Corrupción
Las patrias en guerra de Pablo Iglesias y Pablo Casado

La auténtica gravedad del caso Villarejo y las cloacas del Estado es que este maniobró contra la ciudadanía en su conjunto para adulterar la competición electoral, fundamento primero de la democracia.

Jorge Armesto
5 jun 2020 04:21

Poco se ha hablado de la confabulación del gobierno del PP y algunos periodistas y policías para destruir a Podemos. O, si se ha hablado, ha sido solo por los mismos. La prensa conservadora ha ignorado sistemáticamente las revelaciones de esta trama y lo mismo han hecho la mayoría de las televisiones y radios generalistas tanto en informativos como en programas de debate político.

Peor aún, muchos medios han seguido sirviendo de altavoces de algunos de los protagonistas destacados de la conspiración tratando de sostener a machamartillo una credibilidad imposible. En los programas mañaneros, a pesar de haberse ya demostrado la falsedad de aquellas acusaciones, todavía de cuando en cuando deslizan que “algo habría”. La presunción de objetividad no se exhibe ni como impostura.

Pero tampoco se rasgaron las vestiduras los medios llamados progresistas. Y aunque informaron del desarrollo de las investigaciones judiciales sobre el complot, esto se hizo sin mucho aspaviento, con una ecuanimidad distante y moderada atención, tal como si el hecho de que el Estado conspirase para la destrucción de una formación política que, al cabo es la expresión de los ciudadanos que la apoyan, fuese un hecho más entre tantos que conforman la parrilla de sucesos. Fueron escasas las voces indignadas o siquiera molestas y abundaron más los silencios. Comentaristas belicosos para otros asuntos no encontraron la ocasión de referirse a los delitos perpetrados por las llamadas “cloacas” en las infinitas oportunidades que les brindaba su columna semanal.

Pablo Iglesias tal vez lo vivía como un escándalo y un ataque gravísimo a la democracia, pero sus quejas les parecían cándidos gimoteos infantiles a entrevistadores que se limitaban a arquear la ceja, mirarlo con condescendencia, cortarle lo antes posible y pasar a otra cosa

Incluso se percibía un cierto hartazgo del tema y ante la insistencia de los representantes de Unidas Podemos en denunciar la conspiración, la actitud de los entrevistadores “de izquierdas” venía a decir: “Que sí, que sí, pero hasta cuándo vas a estar con eso”. Otros, los acusaron cínicamente de “explotar este asunto”. Pablo Iglesias tal vez lo vivía como un escándalo y un ataque gravísimo a la democracia, pero sus quejas les parecían cándidos gimoteos infantiles a entrevistadores que se limitaban a arquear la ceja, mirarlo con condescendencia, cortarle lo antes posible y pasar a otra cosa.

Pero si poco se habló del asunto en general, menos aún se habló de los verdaderos perjudicados por la trama conspirativa. Porque en esta ocasión, a diferencia de otras en que el estado utilizó la guerra sucia, los damnificados no fueron solo personas concretas. Esta vez fue muy distinto: las informaciones falsas acerca de Pablo Iglesias no tenían como fin destruirlo a él —que también— sino intoxicar, engañar y manipular a los millones de personas que entonces, cuando las encuestas auguraban a Podemos más del 25% de los votos, se habían sentido ilusionadas por el nacimiento de esta formación. La auténtica gravedad de esto es que el Estado maniobró contra la ciudadanía en su conjunto para adulterar la competición electoral, fundamento primero de la democracia.

Esto no pareció interesarle mucho a nadie. El Estado consideraba que había peligro cierto de que muchas personas “votasen mal” y había que manipularlas, del modo que fuese necesario, para que “votasen bien”. Pero para todos los medios, tanto progresistas como conservadores, se trataba únicamente de un tema privado que afectaba al honor de Pablo Iglesias como individuo concreto y que podía dirimirse en los juzgados, como tantos otros. Tal cual como si fuese uno más de los líos de demandas y contrademandas que afectan a “los famosos”.

