Txejo Ortega (ESK): “El sindicalismo que se limita a los centros de trabajo es un sindicalismo miope”

El miembro de la coordinadora del sindicato ESK defiende que la huelga general del 11 de noviembre ha surgido “de abajo a arriba” y que ir de la mano con los movimientos sociales es la manera de lograr avances. Algo que se practica en Euskal Herria con más conflictos.
Txejo Ortega ESK
Txejo Ortega, miembro de la coordinadora de ESK Eider Iturriaga

La huelga general del próximo 11 de noviembre en todo el Estado español permean en Euskal Herria con dos reivindicaciones que durante mucho tiempo se han abordado por separado: el acceso a la vivienda y las condiciones laborales y salariales. La convocatoria, que logró una unidad sindical con los sindicatos de implantación estatal y respaldada por ELA, LAB, ESK, Steilas, Etxalde e Hiru, junto a organizaciones del movimiento de vivienda vasco, plantea que el empobrecimiento de la clase trabajadora no puede entenderse sin tener en cuenta el encarecimiento de la vivienda.

Para Txejo Ortega, miembro de la coordinadora de ESK, ambas cuestiones están directamente relacionadas. El aumento de los alquileres y del precio de compra absorbe las mejoras salariales conseguidas mediante la negociación colectiva y dificulta que tener un empleo garantice unas condiciones de vida dignas. Pero con sus particularidades vascas, como las competencias legislativas para solucionar el problema de la vivienda, el alto porcentaje de trabajadores dentro de convenios o el reclamado hace ocho meses SMI propio para Euskal Herria. 

La convocatoria del 11 de noviembre vincula dos reivindicaciones que tradicionalmente se han abordado por separado: el acceso a la vivienda y las condiciones salariales. ¿Por qué consideráis que hoy es necesario unir ambas luchas?

Creo que hay dos aspectos. Uno tiene que ver con que una huelga general en los centros de trabajo tiene que tener una vinculación con las condiciones laborales para que no se pueda considerar una huelga ilegal. Es un poco lo que planteó Garamendi, de la CEOE, cuando se empezó a hablar de esta huelga: dijo que era una huelga política y que, por lo tanto, era ilegal.

Pero luego hay otra cuestión que está totalmente unida: las dificultades que tiene la clase trabajadora para acceder a la vivienda y el empobrecimiento general que está sufriendo en los últimos años y en las últimas décadas. En ESK, el 17 de marzo, cuando salimos con un mensaje un poco distinto al del resto, porque la huelga en Euskal Herria estaba centrada en el salario mínimo, considerábamos que había que ampliar el mensaje al empobrecimiento de la clase trabajadora.

La vivienda hoy en día marca una de las mayores desigualdades entre la gente. Muchísima gente, tal y como están los precios de la vivienda y de los alquileres, no tiene posibilidad de acceder a una vivienda digna. La ligazón entre el problema de la vivienda y la pérdida de poder adquisitivo de la clase trabajadora es real. En datos generales, la clase trabajadora ha perdido en los últimos veinte años unos quince puntos de poder adquisitivo respecto a la cesta básica de la compra. Si a eso unes el aumento que ha habido en los precios de la vivienda, la relación es directa.

Las mejoras salariales han sido neutralizadas totalmente, al final estás destinando el 100% de esa subida salarial a la vivienda

¿Hasta qué punto el problema de la vivienda está neutralizando las mejoras salariales que se han conseguido mediante la negociación colectiva?

Han sido neutralizadas totalmente. Si tú vas teniendo mejoras salariales de manera anual, pero el precio de la vivienda sube por encima de esas mejoras, al final estás destinando el 100% de esa subida salarial a la vivienda. Con lo cual, todo lo que tiene que ver con la cesta de la compra o cualquier otra necesidad se ve anulado.

De ahí viene la pérdida de poder adquisitivo. Lo vinculamos mucho a la cesta de la compra porque cada vez cuesta más llegar a fin de mes en los supermercados, y una de las causas es precisamente que las subidas salariales se están destinando a la vivienda, dejando de lado otra serie de necesidades que todas las familias tenemos para tener una vida digna.

