“La política forestal actual en España es de poca inversión y nada de constancia”

Álvaro Hernández Martín es viverista forestal desde hace 20 años. Ha visto la burbuja forestal y su recesión; sus consecuencias: los peores incendios de últimos tiempos por la ineptitud. Lleva desde 1985 apagando incendios. Desde que tenía 15 años ha dedicado su tiempo y sus recursos a su extinción.

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Álvaro Hernández Martín es viverista forestal desde hace 20 años.

Durante más de 20 años has vivido distintos planes de reforestación y la burbuja forestal. ¿Qué ha supuesto y qué consecuencias ha tenido?
En estos 20 años lo que ha habido ha sido la reforestación de la PAC [Política Agraria Común]. Sobre la ley en sí, en el papel estaba muy bien porque metían más de 20 especies autóctonas. El problema ha sido posterior, cuando el funcionario, el ingeniero, el forestal de montes o incluso el propietario lo ha simplificado y, en vez de poner diez o doce especies, ponían solo pino, encina, coscoja y acebuche. En algunos casos había excepciones y más variedad, pero han sido pocas.

El problema general de las reforestaciones es que son monoespecíficas –una sola especie– y es el mismo error que se producía en tiempos de Franco, cuando solo se plantaba pino o, en algunos casos, solo se planta encina, y eso trae sus consecuencias en cuanto a biodiversidad o incendios. En definitiva, el ser humano no se quiere complicar; es cuestión de mediocridad absoluta porque no se esfuerza. La cuestión es que han sido prácticos a corto plazo y es una forma simplista de hacer las cosas.

Básicamente, a menos variedad de especies, menos costes, menos mano de obra y menos planificación, por lo que aumentaban los beneficios y se rentabilizaba más. Lo ilógico de esto es que el precio de las especies de matorral se establecían más altos que el de otras especies; es decir, meter matorral era premiado pero, si podían poner después la encina, se metía la encina. Con los pinos se daba poco dinero, pero con las arbustivas siempre daban algo más. Con la encina ya se sacaba rentabilidad y si, por ejemplo, ponían arbustivas, ya lo tenían todo controlado y así todo el mundo ganaba dinero.

Hay un caso curioso con las encinas, dado que, si solo las plantas en ciertas zonas, los topillos se van comiendo las raíces y van matando la planta ya establecida durante ocho a diez años.

Hubo empresas que tiraron los precios, como una que ya no existe que se llamaba Dehesa o bien Carrasco. Estas arrastraban a que bajáramos precios y no tenían plantas de calidad, dado que solían morir casi recién plantadas por inadaptabilidad al medio y sin fertilizar ni percutar. Otra de ellas fue Genforsa, de Castilla-La Mancha, que incluso se hizo con subvenciones de la comunidad autónoma y en su momento dejó los viveros abandonados. Se sacó dinero a machete de donde se podía.

Otra de las barbaridades que se hacía era que, al planificar la plantación, se establecía una densidad determinada, pero al llegar al terreno había zonas en las que no se podía plantar porque era pedregosa o bien el terreno estaba pendiente. Para evitar perder parte del dinero de las subvenciones, aumentaban la densidad de la plantación.

¿Cómo han afectado las sucesivas reformas de las leyes de montes al incremento de incendios y a la prevención?
La Ley de Montes en sí no afecta a si se va o no a recalificar. Hay problemas más prioritarios, como un plan forestal que no existe y en el cual, las zonas que han sido quemadas varias veces, deberían ser reguladas como zonas de especial protección y que habría que reforestar. Quizá lo más ruinoso ha sido cómo se ha aplicado en Cantabria y Asturias, donde han dejado a los ganaderos meter ganado al año de quemar y eso ha dado pie a que la gente se pusiera como loca a quemar el monte para poder meter ganado con la complicidad de los partidos mayoritarios.