Y así, vimos el verdadero rostro del Estado: no solo traiciona y miente a sus ciudadanos sino que lo hace con una cierta aquiescencia generalizada

Además, la prensa afín a otros partidos competidores en el espectro político de la izquierda, puede que no aprobase la guerra sucia contra Pablo Iglesias, pero no por ello dejaba de beneficiarse. Por eso, ante la insistencia de estos pelmazos de Unidas Podemos, condescendientemente se les recomendaba pasar página de una vez. Y así, vimos el verdadero rostro del Estado: no solo traiciona y miente a sus ciudadanos sino que lo hace con una cierta aquiescencia generalizada. Y es este silencio complaciente lo más tenebroso. Puede ocurrir que políticos, periodistas y policías sin escrúpulos maquinen maldades pero resulta aterrador que el clima general sea de indulgencia ante estas prácticas.

¿Por qué esta silenciosa complacencia? Porque nadie puso en duda que los protagonistas de esa trama eran patriotas; de hecho, se llamaban a sí mismos “la policía patriótica”. Delinquieron, sí, pero por la patria. O, al menos, por una cierta idea de patria que desde hace siglos trata de aniquilar a otras patrias posibles que hoy se siguen enfrentando.

A finales del siglo XIX, Francia se desgarró con el llamado Caso Dreyfus. Hagamos memoria: el ejército francés acusó de espionaje, sin pruebas, a un oficial judío. Tras un proceso amañado, lo condenó a una larga pena de prisión. Fue un caso claro de antisemitismo. La insistencia de la familia en su inocencia y el apoyo de un pequeño grupo de pensadores —a los que entonces se tildó peyorativamente como “intelectuales”— colocó el tema como hegemónico en el debate nacional convirtiéndolo en el eje de algo muchísimo más importante que si una persona concreta había tenido o no un juicio justo. Las revelaciones acerca de las irregularidades del proceso afloraron y oficiales franceses fabricaron a posteriori nuevas y falsas pruebas que fueron igualmente refutadas. Entonces, la prensa conservadora defendió a los falsificadores disculpándolos por cometer “un crimen de amor”. De amor a la patria. Igual que en nuestros días la “policía patriótica” del Partido Popular cometió crímenes de amor.

Lo importante aquí no era la culpabilidad de un oficial sino que se cuestionase al ejército, pilar de la patria imaginada. De hecho, muchos de los que atacaban a Dreyfus no lo hacían porque realmente creyesen en su culpabilidad sino porque defendían que la suerte de un hombre —culpable o inocente, eso no importaba— no podía amenazar la integridad de una nación. Quizá se había cometido una injusticia, sí. Pero peor injusticia era cuestionar los fundamentos de la patria.

De repente otra visión de patria se enfrenta a la suya; una que se sustenta precisamente en los derechos de los que llamamos compatriotas

La controversia partió a la sociedad francesa por la mitad durante décadas. Se filtró en la política, en la prensa y en el cuerpo social dividido en dos, generando un debate colosal que movilizó en uno u otro bando a todo el tejido intelectual. Por cierto, qué contraste con el ominoso silencio, la pobreza argumentativa y la ausencia de principios que padecemos en la actualidad.

Se trataba entonces, como se trata hoy, de dos ideas de patria en colisión.

Los conservadores imaginaban la nación como un árbol que se sostenía sobre las grandes raíces de la tradición, la religión, la historia y los antepasados. El tronco, expandido en grandes ramas, sería la monarquía, los apellidos ilustres y la división jerárquica de privilegios y riqueza. Los demás, los ciudadanos, los súbditos, somos las hojas que vienen y van; que caen y son sustituidas por otras. Pero el grueso tronco de la nación ahí sigue.

Por el contrario, para el sector dreyfusiano, la verdad, la justicia y los llamados valores universales eran el fundamento de la convivencia y de la nación. Y la razón de Estado jamás podía justificar atentar contra los derechos de una persona sin socavar toda la organización moral. Una nación, en suma, no puede fundamentarse sobre la negación de la justicia y la mentira pública.

Estas dos patrias llevan decenios enfrentándose pero hoy se muestran más nítidas que nunca. Quizá tradicionalmente la izquierda era más partidaria de defender estos valores universales: la justicia, la equidad, la igualdad, de una forma más abstracta, sin vincularlos con la construcción de la patria. Pero esto ha cambiado con la irrupción de Unidas Podemos que, de forma permanente, apela a esa construcción de la nación fundamentada en los valores que nos convierten en ciudadanos iguales, libres, y, sobre todo, capaces de tener una existencia digna de ser vivida.

