El Plan es que no hay plan

El V Plan Director de la Cooperación Española, sin recursos ni una mirada centrada en los derechos humanos, marca un camino desalentador para esta política pública en los próximos años.

Fuente de agua en Funhalouro (Mozambique)
Mujeres abasteciéndose de agua en una fuente comunitaria. Miquel Carrillo

publicado
2018-02-21 10:34:00

Una vez que la hermana misionera ha acabado de contar a cámara los impactos que su labor tiene en esa remota comunidad del Sahel, la locutora de televisión aclara la estrategia y el fondo de la cuestión, antes de cerrar su cápsula para el telediario de La1: 'Se ayuda a las ONG de cooperación con un objetivo táctico: que la población acepte mejor la presencia de los militares españoles en misión de paz'.

Uno se acaba la sopa y el pollo rebozado en el comedor de casa, mientras mira esos bracitos con una pulsera de colores que agudiza la desnutrición por momentos, las manos caritativas de la hermana y el brazo de hierro, en uniforme de terciopelo, del soldado en misión de paz. No hace falta leerse el borrador del V Plan Director de la Cooperación Española (2018-21) para saber de qué va el tema, el cuadro es revelador. Además, ahora que hemos descubierto (de nuevo) lo malas que son las ONG, mejor dejar esto de resolver los problemas de la Humanidad en manos de profesionales.

Si se lo leyeran, verían que es de lo más coherente del mundo. Quiero decir con la idea del mundo que tiene el actual gobierno, compartida por muchos otros gobiernos de ese mundo, empezando por Europa, que sacraliza su supuesta seguridad y sus muros día a día. En esa fotografía, sacada de la crónica de nuestra locutora, la paz se consigue como quien cura un resfriado. El desarrollo o todo lo que hagamos pretendidamente para conseguirlo, es como el avión aquel que le enseñamos a los niños para que abran la boca y se traguen el jarabe, nuestro jarabe. Pura táctica. La crisis en la que vive África y que revienta por la válvula de escape que es el Mediterráneo, algunos la quieren solucionar jugando al Risk, sembrando concertinas, pactando con el diablo y persiguiendo a todas las Maleno que llamen a Salvamento Marítimo. Quien dice África, dice el mundo.

A estas alturas del campeonato, no tener un enfoque central de derechos humanos en nuestra acción de cooperación es no haber entendido absolutamente nada sobre el origen de las desigualdades, las migraciones, los conflictos y las siete plagas del siglo XXI, que se parecen mucho a las del siglo XX. Es contradictorio, porque España ocupará una silla en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, precisamente durante el período de duración del próximo V Plan Director.  Pero, ¿eso qué más da en la era de la postverdad?

El texto, aprobado en el Consejo de Cooperación con la indignante abstención de los sindicatos y la patronal de la economía social, se orienta a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y de la Agenda 2030 de Naciones Unidas, faltaría menos. El problema es que dice y concreta poco más, y sobre todo no asume que por fin la comunidad internacional se ha dado cuenta de que eso de la coherencia (el leitmotiv de los ODS), tiene que ver con no venderle armas a Arabia Saudí y emprender la transición energética de una puñetera vez. Algo que la va demasiado grande a la cenicienta de las políticas públicas en España y al ánimo y el compromiso de quien la dirige. Los ODS o son una cuestión de Estado o no son nada más que una campaña de publicidad. De la Justicia Global, hablamos otro día, no se me atraganten.

Por no decir, ni menciona qué va a hacer para tener una AECID acorde con todo lo que tiene que ofrecer España, empezando por erradicar la precariedad laboral en la que se encuentran las personas que trabajan para ella. O cómo se va a coordinar con el resto de administraciones públicas y agentes que en este país seguimos viendo en la cooperación un instrumento potentísimo de la acción exterior. Mientras los municipios con más visión estratégica imaginan su papel internacional de la mano de la colaboración con otros gobiernos locales, el Estado sigue perdido sin saber cómo va a articular la educación para el desarrollo o la mismísima ayuda de emergencia. Si no entienden lo de enviar a los bomberos a los terremotos, apaga y vámonos.

La broma final es que no sabemos si habrá dinero para todo esto. Lo podrían haber puesto al principio, en el prefacio, y así nos habríamos ahorrado el esfuerzo de leer y hacer propuestas. España sigue instalada en niveles de vergüenza por lo que respecta a la Ayuda al Desarrollo. La subida hasta el 0,4% que se aprobó en el Congreso recientemente, en la ruta hacia el legendario 0,7%, ni está ni se le espera.

Niño, a ver si te enteras. Apaga la tele y deja de jugar con la comida, que llegas tarde al colegio.

Sobre este blog
Un blog desde la convicción de que la cooperación internacional es política con letras mayúsculas, lo otro se llama caridad. El internacionalismo nos hizo así, es la única manera de vincular las luchas en las que creemos, aquí y en todas partes.
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3 Comentarios
#8902 7:48 22/2/2018

Para ver los votos en el informe que aprobó el Gobierno, y los votos particulares en contra de sindicatos, Coordinadora de ONGD y otros ir a http://www.consejocooperacion.es/wp-content/uploads/2018/02/Informe-sobre-el-V-Plan-Director-de-la-CE-2018-2021.pdf

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#8901 7:44 22/2/2018

Los sindicatos, las ONGD, la federación de Derechos Humanos y los expertos del Consejo de Cooperación votaron en contra del informe que apoya el Plan Director y que redactó el propio Ministerio de Exteriores. En lo que algunos se abstuvieron y otros votaron a favor fue de otro informe en el que se le reclamaba al Gobierno que sin presupuesto el Plan no tenía sentido.

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Miquel 8:52 22/2/2018

Correcto. La frase en cuestión era para llamar la atención sobre cómo no se apoyó decididamente el informe que denunciaba la falta de presupuestos y como otros, no los sindicatos, incluso dejaron pasar el informe favorable del propio gobierno.

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