Francia
Macron y la amenaza del populismo light

Tras haber logrado una holgada mayoría absoluta en las elecciones legislativas, el joven presidente francés dispone de plenos poderes para aplicar su programa neoliberal.

Emmanuele Macron y Marine Le Pen
Emmanuele Macron y Marine Le Pen durante un debate televisivo ante la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Archivo El Salto
20 jun 2017 10:21

Joven, culto, majestuoso… Los elogios no escasean en la mayoría de medios para exaltar la figura del nuevo presidente francés Emmanuel Macron, 39 años. Tras el primer mes de mandato de este antiguo banquero de Rothschild, la “Macronmania” ha invadido una parte de la opinión pública francesa. Esta moda Macron se ha visto reforzada por su buen desempeño en sus primeros compromisos internacionales, como el comentado apretón de manos con Donald Trump. Ha permitido que su nuevo movimiento político consiga una holgada mayoría absoluta en la segunda vuelta de las elecciones legislativas, celebradas este domingo 18 de junio. Una victoria que da plenos poderes a Macron para aplicar sus reformas neoliberales.

El movimiento La République en marche (La República en marcha, LREM) ha logrado 350 diputados, una cifra superior a los 289 escaños necesarios para alcanzar la mayoría absoluta. Con sólo el 32% de los votos y el apoyo del 16% de los franceses con derecho a voto, la formación de Macron dispondrá del 60% de los representantes de la Asamblea Nacional. Esta anomalía resulta habitual en Francia por su sistema electoral proporcional a doble vuelta, en que sólo es elegido el ganador de cada circunscripción. La derecha francesa dispuso de mayorías aplastantes de 350 diputados en 2007 y 2012 e incluso de 450 en 1993. Pero la novedad en esta ocasión es que ha arrasado un naciente movimiento construido en torno a un solo hombre.

Creada en abril del año pasado, la formación de Macron surgió como una plataforma electoral para llevar al exministro de economía de Hollande al Elíseo. Primero, fue bautizada como En Marche! (EM), cuyas siglas se correspondían con el nombre y apellido de su candidato. Luego, cambió su nombre para las legislativas y se presentó bajo el estandarte de la regeneración. Con un 52% de candidatos que no habían ocupado cargos políticos electos y el 40% de ellos que no habían militado en ninguna otra formación, LREM presume de ser una formación de la sociedad civil. Esta renovación se ve reflejada en la nueva Asamblea Nacional, más joven y donde las mujeres ocupan el 37% de los escaños.

¿Una mayoría dócil para Macron?

La “nueva política” de Macron amenaza, sin embargo, con poner una alfombra roja al joven presidente para que gobierne de forma presidencialista. “Los diputados de LREM fueron elegidos por su juventud, por su trayectoria profesional, pero también por su docilidad”, asegura el periodista del semanario Marianne, Marc Endeweld, autor de la biografía L’ambigu monsieur Macron. La mayoría de ellos no han sido elegidos por su carisma personal ni por sus dinámicas campañas, sino “porque contaban con el apoyo del presidente”, explica el politólogo Fabien Escalona, especialista en la socialdemocracia francesa.

“Al principio los diputados macronistas seguirán probablemente todas las directrices del ejecutivo”, advierte el politólogo Thibault Rioufreyt, quien teme que esto reduzca aún más el escaso poder del Parlamento en Francia. La mayoría de las leyes francesas surgen como iniciativa del ejecutivo y los diputados sólo las debaten y las enmiendan. Un rol secundario del poder legislativo que puede verse reducido por la ambiciosa reforma institucional elaborada por el gobierno francés.

Con el pomposo nombre de ley de moralización de la vida pública, el ejecutivo prepara una batería de medidas regeneradoras; como la prohibición de emplear a familiares como asistentes parlamentarios o la limitación de los mandatos de los diputados a tres legislaturas. También pretende reducir de 577 a 385 el número de escaños y limitar el periodo de elaboración de las leyes a tres meses cada año. Estas medidas acentuarán “el papel secundario del Parlamento en la fabricación de las leyes”, reconoce Escalona. Pero, según el gobierno, permitirán lograr una mayor transparencia y eficacia. Para el joven dirigente francés, Francia debe convertirse en una eficiente startup.