El aumento de los incendios ha sido culpa de la sociedad en sí, de los que no tienen conciencia, del desconocimiento absoluto y de la desconexión natural con el bosque. La mayoría de las veces, el incendio no prende si el hombre no quema. Los incendios naturales, como por ejemplo por rayo, suelen ser mejor controlados que los provocados.

Por otro lado, hay un gran debate ahora sobre si el monte está sucio o si hay que limpiarlo. El monte en sí no está sucio si tiene una biodiversidad adjunta. Es precisamente esta biodiversidad la que protege al propio bosque contra plagas, enfermedades e incendios.

La Sierra de Espadán, en Castellón, es una maravilla biológica porque, en 40 metros cuadrados, puedes encontrarte olivillas, acebuches, cornicabras, pino, encina, romero… Esa diversidad, si se quema, vuelve a regenerarse. Si esa sierra la quemas diez veces consecutivas en diez años, al final tendrías un aulagar o un jaral [matorrales bajos de jaras o aliagas que dan paso a un mayor empobrecimiento en biodiversidad y que están preparadas para ser quemadas. El fuego les permite rebrotar con más fuerza tras un incendio y desplazar a las comunidades vegetales preexistentes]. Pero si zonas en las que se ha ido introduciendo el monte poco a poco y que han sido abandonadas por el hombre se protegen, se puede llegar a tener montes muy interesantes.

Otra cosa son las zonas que han sido quemadas durante cortos periodos, en donde te puedes encontrar con una regresión como un jaral o un retamar, ya sea de alta o baja montaña. Esos sitios son los que habría que reforestar y los que habría que plantearse limpiar e ir metiendo especies autóctonas y diversas de la zona.

Al margen de las leyes de montes, se deberían cambiar muchas leyes para que la gente no prendiera fuego tan a la ligera y les saliera gratuito, como está pasando actualmente en todas las zonas de la cornisa cantábrica y parte de Galicia. Hay muchos intereses, por los que no puedes acusar directamente a una persona, aunque sepas quién ha sido, sobretodo en poblaciones pequeñas. Hay madereros que se benefician, ganaderos, montes privados para el uso de biocombustible que tan de moda se está poniendo… Y las penas son mínimas, tres o cuatro años a lo sumo, y si no te pillan con las manos en la masa no te van a poder procesar.

A mi me sorprende mucho que, con las tecnologías que hay ahora de drones y de vigilancia, no se haga nada. Se podría pillar a mucha gente, pero hay demasiados intereses y poca voluntad de acabar con esto.

Al margen de tu trabajo como viverista, eres voluntario en la extinción de incendios. ¿Qué iniciativas has tomado? ¿cuál ha sido tu trayectoria y que labores realizas actualmente?
Como voluntario forestal apagando incendios llevo más de veinte años. De hecho, con quince años ya estaba apagando incendios con una mochila. Dentro de poco tendré 47. En aquella época no te decían nada, pero, actualmente, si fuera un niño de 15 años, lo más seguro es que me echasen de los incendios.

Me planteé montar una bomba de agua cuando el vivero iba bien. Compramos una bomba de alta presión de 500 litros para rápida intervención. Trato de ayudar en todo lo posible para que no se vengan abajo zonas que el hombre quema de forma accidental, por negligencia o intencionadamente.

A veces hemos tenido buenas actuaciones en las que hemos conseguido cortar zonas, pero en otras nos hemos sentido desbordados y no hemos podido ayudar. Muchas veces los incendios van muy fuertes, son fuegos vivos.

¿En qué incendios has estado este año?
Como bomberos voluntarios forestales, vamos a donde creemos que en un determinado momento podemos apoyar más. Cuando miramos los satélites, porque nos han quitado las radios, y vemos que hay una zona donde puede haber una mayor necesidad vamos. Si llegamos al incendio los primeros, vamos apagando. Si el incendio es grande y hay un centro de mando y no es muy protocolario, nos dejan actuar como sabemos actuar. Cuando el centro de mando tiene miedo de que el ciudadano se queme, nos manda a retaguardia. En algunos sitios, con los medios que hay, te valoran y en otros sitios directamente te ningunean. Pero en cualquier caso somos totalmente independientes del gobierno. Ni dependemos, ni nos sometemos a nadie.

