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Jonathan Ott: “Hay que boicotear a los camellos y a los gobiernos que hay detrás”

Gracias a la Asociación Eleusis, pudimos escuchar a principios de febrero en Madrid a Jonathan Ott, el autor de ‘Pharmacotheon’, el manual más importante de plantas enteógenas escrito hasta la fecha.

Jonathan Ott
Jonathan Ott, entrevistado en Madrid en 2010. Rebeca Mayorga

publicado
2013-03-10 17:46

Químico, investigador etnobotánico, autor de 13 libros sobre diferentes drogas y psiconauta de fama internacional, Jonathan Ott acuñó la palabra ‘enteógeno’ en 1979 para poder hablar con un solo concepto de plantas, drogas o fármacos como amanita muscaria, salvia divinorum, hongos psilocíbicos, tabaco, peyote, san pedro, etc., sustancias muy dispares entre sí, pero con una cosa en común, todas ellas son embriagantes chamánicos. Enteógeno quiere decir ‘volverse divino dentro’, encontrar a dios dentro de uno, pero no con un sentido religioso sino desde la expansión de la conciencia y el conocimiento personal.

Aunque en la actualidad se dedica a investigar sobre autonomía energética y alimentaria en su rancho mexicano, desde los ‘70, Ott ha realizado una enorme labor de documentación científica y divulgación sobre drogas en todo el mundo. Informa, o en sus propias palabras, entretiene “porque a veces es más importante entretener que tratar de informar todo el rato. Si no es entretenido, nadie hace caso...”. La charla promete.

¿Cómo se comenzó a hacer difusión sobre el tema de las sustancias?
En los 70 había mucha demanda de información. Yo organicé mi primera conferencia en 1976. Luego, por desgracia, en los 80 hay un paréntesis sobre el tema, al entrar Ronald Reagan en la Casa Blanca. Con su reelección yo me marché de EE UU y me convertí en refugiado fármaco-político en México, donde he vivido desde entonces. Antes de los 80 se había liberalizado bastante la situación en EE UU, con 11 Estados que despenalizaron la marihuana, ya que el propio Carter había sido elegido con el apoyo de una plataforma de despenalización nacional de la marihuana. Ahora se esta repitiendo la historia de lo que se había abierto en los 70 sobre despenalización.

“En España, a raíz del lanzamiento de revistas, se consiguió mucho respecto al autocultivo, pero esto no cubre la química, no podemos cultivar hoja de coca para producir cocaína”

Mi intención al principio era poner información fidedigna en manos de la gente. Hoy tenemos más y mejor documentación y divulgación popular que en otras ramas de la ciencia. Ahora hay muy buena literatura y lo que importa es tener acceso a las plantas mismas, y eso también está. Yo no busco publicidad y ser famoso, trato de hacer difusión. Soy un propagandista que va en contra de la propaganda mayor. Los enteógenos nos pueden despertar para ver esta realidad, o bien pueden ser puro entretenimiento, lo cual también me parece bien, no tengo nada en contra. Para mí es fuente de información, es una herramienta de conocimiento que abre muchas otras puertas.

Como consumidores de drogas, tenemos la responsabilidad de estar fomentando las mafias de los narcos y de los gobiernos corruptos. ¿Qué se puede hacer?
Hay que boicotear a los camellos y a los políticos que hay detrás de ellos. Yo recomiendo el autocultivo con plantas, hongos o con los análogos de la ayahuasca. Hoy día hay mas de cien empresas que se dedican a las plantas enteógenas, o de sustancias análogas, con las mismas sustancias químicas, pero sin ser ilegales. Yo mismo escribí un libro, Análogos de la ayahuasca, para poner toda esta información en manos de la gente, sin que tengan que hacer turismo de drogas en la selva, sin llamar la atención de las autoridades, por lo que nadie sabe cuántos psiconautas hay, cuánta gente hace ayahuasca en casa. Sé que se han vendido toneladas de análogos de ayahuasca, abiertamente en internet, en revistas, etc. Mucha gente se dedica a ello, y son plantas que no entran en las listas prohibidas, que no suponen problemas ecológicos, al ser muy comunes; son plantas populares de la etnomedicina de muchos países, que se utilizan para hacer productos como el champú.

Pero no podemos hacer esto con todo, no con las anfetaminas o con la cocaína. En España, a raíz del lanzamiento de revistas, se consiguió mucho respecto al autocultivo, pero esto no cubre la química, no podemos cultivar hoja de coca para producir cocaína. A mi me gustan los opiáceos, pero yo los consigo en las farmacias, son fármacos muy baratos, aunque se necesitan recetas. Eso sí, se venden mezclados, contaminados con sustancias más desagradables.

¿Qué modelos jurídicos alternativos podemos tener para un consumo distinto?
Yo no estoy a favor de la legalización, como tal, sino a favor de la despenalización. La legalización, en EE UU, significa control absoluto por parte del Gobierno, lo que no quiere decir mejores precios ni mejor oferta, sino al revés. Supondría también tener un carnet, una tarjeta de consumidor, que puede tener repercusiones a la hora de conseguir un empleo o un seguro de vida. Los hábitos personales de cada persona no son asunto del Gobierno o de las aseguradoras. Despenalización significa eliminar las leyes prohibitivas.

La situación mejora: se acaba con la violencia en las calles, con los encarcelamientos, mejora la oferta, los precios se rigen por el mercado... En EE UU hay como un millón de personas que viven de esto bien, sin meterse en fábricas ni oficinas, cultivando sus hongos o plantas de maría, o fabricando pequeñas dosis de pastillas, de anfetaminas. Hay que ver los beneficios de la situación actual. Si fuese legal, seguramente serían las corporaciones multinacionales las que los podrían fabricar, acapararían todo el mercado, y sería ilegal fabricarlo sin una licencia. Todos podríamos fabricar, pero el precio para entrar en el negocio sería muy alto.

¿En qué estado se halla la producción de cocaína?
El gran problema ahora de México o de Colombia es que ya no se consigue cocaína, ni pocaína, sino ‘nocaína’, y esto es algo muy organizado. Yo sospecho que se hace en China, y no es una patraña. A la vista, al gusto, al tacto, parece cocaína, pero no lo es. Aunque sea estimulante, tiene efectos nefastos, te sientes ‘arañado’, pero sigue cumpliendo su función social.

Sin embargo, se siguen produciendo 1.000-1.500 toneladas de cocaína anuales. En México, donde yo vivo, de cinco años para acá ha bajado la pureza y subido el precio.

En términos geopolíticos, la cocaína es el gran sustento del mercado de armas. Se hace por parte de la CIA algo que ya hicieron antes los franceses e ingleses transformando opio en heroína. La CIA se dedica a esto también en Afganistán, donde se produce del 85% al 90% de la heroína ya preparada del mundo, además de mucho hachís.

Los talibanes habían controlado esto temporalmente. Pero cuando el ejército de EE UU se hace con el país, de nuevo se dispara la producción. Y ahora la única economía viable en Afganistán es la droga. De este modo, cocaína y heroína significan armas y no se desligan de la violencia. La CIA gana su dinero en el comercio internacional, pero luego en la venta callejera se gana aún mas dinero y, aunque esta realidad es muy dispersa, genera mucha violencia.

EE UU, a través del Tratado de Libre Comercio, ingenia un bloqueo naval en el Caribe, y la coca pasa a través de México, lo que convierte a Colombia y México en dos de los países más violentos del mundo. Se genera violencia en los países productores, en los que pasa la droga, y se genera violencia también en las calles, con las pandillas. Comienza en violencia y termina en violencia.

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