Cine
Halldóra Geirharðsdóttir: “Un papel para una mujer en el que apareces en todas las escenas y no tienes marido es algo extraordinario”

Halldóra Geirharðsdóttir es Halla en La mujer de la montaña, una película en la que se cruzan feminismo, crianza y activismo ecologista a través de la historia de su personaje, Halla. Geirharðsdóttir pone en valor el trabajo de las mujeres en su país y advierte: “Aunque lo parezca, Islandia no es el paraíso”.

La mujer en la montaña
9 mar 2019 06:00

Quedo con Halldóra Geirharðsdóttir a las 7.30h de la mañana vía Skype para hablar de La mujer de la montaña pero durante los treinta minutos siguientes hablamos de política, feminismo, activismo y educación. 

Geirharðsdóttir es la protagonista de la película dirigida por Benedikt Erlingsson, que ha ganado, entre otros, el premio Lux Prize y el Gran Premo del Público al Festival del Cine de Sevilla 2018. Crianza, medio ambiente y feminismo se cruzan en esta historia en la que Halla, una profesora de canto soltera e independiente de 50 años, declara la guerra a la industria local del aluminio que está contaminando su país. Para ello, toma todo tipo de riesgos con el fin de proteger el medio ambiente en Islandia, pero su situación podría cambiar con la llegada inesperada de una carta que da luz verde, por fin, a sus trámites de adopción de una niña. 

La mujer de la montaña llega a los cines el 8 de marzo, Día de la Mujer, con manifestaciones en todo el mundo y una huelga general convocada en varios países... ¿también en Islandia?
Para nosotras el día más importante es el Women’s Day Off, el 24 de Octubre. En 1975, unas 30.000 mujeres participaron en una gran manifestación para visibilizar el trabajo de las mujeres en todos los ámbitos y denunciar la diferencia salarial con respecto a los hombres. Si tienes en cuenta que en aquella época en Islandia vivían 220.000 personas, puedes imaginarte que la manifestación fue un éxito total.

Vigdis Finnbogadottir, presidenta de Islandia entre 1980 y 1996, fue y sigue siendo una persona clave en la historia del país.Cuando ganó las elecciones en 1980 se convirtió en la primera mujer jefa de Estado del mundo. ¿Tienes recuerdos de ese momento?
Nos conocemos personalmente y me acuerdo muy bien de ese día, aunque yo era muy joven. Estábamos todas muy emocionadas y seguimos estando muy orgullosas de ella. Para mi generación, Vigdis es un icono. Fue una gran presidenta y —atención— no fue votada porque era una mujer sino porque era la mejor candidata posible para ese puesto. Está claro que marcó un antes y un después.

No obstante, seguimos sin tener una ley en el Parlamento que exija la misma cantidad de hombres y mujeres en la política, en el trabajo y en todos los otros ámbitos. Considero interesante que el concepto de igualdad de género tiene que ser introducido de manera “forzosa” en nuestras vidas, porque parece que no tengamos escrito en nuestro ADN que hombres y mujeres deban tener los mismos derechos. Así que habrá que explicitarlo con reglas y leyes para que cambiemos radicalmente la manera de gestionar nuestras vidas. Ya es la hora.

Una de las frases más importantes pronunciadas por Vigdis Finnbogadottir es: “La llave para la emancipación es la educación”. ¿Crees que, de alguna manera, La mujer de la montaña tiene algo que ver con este tema sobre cómo educar a las futuras generaciones? ¿Y qué podemos hacer a este propósito, nosotros como adultos?
Tengo cinco hijos, soy abuela. Mi primera hija la tuve sola, con 20 años. He estado en el sistema escolar cinco veces, en cinco momentos generacionales diferentes. Mi hija mayor tiene 31 y el menor tiene 12. Tengo tres nietos, somos muchos. Puedo decirte, por mi experiencia de vida, que para ser una persona con un alma noble, tienes que entrenarte, y mucho. Si hemos cometido un error, siendo seres humanos, es que siempre intentamos coger la vía más corta hacía las cosas. Nos gustan los atajos. Cuando eliges la vía más corta, llena de atajos, seguramente tendrás que engañar a alguien en algún momento. Para convertir a nuestros hijos e hijas en personas nobles necesitamos educarles en evitar los atajos y en esto debería centrarse la educación de las generaciones futuras. ¿Lo estamos haciendo? Estoy convencida que los niños y las niñas de ahora no son diferentes de los niños de hace 200 años. Considero que el problema son los padres y la educación de los padres, no la de los niños. Nuestros niños y niñas son perfectos. Deberíamos empezar en educarnos a nosotros mismos. Somos nosotros, los adultos, quienes tenemos que tener la responsabilidad de educarles a ser seres humanos nobles. ¿Somos personas nobles?

El 21 de febrero, la activista climática Greta Thunberg, de 16 años, llegó a Bruselas para pronunciar su discurso y volver a avisar a la Unión Europea: el objetivo de reducción de emisiones de 2030 no es suficiente para parar el cambio climático. Greta, que debería estar en otro lugar, quizás, haciendo otras cosas siendo adolescente, ha ocupado un espacio que nosotros, adultos, hemos dejado vacío y además ha servido de inspiración para otros jóvenes.
La miro y pienso que es una especie de Juana de Arco. Es inocente y parece tener mucha luz. No sabría decirlo con otras palabras. Para mí es una figura increíble, verdaderamente especial. Deberían ser otros quien se preocupan de nuestro planeta. Ella no debería estar allí, es cierto. Entonces parece estar allí para nosotros, para despertar a los adultos en nuestro papel de educadores.

