Opinión
Sindicalismo de clase frente al negacionismo climático de la ultraderecha
Responsable de salud laboral, medio ambiente, euskera y movimientos sociales de CCOO de Euskadi.
Vivimos en medio de un nuevo episodio de una historia que es antigua: la de las guerras y las violaciones del derecho internacional para el aseguramiento de recursos naturales, en muchas ocasiones combustibles fósiles. Las últimas actuaciones de Estados Unidos no son separables de este objetivo y podrían generar un mayor uso y dependencia de estos combustibles, generadores de un cambio climático que aún hay quien se empeña en negar contra toda evidencia.
En su búsqueda de espacios para la confrontación, la ultraderecha ha identificado al sindicalismo de clase como un objetivo a batir por ser un agente de lucha contra la desigualdad. La desigualdad es un escenario propicio para la ultraderecha de cualquier país en su ansia por romper las visiones compartidas necesarias para construir sistemas democráticos. Existe, no obstante, otro espacio para la confrontación que la ultraderecha quiere aprovechar: el cambio climático. Y es un espacio en el que las desigualdades también tienen una gran influencia. Como ha revelado Oxfam Intermón en su reciente informe Desigualdad Climática en España, tener menos ingresos es sinónimo de ser más vulnerable ante el calor o los desastres climáticos.
La ultraderecha también toma parte en el debate, porque el debate no sólo es sobre medidas de adaptación y mitigación. El hecho de negar el cambio climático o su relación con, entre otras cosas, las olas de calor, los fenómenos climáticos extremos o los incendios forestales, por supuesto que forma parte de un debate ideológico y de una batalla cultural. Sería un paso previo necesario para negar la pertinencia y la necesidad de esas medidas de adaptación y mitigación.
El verano de 2025 fue el más cálido de la historia, en Euskadi 110 personas murieron por causas atribuibles al calor extremo
Generar desconfianza en la necesidad de las medidas adoptadas frente al cambio climático a través del cuestionamiento de la existencia del mismo es una estrategia para generar desconfianza en las instituciones que promulgan esas medidas. El cuestionamiento de las instituciones representativas es básico para la ultraderecha. En el campo de la emergencia climática puede focalizarse sobre la percepción social de la desigualdad en la distribución de los costes de la transición ecosocial, azuzando sentimientos de agravio sobre todo en las zonas rurales. Porque en el discurso de la extrema derecha el campo y lo rural es lo olvidado y lo que está infrarrepresentado en las instituciones.
En el libro Facha. Cómo funciona el fascismo y cómo ha entrado en tu vida, Jason Stanley explica cómo las nuevas ultraderechas devalúan el debate político complejo y el conocimiento necesario para la búsqueda del matiz y la particularidad que enriquecen ese debate.
La emergencia climática se convertiría así en un aspecto clave para generar polarización. Negar el cambio climático permite burlarse del conocimiento especializado, consiguiendo empequeñecer ese conocimiento que profundiza y aporta exactitud y matiz a la realidad. La ultraderecha es más partidaria de la generalización, que permite deteriorar el debate a través de la simplificación de la realidad.
El objetivo último es generar una opinión pública conformada sobre la apelación a emociones y creencias, y si estas pueden ser rebatidas con datos, será más fácil desecharlos por ser falsos o estar manipulados por el afán de lo políticamente correcto. Los mitos no necesitan de la realidad para poder existir, por eso son muy útiles en el relato movilizador de la ultraderecha.
Quien busca la concreción o el matiz es pedante, progre y conforma esa élite que no es gente de acción y tiene tiempo para reflexionar, pero ignora los problemas reales del campo y de las personas que lo trabajan. O peor aún: busca la tan denostada corrección política. A través de este discurso es más fácil reemplazar el debate razonado y argumentado por el miedo y el rencor, espacios clásicos de germinación de la ultraderecha.
Evidente emergencia climática
No obstante, los datos son tozudos y desmontan esos mitos. Lo que puede ser debatible es qué hacer, pero es un sinsentido negar la emergencia climática porque es una evidencia que forma parte ya de nuestro día a día. En el verano de 2025 Osalan, el Instituto Vasco de Seguridad y Salud Laborales, ha emitido diversas alertas amarillas, como otros años, pero también alertas naranjas, concretamente los días 11, 12, 15, 16 y 17 de agosto. Estas alertas naranjas han trascendido las zonas del eje del Ebro y de transición, habitualmente las más cálidas de Euskadi, y se han declarado también en la zona cantábrica interior.
