La energía nuclear, esa gran desconocida para los consumidores

Los consumidores aún no conocemos la capacidad que tenemos para determinar el futuro de nuestro país. Pero para poder reformar el mix energético debemos saber antes de qué hablamos cuando hablamos de energía, del mix o de la nuclear. Darnos cuenta de que, a través de ENRESA, empresa pública, nos responsabilizamos por los residuos radiactivos o de que hemos pagado más de 4.383 millones de euros por una moratoria nuclear en nuestros recibos de la luz son dos ejemplos de a qué nos estamos refiriendo. 

Plataforma por un nuevo modelo energético

publicado
2018-06-25 08:34:00

Afortunadamente pasaron ya aquellos días en que se perdía el tiempo discutiendo sobre si nos podíamos permitir transitar o no a un modelo energético libre de combustibles fósiles, porque desgraciadamente el cambio climático es tan rápido y evidente que ya nadie se atreve a discutirlo. A esto hay que sumar que las tecnologías renovables son a día de hoy tan competitivas que aventajan económicamente a las convencionales (sin subvenciones y sin contabilizar los inconvenientes de la contaminación).

Y, aun así, la tan ansiada transición energética no avanza al ritmo que necesitamos, sino al dictado de un oligopolio empresarial que domina el sector de la energía y que teme perder “sus clientes cautivos” si se les permite formar parte de “su sistema eléctrico”. Y empleo aquí el posesivo porque el chiringuito está montado por ellos y para ellos, con la connivencia de los gobiernos y la imprescindible participación de todos y cada uno de nosotros como usuarios/consumidores. Porque del mismo modo que decimos que “el conocimiento nos otorga poder”, el desconocimiento o la falta de información de muchos permite que algunos puedan controlar las situaciones y decidir por nosotros a su mejor conveniencia.

Los consumidores somos la fuerza que mantiene el sistema económico, pero no somos verdaderamente conscientes de nuestro potencial. Es en las decisiones de los consumidores donde reside el poder, es decir, somos quienes permitimos que algo alcance el éxito en el mercado o no. De modo que la unión de los consumidores es una potente fuerza decisoria en la economía y por tanto en las políticas, y no solo a nivel nacional, sino a nivel global.

El cambio climático es tan rápido y evidente que ya nadie se atreve a discutirlo. Y aun así la tan ansiada transición energética no avanza al ritmo que necesitamos.

De ello se deriva la importancia de las labores divulgativas que fomentan la formación de una ciudadanía con criterios, evitando que la manipulación resulte tan sencilla. Y asimismo instruir a nuestros futuros consumidores desde las edades más tempranas, con una preparación educativa que forme y cree ciudadanos con criterio propio, capaces de informarse y tomar sus decisiones.
Porque para poder decidir debemos primero conocer. Y es sobre la energía nuclear que habría que destacar el gran desconocimiento que sufre en general el consumidor eléctrico. Porque para ser capaces de decidir libremente qué energía queremos consumir, deberíamos ser capaces de conocer, al menos de manera básica, algunas, sino todas, estas cuestiones:

1º.- Qué es una central nuclear y cómo funciona.
2º.- Qué son los residuos radioactivos y cómo se gestionan (dónde van).
3º.- Cuánto dinero cuesta la gestión de esos residuos radioactivos (basura) y quién los paga.
4º.- ¿Cuánto costó la construcción de estas centrales nucleares? ¿Recibieron subvenciones públicas para su instalación? ¿A quién pertenecen?
5º- Cuál es el riesgo real para la población en caso de accidente (consecuencias).
6º.- Quién pagaría económicamente las consecuencias en caso de accidente.
7º.- ¿Qué beneficio económico están obteniendo las propietarias de estas centrales al producir energía con esta tecnología? ¿Son centrales de producción de electricidad barata o simplemente rentable?

Existen informaciones importantes que deberían estar en la calle para que pudiéramos valorar con verdadero rigor nuestras opciones. Por ejemplo, es muy significativo que gran parte de los consumidores desconoce qué es ENRESA, Empresa Nacional de Residuos Radioactivos, cuando se trata de una empresa pública. Y yo me pregunto, ¿dónde creemos que van los residuos radioactivos entonces? Y es que la gestión del transporte, custodia y almacenamiento de los residuos radioactivos, al ser una actividad a la que no se ha visto aún cómo sacar una gran rentabilidad, es mejor dejarla en manos del Estado.

Otra información interesante nos la proporciona la Ley 12/2011 que regula en España sobre responsabilidad civil en materia de energía nuclear, derivada del Convenio de París de 29 de julio de 1960 y del Convenio de Bruselas de 31 de enero de 1963, y que establece las indemnizaciones por daños causados en un accidente nuclear en una cuantía de 700 millones de euros. Y es que otra vez es el Estado quien se hace cargo del resto, porque de otro modo no se podrían sufragar las primas de los seguros. Siempre y cuando el accidente no se produzca como consecuencia de actos de conflicto armado, hostilidades, guerra civil o insurrección.

Las centrales nucleares ya están amortizadas gracias a que para su construcción recibieron subvenciones del Estado. Además, debido a una mala planificación, hasta octubre de 2016 hemos pagado 4.383 millones de euros por una moratoria nuclear en nuestros recibos de la luz, según los cálculos de la propia CNMC.

¿Es la energía nuclear realmente más barata? ¿Baja el precio de nuestros recibos de la luz? En realidad, no. La solución al alto precio de la electricidad no está en la tecnología sino en la estructura del sistema en general. Un sistema marginalista en un mix energético muy diversificado y la falta de competencia real marcan verdaderamente los precios. Una estructura pensada para maximizar el beneficio económico de las empresas que lo participan, no para contribuir a la mejora de los servicios a los consumidores ni al medioambiente.
Pero pensemos, si la mayoría de los consumidores optamos por tomar decisiones informadas, la política energética la dirigiríamos los usuarios.

Hasta octubre de 2016 hemos pagado 4.383 millones de euros por una moratoria nuclear en nuestros recibos de la luz.

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