A pesar de tener trabajo, ese trabajo no está garantizando llegar a fin de mes con dignidad y garantías. Es el concepto de trabajadores y trabajadoras pobres que llevamos tratando desde hace años: a pesar de tener trabajo, no puedes llevar adelante un proyecto de vida sin muchísimas incertidumbres.

En marzo tuvo lugar una huelga general en defensa de un salario mínimo propio de 1.500 euros. Apenas ocho meses después volvéis a convocar una huelga general. ¿Qué continuidad existe entre ambas movilizaciones?

Desde nuestro punto de vista, el salario mínimo interprofesional entra también dentro de esta huelga. ¿Por qué? Porque al final el salario mínimo da cobertura a las capas más vulnerables de la clase trabajadora. Seguir reivindicando los 1.500 euros es una de las reivindicaciones de esta huelga.

Al igual que el 17 de marzo, en esta huelga del 11 de noviembre también queremos ir más allá. Se centra más en el tema de la vivienda, pero el tema de los salarios sigue siendo importante. No se están actualizando de tal manera que nos permitan acceder a los mismos servicios o a los mismos bienes que antiguamente.

La clase trabajadora tiene sus convenios y distintas categorías en distintos sectores. Todo el mundo está sufriendo el empobrecimiento, pero no podemos olvidar que siempre hay unas capas populares más vulnerables, que están en los salarios más bajos. Por eso, la actualización y la consecución de la reivindicación del SMI a 1.500 euros sigue totalmente vigente.

Además, si nos representamos una serie de escalones, cuando el escalón más bajo está más alto, todos los convenios tienen un suelo más alto para sus reivindicaciones y para mejorar los salarios. Hoy en día, la mayoría de los convenios están por encima del salario mínimo porque el SMI es muy bajo. En la medida en que suba, esos convenios van a mirar hacia abajo y van a exigir subidas. Tiene un efecto espejo: en la medida en que la base sea más alta, todos vamos a pedir reivindicaciones salariales por encima en los distintos convenios y sectores.

Desde ESK pensamos que es importantísima la intervención pública en el sector inmobiliario. Un aumento del parque público de alquiler puede incidir en los precios de mercado 

¿Qué medidas consideráis imprescindibles en Euskal Herria para garantizar que los salarios permitan vivir dignamente y que la vivienda deje de funcionar como un mecanismo de extracción de rentas?

Creo que aquí hay dos aspectos. Uno enfocado a lo salarial, donde es importante la lucha por los convenios y por la negociación colectiva. Creemos que es imprescindible que haya una unidad sindical que consiga apretar a la patronal para mejorar las condiciones laborales y salariales de la clase trabajadora. En los últimos años, el discurso que está habiendo en Euskal Herria con respecto al tema laboral se está centrando mucho en el absentismo. El campo de juego lo está marcando Confebask y pensamos que eso tiene que cambiar. Los sindicatos tenemos el reto de poner por delante las condiciones laborales y salariales para que la clase trabajadora pueda vivir dignamente. Conseguir unidades de acción en los convenios que empujen hacia ahí nos parece fundamental.

En cuanto a la vivienda, pensamos que es importantísima la intervención pública en el sector inmobiliario. Partimos de la base de que la capacidad legislativa la tienen el Gobierno Vasco y el Gobierno de Navarra. Desde ESK les interpelamos para que dejen de mercadear o de permitir el mercadeo con la vivienda. Es básico un aumento del parque público de alquiler que esté sujeto y condicionado a los salarios que pueda haber, y que no suponga más del 30% de los ingresos de las personas. De esta manera, pensamos que puede incidir en los precios de mercado y suponer un freno al crecimiento desorbitado tanto del alquiler como del precio de compra.

La intervención pública es fundamental para que realmente pare lo que está pasando en este país. Ahora estamos hablando del alquiler, pero hace veinte años, en 2007, con la crisis financiera, también estaba el tema de las hipotecas. El problema de la vivienda ha ido empeorando en las últimas décadas y las instituciones, independientemente del partido que esté en el Gobierno, no han sido capaces de meterle mano. Creemos que la intervención pública en el sector es fundamental para frenar este crecimiento de los precios.

¿Qué particularidades tiene el mercado de la vivienda en Euskal Herria? ¿Qué medidas habría que adoptar frente a la especulación y la concentración de la propiedad?