De repente otra visión de patria se enfrenta a la suya; una que se sustenta precisamente en los derechos de los que llamamos compatriotas. La patria que aplaude a sus sanitarios se contrapone a la que cloquea en esas chabacanas manifestaciones de los barrios ricos

Esta idea en la que particularmente se afana con denuedo Pablo Iglesias (y quizá lo dejemos demasiado solo) supone una cierta renovación del pensamiento de izquierdas que le disputa por fin el contenido de la palabra “patria” a la derecha ultra y la ultraderecha que hasta ahora se lo habían enseñoreado. De ahí su rabia.

De repente otra visión de patria se enfrenta a la suya; una que se sustenta precisamente en los derechos de los que llamamos compatriotas. La patria que aplaude a sus sanitarios se contrapone a la que cloquea en esas chabacanas manifestaciones de los barrios ricos. Un poema de Carol Bret dice que la palabra “patria” produce vergüenza ajena, pero no así “compatriota”, porque “un compatriota puede ser cualquiera”.

Sospecho que esa es la batalla principal de nuestros días y que de la resolución de esta tensión, que se percibe diáfana en cada intervención parlamentaria, dependerá en gran medida el futuro de nuestro país. Nuestro país: quizá haya que empezar a usar más esta expresión para no regalárselo a los otros. Y no solo eso. No permanecer en silencio ante los crímenes “patrióticos”, como en el caso de la guerra sucia contra Podemos. Lo que realmente debería provocar escándalo es el poco escándalo que provocó. Lo que debería producirnos miedo es el escaso miedo que produjo. Con qué naturalidad se aceptó.

En aquella Francia, frente a los que enarbolaban el racismo, Julien Benda escribió que había, en efecto, “dos razas morales”: los que se sienten obligados a pronunciarse desde los valores de justicia y verdad contra la barbarie y “los otros”.

Nuestra patria acoge a cualquiera. A todos los “cualquiera”. La suya es ese árbol del que solo ellos son parte imprescindible. La suya es una patria que no vacila en fumigar con el veneno de la mentira si considera que algunos brotes están infectados. O peor aún, en arrancarnos y quemarnos como matojos. Franco, que participaba de esa misma idea de patria, podó la mitad del árbol asesinando a las cientos de miles de personas que él veía como ramaje enfermo. Periódicamente, piensan, viene bien una buena poda. Eso somos para ellos, hojitas que se lleva el viento o que se pudren en el suelo haciendo mantillo.

Relacionadas

Corrupción
La otra cara del PNV
El Gobierno vasco cerró la legislatura con el derrumbe del vertedero de Zaldibar, que puso en entredicho su gestión de los residuos.
Corrupción
El Supremo investiga al rey emérito por la construcción del AVE a La Meca

“Dada la trascendencia institucional de la investigación”, indica el Tribunal Supremo, un equipo de cuatro fiscales proseguirá con las diligencias iniciadas en Anticorrupción por la construcción de los 450 km de AVE que une Medina con La Meca, en Arabia Saudí.

Balcanes
El coronavirus provoca una frágil tregua política en una Bosnia fracturada

El coronavirus ha apaciguado, por el momento, la situación de crisis permanente en la que sobrevive Bosnia. Un año y medio después de las últimas elecciones generales, todavía no se ha formado gobierno en un país que nunca se ha recuperado de la división que generó la guerra de la década de los 90.

5 Comentarios
#62714 13:54 8/6/2020

Malditas sean todas las patrias porque nacen de la idea de que la tierra pertenece a un pueblo, los pájaros se cagarán en todas vuestras patrias cuando la historia humana termine, que terminará

Responder
2
0
#62707 11:33 8/6/2020

Qué la lucha por el significado de "patria" es nuevo en la izquierda? Es que nadie se acuerda cuando la socialdemocracia alemana voto a favor de la primera guerra mundial por sentido "patriotico"? Los desastrosos resultados aún los vemos hoy. Meteros vuestras patrias donde os quepan.

Responder
0
0
#62696 10:09 8/6/2020

Siento vergüenza de los medio y perioditas, de este país, que han machacado a Podemos y en particular a Pablo, es vergonzoso que impidan avanzar a España y sigamos en manos de los poderes facticos, sean militares empresariales, religiosos y de políticos míserables, que sólo sirven sus intereses!!