Que el verano de 2025 fuera el más cálido de la historia según Aemet tiene sus consecuencias. Por poner ejemplos en lo más cercano y referidos a la salud, lo que siempre hace que las cosas resulten más entendibles, entre el 20 y el 30 de junio 55 personas precisaron atención médica en Euskadi debido a golpes de calor. Desde comienzos de junio y hasta el 23 de agosto 110 personas habían muerto por causas atribuibles al calor extremo.
Por seguir con ejemplos que ilustren la gravedad de la situación y que se relacionan directamente con la acción sindical, sólo en la provincia de Córdoba y en los sectores de comercio y hostelería, CCOO interpuso más de cincuenta denuncias relacionadas con el calor extremo a lo largo de los meses de junio y julio. Debido a la defensa de unas condiciones de trabajo dignas que no pongan en peligro la seguridad ni la salud, defensa que a la vez contribuye a evidenciar ante la opinión pública la emergencia climática y la falta de argumentos de la ultraderecha, desde ese espacio político (por llamarlo algo, aunque no sea tal cosa) también se cuestiona el sindicalismo de clase.
Implicar a la clase trabajadora en el conocimiento de las medidas preventivas frente al calor y en las pautas legales para exigirlas es una tarea constante de la acción sindical
Por supuesto que la acción sindical va más allá de la denuncia. Implicar a la clase trabajadora, generalmente a través de las personas representantes de las plantillas, en el conocimiento de las medidas preventivas frente al calor y en las pautas legales para exigirlas es una tarea constante. CCOO ha organizado ya sendas jornadas en Bilbao, en 2024 y 2025, para trasladar estas necesidades.
Y es que esta acción sindical es necesaria, precisamente porque las empresas alegan falta de conocimiento sobre cómo prevenir estos riesgos o, como ante la necesidad de implantación de medidas preventivas frente a otros, que no tienen recursos para la adaptación preventiva frente al calor. Ni una cosa ni la otra son admisibles, sobre todo teniendo en cuenta que precariedad laboral o trabajo manual a la intemperie hacen que aumente la desigualdad en el seno de la clase trabajadora.
Las muertes de bomberos o personal voluntario es algo desgraciadamente habitual en los incendios forestales, agravados por la emergencia climática. El sindicalismo de clase ha apostado por medidas específicas para la protección de la seguridad y la salud de bomberas y bomberos forestales, así como por un estatuto propio para este colectivo.
En contraposición con esto, en Castilla y León, uno de los laboratorios del entendimiento de la derecha clásica con la ultraderecha, fueron precisamente PP y Vox quienes votaron en contra. Las razones de estos últimos se relacionaban con que entendían que el texto tenía un marcado sesgo ideológico de género. Parece que es por eso de incluir bomberas y bomberos. Aparte de una fascistada misógina, una más de esas a las que nos tienen acostumbrados, seguramente les parezca algo de capital importancia cuando se hablaba de mejorar condiciones de trabajo de quienes se juegan la vida un día sí y otro también.
Esto es sólo una muestra de cómo los discursos de la ultraderecha contagian a la derecha clásica. Ya en 2018, el consejero de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León había dicho que cuidar los montes durante todo el año era un despilfarro absurdo, trasladando la necesidad de recortar las partidas económicas en invierno, fuera de la temporada de incendios. Pese a los intentos de culpar al Gobierno central, era indudable que el hecho de que en Castilla y León se hubiese recortado el presupuesto de prevención de incendios en un 90% en trece años tendría consecuencias.
La ganadería intensiva también es una apuesta en ese territorio para ambas formaciones, y no dudan en defender el modelo a capa y espada. Desgraciadamente para su ciudadanía, Castilla y León da para mucho en el ámbito del desatino, más que nada porque crece la evidencia de que a más macrogranjas, más capacidad de destrucción de los incendios forestales.
