Opinión
Lo que esconden los casos de acoso sexual dentro del PSOE

Han transcurrido siete años desde que el PSOE llegó al Gobierno de España presentándose como fuerza del cambio y prometiendo ser el “gobierno más feminista” de la historia. La realidad que el partido ha ido desvelando con el tiempo ha resultado muy distinta.
Gasteiz 25N 2025 - 9
Mikel Bejarano Multitudinaria manifestación de Itaia por el centro de Gasteiz

Itaiako kidea

Itaiako kidea
14 ene 2026 05:59

En los últimos meses, el país se encuentra sumido en una crisis política profunda marcada por casos de corrupción y desacuerdos entre los partidos que sustentan la coalición gubernamental. A esto se suman las denuncias y casos de agresión sexual de las últimas semanas, que han destapado la presencia de agresores y consumidores de prostitución en las filas del propio partido.

De hecho, hemos conocido decenas de casos de machismo: el primero fue el escándalo por consumo de prostitución de Ábalos y Cerdán, al que siguieron otros de agresión y acoso protagonizados por Francisco Salazar, Antonio Navarro, José Tomé e Iago Negueruela, entre muchos otros. No obstante, es sabido que la actitud y los agresores machistas llevan arraigados mucho tiempo en el PSOE; baste como ejemplo que algunos condenados en el caso de los ERE de Andalucía emplearon parte del dinero defraudado en gastos de prostitución.

Las políticas implementadas están dirigidas a mujeres de clase media mientras miles de mujeres proletarias seguimos oprimidas

Para quienes llenan su boca de feminismo e igualdad, las mujeres no somos más que un instrumento electoral. Basta con analizar su política real: mientras realizan proclamas feministas, violan reiteradamente los derechos políticos de las mujeres trabajadoras, nos condenan a condiciones laborales precarias y permiten que la violencia machista continúe impune. El PSOE ha colocado a mujeres en puestos institucionales para lavar la imagen del Estado, pero las políticas implementadas están dirigidas a mujeres de clase media mientras miles de mujeres proletarias seguimos oprimidas.

Aunque el PSOE ha sido un partido fundamental desde el inicio del Régimen del 78, en los últimos años ha intentado revestirse con un barniz progresista, pretendiendo erigirse como el partido de la juventud, de las mujeres y de los colectivos oprimidos.

Sin embargo, al PSOE se le está complicando mantener tanto el Gobierno como su base electoral. Por un lado, su incapacidad para cumplir promesas ha quedado al descubierto al no lograr mejoras tangibles en la vida de la clase trabajadora. Por otro, los acontecimientos de los últimos meses han erosionado la confianza de muchos votantes de conciencia progresista. Así, sus movimientos para salvar la legislatura son intentos desesperados de ocultar estas polémicas: el nombramiento de una Fiscal General especializada en violencia machista, la proliferación de discursos contra ataques machistas en campañas autonómicas, la renovación de protocolos en el PSOE-M con la creación de un Consejo Feminista.

Mientras tanto, lo que se fortalece a raíz de los casos de corrupción es el fascismo, que se vende como opción “antisistema”. A Vox le importa un bledo la problemática de las mujeres: muchos de sus militantes han sido juzgados por violencia machista, y solo denuncian aquellos casos que les sirven para difundir ideología racista. El PSOE, por su parte, instrumentaliza el miedo a un posible ascenso fascista para aferrarse al poder, presentando la situación actual como si fuera favorable para las mujeres.

La sociedad capitalista necesita reproducir la opresión de las mujeres trabajadoras, por lo que le es imposible acabar con el machismo en su seno

Cada partido está inmerso en su propio juego electoral. Ni los partidos de derechas ni los autodenominados de izquierdas ofrecen una hoja de ruta seria para abordar y erradicar el machismo. Es poco lo que puede esperarse de formaciones totalmente integradas en los aparatos del Estado. La sociedad capitalista necesita reproducir la opresión de las mujeres trabajadoras, por lo que le es imposible acabar con el machismo en su seno: esta sociedad es inherentemente machista.

La incapacidad del PSOE y los partidos que se autoproclaman de izquierdas para ofrecer una respuesta sustancial a los problemas que sufrimos las mujeres a diario genera un desencanto que polariza el electorado.

Por un lado, una parte del voto femenino y más progresista, hastiada de reformas superficiales y de la inacción real, podría optar por la abstención al no ver en ellos un futuro representativo. Por otro lado, otro sector, igualmente cansado pero desde una perspectiva distinta, podría, como en ciclos anteriores, decantarse por el PP en busca de un cambio, aunque sea hacia propuestas conservadoras.

Esta doble dinámica de desafección y migración hacia la derecha configura un escenario político complejo. Por una parte, abre un espacio propicio para que una alternativa revolucionaria genuina se presente como opción creíble ante ese sector desencantado. Pero si ese trabajo de construcción alternativa no se realiza con claridad y contundencia, el descontento podría terminar fortaleciendo a la derecha y la ultraderecha, impulsando un auge fascista ante la falta de una respuesta convincente desde una izquierda transformadora.

De ahí la crucial importancia de este momento: en función del trabajo político que se desarrolle desde una perspectiva revolucionaria, se podrá organizar y encauzar la indignación de cada vez más mujeres hacia un proyecto socialista. Si fracasamos en esa tarea, se reforzarán ideologías reaccionarias y el fascismo.

Frente a una clase política profesional que genera desapego, resulta imperioso construir alternativas políticas que inspiren esperanza y voluntad de lucha. Tenemos que crear otra forma de partido: el partido revolucionario de la clase trabajadora, basado en la conciencia contra el machismo y que actúe de manera consecuente. De la misma manera, debemos tener el estado socialista como horizonte estratégico, como forma de poder que haga desaparecer el machismo de raíz.

Opinión
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