Opinión
Apuntes sobre la agresión de la Ertzaintza al recibimiento de La Flotilla en Bilbao
La perplejidad indignada ha sido la reacción más común en el mundo ante la agresión de la policía vasca contra las activistas de la flotilla, de México a Turquía, de Barcelona a París. Sin embargo, en Euskalherria, la indignación es grande pero la perplejidad menor, pues ya teníamos antecedentes de sobra sobre el proceder autoritario de nuestra policía autonómica.
Por tanto, lo primero es dejar claro que no se trata de un hecho aislado, sino un caso más de una forma de actuar violenta y desproporcionada, totalmente contraria a los derechos humanos y a cualquier modelo democrático de policía al servicio de la ciudadanía.
Un modelo que se acerca peligrosamente al de países punitivistas y securócratas, como el El Salvador de Bukele o la ICE estadounidense de Trump, salvando las distancias con estos países. ¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Es el Gobierno Vasco el impulsor de esta deriva o simplemente es incapaz de controlarla? El análisis de la trayectoria de la Ertzaintza en los últimos años nos lleva a pensar que hay un poco de las dos cosas.
Desde luego, parece evidente que lo sucedido en el aeropuerto de Bilbao no es del gusto del Gobierno PNV-PSE; pero -por lo que estamos viendo de momento- tampoco es suficiente para que se reconozca la gravedad de lo sucedido y se depuren responsabilidades, ni mucho menos para que se haga una autocrítica seria sobre las políticas de seguridad.
La impunidad alienta a los sectores proto-fascistas al interior de la policía vasca, que se crecen al sentirse intocables
Para empezar, hay que considerar que la impunidad ha sido el principal combustible de estas actuaciones autoritarias y desproporcionadas, que se repiten cada vez más y aumentan además en gravedad. Si estas actuaciones no tienen consecuencias para sus perpetradores, difícilmente se podrán evitar. Al contrario, pues la impunidad alienta a los sectores proto-fascistas al interior de la policía vasca, que se crecen al sentirse intocables.
Pero para entender lo sucedido tenemos que empezar por examinar brévemente la historia reciente de nuestro país, cuando la Ertzaintza, tras olvidarse con rapidez ciertas veleidades progresistas (como el famoso modelo de los bobbies ingleses), se construyó -sobre todo- como un instrumento antiterrorista. Algo en lo que colaboraron, entre otros, los servicios secretos israelís y el conglomerado de seguridad sionista, con el que todavía mantiene relación.
Más allá del objetivo de combatir a ETA, esta manera de entender la seguridad se extendió a otras realidades “subversivas” o de contestación social, que fueron abordadas en demasiadas ocasiones desde un enfoque antiterrorista y también se prolongó en el tiempo.
La Ertzaintza va en sentido contrario al de la sociedad vasca, que trata de avanzar hacia la paz tras demasiados años de violencia política y sus duras consecuencias
A día de hoy, pasada más de una década del fin de ETA, esa dinámica continúa presente en el accionar de la policía vasca y más que remitir parece aumentar favorecida por la oleada autoritaria global.
La Ertzaintza va en sentido contrario al de la sociedad vasca, que con muchas contradicciones y dificultades trata de avanzar hacia la paz tras demasiados años de violencia política y sus duras consecuencias; mientras que la policía autonómica parece seguir anclada en el pasado, y muchos de sus componentes siguen considerando a amplios sectores de población vasca como “el enemigo”. Esto es una de las claves para entender lo que sucedió en el aeropuerto de Loiu, pero no es la única.
No hay más que ver los resultados de las elecciones sindicales de la Ertzaintza para darse cuenta de que los sectores más ultras, asimilables a sindicatos de extrema derecha como Justapol, han ido escalando posiciones hasta ser en estos momentos mayoritarios.
Los gobiernos PNV-PSE no han sido capaces de poner orden en las filas policiales, que han protagonizado llamativos plantes antigubernamentales, que, una vez más, les han salido gratis a sus protagonistas.
Por tanto, una policía con gran presencia de la extrema derecha y con relativa agenda propia es otra de las claves para entender la agresión injustificable a activistas pacíficos y solidarios con Palestina.
Sin embargo, tampoco esto explica del todo lo sucedido. Hay que considerar también, que, en los últimos tiempos, el PNV está en una pugna electoral con el PP vasco por el relato de la seguridad. En demasiadas ocasiones compra, además, el discurso de los populares, que como sabemos se ve a su vez escorado hacia la extrema derecha por la presión de VOX; también en el País Vasco, a pesar de que estas dos formaciones son aquí muy minoritarias, sobre todo la segunda.
El PNV busca dar una imagen de control policial de las calles, de máxima seguridad y eficacia, dejándose si es necesario pelos en la gatera, como cuando opta por hacer pública la nacionalidad de las personas detenidas [ver Hordago 82 en papel, actualmente en los puntos de distribución], rompiendo con un consenso bastante amplio y duradero en sentido contrario.
El discurso de la seguridad centrada en la pequeña delincuencia, ligada a ciertas personas migrantes, es hace tiempo uno de los banderines de enganche de la extrema derecha y la derecha extrema en España, y ahora comienza a ser asumida por el PNV, y en cierta medida también por el PSE con el que comparte gobierno.
Al cambiar un marco discursivo de derechos humanos por otro que prioriza la seguridad en sentido autoritario, la policía cobra un protagonismo exagerado. La seguridad se confunde con orden público, frente a una concepción de derechos, que aseguren la vida.
Así la policía gana protagonismo frente a otras profesiones que garantizan la seguridad basada en derechos, como quienes trabajan en el sector socio-sanitario, que se ven precarizadas o privatizadas.
Una policía crecida, que asume valores autoritarios, dirigida por partidos impelidos a comprar el marco discursivo de la extrema derecha, es la que golpeó y maltrató a activistas humanitarios en Bilbao
En suma, una policía crecida, que asume valores autoritarios, dirigida por partidos impelidos a comprar el marco discursivo securocrata de la extrema derecha, con casi total impunidad de acción y en un momento de oleada global reaccionaria, es la que golpeó y maltrató a activistas humanitarios en Bilbao para asombro del mundo.
Ojalá la gravedad de estos hechos y su impacto negativo hacia la imagen vasca, haga reflexionar al Gobierno Vasco y los partidos que lo dirigen. En el sentido de entender, que -más allá del corto plazo electoral- comprar discursos y prácticas de extrema derecha sólo lleva a fortalecer a la extrema derecha y, sobre todo, perjudica la convivencia y el buen vivir de la ciudadanía, provocando situaciones tan fuera de lugar como el despropósito de Loiu, que -a buen seguro- se repetirán si no se produce un cambio de fondo en las políticas de seguridad.
Ertzaintza
Seis detenidos y cargas de la Ertzaintza en Loiu tras el regreso de los activistas de la Flotilla
Euskal Herria
Revista de primavera de Hordago 82 sobre el giro ultra del PNV
Ertzaintza
Redefinir la labor policial
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