Creo que hay que partir del principio de que la vivienda es un derecho, no se puede mercadear con él. Nosotros hacemos un símil con la sanidad, la educación o las pensiones. Hay que sacar los derechos del juego del mercado. Eso es fundamental. ¿Cómo se consigue? Hay políticas fiscales que pueden impedir la compra por parte de grandes poseedores de nuevas viviendas o propiedades. Se puede legislar para que las empresas, los llamados fondos buitre, no puedan entrar en la compra de vivienda habitacional. Y luego no tenemos por qué descartar el tema de la expropiación.

No podemos olvidar que detrás de estos fondos buitre o de esta compra masiva por parte de empresas hay una parte que viene de 2007, de la compra por parte de la Sareb de grandes propiedades de los bancos a precio de saldo. Se hizo cargo esta especie de banco público y luego ha estado vendiendo a los fondos buitre. Desde ese punto de vista, entendemos que legislar para prohibir esa compra, e incluso expropiar en casos donde se esté poniendo problemas a la gente, son medidas totalmente posibles y que se pueden llevar a cabo desde las instituciones.

Txejo Ortega ESK 2
Txejo Ortega, miembro de la coordinadora de ESK Eider Iturriaga

La convocatoria reúne a ELA, LAB, ESK, Steilas, Etxalde e Hiru, junto a organizaciones del movimiento de vivienda, pero también a CCOO, UGT, CGT, CNT, etc. ¿Qué ha hecho posible esta confluencia sindical?

Para nosotros hay una cosa fundamental y es cómo se ha gestado esta huelga: ha venido de abajo a arriba. Ha venido de los movimientos populares que trabajaban en torno a la vivienda, que nos han exigido a los sindicatos la convocatoria de una huelga general.

Eso, de una manera u otra, nos ha obligado a tener que ponernos de acuerdo para ir a la huelga en una determinada fecha y poder hacerlo de manera unitaria. Sí que es verdad que en Euskal Herria, como las competencias sobre vivienda están centradas tanto en el Gobierno de Navarra como en el Gobierno Vasco, hacemos una lectura propia, aterrizada en el territorio y con unas reivindicaciones distintas a las que pueden darse en otros puntos o en otras nacionalidades del Estado.

Lo diferente en esta huelga es, sobre todo, que ha emanado de los movimientos sociales, que nos han exigido y nos han hecho mover a los sindicatos para apoyar esa reivindicación de huelga general.

El sindicalismo vasco mayoritariamente siempre ha tenido una sensibilidad social para incorporar reivindicaciones del movimiento feminista, del movimiento pensionista o del antirracista

¿Esta confluencia supone un cambio en la manera de entender el sindicalismo? ¿Puede servir para ampliar su base social y llegar a sectores que tradicionalmente han quedado fuera de los centros de trabajo?

El trabajo conjunto del movimiento sindical vasco y los movimientos sociales en Euskal Herria se ha desarrollado de manera continua. Para mí esto no es una isla. En todas las huelgas generales y en todas las movilizaciones hay comunicación y trabajo conjunto con los movimientos populares y los movimientos sociales. De hecho, en las últimas huelgas siempre se ha mantenido un esquema donde por la mañana, por decirlo de alguna manera, el protagonismo era de los sindicatos de clase y por la tarde de los movimientos populares.

Esto ha supuesto un paso adelante en la medida en que el movimiento social en torno a la vivienda ha tomado la iniciativa. Ese reconocimiento viene reflejado en la propia convocatoria de huelga, en la que ya no somos solo los sindicatos de clase los que convocamos, sino que en el manifiesto lo hacemos conjuntamente con los sindicatos de vivienda que vienen trabajando aquí en Euskal Herria.

El sindicalismo vasco mayoritariamente siempre ha tenido una sensibilidad social para incorporar reivindicaciones del movimiento feminista, del movimiento pensionista o del antirracista en sus discursos y en los mensajes que mandamos a los centros de trabajo. Desde que me muevo aquí, por lo menos desde el proceso de huelga de 2010, siempre ha habido un espacio de trabajo conjunto con el movimiento social donde sus reivindicaciones tenían cabida en las huelgas generales. 

