Fascismo: entre olvido y repetición

Cuando el capitalismo entra en crisis, el fascismo es el acelerador que se presiona para salvarlo. No tiene un proyecto político propio; más bien, es el mismo que el del capital, tratará siempre de preservar intactas las relaciones de propiedad.
Ruth Berlau en Berlín, 1969. Fotografía de Hilda Hoffmann.
Ruth Berlau en Berlín, 1969. Fotografía de Hilda Hoffmann.

En 1929, tras trabajar en la consulta de un dentista danés, Ruth Berlau (Copenhague, 1906 - Berlín, 1974) decidió coger la bicicleta, un saco de dormir y una mochila y escaparse a París. Como necesitaba dinero para el viaje, fue al periódico Extrabladet, la edición vespertina del periódico sensacionalista Politiken, y ofreció al redactor contar su periplo. Le prometieron veinticinco öte por línea, cantidad que, como comprendió más tarde, era en realidad una miseria.

El recorrido fue, como años más tarde contó en la biografía que dedicó a Bertolt Brecht, tan aburrido que tuvo que inventar todo lo que relató hasta su llegada a París. Sin embargo, la prensa francesa recogió con excentricidad el viaje de aquella “muchacha danesa que viajó sola a París en bicicleta desde Copenhague a comprarse un lápiz de labios”.

Cuando Berlau volvió a Copenhague decenas de personas la esperaban para darle la bienvenida; fue “recibida como si hubiese dado la vuelta al mundo”. Una noche de 1930, mientras jugaba al bridge con el directo del Politiken le dijo que querría ir a Rusia en bicicleta para ver con sus propios ojos qué sucedía allí. Antes de aquel viaje Berlau no era comunista y vivía con burgueses. Le pagaron mil coronas al día y partió a la mañana siguiente.

Desde su adolescencia Ruth Berlau tomó posiciones políticas que viraron su vida hacia lo imprevisible, como el resto de los intelectuales involucrados en el movimiento obrero de su generación.

Ruth Berlau fue actriz, periodista, fundadora y directora de un teatro obrero. Aunque su figura siempre se ha presentado ligada a la de Brecht, a quien conoció en 1935 cuando Brecht y su troupe se exiliaron a Dinamarca, desde su adolescencia Berlau tomó posiciones políticas que viraron su vida hacia lo imprevisible. Como el resto de los intelectuales involucrados en el movimiento obrero de su generación, uno de los temas a los que se dedicó fue a la militancia antifascista. 

"El que lee la prensa burguesa se vuelve ciego y sordo". Imagen de John Heartfield.

En el preámbulo del ABC de la guerra (1955) de Bertolt Brecht (esa crítica radical al fascismo que es, a su vez, una crítica a la guerra y que, por eso mismo, se publicó con láminas censuradas en la República Democrática Alemana), Berlau formuló una de sus sentencias más conocidas: “No escapa del pasado el que lo olvida”. Dicha sin contexto, la frase puede resultar heterea, sin embargo, esta es la reflexión completa de Berlau, el primer texto que el lector se encuentra en el ABC de la guerra:

“No escapa del pasado el que lo olvida” prologa Berleau el 'ABC de la guerra' de Bertolt Brecht, libro que pretende enseñar a leer imágenes que al no instruido le son tan difíciles de leer como cualquier jeroglífico

“¿Por qué presentar a nuestros trabajadores de la industria propiedad del pueblo, a nuestros campesinos cooperativistas, a nuestros intelectuales orgánicos, a nuestra juventud, que goza ya de las primeras raciones de felicidad, precisamente ahora estas imágenes sombrías del pasado? No escapa del pasado el que lo olvida.

Este libro pretende enseñar a leer imágenes, ya que al no instruido le es tan difícil leer una imagen como cualquier jeroglífico. La gran ignorancia sobre relaciones sociales que el capitalismo cuidadosa y brutalmente mantiene convierte las miles de fotografías publicadas en las revistas ilustradas en verdaderos jeroglíficos, indescifrables para el lector ignorante”.

Las palabras de Berlau, publicadas diez años después del fin de la Segunda Guerra Mundial en la Alemania Oriental fueron, por desgracia, premonitorias. Con la caída del Muro de Berlín y la reunificación alemana, la extrema derecha como organización política vuelve hoy a marcar los debates en la República Federal Alemana. Ya desde finales de los 1990, parte del centro izquierda ha apoyado, como lo hizo entre 1914 y 1933, las guerras imperialistas (desde Yugoslavia hasta Ucrania) y, a día de hoy, Alemania es el gran garante europeo de Israel, un estado colonial desde su fundación que desde 2023 está perpetrando un genocidio en Gaza.

