Crisis climática
Cambio climático: no quiero más razones para emigrar

Una vez más, los movimientos sociales son los que presionan para poder decidir acerca de su propio futuro.

The Climate Press

publicado
2019-04-25 06:00

Hace tres años emigré a Inglaterra, huyendo de la precariedad laboral y como diría Juan Luis Guerra “buscando visa para un sueño”, para investigar el clima. Me gradué en Ciencias Ambientales en Madrid, y durante mi trabajo fin de grado estudié el impacto de la Oscilación del Atlántico Norte (NAO) en la calidad del aire en Madrid. La NAO es el patrón climático dominante en Europa y en ocasiones un gran agravante de la contaminación del aire en Madrid, ya que actúa como la tapa de una olla impidiendo que la polución escape de la superficie. A pesar de las medidas aplicadas en Madrid para reducir las emisiones en los primeros 36 días de este año, se superó la concentración anual permitida por la legislación europea, según un estudio realizado por Servimedia. La pésima gestión en materia de medio ambiente y salud hace que la variabilidad natural del clima se convierta en una amenaza para el ser humano y la naturaleza, incrementando los efectos negativos de los fenómenos climáticos.

Se menosprecia la influencia de las acciones humanas en el clima global, pero la realidad es que, según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), el ser humano es responsable al 100% del incremento de la temperatura global del planeta. Nuestro superpoder se basa en cambiar los patrones del clima, que dan lugar a eventos extremos tal y como se viene registrando y confirmando desde las últimas décadas. Pensar que los efectos del cambio climático son remotos es una equivocación, por ejemplo, se prevé que debido al derretimiento de los glaciares el nivel del mar subirá en la costa vizcaína arrasando varios centenares de hectáreas. Numerosas especies están forzadas a emigrar y en su lugar especies invasoras están alterando los ecosistemas terrestres y acuáticos de la península Ibérica. En cuanto a los recursos hídricos, la desertificación inminente de nuestro país supone una reducción notable de los caudales de los ríos, poniendo en riesgo no solo el hábitat natural de centenares especies, sino el abastecimiento publico de agua potable. Las proyecciones climáticas alertan de una reducción de hasta un 30% en la precipitación anual, poniendo en riesgo el sector de la agricultura y ganadería, que tiene que adaptarse rápidamente así como incrementando la probabilidad de incendios forestales.

En la era de la información y la comunicación, no podemos negar que tenemos acceso a infinitos recursos, sabemos que somos al mismo tiempo el problema y la solución. Las medidas contra el cambio climático que 195 países prometieron cumplir en el Acuerdo de Paris (2015) no son suficientemente ambiciosas para evitar que la temperatura media del planeta se incremente en 1.5 grados con respecto a niveles anteriores a la era industrial, dando lugar a consecuencias irreversibles. Como individuos podemos tomar decisiones acerca del medio de transporte que utilizamos, la energía que gastamos e incluso la dieta que seguimos, pero a menudo las oportunidades para actuar sosteniblemente no están al alcance de todas.

En estos casos el Gobierno debería ofrecer incentivos económicos para facilitar que la gente se pueda comprar un coche eléctrico o pueda aislar sus casas durante el invierno. Resulta dantesco que un país como España, con tanto potencial para autoabastecerse energéticamente con renovables e incluso exportar y enriquecerse económicamente, siga dependiendo de los combustibles fósiles y otorgue tan pocas ayudas o incluso penalice a aquellas personas que intentan generar su propia energía. Los lobbies energéticos y petroleros en España están intentando camuflar una realidad que nos chilla a la cara y que nos pide acción urgente, haciéndonos creer que no se puede cambiar nada. 

Actualmente soy estudiante de doctorado en la Universidad de Leeds (Inglaterra) y estudio los impactos de un fenómeno llamado El Niño-Oscilación del Sur, que en el año 2016 afecto a mas de 60 millones de personas alrededor del mundo. Junto con compañeras de la universidad, hemos creado una plataforma online llamada The Climate Press, creada a raíz de las huelgas por el clima inspiradas por la joven Greta Thunberg. Este movimiento que va creciendo y empoderándose ha puesto en contacto a estudiantes, científicos, trabajadoras y familias, y ha conseguido presionar al gobierno local de Leeds, que va a declarar el "estado emergencia climática”. Esto significa que se van a tomar medidas urgentes para reducir las emisiones de CO2 derivadas del uso de combustibles fósiles, transporte, hogares de baja eficiencia energética, etc.

Una vez más, los movimientos sociales están presionando al gobierno para poder decidir acerca de su propio futuro, demostrando que sí que se pueden cambiar las cosas si se piensa en las personas. El cambio climático es una realidad que no descansa, por tanto tampoco debemos descansar nosotras hasta conseguir que se apliquen medidas para mitigar y adaptarnos a los impactos negativos del calentamiento global. No tenemos derecho a decidir el futuro de aquellas poblaciones que no pueden adaptarse al cambio climático. Me gustaría volver a España en el futuro y ver un país que ha apostado por el desarrollo sostenible, por el medio natural, por las personas de aquí y por las de allá. Ya es demasiado tener que rogar para poder votar, no quiero que haya refugiados climáticos, no quiero tener que rogar por cuidar nuestra tierra.

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