Por un municipalismo autónomo de las subalternas transeuropeas

Cabe identificar algunos procesos que afectan a la mayoría de las metrópolis, ciudades y áreas rurales de la Unión y que ofrecen una puerta de entrada para un proceso fuerte de acomunamiento entre diferentes territorios europeos.

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publicado
2018-06-20 12:26:00

Hay un claro vínculo entre el ascenso de las coaliciones municipalistas en el Reino de España y las consecuencias políticas y éticas del sistema de movimientos nacido con el 15M a partir de 2011. El grito que exigía una “democracia real” contra el régimen de la austeridad neoliberal y que ocupó las plazas y las redes sociales ha tenido su descendencia en las coaliciones municipalistas creadas en 2014-2015. Esta genealogía es bastante manifiesta para los actores del nuevo municipalismo (con la excepción importante de Cataluña, donde en torno a las CUP ha habido un desarrollo municipalista original años antes del 2011), pero también queda clara si atendemos a los métodos (democracia de base y en red, acción directa colectiva, primarias transparentes con candidaturas abiertas, realizadas con sistemas de cómputo de código abierto, códigos éticos para los y las candidatas, relativos a los límites de remuneración y a la abstención de toda práctica corrupta o venal, habituales en la profesión) así como a los contenidos (una democracia municipal más directa, una propiedad y gestión municipal de los principales servicios municipales, las luchas por la vivienda digna y contra los desahucios –que incluye las ocupaciones de viviendas vacías de bancos y sociedades inmobiliarias–, los centros sociales autogestionados –productos de ocupaciones colectivas de equipamientos vacíos– como momentos de una institución del común municipal). Al fin y al cabo, bien podríamos decir que, junto al nuevo movimiento feminista global, las experiencias municipalistas son las únicas creaciones políticas que continúan albergando potencialidades que informan los prototipos de una democracia revolucionaria.

Conviene aclarar que el municipalismo no puede quedar reducido a sus derivadas gubernamentales y representativas, sin dejar de tener presente que al mismo tiempo éstas han de ser consideradas como desafíos tácticos necesarios para la transformación de los sistemas políticos en un sentido radicalmente democrático. El asunto municipalista atañe fundamentalmente a los modos en que las luchas populares y la cooperación social liberada pueden inventar nuevas instituciones democráticas de contrapoder, capaces de imponer medidas de justicia social y de derrotar duraderamente a los regímenes neoliberales de “extremo centro”, así como a los nacionalismos racistas y fascistas.

Sin embargo, no resulta fácil traducir estas cuestiones a los contextos europeos concretos, tanto en los planos de cada Estado nación como en el de las batallas contra la gobernanza de la UE. No obstante, cabe identificar algunos procesos que afectan a la mayoría de las metrópolis, ciudades y áreas rurales de la Unión y que ofrecen una puerta de entrada para un proceso fuerte de acomunamiento entre diferentes territorios europeos. Tanto la dictadura comisaria de la austeridad (Bruselas, Berlín, Fráncfort) como las organizaciones del capitalismo financiero euroatlántico son responsables del deterioro generalizado de la vida urbana en todo el continente:

a) el Pacto Fiscal se ha convertido en un mecanismo de gobierno, en una cadena de mando vertical que permite a los gobiernos nacionales neoliberales controlar el gasto municipal mediante medidas concretas de imposición fiscal, por encima de la voluntad democrática de los consejos municipales y de las demandas organizadas de las luchas populares; para la mayoría de municipios, incluidas las grandes metrópolis europeas, esto se traduce en la imposibilidad de llevar a cabo cualquier tipo de políticas sociales de calado y, de hecho, significa el final de la autonomía de los gobiernos municipales. La narrativa de la Comisión y del Consejo Europeo es hipócrita, cuando no practica el peor de los cinismos capitalistas: la Carta de Leipzig de 2007, la Agenda Territorial del mismo año, son documentos que reconocen en las ciudades la nueva forma de la producción del valor y su vínculo con la cooperación, las redes sociotécnicas y la solidaridad, pero callan miserablemente sobre las fuerzas desatadas y poderosas que usan tales condiciones para extender el dominio, la explotación, la segregación; al mismo tiempo, asignan a las autoridades locales el papel de movilización (gratuita y subordinada) de las poblaciones y la promulgación de ordenanzas para la consecución de los objetivos de “desarrollo sostenible” de 2030;

