Rufián se abre a una “fórmula intermedia” y Yolanda Díaz deshoja la margarita sobre su candidatura

El portavoz de ERC analiza opciones a la espera del impacto en las encuestas y de las reacciones de las diferentes izquierdas. Su partido se divide entre el apoyo y el rechazo. En tanto, la vicepresidenta anunciará su decisión en los próximos días y se inclina por no repetir como candidata.
Sesion control Congreso 22-05-2024 - 12 Gabriel Rufián
David F. Sabadell Gabriel Rufián.

“Su atrevimiento ha dado réditos políticos y es innegable su talento para comunicar y su intuición”, comentan desde el equipo que rodea a Gabriel Rufián, quizás el hombre del momento en lo que hace a la cobertura periodística. Su impulso a construir un frente amplio entre las diferentes familias de las izquierdas del Estado se ha colado en los debates no solo frente a cámara, sino en la calle y entre los votantes progresistas.

La novedad de que compartirá una suerte de ‘simposio’ en la capital junto a Emilio Delgado, diputado autonómico de Más Madrid, ha movido las capas tectónicas del progresismo. “Todos los días nos llegan decenas de pedidos de todas partes de España para que Gabriel vaya a hablar, incluso de gente del PSOE. De todo lo que se pueda imaginar: asociaciones de vecinos, grupos políticos, sindicatos. Es muy fuerte”, señalan las mismas fuentes a El Salto.

Fuentes del equipo de Rufián admiten que todos los escenarios están en análisis e incluso a veces, entre argumentos, se les escapa un “ojalá”

Las cosas ya están teniendo una envergadura de una potencia que ni el propio entorno de Rufián puede conducir. El debate está instalado y lo acompaña no solo el impulso del ecosistema mediático sino también las encuestas: en los últimos CIS, el portavoz republicano ha superado a Yolanda Díaz y tiene el 8,6 por ciento de intención de voto directo. La cuarta posición detrás de Sánchez, Feijóo y Abascal. Algo inédito para un dirigente soberanista catalán.

Rufián por ahora no dice que sí a nadie. No hay candidatura a presidente del Gobierno ni quiere ser el líder de un espacio que trascienda Catalunya, dice delante de micrófono. “Queremos que espabilen, que hablen entre sí”, dicen en ERC. Pero lo cierto es que está expectante: fuentes de su equipo admiten que todos los escenarios están en análisis e incluso a veces, entre argumentos, se les escapa un “ojalá”.


El oriundo de Santa Coloma de Gramanet está analizando “fórmulas intermedias para maximizar resultados y que son posibles”, según deja trascender su entorno de mayor confianza. No creen ni en los personalismos ni en dejar de lado a los partidos territoriales y tampoco imaginan una coalición electoral al estilo Unidas Podemos o Sumar.

Como expresa un diputado de la izquierda confederal animado por la posibilidad de una candidatura que movilice a la base, “el sistema permite varias opciones”. El régimen parlamentario (como sí uno presidencialista) no obliga a que una papeleta lleve un nombre único. En cada circunscripción, los partidos pueden definir sus propias listas y con diferentes nombres pero haciendo público que apoyarán la investidura de un candidato (que ni siquiera tiene que ser diputado electo, según el artículo 99 de la Constitución).

Muchas llamadas y correos que llegan al despacho del portavoz de ERC son ofrecimientos “de voluntarios que quieren hacer campaña, y la mayoría de fuera de Catalunya”

En blanco sobre negro, lo que se está debatiendo es básicamente quién ocupará el cuarto lugar en el debate televisivo presidencial y a quiénes propondrían investir los grupos. Una marca electoral común, que sea paraguas para todas las izquierdas (españolas y soberanistas) sería lo ideal pero tampoco es necesario. Y sobre esto no solo Rufián sino varios diputados han comenzado a reflexionar.

Las encuestas son un factor más. Tras la charla debate del próximo miércoles, y la que vendrá en marzo en Bilbao con Oskar Matute, la instalación de una candidatura de unidad de Rufián crecerá en la conversación pública y con ello, previsiblemente, en las encuestas. De hecho, muchas llamadas y correos que llegan al despacho del portavoz de ERC son ofrecimientos “de voluntarios que quieren hacer campaña, y la mayoría de fuera de Catalunya”, comentan las fuentes, sin salir de su asombro por la dimensión que todo a tomado.