¿Cómo se construye una identidad colectiva entre personas que quizá no comparten centro de trabajo, convenio ni sector profesional, pero sí problemas comunes como pagar el alquiler o acceder a una vivienda?

Partiendo de la diversidad de organizaciones que participamos, de que cada una tiene sus matices y de que puede haber diferencias, hay un suelo común para llevar a cabo unidades de acción y momentos de movilización conjuntos. Creo que, además, en estos momentos tan claves, con el paso de la extrema derecha a las instituciones, hay un elemento aglutinador extra. Es importante que la izquierda social, política y sindical nos unamos y demos una respuesta en las calles para que no se den pasos atrás en todos los derechos que hemos ido consiguiendo.

Con todo lo que está pasando, no solo a nivel estatal, sino también europeo y mundial, con la derechización de la política, es más necesario que nunca que haya unos mínimos comunes entre los movimientos de izquierdas para poder frenar esa tendencia.

Igual es algo que pasaba ya en Euskal Herria, pero no en otros sitios: ¿se está produciendo un desplazamiento del conflicto social desde los centros de trabajo hacia los barrios? 

Yo creo que es fundamental. El sindicalismo que se centra en el centro de trabajo es un sindicalismo miope. Al final, la correlación de fuerzas en los centros de trabajo es muy diversa: en unos te puede salir mejor y en otros te puede salir peor. Pero si no hay un clima cultural y político a favor de las reivindicaciones sociales y sindicales y del retroceso del fascismo, las luchas dentro de los centros de trabajo se ven muy limitadas.

Crear ese ambiente social a favor de una sociedad más justa y más igualitaria es fundamental para que luego las luchas que siempre se van a desarrollar en los centros de trabajo sean más exitosas. Los centros de trabajo no son islas donde la clase trabajadora lucha y consigue cosas. Al final, las personas que entran a trabajar son personas que durante el resto de su día tienen relaciones sociales con multitud de personas y se ven influenciadas por ellas.

Si no somos capaces de cambiar esas claves políticas y los discursos que ahora mismo están en el debate social, las luchas que se desarrollen después en los centros de trabajo van a estar muy limitadas. Para eso es importante la confluencia entre sindicatos y movimientos populares y buscar puntos de encuentro. En unos momentos será la vivienda, en otros los salarios y en otros las reivindicaciones antirracistas. Son elementos que nos tienen que unir a todos y a todas para salir a la calle y cambiar ese discurso social.

En Euskal Herria tenemos muy claro que la clase trabajadora no se va a quedar callada

¿Qué tendría que ocurrir para que la huelga del 11 de noviembre fuera un éxito? ¿Cómo evitar que sus reivindicaciones se diluyan una vez terminada la jornada?

Lo primero es lo que tenemos los sindicatos en nuestras manos, que es llevar el discurso de la huelga y las reivindicaciones a los centros de trabajo. Y que el día 11 de noviembre los centros de trabajo se paralicen y las calles se llenen. A partir de ahí, si conseguimos eso, creo que entramos en un ciclo electoral tanto a nivel estatal como en el propio vasco, en el cual tenemos que seguir manteniendo las reivindicaciones que nos van a hacer salir el 11 de noviembre en el debate, para que los partidos políticos se sientan interpelados y las recojan en sus políticas y propuestas.

Que estas reivindicaciones estén en primer plano en esas elecciones será el primer éxito. Y luego está la vigilancia para que, cuando gane quien gane y se conformen las distintas instituciones, lo que han venido proponiendo y prometiendo se cumpla. Todas las personas que salgamos el 11 de noviembre a la calle tenemos que exigirles que garanticen el derecho a la vivienda y que lo incluyan en sus programas políticos.

En Euskal Herria tenemos muy claro que la clase trabajadora no se va a quedar callada. Las instituciones y los partidos políticos son totalmente conscientes de que, de una manera u otra, vamos a salir a la calle. Unas veces será en forma de huelga general, otras mediante manifestaciones o cualquier otra cosa, pero vamos a seguir poniendo pie en pared para frenar el avance de los recortes, de la carestía de la vida y de la derecha. La huelga general va a ser una entre tantas herramientas de las que disponemos y no nos va a temblar el pulso, por decirlo de alguna manera, si no cambian las cosas, a hacer más convocatorias.

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