Sin embargo, la vuelta de elementos asociados al fascismo no sólo se está dando en Alemania o Israel. Tras decir Trump o Milei, ¿quién no ha señalado que tienen elementos en común con los fascistas?.

Vito Quiles visitaba el campus de la Universidad de Navarra en Pamplona. Decenas de jóvenes, con la consigna del antifascismo, intentaron que aquella visita no se produjera

Lo mismo sucede en casa. En Hegoalde, por ejemplo, el 30 de octubre de 2025, el agitador de extrema derecha Vito Quiles visitaba el campus de la Universidad de Navarra en Pamplona. Decenas de jóvenes, con la consigna del antifascismo, intentaron que aquella visita no se produjera. La policía se enfrentó a los manifestantes. Meses después, a inicios de junio de 2026, la policía detuvo a 28 jóvenes antifascistas en Pamplona. El Ministro del PSOE, Grande Marlaska, abaló la operación dentro de la normalidad.

"¡Como en la Edad Media... así es el III Reich!". Imagen de John Heartfield.

Aquellos días de junio, militantes pro-palestinos de la Global Sumud Flotilla aterrizaban, tras ser maltratados y torturados en Israel, en el aeropuerto de Bilbao. Los agentes de la ertzaintza, les recibieron con porrazos. El jefe del Departamento de Interior del Gobierno de la CAV, Bingen Zupiria, en lugar de sancionar aquella actuación de violencia policial a la luz de medios locales e internacionales, defendió a los agentes e intentó que la gente sospechara de los militantes antisionistas que habían sido golpeados.

Crímenes no fascistas

Qué nos puede decir Berlau en la era TikTok, cuando pasamos más de dos horas diarias ante vídeos breves que salpimientan contenido humorístico y cultural con palizas de policías a manifestantes o a migrantes, tras una receta vegana te muestran la imagen aérea de una ciudad arrasada por Israel, tras un fragmento de un monólogo nos sueltan los llantos de padres tras el bombardeo de una escuela de niñas por el ejército de los Estados Unidos en Irán.

Así que cabe preguntarse: ¿Ha vuelto el fascismo? ¿Se marchó del todo tras la Segunda Guerra Mundial? Son preguntas con respuestas distintas en cada lugar. Por ejemplo: Alemania Oriental depuró gran parte de los funcionarios nazis (policías, jueces, militares, agentes de los servicios secretos), sin embargo, Alemania Occidental no sólo mantuvo a todos aquellos nazis, en muchos casos, los exportó, por ejemplo, a los Estados Unidos. Podríamos decir que, pese a Nuremberg, en Alemania Occidental o en Francia, el desarrollo del estado no tuvo una ruptura y que, pese a cierta idealización que se suele hacer desde el Estado español, excepto en el relato público, las instituciones no tuvieron ninguna ruptura y no hubo purgas en su interior. 

¿Es el fascismo el régimen político más cruel de la historia? O, como los pensadores de la negritud como Fanon o Césaire plantearon, el fascismo es el régimen colonial aplicado en la metrópoli también contra los blancos

Más allá de las vidas posteriores del fascismo tras 1945, hay una genealogía, en la historia de la infamia, que es importante hacer: ¿es el fascismo el régimen político más cruel de la historia? O, como los pensadores de la negritud como Fanon o Césaire plantearon, el fascismo es el régimen colonial aplicado en la metrópoli también contra los blancos. Los discursos y las prácticas de Manuel Valls entre 2012 y 2014, por aquel entonces Ministro del Interior del Partido Socialista francés, contra migrantes y gitanos, fueron dignos de un gobierno de extrema derecha.

Los acontecimientos en junio de 2022 en la valla de Melilla con más de 30 muertos, sucedieron bajo un Gobierno del PSOE, al igual que la actual vulneración de derechos humanos en Ceuta mientras las personas migrantes lidian con la intemperie y la incertidumbre sobre su futuro. Ahora bien, ¿son Valls y Marlaska fascistas? El genocidio contra los armenios (1915-1923) con más de un millón y medio de asesinatos no lo hicieron fascistas turcos. El genocidio contra los tutsis (1994), en el que se mataron a más de medio millón de personas en cuatro meses, no lo hicieron fascistas hutus. Así pues, incluso en el siglo XX, regímenes de violencia extrema, de asesinatos masivos, no han sido fascistas (desde Videla a Pinochet, desde la dictadura de los generales en Grecia hasta la monarquía actual en Marruecos). 