Francia, la nueva nación startup

“Quiero que Francia sea una nación startup, una nación que piense y actúe como una startup”, proclamó Macron en inglés durante la conclusión del discurso que hizo el 15 de junio en el salón de nuevas tecnologías Viva Technology en París. Este espíritu business friendly también se ve reflejado en la manera en que ha construido su movimiento político. Una parte significativa de los candidatos a las legislativas de LREM eran empresarios o jóvenes emprendedores. “Todos ellos fueron elegidos por un comité de selección a partir de su currículum profesional”, explica el politólogo Thomas Guénolé, autor de La mondialisation malheureuse.

“Como hizo el magnate Silvio Berlusconi en Italia a mediados de los noventa, Macron ha organizado su formación como un partido-empresa”, afirma Guénolé. “El presidente francés también se asemeja al italiano por el carácter vertical de su movimiento y porque su figura emerge en un contexto de crisis de régimen”, asegura Escalona. Aunque reúne a antiguos miembros del Partido Socialista (PS), la derecha republicana e incluso de los verdes franceses, la empresa macronista surgió con un mensaje crítico respecto a las fuerzas tradicionales del bipartidismo francés. “Nuestro sistema político está bloqueado. Los aparatos políticos paralizan nuestra capacidad de avanzar”, afirmó el líder centrista en noviembre del año pasado durante el discurso que hizo para oficializar su candidatura a las presidenciales.

“Macron representa un populismo versión Cac40 (la bolsa de París)”, asegura el politólogo Gaël Brustier en una entrevista en el diario L’Humanité. Para este pensador gramsciano, el éxito del joven presidente francés se debe a su habilidad para seducir a través de “un discurso optimista sobre la globalización y la transformación del capitalismo”. Este mensaje ha servido para erigir “un nuevo bloque político favorable a la globalización, apoyado por los franceses que van bien y compuesto por la unión del ala derecha del PS y la derecha francesa”, afirma Guénolé. Una gran coalición articulada en torno a la figura del presidente y su ejercicio presidencialista del poder.

Un presidente monárquico

Según aseguraba el mismo dirigente centrista en 2015 en el semanario Le 1, en Francia existe un “vacío emocional, imaginario y colectivo” provocado “por la ausencia del rey”. “Hemos intentado rellenar este vacío a través de otras figuras, como los momentos napoleónicos o gaullista. Durante el resto del tiempo, la democracia francesa no ha sabido llenar este espacio”. Por este motivo, Macron aspira a ejercer el poder, según sus propias palabras, de forma jupiteriana, es decir, todopoderosa. Un estilo majestuoso y casi monárquico que se vio reflejado en el discurso que hizo para celebrar su victoria electoral el 7 de mayo en el patio del Louvre o en el encuentro en Versalles con el presidente ruso Vladimir Putin.

“Macron quiere encarnar en su persona la República francesa, a diferencia de los expresidentes Sarkozy y Hollande que no supieron hacerlo”, explica Endeweld. Para ello, pretende reforzar el carácter vertical de las instituciones de la Quinta República francesa. Por ejemplo, controlando al detalle su comunicación y “marcando las distancias con los periodistas políticos, ya que considera que estos enturbian la actividad política”, asegura el periodista de Marianne. Aunque públicamente delega numerosas tareas al primer ministro y los otros miembros del ejecutivo, el presidente “asume en realidad todos los poderes”, critica Endeweld, quien considera que este “tiene una concepción ambigua de la democracia”.

De hecho, el ejecutivo aprobará por decreto una nueva reforma laboral, que no será sometida al debate parlamentario. También prepara una nueva ley antiterrorista con la que introducirá en el derecho común algunas de las competencias en materia de seguridad del estado de emergencia, en vigor en Francia desde noviembre de 2015. Así, reforzará el poder ejecutivo en perjuicio del judicial. “El presidente utilizará todos sus poderes para sacar adelante sus reformas y dudo mucho de que recule”, advierte Guénolé.

“Macron ha dicho que quiere actuar como un presidente jupiteriano, pero esto no significa que utilice la fuerza para aprobar sus reformas”, explica el sociólogo Albert Ogien, investigador en el prestigioso Centro Nacional de Recerca Científica (CNRS). Para este especialista en nuevas formas de democracia, el dirigente francés quiere gobernar de forma majestuosa, pero al mismo tiempo dialogante, ya que sabe que hace falta consenso para gobernar. Para aplicar un programa neoliberal, no hay nada más efectivo que la seducción de un líder populista light.

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