7 errores comunes al cultivar cannabis

Cuando uno comienza sus primeros cultivos, es más susceptible de cometer errores, por inexperiencia e ignorancia. Sin embargo, un poco de información puede ayudarte a saber a qué atenerte cuando das tus primeros pasos. Por eso hemos elaborado una lista con algunos de los problemas más comunes, y como no tenerlos.

Esteban Lleonart

publicado
2018-04-05 10:04:00
">Un error lo comete cualquiera, es cierto. Incluso los cultivadores más experimentados pueden tener fallos, así que con más razón un principiante está excusado de los primeros errores en pos de buscar una buena cosecha. Sin embargo, no es que todo es igual y nada es mejor. No es lo mismo un burro que un gran profesor, y una cosa es la inexperiencia y otra la falta de información. La primera se soluciona, justamente, con experiencia; la segunda, con la ayuda de quienes ya se han equivocado antes que tú, para que no tengas que hacerlo. Esta es la experiencia colectiva de esos héroes anónimos. He aquí los diez errores más comunes que se cometen al cultivar cannabis. 

1. Lo primero es la semilla

No crecerá nunca una planta buena de una mala genética, además de que las condiciones de cultivo serán más o menos compatibles, por lo que elegir incorrectamente las semillas bien puede ser el primer error de esta lista. Siempre están esas que alguien te ha regalado porque las encontró por ahí, pero el ahorro en semillas puede llegar a salir muy caro. Quizás sea solo una planta mediocre, pero también puede ser un macho o una hermafrodita. Además, si el cultivo es de exterior o interior, si la temperatura es una u otra, si la altura disponible es tal o cual, todo ello influye en la decisión que debe tomarse. El nivel de experiencia también es importante: para principiantes quizás convenga comenzar por las índicas, que son más sencillas de cultivar que las sativas, o bien elegir autoflorecientes. Las índicas también alcanzan menor altura que las sativas, y son más recomendables para cultivo en interior. Es bueno estudiar bien las variedades y elegirlas acorde a la necesidad y experiencia. 

2. La raíz de la cuestión 

Salvo en la primera germinación y en algún trasplante, en general las raíces permanecen en el mundo invisible del sustrato. Pero que no estén a la vista no las hace menos importantes, más bien al contrario, por lo que necesitan de una atención especial en el momento oportuno, o veremos las señales cuando ya sea demasiado tarde. Recién después de la cuarta semana de floración puede hacerse obvio que la raíz ha tenido un desarrollo pobre. En ese momento las plantas necesitan más fósforo y potasio, y un sistema radicular poco desarrollado no permitirá absorber y transportar todos los nutrientes que la planta necesita. Por lo tanto, hay que cuidar las raíces desde el periodo vegetativo. Para ello pueden utilizarse enraizantes orgánicos, elaborados a base de hongos y microorganismos que potencian la rizosfera, además de proporcionar una nutrición correcta.

3. ¡Aliméntame, Seymour! 

Como la planta carnívora de “La Pequeña tienda de los horrores”, la planta de cannabis también necesita alimentarse. Claro que en este caso no tiene que devorarse a Steve Martin, sino que se trata de proporcionarle mediante el riego los nutrientes necesarios en sus distintas fases. Ahora bien, todo en su justa medida: el exceso de nutrientes puede ser un problema tan grande como la carencia, o mayor. En general una planta con un buen sustrato (en general cualquier Grow Shop tiene tierra de calidad) no necesita ningún abono hasta, por lo menos, su primer mes de vida. Los abonos que puedan utilizarse luego deben utilizarse en su justa medida, y sobre todo, hay que prestarle atención a la planta, sus hojas, sus colores… si algo anda mal, seguramente lo comunicará de esa forma. Prácticamente cualquier abono de los disponibles en tiendas de cultivo tiene todo lo necesario, aunque a veces recomiendan dosis más altas de las que uno puede necesitar si tiene plantas pequeñas. Además, hay que tener en cuenta que no es necesario abonar en cada riego. 

4. Glup, Glup, Glup 

¡Cuidado con el agua! Está bien que la planta la necesite, pero demasiado agua puede ser peor que demasiado poca. Si el suelo está empapado, las raíces pueden pudrirse, y no es necesario aclarar que eso es malo. La tierra tiene que estar húmeda al tacto, pero no mojada ni llena de charcos. Si tienes una tierra que drena bien y recipientes con orificios en la base, y no te obsesionas con la bebida, todo debería andar bien. 

5. Una cosa llamada pH 

Seguramente muchos nunca habían ni escuchado las siglas “pH” hasta que empezó a cultivar, y ahora resulta que se trata de algo clave. El pH es la medida de la acidez o alcalinidad de una solución, en este caso la solución nutritiva (que en general no es otra cosa que agua). El pH tiene que encontrarse entre los 5.8 y 6.5, caso contrario, puede impactar en la capacidad de la planta de absorber nutrientes. Para medirlo, puedes usar un medidor de pH de los muchos que hay en el mercado. 

6. ¡Control, control, debes aprender control! 

La primera cosecha es algo especial. El fruto de tanto trabajo, el entusiasmo de la primera vez… pero es bueno, en ese momento en que uno está mirando esos cogollos y decidiendo si cortarlos de una vez, recordar al Maestro Yoda: ¡Control! Una variedad se expresa en su máximo esplendor luego de una maduración correcta, y de un proceso de secado y curado que le permita liberar su aroma, sabor y potencia. Una cosecha anticipada puede dar como resultado una marihuana mediocre, y un mal secado puede dejar a la planta infumable. Es importante no caer en el lado oscuro, que es más fácil y seductor: bajo ningún concepto se recomienda el secado con aire caliente, que solo dará como resultado una hierba alta en clorofila. 

7. Ni las plagas de Egipto 

El Faraón habrá tenido problemas con las plagas bíblicas, pero a menos que uno sea fruto de una maldición divina de alguna clase, no deberían ser tan complicadas para el cultivador moderno, siempre y cuando se detecten a tiempo. Un error común es detectar su presencia cuando ya las plantas están bastante afectadas. Para empezar, la prevención es lo primordial, por lo que un ambiente sano, con buenos niveles de humedad y temperatura, es lo más importante. Con eso ya cubierto, lo que hay que hacer es revisar seguido buscando signos de problemas. El tratamiento con aceite de neem suele ser eficaz si se emplea a tiempo. En caso de moho, se puede rociar con una mezcla de agua y leche, y limpiar bien el espacio de cultivo. Si la planta se infecta con el virus oídio, causado por un hongo, se recomienda la mezcla de Burdeos: mezcla saturada de bicarbonato y agua, agua oxigenada rebajada con agua, leche desnatada, azufre. Todos estos tratamientos son efectivos en las primeras fases, y evitarán tener que recurrir a productos más agresivos, por lo que la detección temprana es crucial. 

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