b) al mismo tiempo, tanto las corporaciones del capitalismo de plataforma digital, como Amazon, AirBnb, Uber, Cabify, Deliveroo u otras, y los fondos de inversión global utilizados por los grandes bancos euroatlánticos (con la completa bula fiscal de las autoridades a todas las escalas), están colonizando y estructurando el espacio-tiempo urbano con una fuerza brutal. Sobre todo en los países del Sur europeo (sometidos a la especialización en servicios de baja calidad y alta explotación de la fuerza de trabajo, en el sector de la construcción e inmobiliario dentro de la división europea de los sectores de explotación del común urbano), la nueva burbuja inmobiliaria parece centrarse en estas economías urbanas de gentrificación, turistización de los centros históricos, museificación (hasta lo esperpéntico en ciudades como Málaga) y vivienda residencial (con una burbuja de alquileres devastadora en las principales ciudades del Reino de España). Estos fondos de inversión y vehículos fiscales (como las Socimi, legalizadas por el gobierno socialista de Zapatero antes de la crisis de 2007-2008) están llevando a cabo una inmensa y desatada expropiación de riqueza desde las clases populares a los grupos de rentas más altas de origen financiero, al mismo tiempo que cometen un sabotaje fiscal, social y medioambiental delante de nuestras narices;

Este municipalismo transeuropeo está por construir, y se basa más en las nuevas formas de sindicalismo social de las y los subalternos que en sus derivadas electorales

c) este sabotaje fiscal, unido a la eliminación de toda autonomía de gasto y recaudación de los municipios, conduce “naturalmente” a la promoción de una serie de privatizaciones y “externalizaciones” de servicios e instalaciones municipales esenciales, desde las empresas de suministro de agua a los sistemas de transporte, los polos logísticos o los servicios de recogida y tratamiento de residuos;

d) por otra parte, el deterioro general de la vida urbana para las clases populares es una ventana de oportunidad para las fuerzas de la derecha racista y fascista, en sus distintas variantes en ascenso en toda Europa. Los discursos, las acciones y agresiones contra las personas no blancas, los refugiados, los trabajadores urbanos informales migrantes, sacan provecho de las condiciones creadas por el efecto combinado de las medidas de austeridad fiscal y de devaluación salarial, por la destrucción de la protección social y el racismo estructural de las políticas de fronteras, las leyes de extranjería, sin dejar de lado el papel del sistema de los media vigentes en la UE.

En esta situación, no resulta exagerado afirmar que, a diferencia de los espacios e instituciones políticas del Estado nación, cada vez más dominados por el populismo tóxico de las derechas y los enfrentamientos entre distintas fuerzas del trabajo (en lo nacional, en el género o en los dispositivos de racialización), los municipios, las ciudades y los paisajes metropolitanos de Europa nos ofrecen una serie de isomorfismos que nos permiten aferrar la posibilidad de emprender el municipalismo como una llave de construcción de luchas europeas reales, coordinadas, en red, contra las redes centralizadas del capital financiero y contra los centros de poder de la dictadura austeritaria en Europa –y en esa misma medida como una llave de destrucción del resistible ascenso de las fuerzas fascistas en el continente.

Este municipalismo transeuropeo está por construir, y se basa más en las nuevas formas de sindicalismo social de las y los subalternos que en sus derivadas electorales, y tiene su asidero en los isomorfismos del capital, material e inmaterial, fijo y circulante (Europa es geográfica, topológica y económicamente una red de mundo pequeño), en los isomorfismos actuales de la explotación y el extractivismo urbano y metropolitano (descritos más arriba) y en los isomorfismos revolucionarios contenidos en las forma de sistema red que se han dado los movimientos y las luchas desde 2011.

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