Municipalismo
Municipalismo gallego. Análisis, retos y perspectivas de futuro

Del 12 al 15 de octubre tendrá lugar el III Encuentro de Municipalismo, Autogobierno y Contrapoder, Mac3, en esta ocasión, en A Coruña. Tras dos años de candidaturas municipalistas ya toca hacer balance de los logros y límites de este experimento político. De aquí al Mac3 vamos a dedicar, por lo tanto, nuestro nuevo blog, Palabras en Movimiento, a compartir líneas de debate que, entendemos, pueden alimentar los múltiples debates de las jornadas, en relación a la libertad de movimiento, los comunes y las remunicipalizaciones, la nueva burbuja inmobiliaria, la deuda, la sostenibilidad y el medioambiente, el problema de la organización, los poderes fácticos, el feminismo municipalista, la movilidad, los desafíos de la comunicación o la defensa de los centros sociales.

Municipalismo gallego 1
A Coruña: Manifestación contra la venta y privatización de la fachada marítima. Sandra García Rey
Brais García Fernández
Grupo de Relato de la Marea Atlántica

publicado
2017-10-05 18:12:00

El terremoto municipalista que recorrió el Estado el 24 de mayo de 2015 tomó forma de maremoto en Galicia. Buena parte de los ingredientes de la ola de cambio procedían de los temblores del 2012, en las elecciones al Parlamento de Galicia, donde AGE supo leer como pocos los ecos del Nunca Máis y la lección de radicalidad democrática del 15M. Asimismo, las luchas sociales por la vivienda, las luchas estudiantiles, el movimiento okupa, las protestas ecologistas y la fuerza del movimiento feminista llevaban años de empoderamiento activista, clave para entender el maremoto. El tercer ingrediente, que conllevó un salto cuantitativo y cualitativo, fue la aparición de Podemos y la incorporación de decenas de personas no activas políticamente, incorporación trascendental que se tradujo en una interpelación electoral ganadora.

En mayo del 2015, el municipalismo gallego consiguió el gobierno de tres de las ciudades más importantes del país, A Coruña, Santiago y Ferrol, dejando importantes gobiernos y grupos de oposición en ciudades y pueblos de todo el territorio.

Los análisis sobre el asalto institucional en el Estado son prolíferos, y el municipalismo gallego los comparte en buena medida: la crisis económica, el 15M, la construcción de candidaturas participativas, la confluencia de diferentes fuerzas políticas y la interpelación a personas no organizadas en partidos son algunos de los factores explicativos. Ahora bien, existen también algunas peculiaridades, tanto de contexto como de proceso, que condicionan nuestros pasos.
La cuestión nacional, con sus diferencias respecto a Catalunya o Euskal Herria, marca un contexto determinante. Un territorio periférico, con una lengua propia aislada institucionalmente, con una estructura económica poco industrializada y extractivista, donde se desarrollan lógicas de colonialidad. Una estructura social con una población rural numerosa, aun con el continuado éxodo rural, una población especialmente avejentada y una emigración juvenil preocupante, definen parte del complejo panorama.

La cuestión nacional, con sus diferencias respecto a Catalunya o Euskal Herria, marca un contexto determinante.

Consecuentemente, los movimientos y partidos políticos muestran características reseñables. El Partido Popular gallego, que juega a ser un partido en las ciudades y otro en el resto del territorio, es partido-régimen regionalista, con unas prácticas caciquiles y una implantación social poco equiparables, compatibilizándolo con tramas de corrupción más modernizadas y semejantes a otras latitudes. El PP gallego logra así combinar el caciquismo más decimonónico con el neoliberalismo de cara amable, anulando a Ciudadanos, partido inexistente en Galicia, y consiguiendo decenas de alcaldías de pueblos pequeños y medianos, a la vez que la única mayoría absoluta de una Comunidad Autónoma. Por otro lado, el espacio de las izquierdas se encuentra hiper fragmentado, siendo la cuestión nacional origen de roces y divisiones, que se suma a las ya conocidas fricciones, entre nueva o vieja política y el clásico reforma o ruptura. Aun así, esta situación de fragmentación y debilidad compartida se tradujo en algunas candidaturas en respuestas creativas y ganadoras. La generosidad de los partidos y la aparición de personas y liderazgos autónomos favorecieron la configuración de proyectos liderados por la ciudadanía, donde los partidos se situaron como motores auxiliares imprescindibles, resultando experimentos innovadores y exitosos de confluencia y no solo de coalición.