Por ahora, los partidos que serían aliados han expresado su reticencia o rechazo. Nadie quiere perder terreno y se teme que sea una “flor de un día”, como lo calificó Enric Juliana. Pero si las encuestas empiezan a mostrar dos dígitos y una posibilidad real de superar el 16% (lo que fue la sumatoria de ERC, EH Bildu, BNG y Sumar en 2023), sería difícil que dirigentes rechacen algo que les permitiría tener más representación y mejores posibilidades de acceso, otra vez, al Consejo de Ministros. Nadie deja pasar un tren que lleva a una estación exitosa.

Una dirigente de ERC de Barcelona lo graficaba así: “Gabriel lo está haciendo muy bien y, en realidad, está haciendo lo que tiene que hacer, aunque a algunos no les guste”

No se puede ignorar cómo este recorrido ha cogido impulso: aunque no se ha dicho públicamente, la idea de esto ha sido de Emilio Delgado, quien fue el que llamó a Rufián para ofrecerle hacer el acto del día 18. Con cruda honestidad, en el entorno de Rufián admiten que el dirigente de Móstoles puede aprovechar la oportunidad como otro ‘match’ en su disputa de poder con la cúpula de su partido, y sus ambiciones (no oficiales pero ya dadas por descontado) a ser candidato a presidente de Madrid.

En tanto, las posiciones dentro de Sumar son diferentes y se dividen entre los que miran con mucha desconfianza la jugada y los que la aplauden. Un alto cargo del grupo comentaba a El Salto que las reticencias surgen en sectores de IU y, lógicamente, los Comuns, con quienes Rufián compite directamente en Barcelona, el bastión del ‘colauismo’. Algunas confluencias como los soberanistas baleares de Més e incluso dirigentes del entorno de Díaz, ven el frente de Rufián como una buena opción.

En Esquerra Republicana ocurre lo mismo. El rostro de la diputada Teresa Jordà mientras intervenía Rufián en la comparecencia de este miércoles en el Congreso retrata esa división. Hay sectores más independentistas (“esencialistas”, al decir de algunos) que rechazan que un líder de la centenaria formación encarne una candidatura que ven “española”. Otros lo ven con entusiasmo.

Una dirigente de ERC de Barcelona lo graficaba así: “Gabriel lo está haciendo muy bien y, en realidad, está haciendo lo que tiene que hacer, aunque a algunos no les guste”. La opinión de Oriol Junqueras al respecto se desconoce.

La vicepresidenta decide

Mientras tanto, dos elementos clave para que prospere un acuerdo pragmático de un frente amplio que lidere Rufián son lo que decidan hacer Yolanda Díaz y Podemos. En el caso de los morados, Irene Montero ya ha sido lanzada como candidata a presidenta el año pasado y el vínculo con el soberanista catalán no pasa por el mejor momento.

El caso de la ministra de Trabajo está por decidirse en breve. El anuncio de si desea o no repetir como candidata se dará en los próximos días. Aunque no hay fecha aún, fuentes del entorno de confianza de Díaz han asegurado a El Salto que esto ocurrirá en el próximo mes.

Las mismas fuentes dan a entender que la vicepresidenta se inclina, por el momento, por dar un paso al lado y dejar que las formaciones debatan un nuevo acuerdo y un nuevo candidato. Su favorito es, como ya se sabe, Bustinduy, pero él no desea serlo. La relación de Díaz con Rufián nunca ha sido buena, cabe recordar.

Es un secreto a voces que la mayoría de los partidos que están en el grupo Plurinacional Sumar del Congreso no quieren que Díaz repita. Solo unos pocos diputados, muy pocos, expresan abiertamente su voluntad que así sea. También debe decirse: ninguno quiere que haya demolición y esperan que la vicepresidenta pueda tener un aterrizaje al llano lo más decoroso posible y que sea tenida en cuenta.


Un inciso: en la cúpula del Partido Socialista ya dan por amortizada, abiertamente, a Díaz y nadie cree que, hace meses, que sea la dirigente con la que negociarían una futura posible investidura. En Ferraz ven con cierto alivio los movimientos a su izquierda porque necesitan un socio fuerte para sumar 176 escaños.

La titular de Trabajo es, quizás, el mayor escollo para que Podemos se acerque a las otras fuerzas políticas del grupo y se abra a negociar posibles acuerdos, aunque allí es Más Madrid la formación mas reacia a pactar cualquier lista con los morados. Una candidatura que movilice al electorado y asegure un éxito electoral podría ser la mano que desate el nudo.

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