Hoy llegamos tarde

Reconocemos que nos gusta levantarnos tarde y hacer el amor al mediodía.

Stalingrado
Stalingrad El Sobresalto

publicado
2018-02-02 10:34:00

Hoy vamos a echar un poco de leña al fuego de ese aburrido debate que continuamente dice que si robamos nos reímos de los que trabajan, que si okupamos es porque somos unos caraduras que no se quieren comprar una casa o pagar un alquiler y que si te gusta la filosofía no te puede gustar el fútbol o el trap. Entendemos que sean muy normales estos planteamientos porque habitualmente en nuestras vidas o se está de un lado o del otro, pero nosotros y otros muchos estamos experimentado que se puede estar en los dos.

Los bolcheviques tenían una cosa clara y era que ser revolucionarios significaba no obedecer la moral del enemigo
Hay una vieja historia de los rusos que quizás nos puede ayudar a aclarar esta absurda discusión. Corría el año 1907 y, en plena guerra entre facciones, el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso se encontraba en Londres celebrando su V Congreso, donde se determinó por una aplastante mayoría que se prohibían las expropiaciones propugnadas por los bolcheviques. Un mes después de esta decisión orgánica y por orden expresa de Lenin, en la Plaza de Ereván de Tlifis se encontraba Kamo y la brigada de hierro. El plan era claro: asaltar la diligencia que provenía de la oficina de correos y trasladaba una gran cantidad de dinero al Banco de Estado del Imperio Ruso. Aquella mañana empezó con varias explosiones en la plaza y, a continuación, con el asalto al carro con un botín de 341.000 rublos. La noticia dio la vuelta al mundo, el escándalo llego a la II Internacional y los mencheviques lo condenaron rotundamente. Nunca se había producido una acción de esa envergadura.

En esta pequeña historia vemos una moraleja que nos puede ser muy útil: los bolcheviques tenían una cosa clara y era que ser revolucionarios significaba no obedecer la moral del enemigo, no aceptar sus categorías, no pelear en su terreno. Sabían que la verdadera batalla es la que define el campo de batalla. Para ellos no había nada que distinguir entre los que trabajaban 14 horas y los que expropiaban bancos, sino que solo consistía en distinguir cuáles eran sus partidarios y cuáles eran los instrumentos que hacían incrementar su fuerza colectiva. El debate no era de dónde venían, sino hacía dónde iban. No cabían distinciones académicas, solo estrategia.

Hemos aprendido a querernos, a ser sinceros, a mirarnos a los ojos y decirnos la verdad

Por lo tanto, lo que es respetable para esta sociedad a nosotros nos da asco –y por muy dramático que sea levantarse a las seis de la mañana, aquí no hay épica y es una mierda como la copa de un pino. Ni tampoco hay nada que dignificar en limpiar un baño o servir un helado. Si no tenemos nada y nos fuerzan a llevar una vida de mierda, no vamos a despreciar al que le toca ir a currar, pero ni se nos pasa por la cabeza celebrarlo. No podemos pasar eternamente por buenos: reconocemos que nos gusta levantarnos tarde y hacer el amor al mediodía. Celebrar que se robe no es dejar atrás al que no puede robar, sino anticipar las tácticas que lo harán posible y sistemático. Si unos chavales torean a la policía, lo celebramos igual que cuando paramos un desahucio. Porque podemos ser el desahuciado o el que para un desahucio, el que va a currar limpiando baños, da palos en casas de juego o tiene una cooperativa: dónde estemos cada una en cada momento obedece sólo a una distribución dentro de una guerra que tenemos que aprender a librar.No es que nos neguemos a analizar a la gente como objeto de laboratorio porque queramos hacernos los enrollaos de barrio, sino porque, realmente, no hay un afuera desde el que podamos hablar. Estamos aquí para hablar de nosotros mismos, de nuestras comunidades, de esos lugares donde se experimenta que se puede vivir de una forma diferente. Allí donde hemos aprendido a querernos, a ser sinceros, a mirarnos a los ojos y decirnos la verdad. Es lo que nos enseñaron en la PAH, que lo más importante no era que no nos echaran de casa, sino formar parte de una familia. O lo que hemos aprendido del feminismo, que la práctica subversiva se encuentra en nuestra vida cotidiana, que las barricadas no se sostienen solo con levantarlas y que también tenemos que cuidarnos en la retaguardia. Que si se han ganado tantas huelgas salvajes ha sido porque ha habido muchas mujeres haciendo tareas totalmente invisibilizadas y que esto no se puede consentir más.