A dos años de la entrada de la plaza en el pazo, las conquistas y éxitos políticos ya se pueden contrastar. La implantación de políticas participativas y de coproducción, la apertura de espacios culturales y ciudadanos más allá de lógicas mercantilistas, las políticas redistributivas y de justicia social como la Renta Social Municipal; la remunicipalización de algunos servicios, el freno a las políticas urbanísticas de especulación, la promoción de proyectos de economía social, las políticas públicas feministas y el empoderamiento de la comunidad LGTBQI o los cambios en movilidad y medioambiente, son algunos de los cambios ya palpables en las ciudades rebeldes gallegas. Además, un ejercicio de oposición inteligente que recorre decenas de ciudades y pueblos, visibiliza que el cambio institucional no es un fenómeno efímero y urbano, sino que tiene bases para seguir creciendo e implantándose en la política gallega.

Si no somos capaces de hacer de estos cambios dinámicas irreversibles y con vida propia habremos perdido buena parte de la batalla.

De todos modos, son muchos los deberes que quedan por hacer. Las ciudades del cambio tienen que ser ciudades en las que se viva mejor, y para ello cabe atajar los problemas de vivienda y de exclusión social, la pobreza y la precariedad, aun siendo conscientes de los estrechos márgenes competenciales de los municipios. Tenemos que innovar en lo jurídico para bordear los límites de la institución y desbordarlos, también desobedeciendo, cuando así sea necesario. Tenemos que dar cambios en el espacio público, para que sea agradable y escape de las lógicas depredadoras del neoliberalismo. Tenemos que poner en práctica, y no solo discursivamente, afectos, cuidados y feminismo, construyendo ciudades más justas, que promuevan la igualdad y respeten y protejan la diversidad. Tenemos que frenar la lógica privatizadora y austericida, ahondando en las remunicipalizaciones y defendiendo a los trabajadores y trabajadoras. Tenemos, en definitiva, que profundizar los cambios ya iniciados y poner siempre la vida en el centro del debate y de la solución. Si no somos capaces de hacer de estos cambios dinámicas irreversibles y con vida propia habremos perdido buena parte de la batalla.

Afortunadamente, existe vida más allá de la institución. Las características de los movimientos municipalistas son especialmente volubles y dispares según el lugar y el momento político. No obstante, han aparecido dinámicas movimentistas y de desborde(s) poco explorados, que junto a un discurso bien armado, han situado con frecuencia al municipalismo gallego como referente. En algunas candidaturas estas lógicas han mostrado interesantes ejemplos de desborde institucional y partidista, siendo la defensa del borde litoral de A Coruña uno de los más recientes. Además, las dinámicas de las candidaturas, quizás partidos movimiento en potencia, han sido acompañadas por metodologías de mediación claves en el crecimiento y maduración de las mismas, poniéndose con el foco en los procedimientos. Ahora bien, solo podremos seguir consolidándonos si aceptamos la enorme distancia entre discurso y práctica, sin conformarnos con los avances realizados por importantes que sean. No podemos olvidar tampoco que lo institucional debe ser un frente más, pero ni único ni finalista, y si dejamos de lado la construcción de prácticas de autogobierno y contrapoder estaremos perdidos y débiles cuando este ciclo cambie.

El asalto institucional ha supuesto una pérdida mayoritaria de los cuadros más activos de las candidaturas, los cuales ya habían abandonado en buena medida los movimientos sociales. Tenemos que repensar y profundizar la regulación, creativa, de las relaciones institución- candidaturas municipalistas-movimientos sociales, porque la improvisación solo lleva a la toma de decisiones no democráticas y a la priorización de lo urgente sobre lo importante.
Asimismo, tenemos que abordar abiertamente las problemáticas de los saltos de escala del municipalismo. Sin duda nacimos para cambiarlo todo y eso nos hace conscientes de la necesidad de tejer alianzas y participar en proyectos multiescala. La enriquecedora experiencia de Mareas en Común, base de la constitución de En Marea como proyecto de confluencia que superaba la coalición, tuvo sin embargo un resultado amargo, dejando por el camino muchas heridas que siguen sin cerrarse. Creo que no debemos caer en el localismo, pero las decisiones sobre los saltos de escala deben de ser tomados de forma abierta y democrática, valorando a quién dejamos atrás y para qué los hacemos.

Lo institucional debe ser un frente más, pero ni único ni finalista, y si dejamos de lado la construcción de prácticas de autogobierno y contrapoder estaremos perdidos y débiles cuando este ciclo cambie

Resumiendo, parece que los retos más relevantes del municipalismo gallego están en consolidar los proyectos de gobierno y conseguir de las candidaturas de oposición futuros alcaldes y alcaldesas, profundizar en las políticas realizadas, abordar los problemas de las confluencias, reforzar su carácter movimentista y, en definitiva, continuar democratizando, redistribuyendo poder y recursos, tanto en nuestras organizaciones como en la sociedad.

Por último, frente a lo que parece el desfallecimiento del régimen del 78, cabe analizar con astucia nuestro papel como fuerzas también destituyentes, para contribuir al fin del régimen y, ojalá, a la apertura de procesos constituyentes y a la creación de repúblicas.

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