Ciencia ficción
Ursula K. Le Guin todavía es la feminista radical que necesitamos hoy

La activista Adrienne Maree Brown comparte su flagrante amor por la escritora visionaria, aquí y en el documental Mundos de Ursula K. Le Guin.

Ursula K Leguin Euan Monaghan
Ursula K. Leguin Fotografía: Euan Monaghan
3 sep 2019 06:00

Ursula K. Le Guin es una de las grandes creadoras de mundos jamás puestos en papel. Se adentró en lo divino que le da forma al mundo para diseñar universos en nuestros imaginarios, y después compartió sus imaginarios hasta que estos comenzaron a cambiar el mundo, este mundo.

“Oponerse a algo es mantenerlo… debes ir a algún otro lugar; debes tener otro objetivo; entonces empiezas a andar otro camino” escribió en La mano izquierda de la oscuridad.

Espero que mi devoción y adoración en el documental Mundos de Ursula K. Le Guin no resulten demasiado fervientes. Y espero que quede claro como el agua: esta escritora nos dio años donde escribió tres novelas, cuentos y ensayos que ganaron premios prestigiosos mientras criaba tres hijos. La aprecio mucho. Para mí, ella es Beyoncé.

Le Guin fue rechazada muchas veces antes de que nadie la publicara. Comparte esto con Octavia Butler, y más recientemente con el ganador del premio Man Booker, Marlon James. Quizás después de tanto rechazo se haga más fácil renunciar al mundo normal o, en el caso de Le Guin, al literario. Mientras recibía todos esos rechazos, Le Guin se lanzó hacia lo extraño y subversivo y revolucionario. Quien sea que acepte finalmente tu trabajo, está aceptando lo que insististe en crear. Las personas que aceptaron finalmente el trabajo visionario de Le Guin estaban en el ámbito de la ciencia ficción —la primera persona que le editó acababa de estar trabajando con Samuel R. Delany, el encantador dios de la fantasía compleja y la escritura sexual.

Su clásico de utopía/distopía anarquista, Los desposeídos, es un texto indispensable para los movimientos. Ella no toma el camino fácil

Hablando de linaje, el taoísmo de Le Guin está entretejido en todas las facetas de su cosmología. Es apasionante haberme cruzado con su traducción del Tao Te Ching, justo en el momento en el que luchaba por alcanzar la profundidad del texto —e incluso más apasionante ver cómo da vida a esas ideas una y otra vez en Los desposeídos, en Tehanu, en El eterno regreso a casa. Cada uno de esos mundos es tan diferente, y a pesar de ello el taoísmo está presente de manera transversal en todos esos imaginarios: sus personajes siempre están aprendiendo la paciencia, el descentramiento del ser, renunciando a la idea de un camino conocido, una vocación de destino.

La obra de Le Guin cambia el camino disponible a quien la lee. Su clásico de utopía/distopía anarquista, Los desposeídos, es un texto indispensable para los movimientos —también es una puerta fundacional de entrada a sus mundos. Ella no toma el camino fácil, y no nos permite, al leerla, situarnos lejos de la pregunta central del texto. Hacia el final es necesario que hayas respondido dentro de ti lo que para ti significa la libertad. Es necesario saber lo que harías para ser libre, a lo que renunciarías y lo que reclamarías. Es un texto valiente, un texto de quien lucha. Es una artística crítica tanto al capitalismo como a sus críticos sin sacrificar ninguno de sus beneficios. Nos está señalando y riendo. También está señalando hacia la libertad e invitando.

Aprecio la paulatina apropiación de Le Guin del feminismo como un movimiento: no solo como pensamiento filosófico, sino como una manera de leer y vivir y escribir. Ella ejemplifica el feminismo al que creo que tantas mujeres heterosexuales como ella aspiran —ser iguales, mientras comparten el trabajo doméstico y el de la vida con hombres (en vez de sostener más trabajo con menos apoyo y menos reconocimiento).

Es hermoso ver a su marido Charles como un hombre feminista en práctica. Le Guin encontró un amor que creció con ella, y, en el rol de escritora/esposa/madre, Le Guin se convirtió en una radical en la manera que creo que la mayoría de personas se convertirían si se les permitiera suficiente tiempo y espacio de reflexión consigo mismas. Lo político de Le Guin aún nos empuja hacia delante. Con un guiño y una sonrisa, ella aún nos enseña.

Encuentro muy apropiado que sus últimos actos públicos fueran anticapitalistas y manifiestos. Cerremos esta nota de amor con algunas de sus brillantes palabras pronunciadas en la ceremonia de entrega de los premios de 2014 del National Book Awards: “Vivimos en el capitalismo. Su poder parece invencible. Aun así, el divino derecho de reyes también lo parecía”.

yes magazine
Artículo original: Ursula K. Le Guin Is Still the Radical Feminist We Need Today. Traducido para El Salto por Sara Carrasco Granger 

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3 Comentarios
#46541 5:58 30/1/2020

¿Qué fue lo radical? ¿Marchó con los pechos descubirtos y vandalizó espacios públicos o cómo?

Responder
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#39034 18:31 3/9/2019

La más grande.

Responder
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1
Lino Moinelo 18:09 3/9/2019

Creo que si algo hace falta en el mundo desde hace tiempo son menos radicales, de cualquier tipo

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