Queremos ser felices y esto significa hacer infelices a muchos cabrones

Queremos ser una tribu, un clan, una familia, compacta, opaca, donde solo sus integrantes sepan qué pasa en ella. Un espacio de seguridad en nuestros barrios para todas aquellas que quieran acabar con este mundo. Ya basta de medias tintas, de esconder lo que somos o de ser diplomáticos, porque no estamos aquí solo para ayudar a los más desfavorecidos, estamos también para joder a todo aquel que se interponga en nuestro camino: queremos ser felices y esto significa hacer infelices a muchos cabrones. Vamos a procurar escoger nuestros enemigos porque eso significará que, cuanto más fuertes sean, más estaremos acertando. Queremos ser los Diego Costa de la política, esos personajes que no dejan indiferente a nadie, que están dispuestos a todo para conseguir su objetivo, que o estás con ellos o estas contra ellos, que mientras están en tu equipo les amas y cuando son rivales les odias. Aquí no va a haber equidistancia, aquí hay una guerra en curso y nosotros hemos tomado partido.

Nos la sudan los fiscales de twitter. No vamos a aceptar que nos tomen declaración. Quien quiera algo que nos lo venga a decir en un desahucio o en un CDR. Tampoco nos importa mucho la opinión del grupo de rap de Pablo Iglesias –y menos ahora que están en plena decadencia. Ante cada calumnia solo tenemos una respuesta: «castigar a los opresores de la humanidad es clemencia, perdonarlos es barbarie.»

Sobre este blog
Twerkeando en la revuelta

info@elsobresalto.com

Ver todas las entradas
6 Comentarios
Nega 17:26 2/2/2018

El grupo de Pablo Iglesias somos nosotros?

Responder
0
1
#7845 17:41 2/2/2018

Pillando el gusto a preguntas retoricas? Quien si no?

Responder
0
0
rachet 17:38 2/2/2018

no, los backstreet boys

Responder
0
0
tronkopetakos 18:34 2/2/2018

zasca y gana!

Responder
0
0
#7840 17:11 2/2/2018

Tot el camp es un clan

Responder
0
0
#7837 15:39 2/2/2018

Un clan... ¿Cómo el clan manson? A eso si que me sumo!!

Responder
0
0
Sobre este blog
Twerkeando en la revuelta

info@elsobresalto.com

Ver todas las entradas

Destacadas

Audiencia Nacional
La Audiencia Nacional declara nulos los estatutos de OTRAS
Las demandas de la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres y la Plataforma 8 de Marzo de Sevilla argumentaban que contar con un sindicato supondría reconocer como lícita la actividad del proxenetismo.
Refugiados
El duro invierno de las personas solicitantes de asilo
Los solicitantes de asilo dependen de las redes de solidaridad ante una administración que dificulta cada vez más su acceso a derechos
Violencia machista
Mapa: todas las concentraciones contra la violencia machista para este 25N
Cerca de 100 marchas recorrerán este domingo las calles con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
Cambio climático
Eléctricas e industrias extractivas lideran el aumento de emisiones en España

La economía española aumentó un 2,6% sus emisiones de gases de efecto invernadero en 2017 respecto al año anterior, con 344 millones de toneladas.

Opinión
Quemar los Objetivos de Desarrollo Sostenible para abonar una nueva agenda común global
4

Una minoría creciente de los movimientos sociales creemos que estamos frente a una auténtica crisis sistémica y global o, para ser más exactos, ante una civilización fallida en fase de colapso. ¿Cómo debe ser la agenda para afrontar el futuro?

África
África: el ascenso del imperialismo de las fronteras

Más de un siglo después del originario Reparto de África, los líderes europeos están imponiendo hoy nuevas formas de colonialismo en el continente, en forma de controles fronterizos militarizados.

Últimas

Pobreza
La Renta Mínima como Campo de Batalla
Los cambios en los criterios en la tramitación de los procedimientos relacionados con la RMI se traducen en mayores barreras burocráticas
Libertad de expresión
España indemnizará con 8.000 euros a un activista del centro social Casas Viejas que denunció torturas
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos condena a España por vulnerar la libertad de expresión del activista, que fue condenado al denunciar en rueda de prensa que sufrió torturas durante el desalojo del centro social de Sevilla.