal punto que la presión dejó de venir de arriba y empezó a venir de al lado”. 

Pasado un año, le propusieron un despido pactado y se fue después de diez años con un desgaste “emocional y físico”. Tuvo que iniciar una lucha legal por mis derechos al enterarse de que la empresa había comunicado que su reducción era voluntaria, y no por guarda legal, algo que descubrió al solicitar el paro. 

Desde la Secretaría Confederal de Mujeres e Igualdad de CC OO recuerdan que, aunque el Estatuto de los Trabajadores sí contempla que no puede haber cambios sustanciales en el tipo de trabajo que desempeña una persona que reduce su jornada, hay vacío que aprovechan las empresas. Así, es interpretable el artículo 39 que establece que la empresa puede realizar cambios en la categoría profesional del trabajador siempre que sea de acuerdo a la titulación académica. Además, la empresa puede alegar problemas en la organización o funcionamiento del flujo de trabajo cuando hay varias solicitudes.

Tareas mecánicas y no acordes a la cualificación

Desde una cuenta de Twitter, M. explicaba esta semana cómo el derecho a acogerse a una jornada reducida se convirtió en una trampa para ella: “Tengo 40 años y dos hijos. Trabajo en el sector de la comunicación. Por mi experiencia puedo decir que el derecho a acogerse a una reducción de jornada por cuidado de hijo es una trampa laboral”. Así empieza el hilo en el que cuenta su historia.

M. solicitó la reducción de jornada hace cinco años. Sus hijos tenían entonces cinco y dos y estaba “agotada”, cuenta por correo electrónico a El Salto. “Los niños se estaban criando con los abuelos, me podía tirar tres días sin ver despiertos a mis niños... Llegó un momento en que mi mente y mi cuerpo dijeron basta”, explica. Se redujo una hora de su jornada y durante el primer año no hubo ningún problema. Pero, como en el caso de Neus, un cambio de dirección supuso el comienzo de lo que define como “un suplicio”.

Pasó de hacer tareas que define como “acordes a su formación superior” a hacer, desde hace cuatro años, tareas mecánicas que no requieren cualificación. “Me siento pisoteada, ninguneada, haciendo un trabajo que no me gusta, infravalorado...y en un ambiente laboral horroroso. Todo eso hace que me sienta desmotivada, desaprovechada y con la sensación de estar perdiendo el tiempo”.

“Sigo con la reducción de jornada porque estoy en un punto sin retorno; mis perspectivas laborales son irme de aquí en cuanto tenga la oportunidad. Ya no quiero estar aquí de ninguna de las maneras”, lamenta.

Presiones de dirección y compañeros

Marta esperaba que la empresa en la que trabaja en el sector de la enseñanza privada fuera sensible con la situación de una madre que necesita ajustar sus horarios. Pero no fue así. Cuando anunció que se acogía a su derecha disfrutar de una jornada reducida al volver de un permiso de maternidad a comienzos de 2016 los responsables le hacen saber que no les gusta. “Me lo dicen abiertamente”, explica.

Pero ella sabía que era su derecho y siguió adelante. “Estuve menos de un año de jornada reducida y en ese tiempo me insinúan de vez en cuando que prefieren que vuelva a jornada completa”, explica. Sin embargo, no era solo eso lo que le generaba malestar en el trabajo: “Las compañeras me hacían comentario, ‘anda, ¡qué suerte que te vas antes!’... ¡Como si me fuera de vacaciones! Resulta que mi jornada continuaba cuando yo me iba”.

Ella insiste en que la reducción de horas no suponía un recorte de su compromiso, pese a que repetidamente se le transmitió que así lo interpretaban sus jefes. Pero pudo la presión y los comentarios de algunos compañeros “desaconsejando” la reducción le hicieron volver a la jornada completa. “Indirectamente, yo sé que mi puesto de trabajo peligra”, razona.

“Hubo de todo y, aunque algunos jefes me hicieron comentarios, lo que más decepcionó fueron los compañeros”, dice Laura, empleada en una fábrica

A Laura, que trabaja en una fábrica donde tradicionalmente la fuerza de trabajo ha sido sobre todo masculina, también le hicieron ver que no gustaba su decisión de reducirse la jornada de trabajo. En su caso, la llegada de sus gemelas “le vino grande”, dice, y pidió una reducción a media jornada.

“Hubo de todo y, aunque algunos jefes me hicieron comentarios, lo que más decepcionó fueron los compañeros”, cuenta a El Salto. En medio de esta situación, además, le cambiaron sus funciones para pasarle a un puesto de menos responsabilidad. Un puesto que hoy ha recuperado. “Me ha costado ganarme la confianza otra vez, pero creo que al final mis jefes saben cómo trabajo y han vuelto a contar conmigo”.

“No sé si es una trampa, pero sí que la idea que te transmiten es: “vale tú das prioridad a tu familia, correcto, pero también tienes que entender que no seas la opción correcta para mí, prefiero una persona que de prioridad a la empresa que a una mamá que dé prioridad a sus hijos”.

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6 Comentarios
#33406 3:36 24/4/2019

Triste realidad que llevo viviendo desde que nació mi hijo hace 5 años

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#32891 22:59 11/4/2019

No es justo que por reducirse la jornada por necesidad y no por gusto, te hagan la vida imposible para que te vayas...intenten amargarte la existencia....y te hagan hacer trabajos cinferiores,no es justo!!!!

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#32366 20:41 29/3/2019

Estamos dando pasos atrás en derechos laborales.
Una cosa es la propaganda, la estadística y otra la realidad misera del precariado.

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Unoquepasabaporaqui 16:24 29/3/2019

[inicio modo irónico] Es el mercado amigo. Son sus costumbres y hay que respetarlas. [Fin modo irónico]

A ver si empezamos a crear cooperativas de trabajos o se promocionan más puestos públicos.

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#32349 13:34 29/3/2019

Asco de mentalidad de los trabajadores españoles donde se comprende que un empresario incumpla las normas y dónde de critica a un trabajador por ejercer sus derechos. Asco me da !

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#32385 12:38 30/3/2019

Que razón tienes amig@. Soy secretario de un comité de ccoo e incluso yo lo he sufrido

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