Luna Miguel, entre la luz y el tabú

‘El arrecife de las sirenas’ es la última colección de poemas de Luna Miguel, en la que sigue relacionando maternidad, muerte, ternura y exposición en redes sociales.

Luna Miguel
La poetisa Luna Miguel, durante la entrevista. Víctor Serri

publicado
2017-06-30 15:05:00
Luna Miguel (Madrid, 1990) es periodista y escritora. No ha parado de crear y participar en el mundo literario desde que publicó su primer poemario, Estar enfermo (La Bella Varsovia), en 2010.

Como poeta ha publicado un total de seis poemarios; como editora, ha coordinado antologías, algunas bastante sonadas como Tenían veinte años y estaban locos (La Bella Varsovia, 2011) y Pasarás de moda (Montena, 2015), junto a Jesús Carmona Robles y Adrián Martínez. También ha coordinado proyectos poéticos tales como Los Perros Románticos.

Su trayectoria se completa con la publicación de Exhumación (Alpha Decay, 2010) junto con Antonio J. Rodríguez y un ensayo, El Dedo. Breves apuntes sobre la masturbación femenina (Muckakers; Capitán Swing, 2016).

Su último poemario, El arrecife de las sirenas (La Bella Varsovia, 2017), salió a la luz el pasado mes de abril.

Antes de nada, quería comentarte algo que me molesta un poco de lo que se dice sobre este último poemario como el de tu consagración. Sin embargo, a mí me gustaría considerarlo como el tríptico de una resurrección.
Esto sorprende relativamente porque en España con 50 años aún se considera como jóvenes a los poetas. Y la crítica de poesía está sometida a espacios breves, y por ello quizá recurrimos todos en estas categorizaciones rápidas. Hablaba hace poco con un compañero de Playground que no lee mucha poesía y por eso yo quería que él hiciera entrevistas a poetas, ya que tú lees buenas entrevistas a novelistas, ilustradores, cineastas pero buenas entrevistas a poetas es muy difícil que se encuentren y no sé hasta qué punto tiene culpa el mismo poeta de no saber enfrentarse a los medios. También es verdad que es algo que cambia poco a poco, como por ejemplo la entrevista que le hicieron en Jotdown a Luis García Montero, que es muy buena.

Y también es verdad que se trata de un tema más maduro el que tratas en este poemario.
Sí, me apetecía retratar una etapa y me apetecía llegar a un público distinto en el que se sintieran identificadas no solo las mujeres jóvenes.

Lees buenas entrevistas a novelistas, ilustradores, cineastas pero buenas entrevistas a poetas es muy difícil que se encuentren y no sé hasta qué punto tiene culpa el mismo poeta de no saber enfrentarse a los medios
Hay una relación bastante estrecha entre tu vida en las redes sociales y lo que escribes en tus poemarios, por lo que de alguna manera al leer estos tres últimos poemarios se produce una doble emoción por conocer, quizás, el sustrato real detrás de los poemas.
Sí, era una cosa que no había reparado en la forma de escribir y no sé si fue en una revista o algo así donde alguien me comentó que le había gustado leer el libro e ir atrás en mi Instagram y contraponer la imagen de la foto de mis viajes al sentimiento del poema, que muchas veces no casaban para nada.

Se me ocurrió justo que Antonio [J. Rodríguez, su pareja] estaba escribiendo Vidas Perfectas, que es una novela sobre la dualidad de la vida que mostramos en redes sociales y la vida que vivimos en realidad, que había un punto de conexión entre los dos libros por esto mismo, porque de alguna manera los poemas son como escrituras al margen de una Polaroid en la que no sabemos cuál de las dos cosas –la imagen o la escrita– está pasando en realidad, ahí está lo interesante.

Me ha gustado especialmente la manera de tratar la maternidad en cuanto a la muerte, sobre todo esa manera de reintegrar esta última dentro de la propia la vida, y cómo está casi sublimada. 

Después de Los Estómagos creo que hacía falta algo de alegría, y me apetecía ver como podía seguir hablando del cuerpo desde la felicidad sin tener que hablar del sexo, porque a veces parece que estos conceptos se asocian. Mi situación vital obviamente ayudó en todo esto.