Los países tradicionalmente defensores del Pacto Verde Europeo se están aliando con los del bloque negacionista del cambio climático para postergar la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero
En otro de los escenarios ya clásicos de confluencia entre PP y Vox como es la Generalitat Valenciana, el despropósito avanza a un ritmo parecido. Tras la abrupta salida de Carlos Mazón y la consiguiente necesidad de convertir a Juan Francisco Pérez Llorca en presidente de la comunidad han acercado postulados. Pérez Llorca no duda en trasladar que el Pacto Verde Europeo es una imposición de las élites europeas. Igualmente defiende la energía nuclear como algo fundamental. Es decir, siendo el presidenciable del PP defiende propuestas de Vox.
Negacionismo europeo
A nivel europeo ocurre algo parecido, con países tradicionalmente defensores del Pacto Verde Europeo aliándose con los del bloque negacionista del cambio climático para postergar la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Esto ocurre en el peor momento, cuando tocaba implementar las legislaciones acordadas entre 2019 y 2024.
Las malas noticias no acaban aquí, ya que en Europa también ocurren cosas que nos suenan, por recordarnos a la supuesta defensa del campo y la agricultura que Vox se atribuye llevar a cabo. Al retraso de la aprobación del reglamento europeo de deforestación se suma la retirada de la ley para restringir el uso de pesticidas.
Todas estas medidas afectan a sectores como la agricultura, la ganadería o la gestión forestal. Son espacios en los que la ultraderecha es experta en generar un discurso disfrazado de simplificación administrativa y eliminación de carga burocrática, pero que de fondo no es otra cosa que desregulación pura y dura sobre aspectos con implicaciones directas en la salud.
En EEUU, el gran trasatlántico del populismo de derechas, las cosas no van mucho mejor, lo que tampoco es una sorpresa. Prima la apuesta por el extractivismo desmesurado, y cuando esto ocurre pierden las políticas medioambientales. Todo ello pese a que, como explica Helena Villar en su libro Esclavos Unidos. La otra cara del American Dream, en ese país el calor extremo ocasionó la muerte de 5.600 personas al año entre 1997 y 2006. Sí, 56.000 en total en ese periodo.
Sindicalismo y ecologismo
Instituciones y sociedad civil organizada tienen que caminar de la mano frente a la ola negacionista del cambio climático. Parece que el gobierno central también lo entiende así, vistas las medidas que propone para constituir un pacto de estado sobre la materia. Como hace poco recordaba Cristina Monge, para que ese pacto de estado sea creíble tiene que contar con la participación de patronal y sindicatos. Por lo menos la parte sindical lo tenemos igual de claro. Tan es así que ya hemos remitido las propuestas que entendemos necesarias al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.
Alianza por el Clima, espacio en el que confluyen el sindicalismo de clase y el movimiento ecologista, convocó movilizaciones para exigir compromisos más ambiciosos en la COP 30
El pacto no puede hacerse, tampoco, al margen de organizaciones ambientales y movimiento ecologista. Más aún, el trabajo conjunto entre el ecologismo y el sindicalismo de clase es necesario, y así lo entendemos al menos en CCOO cuando abordamos la elaboración conjunta de propuestas, tal y como hicimos el pasado noviembre con Greenpeace, Ecologistas en Acción, SEO BirdLife, WWF España y Amigas de la Tierra. Esa acción colectiva conjunta también tiene que abarcar la movilización cuando sea necesario, como cuando el pasado noviembre Alianza por el Clima, espacio en el que confluyen el sindicalismo de clase y el movimiento ecologista, convocó movilizaciones para exigir compromisos más ambiciosos en la COP 30.
Exigimos igualmente la presencia de las organizaciones patronales. Les instamos a que tengan la suficiente altura de miras para ver que una transición ecosocial justa, con mantenimiento de los niveles y la calidad del empleo e incluso con mejora de las condiciones laborales, es el mejor antídoto frente al fascismo. Más allá de equilibrar los costes de transición para que no recaigan sobre la clase trabajadora ni sobre un entorno geográfico específico, su presencia también es necesaria para que determinados eslabones de la cadena de valor de algunos procesos económicos o industriales no se vean especialmente perjudicados. Nos va el futuro en esto.
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