Este año hemos estado en la zona perimetral cerca del vivero –Fuentidueña de Tajo– en tres o cuatro conatos, de los cuales, dos los cortamos nosotros: uno de ellos en carretera y otro cerca de una población. Después estuvimos en Guadalajara, en Almoguera. Fue complicado porque era un incendio con vientos variables, vientos de tormenta. También hemos estado en el incendio de Arribes del Duero, en Zamora. Estábamos en Portugal, lo vimos y nos acercamos a echar una mano. Llegamos dos horas después y los medios que había eran dantescos para lo que había allí.

La semana pasada estuvimos en Portugal, cerca de Guarda, pero fue una derrota. Era un incendio con una masa vegetal arbustiva de piornal muy alta y no pudimos casi ni intervenir en esa zona. Al día siguiente estuvimos apagando en una zona de castañar donde el fuego entró y posteriormente en un robledal en Fundao. Finalmente, por falta de medios, porque estábamos solos, el frente lo perdimos. Quizás con más agua o más efectivos lo hubiésemos parado.

¿Cuál ha sido tu experiencia y cómo se vive?
El problema del tratamiento que dan a los incendios en España es la descoordinación y que los medios de rápida intervención son paupérrimos. Se está recortando donde más importante es, es decir, en los medios de rápida intervención, porque el fuego, si se corta de manera rápida, no se desmadra.

Por ejemplo, las BRIF [brigadas forestales de extinción de incendios tanto aerotransportadas como sobre el terreno] están con fondos nulos, con poca gente… Hay muy poca BRIF y tendría que haber muchísima más. Ahora mismo en León están desbordados: hay cinco incendios y ya no hay más efectivos. Como no llegue gente de otros sitios…

Si se valorara el monte como se debe valorar, había una cuadrilla forestal de bomberos en cada pueblo donde haya un bosque que proteger. Incluso, se estudiaría cada zona, dado que quizá haya pueblos donde debiera haber dos o tres por ser zonas de alto riesgo o en las que los incendiarios tienen más intención de quemar.

Se ha gastado muchísimo dinero en la UME [Unidad Militar de Emergencias] La UME es un aparato mastodóntico pero que no actúa hasta las cuatro o cinco horas después de que empiece el incendio, y el tiempo es el gran determinante . Al pertenecer al Ministerio de Defensa, están en los cuarteles hasta que los activan cuando el fuego se desborda. Entre que los llaman y se ponen en marcha a lo mejor pasa media hora; entre que salen, otra media hora; y hasta que llegan al sitio, otras dos o tres horas. A esas alturas, imagina como debe estar ya el fuego. El problema es mover todo ese mamotreto de gente y de maquinaria, que es altamente ineficaz.

Creo que ese dinero que se ha gastado para la UME debería de invertirse en unas buenas cuadrillas forestales, que tienen que estar a pie de monte o en los pueblos cercanos. Pero lo que no se debe hacer es tener acuartelados esos medios tan caros y con tanta potencia. Me parece un derroche económico. Ves a la UME, que parecen John Wayne, con los monos impolutos y unos camiones que ya los quisiera la Junta de Castilla y León o Castilla-La Mancha y ves a los bomberos de la Junta, con los monos quemados, esquilmados y con unos camiones de cuando la guerra con lanza.