Es cierto que en toda tu obra has tratado mucho sobre estos temas, que la sociedad suele considerar tabú: sexo, enfermedad y muerte, llevándolos a la luz.
Sí, me apetece sacar a la luz y al mismo tiempo reivindicar desde la ternura, que es una palabra que me gusta mucho. Asociada a lo pedagógico, algo que me interesa mucho fue cómo algunas de mis lectoras más mayores que no habían experimentado la maternidad por su propia decisión habían conseguido emocionarse con ello, porque significa que, aunque la sociedad se empeñe en poner a las madres y a las no-madres en distintos mundos, hay cierta conexión entre todas nosotras.

Con el tiempo, en la poesía tendemos a afinar los sentimientos y en mi caso he preferido no afinar el dolor, sino afinar la alegría
Me gusta especialmente esa fuerza de la vida, que se refleja uno de los poemas: me compromete a vivir estar viva/ me compromete a vivir dar vida. Creo que da mucho buen rollo.
Justo con la presentación conjunta con Berta García Faet en Barcelona, hablábamos de que yo había llegado a un punto en el que me daba pudor llegar a leer poemas antiguos de Los Estómagos por lo duros y tristes que llegan a ser, y por ello no quería verbalizarlos, de hecho he estado mucho tiempo sin leer poemas. Con este libro me pasa justo lo contrario, me siento más cómoda leyéndolos, ya noto que no estoy deprimiendo a nadie.

Con el tiempo, en la poesía tendemos a afinar los sentimientos y en mi caso he preferido no afinar el dolor, sino afinar la alegría.

Otra cosa que me gustaría destacar del poemario es cómo la estructura de los poemarios se vuelve circular y rompe con la estructura lineal temporal habitual, donde la vida y la muerte se tocan. De tal manera que es una casi concepción feminista, emparentada con “el tiempo de la mujer” como lo denominaría Julia Kristeva.
No había pensado en eso, pero voy a estar reflexionando un tiempo sobre ello gracias a tu aportación (risas).

Porque, de repente, hablando contigo me he dado cuenta de pequeñas coincidencias que sabía pero de las que no era consciente, como que la trilogía comienza con La tumba del marinero que comienza con ese miedo a que mi madre muera y la tumba es ese lugar al que no quieres llegar nunca, y luego El arrecife de las sirenas que es el lugar donde están sus restos, y al fin al cabo es el mismo título, como si fuera un cierre circular, pero que también enlaza con la idea de espiral: un círculo que encaja pero no se cierra porque va creando a su vez más espirales, más círculos. A ver que círculo empieza ahora, es lo interesante también.

La presencia del cuerpo siempre es mayor en la escritura de mujeres, pero es algo que falta en la escritura de los hombres
Sí, porque en anteriores entrevistas te he visto mencionar como tenías un nuevo proyecto en el que abandonabas un poco “el lado femenino”.
Si, ahora mismo estoy completamente metida en esto de seguir describiendo el cuerpo, pero esta vez el cuerpo masculino, desde la visión masculina, mediante la observación a los hombres que me rodean, como mi marido y mi hijo para adivinar cómo son, cómo piensan. Centrándome en cómo mi pareja escribiría poemas si lo hiciera. Es una cosa que me obsesiona, porque la presencia del cuerpo siempre es mayor en la escritura de mujeres, pero es algo que falta en la escritura de los hombres. Y es un reto al que me estoy enfrentando ahora y, si funciona, ya lo veréis en el futuro.

Además tienes otro proyecto de una novela, ¿no?
Sí, justo hace dos años empecé un proyecto. Todo vino de un texto de ficción que hice en Playground, la editora de Alfaguara me dijo que le había gustado el texto y me propuso hacer algo más con ello. El libro, cuuyo título provisional es El funeral de Lolita, sigue con esto que me has comentado antes de los temas polémicos, pero pretendo que sirva de reflexión o ensayo sobre el tema de las nínfulas, porque, como aficionada a este tipo de personajes, he notado que hay bastante poca literatura que vaya más allá de la Lolita de Nabokov.

De hecho, investigando he encontrado cosas muy curiosas como un artículo de Pablo Iglesias para la Universidad de Madrid sobre esto, que es uno de los más interesantes sobre el tema.

A mí lo que me interesa de hablar de las nínfulas, no sólo es el romper con el esquema: enamoramiento, sexo y decadencia que se da en esta serie de historias, sino también si se puede enfocar este tema desde una perspectiva feminista, sin caer en los tópicos de la Lolita, cosa que me está ralentizando bastante.

Así que estoy tomándomelo con calma y avanzando poco a poco en el proyecto.

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