Huelga general
Preguntas y respuestas para hacer de la huelga general una huelga feminista
El 8 de marzo de 2018, el movimiento feminista hizo un llamamiento a la huelga general feminista. Los sindicatos UGT y CC OO respaldaron este llamamiento haciendo convocatorias a paros de dos horas, mientras otros sindicatos —CGT, CNT y algunas federaciones— registraron una convocatoria de huelga general. “Las mujeres han parado, ha cambiado todo”, era el titular de la crónica de ese 8 de marzo. La huelga feminista se repitió en 2019. Y, si las mujeres cambiaron todo, ¿cambiaron también la forma de organizar una huelga?
Las movilizaciones por la crisis de la vivienda caminan ya hacia una huelga general el 11 de noviembre. La fecha, registrada por las grandes centrales sindicales —CC OO y UGT— y por otros sindicatos —CNT y CGT, entre otros—, fue propuesta por el Sindicato de Inquilinas, lo que hace de esta una convocatoria de huelga poco común que tiene su referente más cercano en las huelgas feministas.
¿Cambió todo tras la huelga feminista de 2018 o, al menos, cambió la idea de cómo se hace y qué sentido tiene una huelga general?
La huelga feminista ampliaba la idea de huelga y se organizaba en cuatro ejes: laboral, estudiantil, consumo y cuidados. Este último eje, el de cuidados, cobró peso, forma y sirvió de hilo conductor a unas huelgas en las que la mirada al ámbito reproductivo, y no solo al productivo, junto al cuestionamiento de un sistema que precariza las vidas, fueron el centro.
Por eso, la que algunos medios llaman “la primera huelga general desde 2012” es, en realidad, la primera huelga general después de las huelgas feministas. ¿Qué aprendimos de ellas? ¿Cómo están impactando los procesos de las huelgas feministas en la organización de la huelga general? ¿Cambió todo en 2018 o, al menos, cambió la idea de cómo se hace y qué sentido tiene una huelga general?
¿Qué aprendizajes de la huelga feminista sirven para la huelga general?
“La huelga del día 22 comparte similitudes con las huelgas feministas porque, entonces y ahora, fue la sociedad la que interpeló a los sindicatos, y no al revés”, dice una activista de Resposta Feminista. En este colectivo gallego, explican, no se ha hecho una reflexión grupal sobre cómo la huelga general bebe de las huelgas feministas, pero algunas de sus integrantes comparten sus posturas con El Salto. De las huelgas feministas, sigue esta activista, se pueden extraer varios aprendizajes: que los partidos no pueden usurpar las palabras del pueblo y, sobre todo, que hay que apuntar a objetivos concretos y que la presión popular vaya en esa dirección, sin distracciones.
“El principal aprendizaje de las huelgas feministas fue el de salirnos del marco de siempre, el marco histórico de que una huelga general era parar la producción”, reflexiona una vocera de la Comisión 8M de Madrid. Ese marco ya está desbordado desde el momento en que la huelga general parte de las movilizaciones por el derecho a la vivienda.
Dolores Pulido, activista feminista en Catalunya, ve la marca de las huelgas feministas en la articulación por barrios que está impulsando la huelga general
“Nosotras queríamos poner en el centro qué es lo que pasa cuando paramos nosotras; si nosotras paramos, se para el mundo”, sigue la vocera. Pero, además, “partíamos de poner en la mesa que todas las reivindicaciones del movimiento feminista chocan de plano contra el sistema capitalista y el sistema patriarcal”. Esta perspectiva, dice, existe también en el momento actual, porque la huelga general se plantea vinculada al problema de la vivienda, directamente relacionado con la necesidad de garantizar vidas dignas mediante salarios dignos y servicios públicos de calidad.
Para la activista Dolores Pulido, un aprendizaje de la huelga feminista que ha permeado la organización de la huelga general es cómo los movimientos arrastran al conjunto de de la sociedad, sobre todo a los sindicatos, para poder convocar una huelga, dice en línea con lo apuntado por la activista gallega.
Pulido, que es integrante de la Asamblea 8M, Novembre Feminista y Ca la Dona, además de sindicalista de CGT en Catalunya, también ve la marca de las huelgas feministas en la articulación por barrios que está impulsando la huelga general. “Los barrios se convierten en células de organizativas y donde se discuten y se planifican las acciones para poder llegar a hacer a la huelga, yo creo que esto también se ha adaptado desde el movimiento feminista”. De este modo, “la huelga se trabajan desde el conjunto de la sociedad y no solo desde los centros de trabajo”.
¿Puede una huelga general ser feminista?
Preguntada por si una huelga general puede ser feminista, Pulido dice que “depende”. ¿De qué? Para que una huelga general pueda ser feminista debe recoger la experiencia y aprendizajes del movimiento feminista, dice. Y, eso pasa por valorar la huelga como una herramienta que va más allá del ámbito laboral. Además, reflexiona, una huelga que sea feminista incorporará los contenidos y demandas propios del movimiento feminista que, de nuevo, desbordan el ámbito laboral y abarcan ámbitos como la coeducación, cuidados, derechos reproductivos y sexuales y, claramente, el derecho a la vivienda, sigue.
La Comisión 8M de Madrid es consciente del papel crucial del movimiento feminista en estas semanas para dotar de perspectiva de de género los argumentos y las propuestas de la huelga
La Comisión 8M de Madrid es consciente del papel crucial del movimiento feminista en estas semanas. “Nuestro papel como movimiento feminista en esta y en cualquier huelga que se plantee es la de dotar la perspectiva de de género a toda la parte argumentativa, pero también a la parte reivindicativa y propositiva”, dice la vocera.
