Un himno para recibir a Donald Trump

Reino Unido se prepara para un maratón de movilizaciones durante la visita del presidente norteamericano el fin de semana y ha relanzado “American idiot” para darle la bienvenida.


publicado
2018-07-13 11:27:00

Donald Trump ya está en el Reino Unido. Mientras se revelaban los detalles de la visita del presidente estadounidense —degradada de “visita de Estado” a “visita de trabajo” para mitigar las protestas— se dio a conocer la banda sonora de la cena de bienvenida del jueves en el Palacio de Blenheim, amenizada por una banda militar interpretando hits de ambos países, de Elvis a James Bond.

Los contrarios a Trump también tienen la suya. Una campaña ha llamado a hacer “American idiot” de Green Day el número uno de las listas durante el fin de semana.

Solo faltaba un himno para el “Carnaval de Resistencia” que se espera suponga la mayor movilización en el Reino Unido desde las protestas a la intervención británico-estadounidense en Iraq en 2003. “Será una verdadera celebración de la diversidad que queremos en Reino Unido, y enviará una fuerte señal de que su discurso de odio y de divisiones no es bienvenido en este país”, ha declarado Chris Nineham, de la Stop The War Coalition (la coalición Detengan la Guerra).

El globo de un “bebé furioso” sobrevuela Westminster autorizado por el alcalde de Londres, Sadiq Khan. El de Sheffield, directamente, ha optado por vetarle. Aunque con actos en la capital, el plan es mantener a Trump lo más alejado posible de Londres. El encuentro con la primera ministra Theresa May tendrá lugar en la residencia de Chequers, a 70 kilómetros, mientras que con la reina Isabel II lo hará en el castillo de Windsor, antes de viajar a Escocia. Glasgow y Edimburgo serán puntos neurálgicos de las movilizaciones.

Con Trump ha vuelto la canción protesta. La canción como medio de denuncia como hace tiempo no se utilizaba. Liderada por la nueva ola latina, con nombres como Hurray For The Riff Raff, Helado Negro o Xenia Rubinos, pero trascendiendo géneros y fronteras. Como prueba, la iniciativa “Our First 100 Days”. Cien canciones para los cien primeros días de mandato, con la diversidad de Angel Olsen, Kate Tempest, Jen Cloher, Jay Som o Protomartyr.

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En el Reino Unido se ha optado por escarbar y rescatar la canción lanzada por Green Day en 2004 en plena psicosis terrorista norteamericana en los tiempos de Bush hijo. Durante la última semana, “American idiot” ha liderado las descargas digitales a través de Amazon y escala puestos en iTunes, aunque la euforia mundialista vivida en Inglaterra durante las últimas semanas le ha hecho enfrentarse a una dura contrincante, “3 Lions”.


Tomarse en serio a Green Day como estandarte de la oposición a Trump se antoja casi más complicado que tragarse las peroratas de Bono. Y los impulsores lo saben. “Sí, sabemos que Green Day ya son millonarios. No, no tienes que involúcrate. Sí, de todas formas, lo hacemos. No, no queremos elegir otra canción. Sí, ponemos todos los enlaces al mismo tiempo”. Se puede leer en uno de los posts de la campaña.

Ocho décadas de protesta

¿Es, entonces, “American idiot” una canción protesta? Sí. Al menos, si nos atendemos a los preceptos de Dorian Lynskey en su libro 33 revoluciones por minuto. Historia de la canción protesta (Malpaso, 2016). La rescatada canción cierra la lista elaborada por el periodista de The Guardian, que abre con Billie Holiday cargando contra el linchamiento a los negros en el Apollo de Harlem entonando “Strange Fruit”. Era 1939 y la canción escrita por Abel Meeropol, judío y comunista, elegida la canción del siglo por Time, se convertiría en “la Marsellesa de los explotados del Sur“ para el New York Post.


Siempre asociada al folk norteamericano, al soul y el reggae, al punk o el hip hop, y no tanto al pop, el recorrido por la canción protesta de Lynskey incluye a Woody Guthrie, certero francotirador con su máquina de matar fascistas, al ‘judas’ Dylan del salto del folk al rock con “Masters of war”. Phil Ochs, Pete Seeger o Steve Earle. Nina Simone cantándole a Malcolm X en “Mississippi goddam” y Sam Cooke, con el ‘buenrollismo’ pertinente, a Martin Luther King en “A change is gonna come”. Gil Scott-Heron. The Clash contra la apatía blanca en “White Riot” o Public Enemy llamando a la acción directa en “Fight the power”.

El colega de Lynskey en The Guardian, Dave Simpson, publicaba esta semana una lista alternativa para acompañar “American idiot”. Entre ellas “Another brick In the wall” de Pink Floyd, “My President”, oda a Barack Obama de Young Jeezy y Nas o “Get back” de los Beatles. Simpson solicitaba la contribución de los lectores y las aportaciones ya se cuentan por miles.

¡Ding Dong! (La bruja ha muerto)

Sí un artista personifica la canción protesta británica es Billy Bragg. La misma tarde del discurso inaugural de Trump, rehizo el clásico de Dylan “The times they are a-changing (back)” y en la versión actualizada de “Waiting for the great leap forwards” sentencia que “los tiempos no han sido tan malos desde la época de Thatcher”.


En la nación más pop, nadie ha inspirado políticamente la escena musical como Maggie, a la que no cuesta imaginársela en un más que cordial encuentro con Trump en la campiña. El propio Bragg fundó el colectivo de músicos Red Wedge y su activismo anti Thatcher dejó canciones como “Between the wars” —cuyo single contaba con una versión de la americana “Which side are you on?”– o “Thatcherities”.

Robert Wyatt y Elvis Costello escribieron en “Shipbuilding” un manifiesto en contra de la Guerra de las Malvinas. Con “Ghost Town” y “Town called Malice”, los Specials y The Jam retrataron el paisaje urbano desolado por los recortes sociales y las políticas ultraliberales. Paul Heaton, el hombre a la izquierda de la izquierda que no vota Laborista desde el 87, lo hizo en “A good old fashioned town”. Television Personalities la ningunearon en “She’s only the grocer’s daughter” y Morrissey se dejó de sutilezas en “Margaret on the guillotine”. Aunque nadie lo hizo antes que The Beat, que en el primer año de mandato ya arengaban “Stand down Margaret Thatcher”, ni con la pachorra de Darren Hayman, con Hefner, en “The day that Thatcher dies”.

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El Thatcherismo desmonta el mito del pop como arma socialmente inofensiva. Los grupos de la C86 recaudando fondos en las huelgas mineras, los marxistas McCarthy, el mestizaje 2 Tone, la escena heavy e incluso los Manics con sus postales de una Gales degradada, antes de mutar a la radiofórmula, otorgaron combatividad al género.

Muy vigente sigue lo de Hard Skin. “Still Fighting Thatcher”, en la era Trump.

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