Siete años tras la segunda guerra mundial, ante la rebelión Mau Mau, el imperio británico mató a más de 20.000 rebeldes. En plena Segunda Guerra Mundial, con Winston Churchill al mando, el Imperio británico generó una hambruna en India que dejó a más de tres millones de muertos. Churchill, ese a quien Hitler bombardeó Londres y quien se implicó contra los aliados fascistas ¿era, en realidad fascista? Políticamente no, pero, entonces cabe preguntarse: ¿son menos atroces las masacres cuando las cometen regímenes que no denominamos fascistas? 

Fascismo y capitalismo: las siete diferencias

Clara Zetkin, la abuela del comunismo, la mujer que, junto a otra serie de militantes socialistas fundó el Día de la mujer, fue una de las primeras figuras en caracterizar al fascismo. Zetkin entendió y expuso que el fascismo era un movimiento político de nuevo cuño. Señaló que aunque compartía cuestiones formales, al fascismo no se le podía ver como una variante de las dictaduras militares o al terror blanco que se había conocido antes de los años 1920. 

Zetkin identificó dos rasgos fundamentales del fascismo además de entender que en cada país tendría un desarrollo propio y que, por tanto, había que diseñar estrategias aterrizadas en cada caso. Por un lado, lo definió como un falso proyecto revolucionario de masas, capaz de canalizar hábilmente las demandas e inquietudes de la población trabajadora. Por otro, señaló que se sustentaba en el uso de la violencia y el terror para consolidar su poder. Advirtió que el surgimiento del fascismo está estrechamente ligado a la crisis económica del capitalismo y al deterioro de las instituciones burguesas. 

Los fascistas reconocen la existencia de una crisis social, pero, en vez de considerar al sistema capitalista como responsable del mismo, señalan a otros sectores más vulnerables de la sociedad: judíos, personas negras, migrantes, la comunidad LGTBI, la población gitana, etc. Su proyecto se acentúa en esa desigualdad y en la opresión del otro.

Más tarde, en 1935, Bertolt Brecht publicó en la revista antifascista Unsere Zeit que editaba Willi Münzenberg desde París, uno de sus textos programáticos más conocidos: Cinco dificultades para escribir la verdad. Walter Benjamin dijo de aquel abecedario que contenía la conservación y la sequedad infinita de los textos clásicos. Cinco dificultades... fue un texto sobre la complicación de producir arte cuando el fascismo vence y, por su sencillez, sigue siendo hoy una herramienta de enorme actualidad para cualquiera que tome la palabra en la arena pública. En él Brecht explica que el fascismo “es una fase histérica del capitalismo y, por consiguiente, algo muy nuevo y muy viejo”. Dice así: “En un país fascista el capitalismo existe solamente como fascismo. Combatirlo es combatir el capitalismo, bajo su forma más cruda, más insolente, más opresiva, más engañosa”.

"Bellotas Alemanas". Imagen de John Heartfield.

Eso que hoy es tan habitual al mencionar a Trump, Millei o Meloni (definirlos como personas con enajenaciones anímicas o dejes que tienen que ver con enfermedades mentales) lo hicieron infinidad de intelectuales entre 1921 y 1945. La culpa colectiva de los alemanes como pueblo fue uno de los puntos de discordia entre exiliados como Thomas Mann y Brecht.

Para George Orwell la diferencia entre la democracia burguesa y el fascismo es, en gran medida, una cuestión de tiempo, así pues, ¿es cuestión de tiempo que el fascismo vuelva a gobernar? ¿Es un fatalismo al que nos vemos abocados?

En la línea de Brecht, George Orwell, tras su estancia con las milicias del POUM en España mencionó que “es inútil querer ser antifascista conservando el capitalismo”. En una carta dirigida a Francis A. Henson en junio de 1949 escribió: “El fascismo es en definitiva un desarrollo del capitalismo y la democracia más liberal está preparada al encontrar la primera dificultad para convertirse en fascismo. Si alguien quiere colaborar con un gobierno capitalista imperialista, en una lucha contra el fascismo, que es un imperialismo competidor, lo único que va a hacer es introducir el fascismo por la puerta de atrás”.

Para Orwell, la diferencia entre la democracia burguesa y el fascismo es, en gran medida, una cuestión de tiempo. Cuando el capitalismo entra en crisis, el fascismo es el acelerador que se presiona para salvarlo. No tiene un proyecto político propio; más bien, es el mismo que el del capital, tratará siempre de preservar intactas las relaciones de propiedad. Así pues, ¿es cuestión de tiempo que el fascismo vuelva a gobernar? ¿Es un fatalismo al que nos vemos abocados?


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