Tocando este tema, pondré como ejemplo cosas que he visto este año. En Guadalajara, los medios de extinción no tenían personal para hacer un tendido de mangueras [desplegar las mangueras desde el camión hasta el fuego monte arriba] porque eran dos personas en el camión y se necesitan al menos cuatro o cinco personas para hacerlo como se debe. En otros incendios, no había modo de proteger pueblos y ha tenido que ir la gente a defender sus casas, como en la zona de Arribes del Duero, en Zamora. Es muy triste ver como el fuego va entrando en los pueblos y la resignación con la que lo combaten sus vecinos con los pocos medios con los que disponen: tractores, mochilas pulverizadoras…

Recientemente, y tras los graves daños que han sufrido, en Portugal se están tomando diversas medidas en materia de prevención de incendios como la prohibición de las plantaciones de eucaliptos. ¿Cuales de estas medidas podrían implantarse en España para mejorar las políticas y efectividad en materia de prevención de incendios?
La política forestal actual en España es prácticamente de muy poca inversión y no hay constancia. Es ‘prometer, prometer… hasta meter’. Este gobierno dijo que iba a plantar quinientos millones de árboles en su legislatura y no llevará ni el 20%. Prueba de ello es que viveros forestales han quedado muy pocos, se pueden contar con los dedos de la mano y, además, dedicados a otras cosas que no son la forestación. Yo mismo me estoy dedicando al pistacho, como prácticamente todos. Solo queda un vivero que se siga dedicando fuertemente al tema forestal.

No existe un plan de forestación en España en el que las instituciones se comprometan a llevar a cabo repoblaciones de calidad porque cada zona tiene su problema, ya sea arbustivo, desértico, erosión o invasión por especies pirófitas como jaras o escobares. Esas zonas, junto con las propiedades privadas, deberían llevar a cabo una gran plantación de especies, a las cuales deberían dar valor, porque muchas veces el problema radica en las monoespecies, cuando se podrían meter hasta diez o quince especies que darían biodiversidad, enriqueciendo así cada zona de la península.

Por otra parte, está habiendo ahora mismo una corriente en cuanto a hablar de que los montes están todos abandonados, matorralizados, y es una verdad a medias. Hay zonas en las que la biodiversidad que hay es gracias a esa matorralización. Hay que hacer hincapié en estudiar en profundidad qué zonas se podrían repoblar con especies autóctonas, ya sean eriales donde no hay nada o zonas que se han quemado repetidas veces, y desplazar mediante replantaciones a esas especies pirófitas.

Tal y como está la situación, ¿que podemos encontrarnos en España durante los próximos 20 años?
Más que a nivel español, yo hablaría a nivel mundial, porque, si no hay una conciencia social, si no hay una educación medioambiental, si la desconexión con el planeta sigue distanciándonos, no se van a poder proteger nuestros bosques por la indiferencia de unos, la mala intención de otros y la pasividad del resto. Se mezclan muchos defectos del ser humano que hacen que el planeta se vaya quemando. No hay más que echar un vistazo al satélite de la NASA –FIRMS NASA– donde se pueden ver a tiempo real los incendios que hay en todo el planeta. Yo cada vez que lo veo se me ponen los pelos de punta y me entra un vacío existencial terrible porque estás viendo en tiempo real cómo se están quemando los pulmones con los que respiramos. No es un problema a nivel español, creo que es un problema a nivel planetario. Mirando al satélite, se ven claramente los intereses que hay detrás: plantar mas palma, plantar más soja, ampliar las plantaciones madereras, ampliar las zonas de ganado, ampliar las zonas industriales… dependiendo de la zona o el país, van a estar quemando para un interés u otro. Seguramente en las zonas donde la gente esté más concienciada, donde no haya intereses y donde no hay mano negra que quiera quemar; se localizarán zonas que no se están quemando.

Si miramos al futuro, yo lo veo muy oscuro. Si vemos las medidas que se están tomando de prevención son de grandes medios cuando el incendio ya es de grandes dimensiones. El incendio se apaga con la concienciación social. El incendio que no existe es el único que interesa. Y el pronto ataque es fundamental. Igual que se tienen vigiladas las sedes de los partidos o las instituciones como si fuesen los bancos de oro del país, los montes deberían estar igual de vigilados porque son las verdaderas joyas. Y estas joyas, que han podido tardar 60 o 70 años en regenerarse, pueden prenderse en un segundo por los intereses de alguien.

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