Incluir propuestas dirigidas a las familias monomarentales, familias LGTBIQ+, personas migrantes y racializadas, disidencias y todos aquellos colectivos que se encuentran en lo que la sociedad en lo que la sociedad llama los márgenes, sigue, forma parte de la lógica feminista. “¿Y de qué manera se construye esto? Pues de la manera en la que se está haciendo, que es con el contacto con todos los colectivos y movimientos sociales y una construcción de abajo a arriba, desde los barrios a a hacia arriba”.
¿Se puede pensar una huelga general más allá del ámbito laboral?
El Sindicato de Inquilinas, Justicia Alimentaria, la organización de consumidores Facua y REAS han hecho un llamamiento a no comprar en supermercados de grandes cadenas cada miércoles hasta la huelga general, lo que recuerda de alguna manera al llamamiento a una “huelga de consumo” de las huelgas feministas.
La huelga feminista se pensó en cuatro ejes: consumo, educación, trabajo y, de forma muy focalizada, cuidados. Sin embargo, algunos ámbitos son más sencillos de explicar que otros, dice Pulido, que reconoce que con el ámbito de los cuidados, por su experiencia hasta ahora, se toca en hueso. “Está siendo mucho más fácil en un comité de barrio explicar el sentido de la huelga de consumo que plantear que la huelga atañe al ámbito de los cuidados”, lamenta:
En el colectivo Resposta Feminista, una integrante reflexiona sobre el ámbito de los cuidados y recuerda que algunos de los sectores movilizados para la huelga son sectores altamente feminizados que asumen directamente trabajos de cuidado: trabajadoras de la enseñanza, de las residencias, empleadas de hogar o de los servicios de ayuda a domicilio están llamadas a la huelga: “¿Qué va a pasar cuando ella paren? Lamentablemente, creo que los cuidados que se dejen de hacer ese día los asumirán otras mujeres que no van a cobrar por asumirlos”.
¿Interpela la huelga del 11N al movimiento feminista?
“La ausencia de una casa, o el hecho de que esta no sea habitable o segura, siempre nos perjudica más a nosotras”, reflexionaba el Sindicato de Inquilinas en marzo para explicar que la cuestión de la vivienda es una cuestión, también, de género. “Todas las mujeres hemos tenido en mayor o menor medida contacto con estos problemas, pero, sin duda, estos se hacen aún más insoportables en el caso de las mujeres que han sufrido violencia machista, las que tienen a las niñas/os solo a su cargo, las inmigrantes y todas aquellas que sufren altos índices de pobreza, exclusión social y material”.
Que el derecho a la vivienda está directamente relacionado con la posibilidad (o no) de salir de una situación de violencia machista es evidente, y una razón por la que la huelga general interpela al movimiento feminista.
“Las reivindicaciones de la huelga involucran directamente a las mujeres porque los sectores precarizados suelen ser sectores muy feminizados”, dice una activista de Resposta Feminista
Pero esa no la única razón. “Las reivindicaciones de la huelga involucran directamente a las mujeres porque los sectores precarizados suelen ser sectores muy feminizados, por lo que reivindicar subidas salariales o bajadas de precios de aquellas necesidades que absorben la la mayor parte de los salarios son medidas que beneficiarían en mayor parte a las mujeres”, dice una activista de Resposta Feminista.
La Comisión 8M añade otra razón: “Las mujeres, las familias monomarentales o familias que no están adscritas a la norma de familia nuclear heteronormativa, las mujeres migrantes, racializadas… tenemos unas peores condiciones materiales de vida, porque tenemos contratos más precarios y eso se materializa en la imposibilidad de poder acceder a una vivienda digna”, explican.
Además, sigue la vocera, hay razones históricas: “¿Cómo no nos vamos a sentir interpeladas si eh ya las mujeres de otras generaciones que encabezaron esta lucha por la vivienda?”. Y es que, recuerda, en los años 60 y 70 las mujeres empezaron a construir y a sostener los primeros barrios de Madrid, y en la crisis del 2008 la lucha por la vivienda fue principalmente encabezada por las mujeres.
¿Qué esperar de la primera huelga indefinida que se organiza tras las huelgas feministas?
Cómo valorar el impacto de una huelga más allá de un dato o de un día concreto fue una pregunta que se hicieron los movimientos feministas en las las huelgas y que cabe hacerse de nuevo ahora.
En ese sentido, la vocera de la comisión 8M reflexiona también sobre cómo el propio proceso ya tiene que ver con lo que puede o no conseguir una huelga y que, en ese sentido, ya existe un impacto: “Se empieza a poner el foco en el tejido asociativo de los barrios, en cómo los barrios se están organizando y volviendo a resurgir estructuras de interrelación entre los distintos movimientos sociales”, dice.
Dolores Pulido anticipa que tendrá un fuerte impacto, espera, “tanto como la huelga del 88 en la que se logró parar el Plan de Empleo Juvenil”. Este vez, lo que espera es “que esta huelga dé un giro radical a las políticas de vivienda y a la limitación del mercado para asegurar que se pueda cumplir el derecho a tener una vivienda digna para todo el mundo”.
Euskal Herria
Euskal Herria defiende el derecho colectivo a los cuidados en una huelga general feminista histórica
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