Durante toda mi carrera nunca había leído un papel como ese escrito para una actriz: apareces en casi todas las escenas, no tienes un marido o un novio, no tienes que desnudarte... es algo extraordinario

Volviendo a La mujer de la montaña, ¿participaste en la escritura del guión también?
No, no participé en el proceso de escritura y tampoco estaba previsto que participara ni siquiera en la película. Benedikt Erlingsson y yo somos amigos desde que tenemos 11 años y no hemos trabajado nunca juntos por el miedo que uno tiene a meter el trabajo en una relación familiar como la nuestra. Así que acepté la parte dos meses antes de empezar a grabar. Cuando leí el guión pensé: “Wow, fantástico”. Porque durante toda mi carrera nunca había leído un papel como ese escrito para una actriz, para una mujer. Me explico: apareces en casi todas las escenas, no tienes un marido o un novio, no tienes que desnudarte en ninguna escena. Es algo extraordinario.

La fuerza física para interpretar el papel de Halla es fundamental. Si fuiste elegida como actriz principal solo dos meses antes de grabar, me imagino que tuviste que entrenarte mucho y muy rápidamente para poder llegar en perfecta forma física al primer día de rodaje.
Soy una persona muy activa, así que en tres o cuatro semanas ya estaba lista para la primera escena. Me encanta el deporte y bailo mucho, me encanta bailar: empecé cuando interpreté el papel de la profesora de baile en Billy Elliot y desde entonces no he parado. Soy una persona física: esquío, corro, juego a voleibol, me gusta andar en la montaña. De hecho, creo que unas de las razones por la que Benedikt me eligió tiene mucho que ver con esta predisposición a la actividad física. 

¿Es correcto decir que hay un momento en la película en el que tu personaje tiene que decidir si salvar a todos los niños de la humanidad y del futuro o si salvar a la hija que está a punto de adoptar?
En Islandia decimos: “Se necesita un pueblo para que un niño crezca”. Trabajo mucho para Unicef y viajo mucho para ellos. He viajado a África, Perú, Uganda, Haití, Ecuador... así que estoy en contacto con niños y niñas que nos necesitan. Creo que todos tenemos que ser responsables de cada niño y niña de este planeta. Por otro lado creo, siendo madre, que no deberías ser activista si tienes hijos, si te pones en peligro constante y si actúas en contra de la legalidad porque es muy probable que acabarás en la cárcel. Así que desde mi punto de vista personal, creo que hay que hacer las cosas con cierto equilibrio, con cierto sentido de responsabilidad. Volviendo a la película, se trata de un momento interesante para la protagonista que tendrá que tomar una decisión: o deja de intentar salvar el mundo y cumple con su sueño de ser madre o sigue en su activismo renunciando a la maternidad. Me fascinó este momento en la historia.

En Islandia hubo una evolución hacia el feminismo, pero siguen vivas otras dinámicas machistas a veces tan sutiles, tan arraigadas, que ni si quiera somos capaces de reconocerlas

Resumiendo tu día a día: eres madre de cinco, abuela, actriz, bailas, trabajas para Unicef, viajas. Todo esto en tu país es posible.
En Islandia trabajamos mucho, pero nuestros trabajos están al lado de casa. Todo está cerca y algunas veces llegas a pensar que te gustaría que las cosas fueran un poco más lejanas para tener la excusa de moverte. Bromas a parte: tenemos tiempo para hacer las cosas, sí, porque nuestro rango de acción es muy pequeño y nos podemos organizar. Tenemos un gran sentido de la familia, nos conocemos entre vecinos, nos ayudamos, tenemos muchas oportunidades así que, si quisiésemos, podríamos convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos. Es un gran privilegio. Islandia no es el paraíso pero en general puedo decirte que somos optimistas y organizadas. Y esto ayuda mucho.

Angela Davis dice que “la libertad es una batalla constante”. Aun teniendo la posibilidad de convertirte en la mejor versión de ti misma, ¿qué piensas de esta frase?
Me doy cuenta que ocupo una posición utópica en mi pequeña isla, así que entiendo perfectamente desde qué perspectiva nos está hablando Angela Davis. “La liberad es una batalla constante”, sí, porque allí donde hubo un cambio, una evolución hacía el feminismo, siguen vivas otras dinámicas machistas a veces tan sutiles, tan arraigadas, que ni si quiera somos capaces de nombrarlas por el simple hecho de no ser capaces de reconocerlas. Hay que seguir luchando, es cierto. Desde una perspectiva feminista, considero que tenemos mucho trabajo que hacer todavía para eliminar definitivamente las diferencias que nos separan de los hombres, aquí en Islandia también. Repito: aunque lo parezca, no es el paraíso.

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1 Comentario
Anónimo 17:56 11/3/2019

Desde luego que Islandia no es ningún paraíso feminista. Marginan a las putas, prohiben el streaptease, el porno y ponen bajo sospecha todo lo erótico, con la excusa del radfeminismo. Si eso no es contrario a libertad, nada lo es.

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