Zumaia: 97 murales borrados

El colectivo Kalea Guztiona Da lleva tres años pintando murales en la calle principal de Zumaia como protesta ante el anuncio del Ayuntamiento de borrar todas las expresiones gráficas realizadas en el espacio público sin permiso municipal.

Murales Borrados
Christian García Uno de los integrantes de Kalea Guztiona pinta en la calle principal de Zumaia.

Son las cinco de la tarde del sábado 16 de febrero. Eneko Agirre, Koldo Landaluze y Peio Enparan han quedado en la calle principal de Zumaia, Erribera, con el carrito de pinturas. Van a pintar un mural. El número 97. De la lámpara de un genio sale una trenza de tres colores. A las 7h de la mañana siguiente, el personal de limpieza del municipio lo borrará con pintura marrón. Órdenes del Ayuntamiento, el alcalde manda.

Llevan así tres años, jugando al juego del gato y el ratón. Todo empezó el 19 de febrero de 2016, cuando la Alcaldía envió una nota de prensa en la que anunciaba un cambio de regulación que afectaba a carteles y pancartas en el espacio público. Hasta entonces se podían colgar sin restricciones de jueves a domingo, y el servicio municipal de limpieza los quitaba de lunes a miércoles. En la nota de prensa, el alcalde del PNV, Oier Korta, hacía saber que, a partir de entonces, toda persona que quisiera poner algo en las paredes debía pedir permiso o colocarlo en los paneles municipales, “con el objeto de mantener el municipio limpio, ordenado y respetuoso”, señala la nota de prensa. Y que, “con el fin de mantener dicho orden y respeto, el Ayuntamiento redactará una ordenanza”.

Dicha ordenanza nunca llegó a aprobarse, pero la nota de prensa causó revuelo en el municipio. Unas 50 personas se reunieron en una asamblea pública a la que también acudió la esposa del alcalde. Los convocantes querían buscar una solución y, “espontáneamente”, decidieron salir a pintar una pared “medio abandonada” de la calle principal. Así nació el colectivo Kale Guztiona Da, explica Asier López, uno de sus miembros.

Un mes después de aquella nota de prensa, varias personas pintaron la pared y, al día siguiente, el personal de limpieza de Zumaia la repintó de marrón. “El alcalde dice que quiere una Zumaia limpia, limpia según sus términos. Ingenuamente pensamos que el mural se quedaría, ya que nos parecía bonito, pero lo repintaron y en la pared de al lado mantuvieron una pintada de carácter político hecha con espray negro sobre los cuatro presos de Orereta. Comprendimos que no era el mensaje lo que molestaba, sino el no pedir permiso”, señala López.

“Ahora creemos que el mural reflejaba muy bien el debate, el quién manda aquí, así que decidimos seguir y con el de hoy ya son 97 murales en tres años”, añaden los pintores de este colectivo que ha recibido la adhesión de 33 asociaciones, sindicatos y organismos del pueblo, así como la visita de bandas de rock, artistas e incluso de los payasos más famosos de Euskal Herria: Pirritx, Porrotx eta Marimotots, que les han incluido en uno de sus vídeos musicales.

Tras las primeras pancartas arrancadas y los primeros murales borrados, los miembros del colectivo se sintieron frustrados. Pero ahora ya lo han asumido y pintan tranquilamente, sin darle demasiada importancia a que dentro de 12 horas la pared volverá a amanecer marrón. “El final es efímero, pero como queda grabado en las fotos y en la gente, tiene su fuerza. Ni los censores pueden evitar eso”, reflexiona Eneko Agirre.

Proceso participativo

La semana del mural número 97 era especial, ya que ese jueves se celebró en el Ayuntamiento de Zumaia el Pleno en el que el colectivo propuso una moción para crear un proceso participativo para regular las expresiones gráficas en el espacio público. Los cinco concejales del PNV y la edil del PSE votaron en contra; los seis de Bildu votaron a favor, y el concejal tránsfuga del PNV se abstuvo. El alcalde, haciendo uso de su voto de calidad, que tiene valor doble, inclinó la balanza hacia el no.

“No sabíamos qué iba a ocurrir, pero lo que más nos ha sorprendido es que el alcalde ha dicho que, si vuelve a salir reelegido, aprobará la ordenanza”, explica López. Una ordenanza que prevén que esté inspirada en la Ley Mordaza y en las ordenanzas cívicas de ciudades como Bilbao, Barcelona y Madrid.

De momento, siguen en este atasco en el que pintan a la luz del día, el Ayuntamiento repinta de madrugada y no hay multas de por medio. Para Peio Enparan, “seguimos dando vueltas como un hámster en su jaula”. No lo dice con sorna ni enfado, más bien sorprende la tranquilidad con la que se lo toman. Pincel en mano, Eneko Agirre reconoce que “lo nuestro tiene algo de cabezonería: pedimos un proceso, una regulación negociada”. La actitud del alcalde le parece un tanto “chulesca y con un punto de paternalismo”.“Creo que considera que es un pueblo del PNV y que no puede haber pancartas”, concluye.

Mientras, vecinos y visitantes pasean aprovechando el sol de invierno. Quienes no son del pueblo, desconocen el debate. Y quienes viven en Zumaia opinan que “se ha convertido en una vendetta y que habría que regularlo bien”, considera Mireia Segura. “A mí me parece estupendo como modo de expresión cultural y artística. ¡Y pacífica! Han hecho murales maravillosos. No los valorarás como arte, pero sí son una forma de expresión y donde hay un mural, yo veo un movimiento cultural con conciertos incluidos”, indica refiriéndose a los conciertos que han acompañado la realización de algunos murales.

Luís Mari Alkorta también se ha parado a comentar la acción del colectivo con gente que se ha cruzado en la calle. Para él, “un tema como este está creando mucho conflicto” y lo que más le llama la atención es que “si un perro caga aquí, el pastel seguirá mañana, pero la pared ya estará limpia”. ¿La solución? “Para mí, llegar a un arreglo entre los dos. Entre el que pinta y el que despinta”.

Resulta difícil encontrar opiniones contrarias en la calle. “No puede molestar una pintura, debe haber algo más”, considera otra vecina, Ohiane Lejardi. “¡Si está más bonito pintado y no hay mensajes negativos!”, añade.

Lo bonito y lo feo, lo limpio y lo sucio son adjetivos difíciles de definir en pintura. Y la libertad de expresión es un derecho fundamental regulado en la Constitución que lleva años topándose con gobiernos, leyes y ordenanzas que más que protegerlo, optan por regularlo en un sentido restringido.

Asier López indica que en el comienzo de la polémica, el alcalde “se escudó en el turismo para defender su nota de prensa”, pero a juicio de López, “la libertad de expresión es algo vivo, no es una verdad absoluta, y cualquiera que quiera regularlo por tener cierto poder político no puede erigirse en el juez último de lo que es aceptable, limpio o arte”. “Teníamos claro que tenía que ser una pelea constante y que hay que defender la libertad de expresión con la práctica”, algo que, tras 97 murales borrados, “se ha convertido en el pueblo en un inesperado e inédito tema de discusión”, concluye. 

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