Responder
3
0
#62515 9:47 5/6/2020

La guerra contra Podemos no tiene límites, lo siguen intentando

Responder
14
0
#62513 9:31 5/6/2020

Otra visión de patria.?, pero si no han dicho nada, ahora que están en el gobierno, sobre la corrupción de la casa real, de los 100 millones de monarca . Por no hablar de su abstención en la votación de la ley que permite cerrar direcciones web sin orden judicial....están para legitimar el régimen.

Responder
9
9

Destacadas

Elecciones 12 de julio (País Vasco y Galicia)
EH Bildu avanza frente a un PNV que sigue imponiéndose

Han sido las elecciones con la participación más baja de la historia del País Vasco: ha votado el 52,84% de los electores censados. Las coaliciones Elkarrekin Podemos-IU y PP-Ciudadanos se han desplomado, mientras que Vox ha conseguido un representante. EH Bildu ha conseguido ganar votantes (más de 23.000), el resto los ha perdido.

Elecciones 12 de julio (País Vasco y Galicia)
La izquierda se recompone radicalmente en Galicia: el BNG sube 13 escaños y En Común desaparece
El Partido Popular (42 escaños) gana con mayoría absoluta las elecciones de julio de 2020. La nueva política desaparece de un plumazo del Parlamento. El BNG obtiene un resultado histórico: 19 diputados. El PSdG completa el cuadro con 14 escaños.
Elecciones 12 de julio (País Vasco y Galicia)
Los principales datos de las elecciones en Galicia y País Vasco

Mayoría absoluta de Alberto Núñez Feijóo en Galicia. El PP ha ganado en todas las provincias. En el País Vasco, el PNV revalida su mayoría con 31 escaños y cuenta con volver a gobernar con el apoyo socialista.

Elecciones 12 de julio (País Vasco y Galicia)
Feijóo revalida la mayoría en Galicia. El PNV gana claramente en País Vasco

En pleno verano, y tras el pico de la pandemia del covid-19, las comunidades gallegas y vasca eligen sus próximos parlamentos autonómicos. Iñigo Urkullu y Alberto Núñez Feijóo aspiran a repetir mandato. En ambos parlamentos la mayoría absoluta está en 38 diputados.

Migración
Colectivos migrantes piden que el debate sobre regularización llegue al Congreso

El movimiento #RegularizaciónYa saluda que Unidas Podemos se posicione a favor de una regularización extraordinaria, y les invita a dialogar para avanzar en la Proposición No de Ley presentada hace unas semanas y rubricada por la formación, una propuesta que consideran más amplia que la que el partido hizo pública la semana pasada.

Coronavirus
Virus, cerdos y humanos: nuestra adicción a comer animales y sus consecuencias

Entre el 60% y el 75% de todas las enfermedades infecciosas que padecemos los humanos son de origen zoonótico. La comunidad científica alerta de que las epidemias de origen animal, en un 90% de casos relacionadas con nuestros hábitos alimenticios, serán cada vez más comunes.

Racismo
NBA y política, entre la implicación y la ambigüedad

La NBA nunca ha sido ajena a la política nacional e internacional, aunque sí ha sido ambivalente. En algunos casos, el empuje de las estrellas de la liga conduce a la liga a posicionarse; en otros, no hay más que una equidistancia culpable.

Crisis económica
La seguridad jurídica y la “reconstrucción” de la CEOE
Cuando los empresarios hablan de “innovación para salir de la crisis”, lo que vuelven a exigir es que se reduzcan aún más los impuestos a las grandes compañías, que el Estado siga subvencionando sus costes laborales y que se las rescate con fondos públicos.

Últimas

Urbanismo
El hotel de cala San Pedro recibe un dictamen ambiental negativo
El proyecto, que supondría la construcción de un complejo de casi 600 metros cuadrados con 11 habitaciones y 22 plazas, se considera “inviable”.
Contigo empezó todo
Los españoles antifascistas presos de la Inglaterra antifascista

En 1945, 226 presos españoles que habían pasado por campos de concentración en Francia acabaron siendo acusados por las autoridades británicas de colaborar con los nazis.